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sábado, 30 de agosto de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA TRAVESÍA FINAL. RAFAEL.

 


Mientras el Sinaia sigue su travesía hacia la tierra de promisión para unos, de la libertad, para otros, y la del dolor de la pérdida para todos, los integrantes de la Fauna diversa, siguen sumidos en sus pensamientos y reflexiones a modo de salvavidas del mar, nuevo y desconocido que vuelve a ser puente de huida hacia, una vez más, otra parte. Esta vez, anhelan, la última. 

El barco, lleno de gente de todas clases, de fugitivos de una realidad en la que ya no tienen cabida, avanza, lentamente unos días, y airoso y rápido, otros. Dependiendo de los caprichos de la naturaleza, de la del mar y el viento, y, de la humana, que también amenaza en forma de sombra de una guerra, de nuevo una guerra, que amenaza con alcanzarles aún sin poderlos tocar. Pero el miedo y el recuerdo de lo vivido es más fuerte que la distancia que los separa del peligro. 

Sus vidas ya no volverán a ser las mismas y Rafael Nogales lo sabe y, mientras recuerda, procura alegrar la de los compañeros de pasaje con lo que mejor sabe: con su música. 

A pesar de las duras condiciones del viaje, y del hacinamiento de las 1.599 personas que habitaban el micro cosmos flotante, la gente era feliz porque quería y necesitaba serlo. Y nuestro artista contribuía a ello tocando un piano destartalado y algo desafinado, con todas las piezas que le pedían, o que se sabía.

ALICANTE, TIEMPO ATRÁS.

Si no tenim diners ni per mengar, ni per unes espardenyes, malament per estudiar musica, nen. 

Así empezaba la vida de Rafael, al borde del mar y con la más triste miseria a su alrededor. 

El niño que sentía la música desde el mismo vientre de su madre, Vicenteta, hija de pescadores que tocaban en la banda de Les Encantats de la Marina Alta. Una formación casi heroica, tan pobres eran sus componentes, pero que, entre salir a la mar y remendar redes, también se juntaban para tocar pasodobles y música para las procesiones de todas las vírgenes y santos a los que se encomendaban antes de comenzar la faena. 

Al más puro estilo del Reino de Valencia. 

Pero, a Rafael no le tocó la bola de la suerte de poder aprender música com Deu mana. Aquel niño que llegó a conocer, de lejos, a Sigmund Freud en la  Viena de los años dorados, tuvo un difícil camino hasta conseguir leer una partitura. E interpretar a Schubert, a Listz y a don Manuel de Falla, amén de las fanfarrias de las fiestas de su tierra, religiosas y paganas. Llenas de música, de sal, de pólvora y de sol.  Siempre al más puro estilo del Reino de Valencia

Primero en la parroquia de su pueblo de pescadores, luego, y por ayudas de caridad a la vista de su mérito, a la capital. Y a estudiar las solfas. Y del papel pautado a las redes de las barcas. Porque había que comer, antes de fer soroll, como decían sus padres. Y nunca se vio a un pianista con las manos encallecidas por el salitre y el trabajo duro. Él sería el primero, y tal vez el último. 

MADRID 

Y, como el resto de lo integrantes de nuestra fauna diversa, Rafa, que así le gustaba que le llamaran, también atracó en la playa del Madrid de las promesas de éxito. Y, como ya sabemos, nunca llegó a cumplir sus aspiraciones de llegar a ser un gran concertista de piano. Ni de bombo, pensaba para sí mientras componía coplas para el cine y el teatro, que le sonaban vulgares y ramplonas..

Y, como siempre, de nuevo al punto de encuentro, al Café de Pombo, para charlar de todo y de nada, decirse sus desilusiones. Y ... Hablar del frío. El que comenzaron a sentir cuando salieron de sus respectivas tierras, y que ya nunca les abandonaría. Porque un malagueño, dos tangerinos y un alicantino, siempre iban a tener frío fuera de su tierra. 

Y así transcurría la vida a bordo del Sinaia, esperando, entre singladura y singladura, la llegada a un nuevo destino, a un nuevo puerto.

 A un nuevo frío. 

CONSTANCIA - LUCTUOSA- DE LOS DÍAS

Esta semana ha estado especialmente llena de malas noticias en tanto a un obituario lleno de gente conocida y de talento. Tristes casualidades de agosto. 

Isabel Pisano: quizás la menos conocida pero con una gran importancia en su trayectoria como actriz y periodista, y por sus relaciones amorosas con el gran Waldo de los Ríos y Yaser Arafat. De vida agitada e intensa, de corresponsal de guerra a los platós de cine, Pisano no pasó desapercibida por la memoria de muchos de los que la recordamos. Ojos bellos y gran inteligencia. La desmemoria pudo con ella el pasado lunes. 

Verónica Echegui: la más joven y de final tan triste como inesperado para el gran público que desconocía su enfermedad. Barbarita disfrutó mucho con sus actuaciones tanto en cine como en televisión. Sus papeles en Apaches, La niebla y la doncella, Orígenes secretos...sin olvidar su soberbia creación en Yo soy la Juani, Y, lo último que disfruté, al filo del día de su muerte, Los pacientes del doctor García, con un personaje en el que luce su extraordinaria vis cómica y su vena dramática, que dan buena cuenta de su talento. 

Manuel de la Calva: la otra mitad del Dúo Dinámico, la otra mitad de la memoria de nuestra vida musical. Sus canciones nos han acompañado a generaciones de españolitos que amaban un estilo sin complicaciones, pero imperecedero. De los Quince años tiene mi amor, a Perdóname, pasando por Lolita, Esos ojitos negros, y Amor de verano, hasta llegar a Resistiré, todo un himno para los malos tiempos. 

Manuel de la Calva, Manolo, el guardiamarina, nos hizo, junto a su inseparable Ramón Arcusa, el guapo,el alto...disfrutar de sus canciones en todos los momentos de nuestras vidas. 

Y, ese LALALA, por favor. Cuando España aprobó la reválida de Europa allá por el sonado 1968. Dirige la orquesta, Rafael Ibarbia. Un subidón en la edad de la inocencia. 

Eusebio Poncela: lo mejor que se despachaba en cuanto a calidad de actuación. Enigmático e inquietante. Un grande de la escena, sobre las tablas y ante las cámaras. 

Confieso no conocer demasiado su filmografía. Aunque sé de sus trabajos con Zulueta y Almodovar, me quedo con su Carlos Deza, de Los gozos y las sombras, el Dante, de Martín H y el Cardenal Cisneros, de Carlos, rey emperador

Y la expresión de sus ojos. Ahí es nada. 

José Montes Ramos, Pepe Montes: a algunos les sonará de mucho, y a otros de nada, pero en la vida de mi ciudad fue persona querida e importante. Barbarita le conoció cuando empezaba el bachillerato y él ya iba de salida. Nunca habló con él, pero era tan alto que su figura nunca pasaba desapercibida. Creo recordar que creó, o participó en una revista que se editaba en nuestro instituto llamada HACER, y hasta de un soneto muy simpático que escribió, dedicado a la pared de su clase de último curso, Sexto creo. 

Pasaron los años y no le volví a ver, a pesar de su estatura. Sé que matrimonió con una chica pelirroja de mi barrio y que desempeñó el cargo de presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Ceuta, difícil función, nada fácil de torear. 

Un detalle. Le volví a ver un día de la ultima semana del pasado julio, saliendo de la Iglesia de los Remedios. Al final, todo se queda en esta Ceuta de nuestras vidas y nuestros recuerdos. Descanse en paz. 

DESCANSEN TODOS EN LA PAZ DE LO ETERNO.


A modo de coda optimista. 

Pero, aunque suene cursi y un tanto manido, la vida sigue y el sol sigue saliendo para todos. Para llorar y también para celebrar. 

Hoy, mi Paca, que todo lo trastoca e ilumina, cumple sus primeros 75 años. Muchas felicidades y mejorados 120. 























































.b.







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sábado, 23 de agosto de 2025

BARBARITA RECUERDA Y NO PROTESTA. EL OTRO VERANO.

 



Las personas que me conocen bien saben de lo poco dada que soy al verano. Más bien conocen mi casi aversión al tiempo que transcurre entre mayo y septiembre, con todos sus perejiles y consecuencias (negativas) para una servidora. 

Pues sí señor, a Barbarita no le gusta el verano. 

Y eso se ha hecho patente en las rajadas que le he dedicado en mis últimas publicaciones.

 Con saña, quizás, pero con la razón que me da el derecho a eso: a rajar y a quedarme tan tranquila. 

A la que esto escribe no le gusta que las temperaturas pasen de los 25 grados del Señor, y que todo se llene de gente, que las ciudades se colapsen por mor de que " es verano y, hala, hay que disfrutarlo". 

Que todo eso está muy bien, pero sin freírse. Sin tener que hacer colas ( como cuando éramos borregos acojonados por una pandemia) para comprar una barra de pan, o para comer un humilde, ¿ Humilde? plato de pescado. 

Sin tener que luchar para conseguir una mesa, y, a veces, para que te pongan un digno mantel de papel. 

Debe ser que la celulosa está muy cara, y, claro...

Y ustedes, mis queridos lectores, pensarán que esta Barbarita está chalá, que es una maniática menopáusica que no sabe apreciar los placeres del estío...

Pues puede que alguno lleve razón. Pero la que suscribe tiene sus razones y, sobre todo, recuerda otros veranos. Mis otros veranos. 

Ni estoy capacitada, ni quiero meterme en jardines para hablar del ' cambio climático '. Porque, tampoco hay que ser un Einstein, o don Mariano Medina, para darse cuenta de que las temperaturas han subido en los últimos años. Y, a mí, eso me fastidia mucho. 

Pero sigamos.

 Antes de ese ' cambio ', con esa palabra yo sólo conocía la que se refería a la moneda, y a un señor que pateaba las calles de mi ciudad, cesto al hombro, pregonando " cambioo", que, en castizo quiere decir " amioooooo". 

Bendita palabra. Y espero que alguien me entienda, porque hace mucho calor y no estoy para explicaciones. 

Pues que eso. Que ese otro verano era cálido pero no asesino. Las playas, aunque llenas, eran practicables y para comerte un pinchito o un volaor con un Kist, no había que guardar cola alguna. 

Y llegaba la noche. Y se dormía. Sí señores. Se dormía. Y, antes de entregarse a los brazos del señor Morfeo, se salía a las calle: a pasear y al cine de verano. Y con una rebequita poncima, que a partir de ciertos días de agosto ya apetecía. 

Y sin agobios de paseos petaos de gente dominguera del esparcimiento nocturno, muchas veces interrumpidos por un padre demasiado severo que te aplicaba eso de antes de que den las 10. Y que había que cumplir. Sí o sí. 

Y, los ( injustamente) suspendidos en junio, nos levantábamos muy temprano para ir a la academia de turno, pq había que recuperar y empezar el curso limpios. Y, por supuesto, no repetir. 

Y, más o menos, así transcurría el otro verano. 

Con verbenas y algun guateque , largas caminatas a la playa. Y feria. Como pocas de bonita y elegante. Con los radio cassette a cuestas para oír música sentados en una plaza o en el  banco de un paseo frente al mar. 

Y te picaba el cuerpo por el salitre. Porque nuestro mar ( o mares) era auténtico y fetén. 

Y poco de protección solar y mucho de asolearse a pelo. 

Y muchas cuestas, y muchas escaleras. 

Y muchas peñas y piedras , que entre piedras nos hemos criado, para trepar y lanzarse al agua más limpia del mundo. 

Y algunos colchones de playa sobre los que algunos se sentían almirantes de la Armada. 

Y los de un barrio para el opuesto, porque te gustaba fulanito o menganita y había que hacerse ver. 

Y balones de playa, y San Juan del Deus, y pipas de melón saladas y secadas al sol . 

Y Los cipreses creen en Dios, y La vida sale al encuentro, y El diario de Ana María. Y Corín Tellado, que también. Más escondida que el famoso Play Boy

Y cigarrillos sueltos. Y besos furtivos al son del eterno Miguel Ríos

Y la ciudad que dormía y despertaba para acoger todas estas vivencias que se repetían día a día con la naturalidad que trae el verano dominado por los caprichos del mar y el viento: de la rutina de las clases a las excursiones a la playa. De estrenar vestidos hechos en casa, a alisarse el pelo de la forma más rudimentaria y eficaz. Y pocas pelas.

De los primeros politos, Nickys, les decían también. Todos de marca indefinida y desconocida. Que lo de las marcas no había aterrizado aún en nuestras vidas. Pegados a cuerpos bronceados con aceite y vinagre o, algunos, la lata azul de Nivea.

 Sí señores, que no sólo era esperar la llegada del helicóptero, como mi querido Manolo Navarro, los balones azules también se vendían junto con el bote de crema. Un pack, que se dice ahora, que proporcionaba diversión y ayudaba a ponerse morenos a los humanos . Todo en uno. E infalible. 

De la edad de la inocencia al tiempo de las primeras picardías...Porque...Ni más ni menos. 

Que La portera de mi casa...ya se sabe. Y que, Pasajeros al tren, y gallegos también. ¡Sería por viajar!

Un galimatías no tan difícil de entender y traducir. Sólo recordar, sumergirse en el mar...y cantar a pleno pulmón. Que el sentido del ridículo tampoco se había instalado aún en nuestras vidas. 

Que no se me fue la cabeza, mis lectores de verano. Que hubo un tiempo, quizás no demasiado lejano, en el que sucedió todo esto.

Y, una vez más, aludiendo a Serrat: Dios y mi canto, saben lo que nombro tanto. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS: y ya que estamos en plan "buen rollo de verano" no puedo dejar de dar una pincelada gastronómico - estival sobre algo que nunca faltó en las mesas de los ' otros veranos', con permiso de los gazpachos, los picadillos de tomate y las sardinas asadas. Sin espeto. Con respeto, pero nada de espetos. Y nos comíamos las ricas sardinas tan ricamente. 

Y, me refiero a los higos chumbos. Los chumbos de toda la vida y por los que más de uno perdía la cabeza. He de reconocer que nunca lo entenderé, porque no me gustan, pero sí recuerdo la gran aceptación que tenían: verdes, amarillos o morados, constituían una delicia para el deleite veraniego. 

Higos chumbos, también llamados Higos Picos en las Canarias, como diría mi rubia favorita, y que mi amiga Ginesilla, me acaba de mandar directamente de Wonderland. Recuerden el sueño. 

Todo sea por el surrealismo fantástico que inspira el calor. 

sábado, 16 de agosto de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA TRAVESÍA FINAL. ELENA. CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO PUBLICADO EL 2 DE AGOSTO.


BERLIN, 1930.



 Serrr judía no te va a beneficiarrrrr nada en estos tiempos. Tú erres extranjera aquí, pero eso no te a salvarrr del peligro. Pero bueno, de momento, sigue con tu trrabajo en el guión de la película y ten cuidado. Tú y tu marido. 

Así hablaba, Marlene Dietrich, con el acento gutural y seco de los teutones, a la joven tangerina que, junto a su marido y sus amigos artistas de nuestra fauna diversa, habían dejado atrás las mieles del pasado dorado para aterrizar en una Alemania que se preparaba para el horror nunca antes visto. 

EL trrrabajo, el guión de la película, El ángel azul. La guionista, Elena Amselem, del equipo de Carl ZuckmayerNuestra escritora fuera de sitio pero decidida a triunfar. 


TÁNGER, TIEMPO ATRÁS


Desde luego, así nunca encontrarás novio para casarte. Qué bruta eres Camila, siempre trotando por todos lados como un muchacho. Nunca paras quieta, juegas a la pelota mejor que todos los niños del patio, no te arreglas , tienes ese pelo colorado sin arreglar, no sales con las niñas de tu edad, ni siquiera vas a las clases de la Sinagoga de Assayag, ni quieres aprender a cocinar. 

A tu edad ya sabía yo arreglar una adafina para el Shabbat y ya me estaban buscando novio. Un buen chico judío de Kenitra que me gustaba mucho. Trabajaba con los americanos y a tus abuelos les gustó  desde el principio. También estaba Meir, de Tetuán, también buen chico y guapo, aunque un poco espabilado: le gustaban todas, y eso, a tu abuelo Jacob, no le hacía gracia. 

En fin, que yo me arreglaba y salía por el barrio, ayudaba a mi madre en la casa y me preparaba para casarme algún día. Pero tú, hija mía, como sigas así, todo el día jugando a la pelota y leyendo un libro tras otro, te vas a quedar soltera y nadie te va a pedir.


Desde luego, mamá, mira que te tengo dicho que no me llames Camila, que me gusta más Elena y que a mí me gusta como soy. Y, si no me sale novio ni me piden, pues mejor. No todas las muchachas tienen que casarse por obligación. Yo soy muy feliz jugando en la calle y leyendo y escribiendo mis cuentos, en el que no hay princesas encantadas, sino gente de verdad. Así que, no me riñas tanto, que por mucho que quieras, ni le voy a hacer caso al primo Moís, el de la tienda, ni a Samuel, el maestro. 

Ya veré yo qué hago con mi vida. 


Esta conversación, nada usual en unos tiempos en los que las mujeres estaban destinadas a casarse,  ser buenas amas de casa y tener muchos hijos, fueran de la religión o clase social que fuesen, podría parecer un tanto surrealista o fuera de situación. Pero no. 

Camila, perdón, Elena Amselem, no tenía nada que ver con el ejemplo de mujer de su época. 

La niña más niño de El patio del inglés, un microcosmos compuesto por andaluces emigrados, tangerinos europeos de primera generación, judíos de Marruecos de toda la vida, y algún que otro ejemplar de ser humano sin filiación conocida, formaban un mapa humano de gentes de todas clases, religiones y jechuras. El mundo dentro del mundo. 

Casi una treintena de familias agrupadas en torno a una fuente de agua común para todos, casas pequeñas habitadas por la ilusión de un mundo mejor. 

Eran malos tiempos, había que trabajar para criar a muchos hijos, pero, a pesar de todo, la vida era relativamente fácil para todos porque había alegría. Unión y alegría. 


No todo el mundo puede vivir en la calle San Francisco y frente a la catedral. Si hasta tenemos un seminario enfrente. Pero vamos, que de aquí no va a salir ninguno para cantar misa. Aquí se vive y se trabaja, pero de misas, poco. Decía Catalina, la de Estepona, casada con el mejor ebanista del barrio y madre de una manta de chiquillos que la traían de cabeza. Todos acostumbrados al trabajo duro y a echarle valor a la vida. 

Aventureros, cazadores, buenos comedores y bebedores. Mujeres valientes y emprendedoras. 

Y, sobre todo, amables y gentiles. Todos muy gentiles en el Tánger de la felicidad. 


MADRID, LA META DEL PRIMER CAMINO. 


Quién me iba a decir que mi vida iba a cambiar tanto. Y que iba a pasar tanto frío. Todo en mi vida ha sido una sorpresa, un cambio tras otro. De la niña rebelde de El patio del inglés, la que no se quería casar porque sí, a ser la mujer de Alberto Pinto, el chico más guapo del Boulevard Pasteur y de la Sinagona de Nahón

Todas las niñas andaban locas por él y, al final, se fijó en mí, la más pobre y la más salvaje. Nos enamoramos y nos casamos. Parecemos dos almas gemelas. Juntos salimos de Tánger para escribir y triunfar, y juntos seguimos por todos los caminos que D nos pone por delante. 

Y, Al igual que a Alberto, la vida en Madrid me pareció increíble, nueva y hasta emocionante, comparado con nuestro paraíso de palmeras y vientos.

 La dulce ciudad de nuestra infancia se nos quedó pequeña, porque ya pensábamos en los aires nuevos que soplaban por Europa. Pero allí no tuvimos demasiada suerte y marchamos a por rumbos distintos. Nuestros estudios y nuestro amor por la literatura nos sirvieron para abrir algunas puertas, pero no las suficientes. Conocimos a nuestros amigos en el Café de Pombo, parecido al nuestro de París, en la Plaza de Francia, pero con un aire menos cosmopolita. 

Té hirviendo con hierbabuena y mucha azúcar por café con leche caliente y un vaso de agua. Mucha charla y poco condumio. 

Y nos marchamos. Y, en Alemania fue peor, a pesar de El ángel azul y de los deslumbrantes movimientos culturales. De la libertad y de lo nuevo. De lo que se desvaneció en un mar de sangre y que continuó en nuestro siguiente destino, y de ahí a huir otra vez. Marchar para buscar. Partir sin encontrar. 


Nos pusimos de acuerdo. Los artistas que tanto esperamos de la Europa de las grandes promesas, recalamos en otro puerto, y otro más. 

Una vez más, la huida nos lleva al mar. Este barco, desde donde voy desgranando recuerdos mirando al futuro, se llama Sinaia, tiene nombre de promesa y creo que nos llevará a América. 

Ya no sabemos ni qué pensar ni qué esperar, pero nuestra obligación es seguir. 

Como dicen los amigos nada puede ser peor. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS: a seguir pasando calor.

 Pasó la Virgen de agosto y todo sigue igual en cuanto a temperaturas propias y ajenas, las habituales del verano y las  provocadas por los incendios. Que todo suma. 

Vuelven las plagas de medusas, aguavivas en mi tierra, a molestar al personal. Pero todo forma parte del pack estival y hay que tomarlo como algunos toman la vida. Como viene. Como decía la canción de Los Surfs, allá por los 60 del siglo pasado. 

Echo de menos los balones de Nivea

Pero eso seguirá en otra página de los sábados de Barbarita: la de los otros veranos. 

sábado, 9 de agosto de 2025

BARBARITA REPASA.UNA CLASE DE LITERATURA CON MÚSICA. EN EL CL ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE ANTONIO MACHADO.




SOPLABA VIENTO DEL SUR...

Ese mismo viento que me ha acompañado durante algunos de los días de mi adolescencia, me acercó a la estela del primer poeta que conocí: don Antonio Machado.  No demasiado "ventilado" en las clases de literatura de aquellos  planes de estudio de los 60, pero sí lo suficientemente reconocido por alguna profesora al que rendía total admiración. Menuda y exigente. La misma que nos transmitió esa misma admiración por el poeta sevillano. 
 
SERRAT.

La piedra de toque, el mago que, con su álbum Dedicado a Antonio Machado, poeta, difundió a los mil y un vientos, los maravillosos poemas que supo engarzar como nadie en los surcos de vinilo de esa joya de disco. Que no todos podíamos comprar, pero que sí muchos pudimos disfrutar a través de la radio. 

De Algeciras a Estambul (que eso llegaría más tarde) de la Patagonia a a la  Baja California, de la Europa de abajo hasta la más remota. Machado reinaba gracias a la voz del Noi del Poble Sec. 

Y todos los adolescentes de la época conocimos con la imaginación cómo eran los limoneros del Palacio de las Dueñas de Sevilla Mi infancia son recuerdos...Sevilla, 1875.
 Aprendimos a sumar con aquel coro de niños que recitaba, en una tarde parda y fría de invierno, mil veces ciento, cien mil. Mil veces mil, un millón. 

Supimos cómo se mataban aquellas molestas moscas vulgares. Nos emocionamos, Barbarita, hasta las lágrimas, con el impresionante cantar a un Cristo en el que el poeta no creía, pero, para el que andaba pidiendo una escalera, para quitarle los clavos al Nazareno de los gitanos. Con una música que ha trascendido a la propia obra de don Antonio para convertirse en universal. Porque no hay banda de cornetas y tambores que no la lleve en su repertorio de salidas de Semana Santa. 

Par hacer más grande aún a los dos maestros: al andaluz, y al catalán. Que no es mala mezcla. 

Y así, y casi sin darnos cuenta, y gracias a la magia de la radio. Pepe Domingo, qué gran trabajo hiciste, seguimos recitando lo hasta ahora desconocido a través de una canción y otra. Y otra más. 

El golpe a golpe, verso a verso... La negra premonición de lo que estaba por llegar Españolito que vienes, al mundo, te guarde Dios ( siempre Dios presente en el alma descreída) que una de las dos Españas, ha de helarte el corazón.

 La figura viva y, a la vez triste del olmo seco hendido por el rayo, y en su mitad podrido
 La figura del señorito andaluz hecha carne en el retrato de aquel don Guido de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero. De viejo, gran rezador. 

Y, más allá de la obra conocida por obra y gracia de nuestro cantautor favorito, también fuimos conociendo más de la vida y de la obra del poeta, famoso por su desaliño indumentario y por padecer innumerables penas de amor: de las románticas y de las de su España herida de muerte.
 Que ambas le descalabraron el cuerpo y el alma. Y le rompieron el corazón. 

Y aprendimos 'geografía poética'. De Sevilla, a Soria, a Madrid, a Segovia, a Baeza. A Colliure...

Y, en este año de efeméride ( a Barbarita no le gustan "los días de, los años de") y a pesar de, he querido rendir mi más humilde homenaje al insigne miembro de la Generación del 98, que tantos nombres de oro aportó a la literatura española y al que muchas conocimos por las enseñanzas ( y el mal genio) de aquella profesora menuda y enamorada del poeta.

 Creo que siempre quiso ser su Guiomar. Nunca lo sabremos. 
 
ESTOS DÍAS AZULES Y ESTE SOL DE LA INFANCIA Colliure, 1939. 


El testamento de un ser ya muerto en vida. Con todo el dolor del cuerpo y toda la pena de su alma atormentada. En un pedazo de papel arrugado. En el bolsillo de una chaqueta eternamente arrugada, Antonio, poeta y mártir, resumió toda una vida en el origen de sus orígenes. 

Feliz cumpleaños, maestro. Gracias doña África. Gracias Joan Manuel. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS ( DE VERANO) : No es por ser repetida, pero es que el verano da para mucho. La gente se agota en colas interminables para comer cuatro sardinas y se hacina en medio metro cuadrado de arena para 'disfrutar' de la playa. 
Se nota que no soy partidaria, pero el verano inclemente de estas tierras siembra más de una mala semilla en la mente del ser humano: en julio de 1975, y a 49 grados de fuego, fueron asesinadas cinco personas en el Cortijo los Galindos, en el sevillano pueblo de Paradas. Aquí murieron cinco. ´

- Ya llegará noviembre con su Tenorio y su jalogüin invasor. Pero mientras, a seguir con la caló.

sábado, 2 de agosto de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. ALBERTO.

 Tánger, 1917.

CONTINUACIÓN DEL RELATO 'ENSAYO CON GENTE ' PUBLICADO EL 19 DE JULIO. 

- Ay, señora Simi, este Alberto está cada día más tragón. A que no sabrá usted que le he pillado escondido en la despensa, con toda la cara llena de Letuario de berenyenas. El que teníamos guardado para el Talamón de Jacobo, el niño de su sobrina Regina. 

- Pues ahí estaba el señorito, todo pringoso y tan contento.

- Ay, señora, lo gordo que se va a poner para su Barmitzva. Que el tiempo pasa volando y este niño no para de comer dulces.

- No te preocupes Safia, que ya adelgazará cuando dé el estirón. De todas formas, hay que decirle a la cocinera, a Francisca, la de Ronda, que no le haga caso cuando le pida chucherías. 

Estas conversaciones y otras parecidas, llenaron los primeros años de infancia de nuestro Alberto Pinto, otro viajero más a bordo del Sinaia, que, junto al resto de los integrantes de nuestra fauna diversa, viajaba a la búsqueda de un destino mejor. 

Esta escena podría ser la de un día cualquiera en la infancia del niño de los Pinto Sudry. 

Casa grande, lámparas, alfombras y cuadros de los abuelos y de algún que otro rabino elevado a santidad. 

Cocina siempre abierta, llena de olores a canela y clavo, a comino y a cúrcuma, y a todas las ricas comidas que preparaba Francisca, la cocinera española que vino huyendo de la guerra cruel del moro, y a quien sus nietos llamaban Mansinca. 

Balcones al azul acero del Atlántico y portal con dorados y filigranas. 

Casa grande. Casa sólida que nuestro Alberto abandonaría para marchar a lo desconocido. Para escribir todo lo que pasaba por su mente y para triunfar por todo lo alto. 

Atrás quedaron sus años de niño. 

 Moreno y de pelo rizado, eternamente protegido por su familia. Sin más horizontes que los de la Cuesta de la Playa, el Zoco Grande y el bois, el Bosque Diplomático. 

Baños y correrías por el monte. Lycée y sinagoga. 

Y ahora se enfrentaba a la realidad de dos comidas por día y ni un cuento que vender. Y sin dulces. 

- Madrid es frío comparado con mi tierra, pero estoy tan ilusionado de estar aquí que no creo que me importe pasarlo. Poco a poco me voy introduciendo en el ambiente literario de la capital, y me parece muy interesante, aunque algo disperso. 

-Aquí, los artistas se juntan en los cafés más que en el Ateneo, y además, y como si estuvieran peleados, cada facción se agrupa con los suyos. 

- Y de ahí no salen. Y a la mínima se lanzan pullas y discursos ofensivos. Y, hasta se citan para batirse en duelo, como le ha pasado a Valle Peña. 

- Total, que yo que he venido aquí a aprender, a escribir y a conocer a los mejores, estoy aprendiendo más de picaresca que de buenas letras. Aunque tenga que rendirme al genio de todos los que voy conociendo. Que entre exaltados y melancólicos, son la mejor cosecha que ha dado España en muchos años. 

La grey literaria de la época se concentraba en Madrid. 

Alberto recuerda, de entre los gloriosos del 98, a Baroja paseando por el Retiro, boina desgarbada e indumentaria descuidada. A Machado, don Antonio, aún más desaliñado que el novelista vasco. Y a Sender,  y a Aub, que visitaba la capital desde su residencia valenciana, entre los del momento.

 Novela, poesía, teatro. Todo era un bullir en el que no acababa de encontrar su sitio. 

El joven hebreo soñaba con escribir argumentos para el cine, pero no le gustaban las producciones de cariz folclórico que  triunfaban en los cines y encandilaban al público.

 Él soñaba con algo más. 

Algo más moderno, más social, con ' compromiso ' , pero, que ni en la España de la republica acababa de arrancar. 

Eso, pensaba, habrá que buscarlo en Europa.

- Cuando vuelva al café de Pombo, hablaré con Javier y con Rafa. También tendré que contar con mi mujer. Buena es Elena Amselem como para no consultarla. De todas formas, ellos también están descontentos. Habrá que marchar.

Y mientras el mercante portador de anhelos e ilusiones avanzaba mar adentro, Alberto recordaba y reflexionaba. Con nostalgia y con dolor. 

¿Quién sabe qué les esperaba en América? Los hebreos no estaban ' de moda ' en esos tiempos de horror y él sólo quería vivir en paz. 

Encontrar un hogar, trabajar, y VIVIR. 

CONTINUARÁ 

- CONSTANCIA DE LOS DÍAS: Se agotan los días de estancia en la ciudad soñada. Días que han servido para descubrir cosas tan importantes como el respeto a los niños afectados por el TEA, al eliminar el ruido en ciertos días de feria. Todo un acierto para alcanzar la meta de la inclusión social. 

- Descubrir, recordar, comprobar... que el amor existe.  AMOR con mayúsculas en forma de cuidados y dedicación de una persona a otra.

Laurita y Pedrito Rodríguez. Mis niños Clavijo.

 El amor existe. 

Ceuta, 2 de agosto. El mar devuelve a Barbarita a otro mar y otro puerto que, aunque también radiante y luminoso, ni sabe ni huele igual. Pero ahora es el puerto fijo de su vida. Que no de su corazón.