Las fiestas llegan a su fin. Ya hemos dado la vuelta completa a la última hoja del calendario de 2025, el que se me ha ocurrido bautizar como El año del pistacho, por esa invasión tan excesiva que nos ha metido al susodicho hasta en la sopa. Piensen, piensen en ello.
Llegó el último día del año con su correspondiente parafernalia de nuevos atracones de comida, ingesta apresurada de uvas y brindis a todo lo que se menea con besos, abrazos, felicitaciones y buenos deseos. Que luego vendrá el bicarbonato.
Al son de campanadas sobre campanadas ( las peninsulares y las isleñas) nos dispusimos a apurar el último cartucho del reloj que señala el fin y el principio en un escenario ya conocido, como la clásica Puerta del Sol de Madrid, o de Cagarrutas del Monte. Que el caso es festejar y esperar el despelote correspondiente de la famosa de turno. Como el maná de la travesía del desierto, pero en hortera.
Y a poner buena cara y a abrazar al, o a la, pelma de turno. A darse palmaditas en la espalda y a ser feliz.
Les aseguro que en estos días hay gente que se da de tortas por ser feliz. Hasta quedar exhaustos y enterrados en montañas de confeti en cotillones horteras o chupando la exitosa rueda de los Cachitos ... una fórmula infalible para no dormirse porque activa las neuronas del recuerdo y aleja el mal rollo del olvido.
Pero nos queda la última campanada: la que resuena más fuerte, la que reina sobre todas porque entra en el territorio de los verdaderos protagonistas de estas fiestas: los niños. Desde los 3 a los 99 años.
A todos los que esperan con ilusión la llegada de los Reyes Magos.
PAULA
Ya vienen los Reyes Magos...y yo no creía en ellos. Hasta que los vi frente a frente.
Este pequeño Cuento de reyes es, nada menos que el testimonio vivo de algo que ocurrió hace muchos años en Málaga. La protagonista, que ya pasea su hermosa mocedad en las aulas universitarias, era apenas una niña que tuvo la oportunidad de conocer a los Reyes Magos, en vivo y en directo y en plena faena de llevar la felicidad a través del vehículo más antiguo e inmortal: la ilusión.
La historia, tan real como los Reyes Magos, sucedió, precisamente, en la noche de Reyes, en un barrio cualquiera de Málaga. Paula tenía por entonces 9 años y, como cada víspera de Reyes, y tras disfrutar de la maravillosa cabalgata malagueña, acudía, junto a sus padres y su hermana menor, Ángela, a casa de la abuela Lily, a recoger el Roscón de Reyes que ella regalaba cada año y a pasar la tarde en familia.
Y, he aquí que, con tanto roscón, tanta cabalgata, tanta música, y tanta chundachunda, que la Paula , además de ilusionada, empezaba a estar mosca, dudosa, incrédula...
Porque, nueve años ya son muchos años para hacerse preguntas como si de Descartes se tratara, y, la chiquilla, ya de regreso a casa, comenzaba a dar muestras de una desazón creciente. Estaba muy seria. Su carita reflejaba una preocupación inusual que sus padres notaron.
- A esta niña le pasa algo, se dijeron sus padres.
Así que, ni corta ni perezosa, la madre, que en su juventud ejerció de domadora de leones, acostumbrada a lidiar con cientos de participantes de concursos de baile, sus madres, profesores y público entregado, le espetó con cariño no exento de firmeza..
- ¿ Qué te pasa Paula?
- Nada, mami. No me pasa nada. Respondió la mosqueada niña.
Pero, como la madre que la parió que era, y bien bregada en calmar amotinamientos de artistas, sabía que no era así, con lo que volvió a preguntar, con dulzura impaciente.
- ¿ Por qué estás triste cariño?
Fue en ese momento cuando la pequeña Paula se armó de valor y expresó sus cuitas a sus asombrados padres.
- La prima Marina me ha dicho una cosa que me tiene muy confundida.
La niña, que parecía Sam, el niño revegío de Love Actually, confesó que su prima, y algunos compañeros del cole, de su misma edad, andaban diciendo por ahí que los Reyes Magos no existían. que eso era un invento y que eran los padres quienes compraban los regalos.
Ante esta inesperada afirmación y previendo un asunto espinoso de resolver, la madre, a la que llamaremos Kathy, se quedó de piedra, como un habitante más del Torcal de Antequera.
- Sabía que esto llegaría algún día, sabía que tendría que pasar, pero no estaba preparada para que fuera esta noche. Me he quedado total y absolutamente fuera de juego. Precisamente, en la noche de reyes.
Pero Kathy, la precavida mamá, y cual Chapulín Colorado, era astuta y llevaba ya años tramando un plan para cuando llegara el momento.
Aunque ignoraba el resultado que pudiera dar, ya estaba entrenada para solventar las situaciones derivadas de ese tipo de preguntas por parte de los pequeños de la familia.
Como, cuando en una gran superficie veían a padres tirando de carros llenos de juguetes en vísperas de Navidad o de Reyes, o con los inocentes comentarios de los compis de clase, que, en conversaciones del patio de recreo, ya empezaban a convertirse en negacionistas de Melchor, Gaspar y Baltasar. Como los del Covid, o el cambio climático. Pero peor, mucho peor, porque con niños sabidillos todo se complica al nivel de una jornada de Control al Gobierno un miércoles cualquiera.
Ante ese apurado Houston, tenemos un problema, y en esos momentos de tierra trágame, la valiente mami decía que los reyes magos les traían regalos a aquellos niños que creían en ellos, y que si alguno dejaba de hacerlo ya no les traían más, con lo cual eran los padres los que les compraban los juguetes para que esa noche tuvieran su sorpresa.
Hay que ser retorcida...pero, si non e vero, e ben trovato.
Así las cosas, la mamá iba capeando el temporal y calmando los desánimos y las dudas de la numerosa pandilla infantil que integraba su familia.
Hasta que Paula, que ya no sabía qué creer, le salió por peteneras.
- Te repito que me lo ha dicho mi prima Marina.
Así de segura se expresaba Paula, ante los atónitos ojos y oídos de sus padres . Porque, Marina, su prima y amiga del alma, de su misma edad y cómplice de juegos, travesuras y primeros secretos, no mentía . No podía mentir.
Si lo decía su prima era porque era verdad: el Evangelio según Marina. Sin discusión. ¡ menuda papeleta!
- Y fue cuando cuando le volví a contar la historia de que los niños que no
creían en los reyes no recibían regalos de ellos. Aunque no me quedé satisfecha, ya que esta
vez dudaba que colara. Pensó una aterrada Kathy ante tamaña situación.
La trayectoria del relato no dejaba de tener su punto de tensión dramática. Así, Kathy recuerda...
- Nos subimos al coche, conducía el padre, la pequeña Ángela iba casi dormida tras una jornada de emociones, pero Paula seguía despierta y cavilosa. No paraba de dar vueltas a su duda existencial.
- Camino a casa siempre cortábamos por un callejón que estaba entre penumbras.
- Todos íbamos muy callados, pensando en lo que había pasado, cuando, de pronto, y entre las sombras de la noche pude ver un coche que parecía que venía en sentido contrario. Pero no andaba, estaba parado y nos resultó muy raro.
- En ese momento, entre asustada y preocupada, miré hacia un lado de la calle, y, cerca del coche vi, vimos, claramente a tres personas con hermosas capas de terciopelo y armiño. Tres hombres, uno negro y dos blancos, que portaban grandes sacos llenos de toda clase de objetos que supusimos que eran regalos.
- Ante esta escena tan inesperada como maravillosa, paramos el coche . No había más vehículos, ni más gente, sólo nosotros y el otro coche parado, al otro lado del callejón.
- Nuestros ojos no daban crédito ante la visión de esas capas hermosísimas, con cuello de piel, y ese trasiego de sacos abultados, llenos de verdad y de ilusión, porque en esos sacos cabían los deseos inocentes de todos los niños del mundo.
De 3 a 99 años.
- Llamé a Paula para que mirara hacia delante, porque lo que estábamos viendo era a los mismísimos Reyes Magos.
- Todos nos quedamos callados, sin poder hablar. Eran los Reyes Magos, con sus coronas, sus capas y sus sacos de regalos.
Ante mi estupefacción me fijé en uno de ellos: era Melchor, que hablaba afablemente a los del coche que se encontraba parado, y te aseguro, Barbarita, que
no he visto cabalgata en la que los Reyes Magos tuvieran mejores ropas que las que llevaban Sus Majestades aquella noche. La de mi incrédula niña mayor.
- A Paula se le salían los ojos, no podía reaccionar, pero es que yo estaba igual.
- Fueron llegando más coches al callejón, la circulación se complicó y tuvimos que salir de allí. Asombrados.
- Pero al fin reaccionó y, entre temblorosa y feliz, dijo: mamá hemos visto a los reyes,
pero a los de verdad, qué equivocada está mi prima.
- Y este feliz encuentro hizo que mis hijas creyeran en los reyes, muchos, pero
muchos años más, porque siempre que alguien les decía que los Magos de Oriente no existían
ellas pensaban: tú di lo que quieras, pero yo los he visto.
- Aunque ha pasado mucho tiempo, cada año sigue saliendo la conversación de esta historia en mi casa, y hoy, a sus 22 años, Paula sigue preguntándose que a qué casa irían esos tres hombres, con esas ropas que tendrían que costar un dineral. Los majestuosos ropajes y las brillantes coronas.
Y yo… también me lo pregunto.
Como nos lo preguntamos todos a través de los años. Primero de niños, luego de padres, más tarde de abuelos. Y la respuesta es siempre la misma: son los Reyes Magos, los que vienen cada año a cumplir la mayor ilusión de todos los niños.
En cualquier punto del Planeta Tierra, y en la noche del 5 de enero. Ellas los vieron en una calle de Málaga. Yo los vi, a través de una ventana de mi casa en Ceuta, en la noche más esperada mágica y maravillosa para todos los niños del mundo. De 3 a 99 años.
FELIZ DÍA DE REYES. NUNCA DEJEN DE CREER!
Feliz día de Reyes. Seguimos creyendo... ¡¡¡Siempre!!!
ResponderEliminarEntro en la edad de creer. De 3 a 99 años :)
Es la noche de la ilusión y la desilusión cuando llegan de vacío y y solo tienes el mismo negrito con diferete ropaje que has visto a tu abuela hacer y eso marca de por vida por eso creo en papá Noel así y todo felices Reyes 🫶
ResponderEliminarTengo claro que los Reyes Magos existen. A veces en forma de padres, de abuelos , de personas y asociaciones que trabajan para que otras tengan comida cada día del año . Personas que se esfuerzan para que otras sean felices . La Navidad no es como la vives , es como se las hace vivir a los demás . Mis padres me hacían tener tanta ilusión en estas fechas, que no quiero dejar de creer nunca . Los Reyes Magos si existen. Para mí , también existe Papá Nöel, debe ser porque nací en un lugar donde era protectorado francés y allí sí que venía Papá Nöel. Vamos a seguir creyendo en cosas bonitas ! Feliz Día de Reyes . Barbarita !
ResponderEliminarFeliz día de Reyes. Pilona
ResponderEliminarMuy bueno, 😊
ResponderEliminarFelices reyes madre y que nos traigan muchos más post de Barbarita en este 2026
ResponderEliminarHola ! Soy Ana Mari , la ilusión de los Reyes y Papa Noel 🎅 sigue intacta, es la ilusión de dar para la felicidad de niños y mayores , gracias Barbarita y Feliz día de Reyes
ResponderEliminarFeliz día de Reyes y a mantener la ilusión hasta los 99 y más allá
ResponderEliminarHola!!! Nunca dejaré de creer en los Reyes Magos !!!! Esa ilusión es indescriptible y ver a los niños con esas caritas y a mis hijos !!!! Yo sigo siendo niña éste día de Reyes !!!!
ResponderEliminarHoy .as que nunca y por imperativos, de salud, tengo aún más fe, y espero que mi regalo más deseado, salud y carencia de dolores, se cumplan
ResponderEliminarTotalmente verídico, soy la madre de Marina.
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