sábado, 24 de mayo de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LAS HISTORIAS.

 CONTINUACIÓN DEL RELATO PUBLICADO EL 10 DE MAYO

Y llegaron a su destino. Y se asentaron. Y trabajaron como ellos querían y habían soñado: en libertad. Pasaron los años, y nuestros artistas ya formaban parte del tejido artístico del mapa de Europa. Una Europa que, tanto como les atrajo, les estaba empezando a repeler por el desarrollo de los acontecimientos que nunca pensaron que sucederían. 

En cada capital de la vieja dama de occidente iban sucediendo, muy poco a poco, pero con siniestra certeza, los episodios que más tarde hundirían a esa sociedad alegre y confiada, ejemplo de cultura, refinamiento y civilización. La desgracia se acercaba, pero nadie se daba cuenta. O nadie se quería dar cuenta porque parecía imposible de creer. 

En París, Javier Linaza,  el pintor, malagueño y exquisito, logró hacerse un sitio entre los mejores de la Rive Gauche. Era feliz en su añoranza, pero disfrutaba de un mediano éxito que, por el momento, un momento que duró buena parte de los años 30, le satisfacía y no le hacía  pensar en España, tan cercana y tan lejana a la vez, y de donde venían no buenas noticias. Pero, aún así, se consideraba afortunado porque era libre. Conoció gente, aprendió un poco el idioma y a tomar fromage, beurrecroissants.

Con eso le bastaba. Por el momento. Se había contagiado de la grandeur francesa y no veía más allá de lo que dura una burbuja de champán Taitinger - va por ti Mario-.

Y, entre tanto, ruido de voces airadas que se extiende como una mancha de aceite envenenado.

El matrimonio formado por Alberto Pinto y Elena Amselem, provenientes de Tánger, escritores, guionistas y escenógrafos, alojaron su arte en Berlín, la Meca de la creación de vanguardia de la época: cine, teatro, espectáculos de cabaret...Un pastel del que todos querían participar porque había lugar para todos. Las salchichas eran baratas y, la cerveza, aunque caliente, se podía beber por poco dinero. 

 Elena participó en la escenografía de El ángel azul, la maravillosa película de Josef von Stenberg, que lanzó internacionalmente a Marlene Dietrich. Alberto también trabajó en algunas adaptaciones de obras de Bertolt Brecht. La pareja trabajaba con los mejores y eran felices, aunque aún ignoraban la realidad, la verdadera dimensión de lo que llegaría. La calamidad que no se avistaba y que no tardaría en aparecer en la forma del horror que nunca imaginaron. Esto no  puede ser. Esta gente sólo es un grupo de fanfarrones. Todo pasará. 

En la dorada Viena, en el momento el hogar de los intelectuales por excelencia, el valenciano Rafa Nogales componía y estrenaba con cierto éxito. Su nombre se fue haciendo medianamente conocido y era feliz. Había conseguido entrar en una tertulia, nunca con el sello de las españolas, pero el café era bueno, y la tarta Sacher la bordaban. Incluso, un día vio pasar a Sigmund Freud, y le pareció que le saludaba con el sombrero. Freud era muy miope y no lo conocía de nada, pero él se lo creyó. Y seguía siendo feliz. 

Y, a todo esto,  los años pasaban. Ya habían pasado seis desde que salieron de España y la sensación de inseguridad se incrementaba. Aquel pedazo de mundo que tanto soñaron conquistar con sus habilidades artísticas, se pudría, se desmoronaba poco a poco, casi sin sentir, porque el ser humano es ciego, y más cuando es feliz y confía en el porvenir. Daba igual París o Viena, en todos sitios se sentía la inseguridad que provocaban el eco de los desfiles callejeros de cientos de matones con camisas de un tenebroso color pardo en Berlín, Munich y otras ciudades de la agónica República de Weimar.  Alemania, arruinada tras la Gran Guerra, había enloquecido y contagiaba como una epidemia mortal. 

La gente empezó a tener miedo. Mucho miedo. 

En París, aún alejada de lo que llegaría no demasiado tarde, Javier veía cómo la gente se agitaba ante una situación cada vez más inestable. No se vendían cuadros y su producción se paró por falta de encargos. Los marchantes habían  cerrado sus puertas y los clientes preferían salir de una Francia que no auguraba nada bueno. 

En Viena, Rafael Nogales se encontraba cada vez más solo: la tinta de las partituras parecían haberse secado. Su gran obra tendría que esperar, y esperar a solas. Las tertulias se fueron vaciando, y el gran creador del Psicoanàlisis brillaba por su ausencia. Mejor no dejarse ver.

En Berlín, el centro del avispero, todo era aún peor: nuestra pareja judía estaba empezando a pasarlo realmente mal. Su religión les delataba de cara a las nuevas leyes promulgadas por los nazis. ¡Fuera judíos! Las producciones artísticas se reducían a las realizadas por los afines al régimen del terror. Era el momento de Leni Riefensthal y de todos los fascinados por el furor del presente. Había que poner tierra por medio antes de que fuera demasiado tarde. Se están llevando a gente, dicen que para un programa de reasentamiento. Han construido campos para alojarlos. Es gente de toda Europa. Todos los que ellos creen indeseables y enemigos del Reich. No sabemos qué pasa en realidad, pero es mejor marcharse antes de que nos apresen con el mínimo pretexto. 

Así las cosas, Europa se convertía en el reino del temor, que más tarde sería del horror. Y, ante ese horror que se sentía cada vez más cercano, nuestros amigos decidieron marchar, poner distancia con lo que habían soñado para volver a la realidad anterior. 

Con el correo postal aún sin censurar, la correspondencia los puso en contacto y, todos a una decidieron dar el siguiente paso: el de la vuelta. El del retorno incierto. 

¿Os acordáis de La Barraca, el grupo de teatro de las Misiones Pedagógicas de Giner de los Ríos? Llevan en marcha desde el 31, y parece que les va bien. La dirigen Casona y García Lorca y nos han dicho que buscan gente con nuestro perfil: escritores para los guiones, pintores para la escenografía y músicos para las partituras de las obras. Están haciendo teatro clásico por toda España. Podemos volver, allí tenemos trabajo con este proyecto y estaremos en nuestra tierra. En esta parte de Europa ya no se puede respirar. Vamos, vamos, volvamos a España. Nada puede ser peor.

Y el grupo que se formó para salir de España y poder trabajar en libertad, decide volver ante el panorama incierto que se vislumbraba en el horizonte.

Ya está todo arreglado. Debutamos en Madrid el 18 de julio. Este año de 1936 nos va a traer suerte. 


CONTINUARÁ... 

Constancia de los días: Eduardo Mendoza. Un orgullo para las letras y para la alegría de leer. 

Mariano Ozores. Pasó por nuestras vidas haciendo lo más difícil: sembrar la risa en un cine sin problemas en una España con problemas. 

6 comentarios:

  1. Esperando la tercera parte. Genial.
    Pilona

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  2. Enhorabuena! Muy sorprendida con lo bien documentado que está. A la espera de los próximos acontecimientos 😘

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  3. Me encanta leerte. Esperando a la semana que viene.

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  4. Mani, si la primera parte era buena esta es mucho mejor 👍 👏👏

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  5. Cada vez más interesante. 👍👏 (prima Marinés )

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  6. Me ha encantado. Tienes una forma muy personal de crear expectación, es más tengo ganas de leer como sigue la historia.
    Muchas gracias es un regalo para el intelecto.

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