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sábado, 28 de junio de 2025

BARBARITA PROTESTA. NO AL SIEKOREUGH. EN LA LENGUA DE CERVANTES, PLEASE.

 

Cartel Casa Paco


Siekoreuhg

 Ni palabra conocida, ni inventada, ni palabro, ni fruto de un sueño. Ni del manuscrito Voynich, ni na de na. Pero suena a rayos, porque no se entiende. ¿verdad? Pues eso pasa cuando nos cruzamos con un cartel, un folleto, una carta de restaurante o cualquier soporte que pretenda informar en un idioma desconocido al que se habla por estos pagos. 

Aunque este sea tan universal como el inglés: claro, conciso y extendido por todo el planeta, pero no por eso suplantador sin permiso y a conveniencia, de la lengua hermosa de por aquí. De la nuestra. Huelga decir  o nombrar a los grandes que la hicieron inmensa. Y cósmica.  De Lope, Cervantes, Larra, Galdós. De los Machado, Alberti, Delibes, Teresa de Jesús, Unamuno, Marías, Grandes. De Serrat y de Luis Eduardo. De Gabo, de Cortázar y del gran Mario. Y aunque huelgue nombrarlos, de ley es recordarlos por artífices de momentos únicos en el manejo del español. 

Y, he aquí que Barbarita pasea por una ciudad turística como Fuengirola. O como otra cualquiera en la que los hoteles superan a los museos y se topa, una y otra vez, con el dichoso Siekoreugh. Que campa a sus anchas a través de bares, restaurantes, tascas de medio pelo, o medio pensionistas, que igual da. Pero todo en Siekoreug. O sea, en el inglés que viene a decir que somos más listos, más finos y más cosmopolitas porque antes de escribir gazpacho, se prefiera decir cold tomato soup, que en principio es una traducción correcta, pero no "por encima de". Pero ya está tan extendido que se asume como normal, y lo normal, como lo correcto. 

La primera vez que Barbarta pisó la Costa del Sol, allá a finales de los años 70, se sintió fascinada ante la proliferación del take away, happy hour, rent a car, real state y one hundred, seis bragas. Todo estaba en inglés y, por lo tanto éramos modernos a más no poder. 

Desde Churriana, donde conocí a más de un Johnny, con el pelo de la dehesa pegado al cuerpo, a lo alto de la serranía, se multiplicaban los carteles con el careto de Shakespeare, antepuesto al de don Miguel, el de Alcalá. Que no es por na, pero la colonización, en un momento tan necesaria a efectos de negocio, resultó ser un caramelo envenenado que aún se chupa y mastica como la mejor de las golosinas.

Hace años, en el ejercicio de su profesión, Barbarita realizó un reportaje para prensa, con el susodicho tema como elemento principal. Y tras visitar, y casi espiar, la cartelería de bares y restaurantes, cartas y pizarras con happy hour y cold sangría, comprobó que la invasión era peor que la de los Ultracuerpos . En este caso, de una lengua sobre otra. Golpe a golpe, verso a verso. Pero siempre con el predominio del yuspikinglis sobre el precioso liquindoi, tan malagueño como extranjero. Pero inventado con gracia y con traducción tácita.

Y resulta que, Barbarita, perdón, Barbie, entra en una preciosa cafetería y por mucho que mira y remira la carta de desayunos, no encuentra, el Catalán, el Serranito o el Mollete con manteca colorá.

 Asustaíta viva, y creyendo que ha hecho un viaje a Liverpool sin billete de vuelta, no return, la Barb. pregunta a ver dónde dice lo de manteca colorá, y una guapa camarera con acento del Buenos aires del glorioso Borges, le contesta que todo eso está más abajo, en segundo lugar. Que este es un negocio enfocado el turismo y es por eso que la carta esta en el más puro inglés de Charles Dickens.  

Siekoreugh. Y vaya usted a dar una vuelta a Staford upon Avon, que en Almagro hace mucho calor. 

 

CONSTANCIA DE LOS DÍAS: termina el curso escolar. Enhorabuena a profesores y alumnos. Unos entran y otros salen de la vida académica, que, a veces, resulta más dura y complicada de lo que podamos creer. 

Y, entre los que salen de esa carrera apasionante de formar e instruir a generaciones de estudiantes de todas las procedencias, credos y geografías, esta semana le ha tocado a Isabel Lorente García. La señorita Maribel. Marebe, o como lo pueda pronunciar un alumnado que podría llenar parte del mapa andaluz, de su Ceuta natal y peleada y del Marruecos más cercano. Sin olvidar presencia y compromiso en otros territorios tan diferentes como el Sahara y Ucrania. 

Ha sido toda una vida. Casi medio siglo de dedicación y entrega. Ahora toca descansar y disfrutar de su tribu tomando un té frente al mar de Benítez. 

¡Enhorabuena a la maestra. Felicidades a la persona!

sábado, 21 de junio de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. MARCHAR DE NUEVO, LA ÚLTIMA ESPERANZA.


 

Si te has perdido algún capítulo puedes leerlo pinchando en la etiqueta "Ensayo con gente" al final de la entrada.


De nuevo en marcha. En fuga, huida hacia no se sabe muy bien donde. Otra vez salir, con el cansancio de años y leguas, con sombras que opacan las luces, con la desesperanza del, otra vez, futuro incierto, de las puertas cerradas. Del abismo al infierno. De la sima, a la nada. 

Y fue esa nada, esa anomía sin asideros, la que les hizo reaccionar como un último acto de rebeldía ante la terrible realidad que les amenazaba con gritos sordos. Hay que buscar un camino para marcharnos de aquí porque esta puede ser nuestra última oportunidad de salir con vida y con dignidad de esta España muerta en esta primavera de derrota. Los caminos están abarrotados de gente que huye, de fugitivos de la guerra y de sí mismos, y, nosotros, cuatro parias sin historia, también habremos de hacer lo mismo. Antes de que sea demasiado tarde. 

Llevados por el miedo y por la marea de sombras en una marcha sin esperanza, nuestros artistas consiguen alcanzar un barco en el puerto de Alicante, la ciudad soñada por Rafael Nogales, que nunca volvería a pisar y que jamás le vería triunfar con su música y sus ilusiones. 

Y por fin salieron. El Stanbrook, un mercante británico a vapor, con capacidad para 24 tripulantes, zarpó del puerto de la ciudad levantina el 28 de marzo de 1939, con 28.000 refugiados a bordo, atropellados, temblorosos y aterrados ante la idea de no poder salir. 

El barco fue el último en cargar miles de pasajeros expatriados. A las pocas horas, el Marítima, haría lo propio con tan sólo 30 pasajeros. Cuestiones políticas, altos cargos de la República, ni uno más. Siempre hubieron clases. 

Ya no dejaban embarcar a nadie más, todo había terminado y, hasta el mar parecía haberse cerrado para las miles de personas que se hacinaban en el muelle viviendo escenas desgarradoras que resultaron inútiles. Era la última oportunidad. Se jugó y se perdió. De la esperanza del luminoso Mediterráneo, el mar de todos,  a la árida tierra de Los Almendros y Albatera, los campos de concentración donde se decidiría el presente inmediato de las 15.000 personas que no pudieron abandonar España por mar. 

Y aquellos que salieron de España en los primeros años de la década de los 30, y que volvieron atraídos por  la tierra propia, hubieron de volver a marchar de nuevo a destinos extraños, en el transporte más lleno de gente que habían visto nunca. Días con buena mar y días con marejada se mezclaban con la buena mar y la marejada de las miles de personas que abarrotaban el buque. Imposible contar la vida de los pasajeros durante los días que duró la travesía: el haber abandonado un país muerto, sembrado de muertos no daba pábulo al optimismo. Todo se había perdido y ellos eran ahora sombras a la deriva, sin esperanza, con apenas cuatro trapos en una maleta y toda la mar por delante. 

Semanas de viaje con el miedo en el cuerpo. Ya no somos nadie, qué haremos al llegar. Argelia es tan diferente. Dicen que allí nos meterán en campos de internamiento  y vigilancia, para establecer un control, porque somos muchos, demasiados. No sabemos cómo nos recibirán, pero, al menos podremos respirar con holgura, aquí no cabemos y la gente enferma. Ha sido el barco con mayor carga de refugiados de estos últimos días de guerra y ya pesa. Nos pesa a todos. 

Las semanas de navegación daban para  poco  y para mucho también. La vida activa se hacía difícil. Demasiadas personas, demasiadas historias. Demasiado dolor. 

Pero pensaban, recordaban. Cada golpe de mar les traía a cada uno de los artistas errantes, ecos de su pasado. El mar, tan presente en sus ciudades de origen, pintaba escenas vívidas como si del día de ayer se tratase. Un malagueño, dos tangerinos y un alicantino tenían al mar por leit motiv de sus vidas. 

El Mediterráneo y el Atlántico. Luz y palmeras, pescado, especias...sandías rojas como la sangre, higos chumbos morados y dulces, aceite, pan caliente. Fiestas y hogueras, arena y acantilados.

 No hay boquerones como las de mi Málaga, decía Javier Linaza, mientras Alberto y Elena hablaban de las sardinas hechas en anafe de carbón que comían en Tánger. Con un trozo de pan y un puñado de aceitunas picantes. Pero las gambas rojas de Alicante y la mojama no se quedan atrás, recordaba Rafa Nogales, con una sonrisa triste velada por el  recuerdo.  En todo ello pensaban porque el mar les traía el olor, el sabor y la vida. 

Tocar puerto. La llegada a la ciudad de Orán, tan mentada por don Miguel de Cervantes, se les antojaba tan fascinante como extraña. El barrio de Sidi Houari, cargado de la historia de las diferentes culturas que se establecieron y gobernaron la zona, y que era lo más parecido a la civilización conocida, quedó atrás, a un lado, borrado. Nos llevan a los campos, hay que poner orden, clasificar al personal. Es un sitio de detención- tránsito, pero no nos harán daño. 

Y es así como tuvo lugar un nuevo pasaje de la novela vivida por nuestros protagonistas.

 La colonia española les acogió con agrado, había que ayudar, eran muchos y estaban heridos por la pérdida. Pero el entusiasmo se desinfló al poco tiempo y ya se les miraba con recelo. 

De momento, no podremos hacer nada , sólo esperar y dejarnos llevar. Nosotros somos artistas, no hemos hecho mal a nadie, sólo trabajar, pero, desde los primeros días nos hemos dado cuenta de que la misma sociedad civil de la ciudad está dividida por nuestra llegada masiva. Ya se empieza a oír eso de que somos rojos peligrosos. Nosotros, que vivimos de pintar, escribir y componer, nunca nos consideramos un peligro para nadie, pero ante esta situación tendremos que seguir esperando, tener la suficiente calma como para dar un nuevo y, quizás, definitivo salto. Dicen que pasan barcos para Chile y Méjico y Puerto Rico...


CONSTANCIA DE LOS DÍAS: 

Una pastora- poeta. Poeta- pastora, de Ventas de Zafarraya, presenta su primer poemario: Luna de lana. Hacer punto y guardar ovejas, dice Angustias Moreno. La lana y la luna, como aquella de Miguel, el de Orihuela.¡ Enhorabuena!

Se acerca la temporada de bodas. El verano adorna con luz y color las celebraciones preparadas con esmero. Días de vísperas adobados con toda la gama de nervios posible para llegar al sí quiero con la perfección de la esfera y el círculo. Los mejores deseos para días de alegría y fiesta. !Pero cuánto trabajo¡

sábado, 14 de junio de 2025

BARBARITA Y EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO. REVELANDO UNA VERDAD.

 





A veces los sueños desatan tempestades, cataclismos que exorcizan lo soñado, lo quasi vivido en una noche agitada, en este caso, de verano caluroso, con una nitidez que causa miedo, una vez comprendida la importancia de lo vivido en ese acto de soñar, en ocasiones, con consecuencias. 

Se sueña como se vive. Dormidos o en vigilia, lo importante, si se recuerda, es analizar las historias, las imágenes que se hacen realidad porque, a veces son eso, la realidad pura y dura. O no, 

Tras un parto difícil y casi agónico, nuestra amiga quedó tan exhausta que no se daba cuenta de nada, bañada en sudor y con el cuerpo muerto, no vio cómo alguien retiraba el que dijeron que era el cadáver de su hijo; su primer niñito al que ya no vería más y que nació con un peso de 4 kilos, sano, bueno y vivo. ¡Vivo!

Lo sentimos, Pilar. Ya, desde el principio, la cosa no iba bien. El niño estaba atravesado y fue muy difícil sacarlo. Para que usted lo entienda, traía el cordón umbilical  enrollado en la garganta y le faltó el aire. Los medios que tenemos ya sabe usted que son escasos, y nos fue imposible reanimarlo y volverlo a la vida. No pudo ser, lo sentimos. Hemos retirado el cadáver para que no se impresione. No se preocupe, ahora está en el cielo, usted es muy joven y tendrá más hijos que la llenarán de alegría. De momento, descanse, repóngase y no piense. Su marido y su familia ya lo saben y la cuidarán. No ha habido nada que hacer, nosotros arreglaremos el papeleo. Usted no se preocupe. Son cosas que pasan. 

Y así fue que su amiga Barbarita lo soñó. Vaya que sí. 

Pilar, no puedo decirte nada más que lo he visto en sueños, de una manera tan clara que me dio miedo. El niño, rubio y de piel muy blanca, nació vivo, yo lo vi tan claro como te estoy viendo a ti. La sor se lo entregó a unas personas que estaban esperando. Eran tres personas. Así que el niño vive y tiene otros padres. Lo sospechábamos todas, pero nunca tuvimos la certeza, hasta esta noche del sueño. Vaya nochecita de agosto, de parto y de pérdida. 

En el sueño, visitaba una gran casa a la que me habían invitado, aunque no conocía a los dueños. Gente vulgar, pero con dinero. Había una gran mesa servida para una merienda, llena de pasteles y de tazas de té. Me invitaron a sentarme y, cuando fui a coger un pastel, entró una mujer con el niño en brazos. La misma que había  visto en mi sueño y a la que entregaron a tu hijo. Un bebé que se parecía sospechosamente al que había visto en mi sueño. Ya sé que no hay que hacer caso a un sueño, pero, en esta ocasión, la sospecha se rinde ante la evidencia. El niño vive. Así que, hemos decidido revisar todo otra vez y devolverte el niño. Gracias a este sueño revelador estamos en el camino de descubrir la verdad. 

Y Barbarita no miente. La pesada y húmeda noche de verano se interrumpió para escribir lo vivido en una ensoñación que iba a dar sus frutos. En un simple trozo de papel, y medio dormida, tu amiga escribió todo lo que recordaba. Ya pronto hará un año, pero la visión de la casa y sus gentes servirá para recorrer el camino que nos llevará hasta tu Manolito, que es como querías llamarlo si era varón. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS: El verano se  adelanta peligrosamente. Los plazos de la sucesión de las estaciones son ya cosa del pasado. Estamos sufriendo unos rigores que cada vez duran más y más y se hacen difícilmente soportables.
 Teoría: el calor mina la moral de quienes lo sufren, y les convierte en unos pobres desesperados que no encuentran consuelo ni en el abanico ni el botijo, únicos remedios que, junto con la últimamente denostada y decente costumbre de  sentarse al fresco, ayudan al humano acalorado a no ser un émulo de San Lorenzo. 




sábado, 7 de junio de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA HUIDA.

   ¡ Qué bonita es España y cuánto la hemos echado de menos!

CONTINUACIÓN DEL RELATO PUBLICADO EL 24 DE MAYO.

Vuelta a casa, con una, en el fondo, ingenua ilusión, la de levantar el ánimo con el nuevo trabajo, el proyecto laboral con el grupo de teatro popular del momento: La Barraca. Aupada en un puñado de camiones y con un propósito tan noble como arriesgado, el de llevar el teatro clásico español por aquellos pueblos olvidados que nunca habían sentido un verso. 

El mes de julio se presentaba doblemente caluroso, pues a las temperaturas típicas de la época se sumaban los ardores del clima político que se vivía y palpaba en las calles, se sentenciaba en el Parlamento y se ejecutaba en cualquier sitio. Todo había llegado a un extremo de violencia tal que igual daba la vida de unos o de todos. Cualquier señal, el mínimo ademán de oposición de ideas daba pie a un enfrentamiento acompañado de amenazas, tiroteos y sangre. Con nombre o sin ella, pero siempre sangre. Julio arde y España se marcha de vacaciones inciertas. Al final no sabemos qué será peor, salimos de Europa por miedo a la violencia y esto es lo que nos encontramos. Esta es nuestra casa, pero, tal y como están las cosas, no hay nada claro. El ejército está descontento, los rumores son el pan nuestro de cada día y dicen que hay mucho ruido de sables en los cuartos de banderas de los cuarteles en Canarias, Marruecos, Navarra...Los partidos políticos se enseñan los dientes mutuamente y nadie se fía de nadie. y nosotros, recién llegados, estamos a verlas venir porque no nos esperábamos esto. Hace mucho calor y nos vamos de gira por los pueblos, pero no sabemos qué pasará. Ya casi nos habíamos olvidado de este calor sofocante de la meseta, pero, a lo hecho, pecho. Vamos a tomarlo lo mejor que podamos y a trabajar en esta nueva experiencia. Tenemos que afiliarnos al sindicato del Espectáculo, nos darán un mono de obrero, recorreremos el país y seguro que nos irá bien. 

Y, entretanto, mientras preparaban partituras, guiones y figurines, se iban dando cuenta de que algo fallaba, de que la España que dejaron con pena a principio de los años 30 ya era otra muy diferente: la gente estaba crispada, se miraba de reojo. El pueblo español, siempre herido de alguna forma, siempre al borde del abismo, llevaba a sus espaldas muchas vueltas de tuerca con monarquías dictaduras y repúblicas, gobiernos de todo signo que parecían siempre el último y mejor salvavidas. Pero esta vez, el tornillo no daba más vueltas y las tuercas se habían tensado hasta decir basta. Se respiraba el ensayo de la gran tragedia y nuestros artistas, como el resto de los españoles iban a ser testigos en pleno escenario. 

Y sucedió lo que tenía que suceder porque, la piel de toro, baqueteada y maltrecha, quería decir algo en voz alta. Una voz más alta que otras, y otras más altas que una. Y nuestros artistas ya estaban en la rueda de la sangre, aún sin saberlo. Estrenamos el sábado 18, el teatro está muy cerca del Cuartel de la Montaña y en sus alrededores hay verbenas y aguaduchos de horchata y limoná. Lo pasaremos bien. El debut va a ser la bomba. En la calle de Ferraz hay muchos puestos de flores, con mucho ambiente. Fuenteovejuna gusta mucho y en estos momentos es un tema muy representativo. 

Y bien que fue la bomba. Parecían palabras proféticas. Y, partir de ahí, el triunfo y los aplausos, tan sonoros como el ruido de las balas, los cañones y las ametralladoras. La guerra entre españoles ya era un hecho. El ejercito se había sublevado contra el gobierno de la República, y enseguida se formaron los dos bandos en lucha. La cosa no podía ser peor, la violencia de meses atrás era ahora una realidad terrible. Todos luchaban por lo que consideraban justo, mientras el mundo se hundía bajo los pies de millones de personas. El grupo seguía el curso de la ruta marcada para la compañía, pero cada vez era más arriesgado. Los caminos se volvieron intransitables y más que un grupo de artistas, parecían náufragos de lujo pues de momento comían, trabajaban y estaban un poco alejados del peligro real. Aunque esto fuera una ilusión, ya que el peligro estaba en todas partes

Javier Linaza, el pintor,  malagueño y exquisito, ya iba echando de menos Montmartre, a la par que deseaba acercarse a su tierra, y bañarse en el mar más luminoso del mundo. Tanto ir y venir por tierras secas le tenía triste y nervioso, porque, en medio de aquella guerra, ya no habría muchas ocasiones de ejercer su arte, cuatro figurines para el teatro y poco más podía permitirse. Lo más cerca que estuvo de una obra de arte pictórico fue en la evacuación del Museo del Prado. Ayudó a embalar a sus adoradas Meninas, que cada vez le parecían más poderosas y enigmáticas. 

Avanzaban penosamente por caminos polvorientos un tanto apartados de la primera línea de fuego, y así aprendieron una geografía que cambiaba constantemente según el curso de la guerra. Un pueblo, otro y otro, en los que los recibían con la alegría natural del que espera una golosina, un momento de diversión...que se esfumaba al momento, como una pompa de jabón. 

Alberto y Elena, pareja cosmopolita acostumbrada a otros ambientes artísticos e intelectuales, se encontraban fuera de sitio. De haber trabajado con Von Stenberg y Marlene Dietrich a transitar caminos y alternar programa con cómicos como Carmela y Paulino, y su espectáculo itinerante Variedades a lo fino. Ellos también añoraban su Tánger natal, la ciudad internacional en la que todo era posible. Sus paisajes policromados se fundían en un espectáculo de bullicio de gente de mil y una procedencias que vivían libres y, de momento, fuera de peligro. Pero ellos no estaban allí porque seguían atrapados en la tierra parda en la que se sentían un poco extranjeros. Demasiado quizás.

Rafael Nogales, el músico de Valencia, parecía no añorar demasiado su tierra por el constante olor a pólvora que apestaba el aire, pero también deseaba torcer el mapa y volver, volver a una ciudad donde la alegría y las fiestas eran el santo y seña de sus gentes. Como buen valenciano, llevaba la música en sus genes y el afán de seguir componiendo le hacía resistir a todas las tragedias de aquella guerra, que en sí ya era la tragedia con mayúsculas. Pero no eran buenos tiempos para las sinfonías. Por todas partes se oían las canciones del momento: Échale guindas al pavo, cantada por Imperio Argentina y Miguel Ligero, y Mi jaca, en la voz de Estrellita Castro. Nada que ver con el estreno de una obra de campanillas en el Real, pero no había más que hacer, sólo esperar entre el silbido de los Pacos y los aullidos de las sirenas que avisaban de los bombardeos. 

Y así como pasaron los años en la atrayente, prometedora  y convulsa Europa de principios de la década, igualmente fueron pasando los años en los que la pellejo de España se vio cosido a puñaladas. Por unos y por otros y quizás por ninguno. Nuestro grupo fue recorriendo la España ya herida de muerte sin llegar nunca a sus lugares de origen, pero viendo y comprobando con horror  la crueldad a la que puede llegar el ser humano, en nombre de no sabían bien qué principios o en nombre de qué dioses divinos o terrenales. Durante su periplo de ir y venir con los camiones y los bártulos de escena, se cruzaron con Hemingway y con Orwell, y vieron como Robert Capa inmortalizaba la muerte en el campo cordobés, pero también se cruzaron con grupos de gente anónima que huía de su propio destino. Hambrientos y asustados. Con el miedo en el alma y la incertidumbre del que se sabe al borde de un abismo negro y sin salida. 

 Todo era una locura, el delirio colectivo de un pueblo cansado de sufrir ya conoció sus límites, y tocó marchar. Ya no habría más representaciones. El pueblo necesitaba pan, no versos.

Hay que irse, estamos en febrero del 39 y el mapa se está decantando ya por un bando definido. Se lucha en todas partes, más encarnizadamente aún que al principio, pero lo que está claro es que tenemos que marcharnos. El haber trabajado con las Misiones Pedagógicas ya nos señala a todos. Hemos dejado muchos muertos por el camino, desde una cuneta del campo granadino a los lugares más insospechados, cercanos y lejanos. Dicen que en un par de meses todo estará liquidado. Podríamos salir por Valencia, están saliendo algunos barcos, que puede que sean los últimos. Si esperamos más, el ejército rebelde tomará la zona fronteriza con Francia y nos será mucho más difícil escapar de este baño de sangre. Nosotros, por suerte, seguimos vivos y juntos. Así que no lo pensemos más, vámonos. Vámonos de aquí. En algún lugar del mundo nos querrán. Vamos, vamos. Nada puede ser  peor.


CONTINUARÁ...

CONSTANCIA DE LOS DÍAS: la Costa del Sol está que arde, dos tiroteos en dos semanas. Se impone la puesta en marcha de  un plan urgente de seguridad o ampliar los ya existentes o esto se va de las manos. De las manos que aprietan el gatillo. 

La gente se casa y celebra y también festeja los años cumplidos en eso del matrimonio. Felicidades a los recientes y a los que renuevan su propósito de unión a través de los años.