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sábado, 26 de julio de 2025

BARBARITA Y EL TERROR DE OTRA NOCHE DE VERANO.

 

DESDE UNA CÁRCEL DE TELA. 

Nadie podría pensar que lo que se ve y se oye desde la profundidad de un abismo de tela fuera tan real como terrorífico. 

Tras un extraño viaje a Londres, en el que ocurrieron cosas no menos extrañas, ya nada podía ser más irreal dentro de la neblina del sueño. 

Irreal porque pensamos que un simple viaje de trabajo, resumido en un desayuno de ejecutivos de empresa con modelos de ropa interior no daría para mucho más. 

Un viaje de trabajo y turismo con paseos por los grandes monumentos que atestiguan el esplendor de un imperio que aún pervive en la mezcolanza de gente que puebla la antigua metrópoli de millones de seres humanos. 

Ahí todo podía pasar. 

Era una ciudad como la pintaban en las antiguas producciones de la Hammer: llena de niebla, de carruajes tirados por caballos negros, de prostitutas y borrachos..., que salían del putrefacto East Side para entrar en los famosos almacenes Harrods a comprar bombones y visitar el monumento a la princesa Diana. Porque ellos eran el pueblo, y ella, su hada madrina. 

Sin pies ni cabeza, la historia se desarrolla con el tropel de very poor people pululando por el centro del gran Londres en busca de diversión y dejando atónitos a los turistas del siglo XXI, que no sabían verdaderamente qué estaba pasando a su alrededor. 

Y en ese ambiente surrealista y espeso se vieron envueltos los viajeros malagueños, sin saber muy bien si se encontraban en un parque temático gobernado por la Reina de Corazones, en el que podían encontrar más oferta que en el mismísimo Harrods: desde Tom Canty a Jack the Ripper, sin olvidar a Holmes, Watson y Moriarty, todos ellos habitantes de un mundo inventado pero familiar. Demasiado familiar porque estaban hechos de carne de papel. De lo mil veces leído e imaginado. 

Ángela y Lourdes, las modelos de Selene, se llevaron un susto tremendo al cruzarse con un personaje que, tocado de una gran chistera y con un reloj en la mano, corría despavorido y avisando a la gente de que llegaba tarde a una merienda muy importante con una liebre y un lirón. 

Volaba más que corría porque la cita era ineludible y porque, su destino, Wonderland,  estaba lejos. Muy lejos, a través de los espejos en los que se miraba una niña rubia: Ginesa. Ginesilla la rubia. La que, con el tiempo se haría famosa por alistarse en la Legión y tocar la trompeta en las fiestas al son de El novio de la muerte.  Más loca que todos los habitantes juntos del mundo que recreara Lewis Carrol. 

Por ahí anda todavía dando por saco en tiktok con unas imitaciones muy divertidas. Pero loca. Como una cabra. 

Toda esa revoltura entre lo imaginado y lo real sucedió durante una noche de verano. Siempre el verano. Para trastornar a cualquier persona.

 Pero una cárcel de tela en una noche de Terral da para mucho imaginar. Porque, quedarse atrapada en el interior de un canapé - arcón de cama de 1.30, a las 2.00 de la madrugada y sin que nadie oiga tus gritos, es digno, salvando las distancias, de El barril de Amontillado.

O, al menos, igual de agobiante. 

Y en esas, Londres seguía tan misteriosa como si siempre fuera el siglo XIX, con todos los personajes, vivos o inventados, que habitaron nuestros días de lectura y de cine. Una pequeña historia dentro de la gran historia que nació de un accidente que pudo ser peor, pero que dio para alucinar durante un buen rato. 

Gracias, Mr. Poe, Dickens, Wells, Conan Doyle, Miss Shelley. Gracias, mi adorado Cortázar, ni inglés, ni de aquel tiempo, pero, siempre tan grande inventando lo imposible. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS:  Noches de verano, tan proclives a todo tipo de sucesos. 

El verano es una constante, tan constante en la vida de Barbarita, que parece que no hubiera otra época del año para que ocurran los sucesos más extraños . Verano que todo lo seca y da rienda suelta a todas las locuras imaginables. Desde el precio del pescado, al caos de tráfico. Es verano y todo se trastoca. 

El calor, la caló, y hasta el denostado caloret son los culpables de tanta fritura de cerebro. Como verán, Barbarita no es partidaria. Hay gente pa to. 

EN CEUTA, A 26 DE JULIO. PASEO DE LA MARINA ESPAÑOLA. DE LA MANO DE MI PADRE. ORGULLO CABALLA. 

sábado, 19 de julio de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA TRAVESÍA FINAL. JAVIER.

 Málaga, verano de 1918


Madre, me ha dicho el primo Paquito que van a abrir los Baños del Carmen. Es un edificio muy bonito, como los de San Sebastián y Santander, pero aquí va a ser mejor porque hace mejor tiempo. ¿ verdad madre? Tenemos que ir. Irán todos nuestros amigos, y los titos de Ronda, y los compañeros del Kotska. 

Mañana es la fiesta de la Virgen del Carmen y allí estaremos todos. Me gustaría llevar papel y mis lápices para dibujarlo todo. Es un sitio muy bonito y vamos a pasarlo muy bien. 

A bordo del Sinaia, un airoso mercante que aún se atrevía a surcar los cada vez más peligrosos mares con pasajeros de todo tipo, como los de nuestra fauna diversa. Legión de personas angustiadas, sin brújula y sin destino concreto; con el único afán de la huida. Huir hacia ninguna parte se había convertido en su objetivo. Unas veces por prudencia, otras por miedo, la más, por desesperación. Seres humanos con media vida rota, y la otra media por descubrir.

Y, en este nuevo trance, Javier Linaza, el pintor, malagueño y exquisito, rememora sus años pasados con la fuerza que da la nostalgia de lo perdido que comenzó envuelto en el torbellino de luz de su Málaga natal. Sal y sol, infancia feliz. Niño privilegiado de la burguesía de la boyante industria de la época: azucarera, textil y tabaco, entre otras, con nombres tan importantes como los Larios o los Ramírez y Pedrosa, puntales de la economía que convirtió a Málaga en una ciudad importante económicamente, y en la que el niño Javier creció rodeado de comodidades y de una ilusión temprana que nunca le abandonaría: el arte. La afición por el dibujo le llevó a la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, cuyas clases compaginaba con los estudios reglados en el colegio San Estanislao de Kotska. 

Con los jesuitas, matemáticas, lengua y geografía. Dibujo, pintura, modelado y vaciado, con los artistas que fueron sus primeros profesores en San Telmo. Y, entre tanto, las excursiones a Ronda con los primos, a la Cueva del Tesoro con los compañeros del colegio, y a la playa de El Palo con sus padres y hermanos. El niño tímido que hacía castillos de arena a la orilla del Mediterráneo y que saludó con alborozo la apertura de los Baños del Carmen, estaba dispuesto a plasmar el paisaje y los tipos de su tierra y del mundo entero. 

el gran salto a Madrid.

Nunca se sabe el cambio que puede dar la vida. Yo, que soñaba con pintar a la reina Victoria Eugenia con el collar de chatones, ahora voy siguiendo la estela de los de la Escuela de Madrid. Mi familia dice que son monigotes, pero yo estoy entusiasmado con esta nueva concepción del arte. Estoy experimentando de forma independiente a la de los cánones de la de San Fernando. Con todos mis respetos, busco otra cosa. Aunque sé que no me va a dar de comer, he descubierto que los nuevos estilos, surrealistas y cubistas, me seducen más que las académicas puestas de sol del Paseo del Prado. Pero nunca se sabe. Voy a participar en el Primer Salón de Otoño de Pintura y Escultura. A ver qué pasa...

Gracias a influencias y amistades, Javier logró hacerse un pequeño hueco en el mundillo del arte de la capital de España. Y merced a los tiempos que le tocaron vivir pasó de conocer una dictadura militar con el beneplácito real, a una república, que, en la que en materia de triunfos le iría tan mal como con Primo de Rivera. Precariedad y muchas ilusiones. Pero nada más.

Como dicen en mi tierra, "aquí está todo el pescao vendido" . Ni soy Picasso ni Miró, ni Juan Gris, ni Vázquez Díaz, ni los que ganan fama y dinero. Sigo siendo un pintor del motón con encargos de señoras ricas con bigote, y hasta el perrito de la misma. Así que, voy a tener que ir pensando en emigrar y veré como me las apaño. Mis padres hace tiempo que cerraron el grifo porque ni les gusta mi trabajo, ni en Málaga están las cosas tan boyantes como hace años. La burguesía va perdiendo terreno frente al movimiento proletario, y eso hace que se encojan los bolsillos de los ricos, porque el dinero tiene miedo. 

En cuanto vuelva por el Café de Pombo, abordaré a unos amigos artistas que están en la misma situación que yo. Llegaron a Madrid llenos de ilusiones y al cabo de los años sólo han conseguido una exigua cosecha de lo mismo: ilusiones. Y bolsillos vacíos. 

Hay un refrán español que dice que "mal de muchos consuelo de tontos". Pues así debieron aplicárselo sus amigos Alberto, Elena y Rafael. Nuestra fauna diversa en horas bajas y abocada al fracaso inmediato, que en rápido cónclave de caras de circunstancias ( cada uno con las suyas) decidieron poner tierra por medio y salir de una España que les negaba el pan de las pesetas contantes y sonantes, y la sal del éxito y el reconocimiento de un público esquivo y una crítica para la que no existían. 

Y con estos recuerdos de infancia y juventud, de bienestar y fracaso, Javier Linaza ponía, junto a sus compañeros y cientos de personas más, rumbo a un puerto que los acogiera y los ayudara a empezar de nuevo. 

Apenas importaba el triunfo. Ahora tocaba sobrevivir. 


CONTINUARÁ...


CONSTANCIA DE LOS DÍAS: pasó El Carmen, y AQUELLA que arrastra multitudes por los siete mares nos bendijo a todos. Es el ecuador del verano, ya anochece un poquito antes y a Barbarita le causa un regusto agridulce de pérdida. Como un polo de fresa que se derrite sin que nos demos cuenta. 

Aún quedan muchos días de verano, que diría Amaral, pero después de que la del Monte Carmelo pasee sobre su feudo terrenal parece que algo cambia. El mes de julio se hace más chiquito, y aunque la gente sigue celebrando la vida y el sol, algo cambió en la espuma que dejan los días al romper en la orilla. 

Verano. Grande o chiquito, de montaña o de playa. Es tiempo de disfrutar de una buena paella o unas ricas sardinas. De bailar en las plazas de los pueblos o en las discos de lujo, que todo es bueno si es placentero. Pero he aquí que, entre tanto chundachunda estival, hay un personaje no invitado a la fiesta que se empieza a colar por todos los resquicios. Se llama Coronavirus, más conocido por COVID. Que, como cualquier otro Alien indeseado, sigue entre nosotros para dar más de un disgusto. Atención y precaución. Y a seguir la fiesta. 

sábado, 12 de julio de 2025

BARBARITA ESCRIBE Y DISFRUTA. RESEÑA DE UNA CASITA EN LA PUERTA DE LA REINA, DE PILAR LOSADA NAVARRO.




Antes de aventurarse en este mundo de la escritura para comunicar a ustedes sus inquietudes, Barbarita hizo algún que otro pinito fuera del periodismo formal: alguna biografía escrita por encargo y de la que nunca más se supo, pequeños discursos caseros, dedicatorias redactadas con el alma...Pocas cosas que no acababan de llenar sus ansias de poner en común todo lo que pasaba por su cabeza. 

Poco, hasta que conoció el disfrute de reseñar una obra literaria. Como si lo hubiera hecho toda la vida. Quizás sin saber hacerlo canónicamente, pero con toda la carga de profundidad que proporciona el amor por lo que se escribe, por el asunto tratado con pasión y, tal vez, sin objetividad. Pero así salió y así quiero compartirlo. Porque, una vez más La casita de la Puerta de la Reina, obra primera de la escritora Pilar Losada Navarro,  merece ser revisitada para conocer un mundo que fue, y que habita siempre en el corazón. 


UNA CASITA EN LA PUERTA DE LA REINA Y OTROS RELATOS. PILAR LOSADA NAVARRO. 


Que nunca vuelve aquello que se pierde…

La casita, enclavada en pleno corazón del Tetuán más "auténtico", abre unas puertas que nos conducen a un interior de vivencias envueltas en colores, olores y sabores, fundidos en la blancura del sur de España, con otra luz, la deslumbrante del norte de África.

Dos puntos diferentes en un mapa geográfico que, por mor de las vidas de sus protagonistas, se convierte en un mapa de afectos, amores, anhelos, penas y recuerdos. Siempre los recuerdos.

En la primera parte del libro, la autora, Pilar Losada, también abre la puerta a la evocación, de la vida en aquella tierra de promisión que llegó a convertirse en el Edén.

Con suavidad no exenta de nostalgia y melancolía, Losada hace hablar a los personajes que dieron vida a la casa. Morada tan cierta como soñada. Y que devino en un microcosmos, un paraguas que cobijaba a todos: propios y extraños: cristianos, musulmanes y hebreos. Gente ya arraigada, gente de paso, con su particular carga de amor, dolor y muerte. Porque todo cabe en la casita que está en el Edén y que, siempre, siempre, evocará un sentimiento de pérdida. De lo vivido y de lo soñado.

Losada da voz propia a toda esa mezcolanza de orígenes, culturas y acentos, para imprimir más fuerza y veracidad al paraíso perdido. Tal vez un poco inventado. Pero siempre vivo.

En el resto de los relatos, la autora abandona la bruma de los recuerdos evocados por Marruecos, para adentrarse en otra etapa: la del otro lado del Estrecho, Historias de dos orillas, quizás algo más reconocibles por la cercanía en el tiempo.

Ahí se vislumbra otra "llegada", esta vez a una ciudad que, asimismo, y con la intensidad de lo nuevo, formó parte de su vida.

Con mimo, ironía y una audaz memoria, Losada va desgranando vivencias familiares, algunas casi biográficas en aquella ciudad que, para algunos, también fue una suerte de Edén: lugar mágico, lleno de peculiaridades y… jabón inglés, chocolate,  carne enlatada y botes de leche condensada. Otra cosa.

Las páginas de estos relatos están pobladas de mares y de vientos, de puertos con olor a salitre y a brea; de historias fantásticas de pescadores mezclados – siempre la mezcla – con acordes de Chopin. Extraña amalgama. Unión perfecta.

El libro acaba con un relato extraño, divertido y que roza el Realismo Mágico.

Un personaje, Otto, que deambula por los tejados y que muchos creen trasunto de Amenophis, un gato egipcio que aparece y desaparece como le da la gana.

En unas pocas páginas pasan ante nuestros asombrados ojos, indianos, germanos, dos enamorados y una niña repelente; encuadrados en un ambiente que más parece decimonónico que del siglo XX. Y el gato Amenophis. El gato encantado, porque es un encanto. ¿Quién dijo que nunca vuelve aquello que se pierde? Piensen, lean y evoquen.

 La clave está dentro – y fuera – de esa Casita de la Puerta de la Reina.

CONSTANCIA DEL TRABAJO Y DE LAS LETRASEs preciso destacar la ardua labor de investigación de Pilar Losada para reconstruir un mundo que le contaron. Ha sabido bucear en recuerdos familiares y consultado hemerotecas. Y buscar. Buscar para dar vida y voz a sus personajes que se expresan de forma tan diferente: del acento y los modismos de Almería a la jerga de las kábilas y del propio Tetuán a la hermosa y florida Haketía, la lengua de Sefarad en la diáspora. Un regalo para los sentidos y los sentimientos. Para los que, de alguna forma, vivieron ese Edén. Para que ‘ vuelva’ lo que se dio por perdido.

En breve, para el próximo otoño, Losada, 'culpable' de la existencia de este blog,  volverá a alumbrar una nueva obra, una novela que, a buen seguro, hará las delicias de los lectores. 


Medina Sidonia, a 12 de julio de 2025. ¡Vivan los novios¡

sábado, 5 de julio de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. OTRA VUELTA DE TUERCA.

Vuelve a ser abril y de nuevo toca partir, zarpar, abandonar para empezar de nuevo. 

Ha pasado casi un año desde que llegaron a la dorada Orán, con un clima quizás más árido que el español, pero más parecido en los meses de suaves brisas que hacen florecer naranjos y limoneros, frondosas palmeras y altos y solemnes cipreses. 

Tras el paso por el campo de internamiento, donde fueron clasificados y "puestos al día", pasaron a vivir en pensiones y a realizar trabajos diversos para poder ahorrar para el día de la partida. El pintor podía ser taxista, los escritores, dar clases de español y el músico tocar en bandas de música locales, donde descubrió la belleza del Rai, un ejemplo de folklore autóctono que llegaría a hacerse famoso con los años y hasta nuestros días. Por cierto, Barbarita adora la música Rai. 

Pero, de nuevo se imponía la partida. Caminaban sobre una navaja demasiado afilada, y tenían el tiempo en contra. Para salir de Argelia, camino del que pensaron que era su destino definitivo, había que hacer lo imposible. Sus aspiraciones de viajar a Méjico pasaban por llegar a Francia, y salir de un puerto que les permitiera hacer la travesía hasta el país azteca. Su Eldorado particular. 

Y vuelta a navegar hacia Europa, bien a Marsella, bien a Sète, que los dos puertos eran viables. Era la pesadilla más terrible que podían imaginar, volver a una Europa ya marcada por la zarpa del gobierno nacional socialista de Adolf Hitler, que, tras haberse merendado a Austria en 1938, y haber ocupado bárbaramente, Polonia y Dinamarca, ya tenían a Francia en el punto de mira. Y ellos tenían que arriesgarse...

Y otra vez al mar. Otra vez a jugar a unas cartas marcadas por el destino de las olas. En un carguero sin nombre. Un vapor de origen oculto que llevaba en sus entrañas la vida de cientos de personas que se la volvían a jugar con los ojos vendados.

¡Buena suerte y buena mar! Se decían entre ellos, aún sin palabras. El miedo era grande, la incertidumbre, total. Para llegar a Méjico tenían que volver a Francia, la luz de la Europa que abandonaron horrorizados para llegar a la tierra propia que les recibió con la peor de las bienvenidas: la de una guerra que aumentaría hasta el infinito su sentido del horror. Pero estaban juntos. Permanecían juntos a pesar de lo dejado en el camino, y eso les daba ánimos. Había que revestirse del valor que les faltaba, para poder creer que había que creer. Había que afrontar esta nueva travesía, más viejos, deteriorados, escacharrados y hasta destrozados. Pero nunca vencidos.


CONTINUARÁ.

CONSTANCIA DE LOS DÍAS: visto lo visto, oído y presenciado estos últimos días, mejor imitar a los monos de Gibraltar. 

Comienza el verano oficial y, con él, los recuerdos del sol de una infancia frente al mar. A la mierda los 39 escalones de Hitchcock con los 200  largos de mi playa del Sarchal de Ceuta. Pero esa es otra historia que transitará por aquí en breve. 


Ojén, Cortijo Lydyol, 5 de julio de 2025.