Vuelve a ser abril y de nuevo toca partir, zarpar, abandonar para empezar de nuevo.
Ha pasado casi un año desde que llegaron a la dorada Orán, con un clima quizás más árido que el español, pero más parecido en los meses de suaves brisas que hacen florecer naranjos y limoneros, frondosas palmeras y altos y solemnes cipreses.
Tras el paso por el campo de internamiento, donde fueron clasificados y "puestos al día", pasaron a vivir en pensiones y a realizar trabajos diversos para poder ahorrar para el día de la partida. El pintor podía ser taxista, los escritores, dar clases de español y el músico tocar en bandas de música locales, donde descubrió la belleza del Rai, un ejemplo de folklore autóctono que llegaría a hacerse famoso con los años y hasta nuestros días. Por cierto, Barbarita adora la música Rai.
Pero, de nuevo se imponía la partida. Caminaban sobre una navaja demasiado afilada, y tenían el tiempo en contra. Para salir de Argelia, camino del que pensaron que era su destino definitivo, había que hacer lo imposible. Sus aspiraciones de viajar a Méjico pasaban por llegar a Francia, y salir de un puerto que les permitiera hacer la travesía hasta el país azteca. Su Eldorado particular.
Y vuelta a navegar hacia Europa, bien a Marsella, bien a Sète, que los dos puertos eran viables. Era la pesadilla más terrible que podían imaginar, volver a una Europa ya marcada por la zarpa del gobierno nacional socialista de Adolf Hitler, que, tras haberse merendado a Austria en 1938, y haber ocupado bárbaramente, Polonia y Dinamarca, ya tenían a Francia en el punto de mira. Y ellos tenían que arriesgarse...
Y otra vez al mar. Otra vez a jugar a unas cartas marcadas por el destino de las olas. En un carguero sin nombre. Un vapor de origen oculto que llevaba en sus entrañas la vida de cientos de personas que se la volvían a jugar con los ojos vendados.
¡Buena suerte y buena mar! Se decían entre ellos, aún sin palabras. El miedo era grande, la incertidumbre, total. Para llegar a Méjico tenían que volver a Francia, la luz de la Europa que abandonaron horrorizados para llegar a la tierra propia que les recibió con la peor de las bienvenidas: la de una guerra que aumentaría hasta el infinito su sentido del horror. Pero estaban juntos. Permanecían juntos a pesar de lo dejado en el camino, y eso les daba ánimos. Había que revestirse del valor que les faltaba, para poder creer que había que creer. Había que afrontar esta nueva travesía, más viejos, deteriorados, escacharrados y hasta destrozados. Pero nunca vencidos.
CONTINUARÁ.
CONSTANCIA DE LOS DÍAS: visto lo visto, oído y presenciado estos últimos días, mejor imitar a los monos de Gibraltar.
Comienza el verano oficial y, con él, los recuerdos del sol de una infancia frente al mar. A la mierda los 39 escalones de Hitchcock con los 200 largos de mi playa del Sarchal de Ceuta. Pero esa es otra historia que transitará por aquí en breve.
Ojén, Cortijo Lydyol, 5 de julio de 2025.
Cada sábado quiero leer más de ésta historia.
ResponderEliminar¿ Llegarán a su destino?
Alejandrina está más que enganchada a tus relatos, te felicito Barbarita y te mando un gran abrazo azul como el atlántico que añoro tanto.
🙌😉🫂
¿Para cuándo un libro?
ResponderEliminarInteresante Amiga
ResponderEliminar¡¡Se me ha hecho corto!!! Esperando ya al sábado que viene 😁
ResponderEliminarCampos de internamiento más parecidos a campos de "exterminio" que a alojamientos provisionales, donde murieron muchos por culpa de la disentería, donde enloquecieron otros tantos y donde se sufrieron torturas por parte de los guardianes franceses.
ResponderEliminarSiempre tan acertado! . Esta historia por entregas se está haciendo imprescindible. 👏
ResponderEliminarEsperando el siguiente. Muy interesante. Pilona
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