Al gabinete de detectives de Barbarita Nombril llegó un nuevo caso hará unos pocos días. Un asunto escabroso: de desaparición con olor a conspiración y a crimen.
El escenario, una ciudad del norte de España, un pueblo con mar, que diría el de Úbeda, con su vida monótona y particular. Con sus fuerzas vivas y menos vivas, con sus personajes particulares, su río, su playa, sus acantilados, su banda de gaitas, su chigre y todo los elementos que pudieran conformar el típico pueblo de gente recia y algo especial.
E igualmente curiosa y siempre atenta al chisme.
Déjenme que les cuente. El asunto es que el nombrado pueblo, al que llamaremos San Pachorro, por el carácter tranquilo de sus gentes, se convirtió, de la noche a la mañana, en el centro de atención de todo el país a causa de un descubrimiento inusual: un muerto. Sí señores, un muerto, tieso, pálido de cera, mojado y vestido de algas cantábricas. Un caso para dos mujeres investigadoras. Barbarita Nombril y Ginesa Bandera, las mejores en meter las narices para solucionar los casos más difíciles.
En los acantilados de la bella playa local dos hermanos mellizos se encontraron al fiambre en un descanso de la noble tarea de ahogar en el regato a los gatos de la vecindad. En ausencia de cazadores profesionales, los angelitos se dedicaban a abastecer a ciertos restaurantes orientales, y de paso, diezmar a la población felina del lugar. Cosas de niños.
- Gabinete de Investigación Las sabuesas sin olfato, dígame. Con una llamada misteriosa, sin interlocutor identificado se anunció lo que ellas bautizaron como un crimen asturiano
- Pues, vamos para allá que pa luego es tarde, dijo la Ginesilla. Hay que aclarar que la mentada Ginesilla, la que entra y sale de Wonderland, como Pedro por su casa, es la socia de Barbarita en el Gabinete de Investigación Las sabuesas sin olfato. Rubia y menuda como un pajarillo. De corazón escacharrao y un ímpetu arrollador. Es sagaz y mal pensada, lista como una ardilla. Come poco y revoluciona el cotarro con su sola presencia. Buena elementa.
EL MISTERIO DEL ACANTILADO. FIESTAS DE SAN MATEO.
El rumor del descubrimiento se extendió por el pueblo y por los lugares vecinos con la rapidez de las lenguas de unos habitantes ávidos de novedades y de chisme. Habían encontrado un hombre muerto entre las rocas de la playa del Suspiro y había tema para rato.
El muerto estaba boca abajo, había que esperar al juez y no se le podía mover. Enterrado en algas y arena, era difícil de identificar, un reto para los curiosos que ya empezaban a hacer sus propias y macabras quinielas acerca de quién es quién
Entre los primeros testigos que acudieron al escenario del crimen se encontraba doña Porfiria, aunque ella misma aclaraba que en realidad lo vio su perro, Bigotes, pero que ella se llevaba el crédito porque “alguien tiene que representar a la familia”.
—¡Ay, Virgen santa!, gritó Porfiria al ver el cuerpo boca abajo. ¡Un difunto en mi ruta de caminata! ¡Esto me arruina las calorías quemadas!
Barbarita y su socia peinaron todo el pueblo. Pronto llegó la Guardia Civil, pero ellas estaban allí para solucionar el misterio e interrogar a toda la galería de personajes que se agolpaban curiosos para fisgar y seguir chismorreando.
- Por favor, no se amontonen. Dijo la Gine. Iremos preguntando a todos para ver qué pueden decirnos. Señora, échese a un lado que no nos deja trabajar
- Necesitamos aclarar este asunto cuanto antes porque para eso estamos aquí. Y porque nosotras venimos del sur y aquí hace un frío de muerte. Hay que joderse con el norte, si estamos en septiembre y no para de llover. Orbayo le llaman ustedes. Una temporadita en Torremolinos les daba yo.
- A ver, a ver , dijo Romualdo, el guardia civil pelirrojo y pecoso, ajustándose el cinturón. - ¿Quién es el occiso?
- Un hombre muerto, respondió Porfiria, como si Romualdo hubiera preguntado la capital de Marte.
Mientras el agente intentaba parecer profesional tomando notas en una libreta que tenía más dibujos de dinosaurios que apuntes, empezó a armarse un corrillo de curiosos. Además de las mencionadas fuerzas vivas, que se plantaron in situ para hacer valer su importancia en la comunidad, El Suspiro se fue llenando de gente con más teorías que Pitágoras.
En menos de diez minutos, ya había tres versiones distintas de lo ocurrido:
- Se resbaló mientras hacía yoga extremo, dijo don Carmelo el médico.
- Fue empujado por una gaviota vengativa, teoría propuesta por la señora Carola, enemiga declarada de las aves desde que una le robó un churro en 1998.
- Es un espía internacional, según el joven Tito, que veía demasiadas series y que aseguraba haber reconocido al hombre “por la mirada misteriosa” (el cuerpo seguía boca abajo).
Romualdo suspiró.
Sabía que resolver aquel caso iba a requerir inteligencia, paciencia y quizá café gratis en la panadería de Doña Ubalda.
- Bueno, lo primero es identificar al fallecido, dijo Romualdo.
- ¡Ya está identificado! , gritó Porfiria. Es Benito, el cuñado de mi vecina.
- ¿Cómo lo sabe?
- Porque lleva las sandalias de Benito. Sólo él usaría calcetines con sandalias en público.
Todos asintieron. Tenía sentido.
Pero entonces… Benito apareció, caminando tranquilamente hacia el grupo.
- ¡Buenos días!, dijo. ¿Qué pasa aquí?
El silencio se podía cortar con un cuchillo… de plástico, pero cortaba.
Romualdo lo miró, luego miró al muerto, luego volvió a mirar a Benito.
- Entonces… si tú estás vivo… ¿ quién es ese?
Benito se acercó al cuerpo, se agachó, lo miró atentamente y declaró:
- Ni idea, pero esas sandalias son de imitación. Un guaje sin estilo.
Y a estos Sherlocks de guardarropía, se añadieron más teóricos: Freddy Saturny, el de los dientes grandes, Ángel Bravo, el cantante de Asturianadas, Antonio Menéndez, el funcionario de la ONU, Ricardo Orégano, alias el Dandy, Félix Rubio, ' El Consorte '.
Y muchos jartibles más, todos, cómo no, armados de sus correspondientes paraguas y chaquetón de plumas.
El misterio del acantilado acababa de complicarse… y el agente Romualdo ya había decidido que hoy, definitivamente, iba a necesitar dos cafés.
Un recuerdo para los grandes que se van.
Luna Hassan. Difícil de definir cuando no hay palabras porque era dueña de todas las palabras. Se nos fue la mujer de una pieza, de las que quedan pocas. Querida por tanto amor como dio a todos. Y gracia, y salero y buen humor. Trabajadora, alegre, amante de la fiesta y del mar. Mujer tal cual, sin conservantes ni colorantes, porque era natural y auténtica desde la cuna, allá en el Tetuán de hace casi un siglo. Vivió las épocas de carestías como vivió las de abundancias: con el mismo talante emprendedor y optimista, porque en su esencia estaba vivir y superar, para sí y para los suyos. Dueña de mil y una anécdotas que quedan en la memoria de todos los que tuvimos la suerte de conocerlas y disfrutarlas.
Luna Hassan quedará siempre en nuestra memoria y nuestro corazón por lo vivido, compartido y aprendido. Ser de luz. Gracias por haberte conocido y disfrutado mi querida amiga.
Cien años para recordarla.
Alfonso Ussía. Poco que decir que no se esté diciendo ya en las necrológicas del Parnaso. Periodista maestro de la columna y el artículo de opinión, con su estilo característico de humor, sarcasmo y fina ironía. Hizo del epigrama y el soneto un vehículo para fustigar a todo bicho viviente. De él aprendí la sensación de horror vacui, ante una hoja de papel vacía, y sin saber qué escribir. Y también aprendí a reírme y a leer entre líneas, como un milagro de la escritura en la descripción de tipos y situaciones.
Se acaba de marchar de este mundo traidor, para marchar a otro más divertido y cachondo por la gente con la que se va a encontrar: allí le estarán esperando sus amigos Chumy Chumez, Manolo Summers, Luis Sánches Polack, Tip, Antonio Mingote, su Marqués de Sotoancho y...hasta el mismísimo Don Mendo y su corte de bayaderas. No quiero ni imaginarme la que van a liar. Y, cuando vean a Luna, seguro que la invitan a unirse a esta troupe del ingenio y el buen humor. Buena se va a armar.
Como dijo Romanones, ¡Vaya tropa!
Descansen en paz.
Que buenísima y amena historia. Cada línea me ha producido una carcajada. Que bueno es contar cosas con chispas de humor. Enhorabuena a Barbarita, !! Eres genial ! Que golpe de risa me ha dado con :”El prao parecía un concierto de Rosalía” jajajajajaja ( un abrazo de tu prima )
ResponderEliminarHola ! Soy Ana Mari , que la tierra te sea leve Luna , un relato muy ameno de Barbarita
ResponderEliminarMis felicitaciones Barbarita. Relato entretenido y muy cinematográfico 😊
ResponderEliminarTe felicito amiga , me gusto tu relato un flamenco abrazo que Dios te bendiga 😘👍
ResponderEliminar¡¡!Me requerencanta!!! Y ese toque de humor lo hace muy ameno :) Qué imaginación infinita tienes, Barbarita
ResponderEliminarQue relato mas divertido . Se me ha hecho corto. Enhorabuena ! Un nuevo seguidor. Viva Asturias , patria querida y viva Torremolinos. !
ResponderEliminarUn relato genial, Barbarita. Espero más noticias esa detective tan singular. Pilona
ResponderEliminarUn relato minucioso y divertido ambientado en la tierrina asturiana y con un final inesperado y además alegre.
ResponderEliminarLo que termina bien, bien está.
Muncho me prestó que’l paisanu de tar fechu una llaceria entamó a respirar.
ResponderEliminar( Me gustó mucho que el señor de estar hecho un desastre, comenzó a respirar)
Cada vez que lo leo , más gracia me hace. Barbarita eres auténtica !!
ResponderEliminarNo estaba muerto , estaba de parranda ! Jaja Que relato más bueno ! Yo también he estado en las fiestas de san Mateo ! Hace muchísimos años ! Cuando estaba con mi ex 🤪( ahora es el novio De la Rosa de España ) 💋Besotes Barbarita
ResponderEliminarJajajjaja! Que buen relato prima!!! Vaya final, me has tenido en vilo, jajjaja!
ResponderEliminarBonito recuerdo a estas dos personas que han dejado esta tierra.
Descansen en Paz y que la tierra les sea leve.
Digno del mejor Ibáñez, pocas cosas mejores se pueden decir!!
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