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sábado, 31 de enero de 2026

BARBARITA PREGUNTA. EL PLACER DE ENTREVISTAR. SERGIO BERROCAL. PERIODISTA DE AGENCIA Y ESCRITOR DE LETRAS PARA EL ALMA.

 









En 1957, un novato preparado para comerse el mundo


           NUNCA ESCRIBIRÉ MIS MEMORIAS PORQUE NO LAS TENGO EN LA MEMORIA

Entre los personajes que engrosan mi galería de perfiles que dicen y cuentan, o cuentan sin decir, hoy recibo, con todo el sabor de la avidez por el periodismo bien hecho, a un viejo maestro de los plumillas de siempre: de los de trincheras y barras de bar; de redacciones caóticas y máquinas de escribir la urgencia de la noticia. 

Desde Paris, La Habana, Brasilia o Madrid, frentes de sus muchas guerras, en la AFP, la prestigiosa Agence France Presse, hasta su aparcamiento reposado de la Costa del Sol. Junto al mar. 

Para seguir haciendo lo único que sabe: escribir. 

Hasta que su buen amigo Jesús lo fiche para la ACN,  la no menos prestigiosa Agencia Celestial de Noticias. 

Me olvidaba. Es Sergio Berrocal, Tetuán, 1939. Y es mi ejemplo y mi amigo. 

 Como el enano gruñón de Blancanieves, pero mucho peor. 

Séptimo piso, ascensor - como el tango-, espalda jodida, un té mal hecho y muchas ganas de hablar. Mal invierno. Comenzamos. 

 P- El periodismo llegó a usted como algo circunstancial, imprevisto, tal vez?

R - Ser periodista por “algo circunstancial” debe de ser muy triste. En el liceo mi profesora de Literatura me insistió para que no dejara de escribir, pues ya entonces yo jugaba con el deseo de comunicarme. Y un día me presenté en la Redacción de “Cosmópolis”, semanario de Tánger y cuando me introdujeron en el despacho del director, un inglés de Gibraltar, propietario de la plaza de toros tangerina, le dije: “Vengo porque quiero ser periodista”. Puso el habano que fumaba en un cenicero y llamó a su Redactor Jefe, un español republicano refugiado. Llegué a tener una columna que titularon “Colaboración juvenil”, que ya es decir.

 Un día, en el Zoco Chico, donde los judíos tangerinos abrían sus tenderetes de cambistas, un mostrador y una línea de teléfono por la que recibían lo último de Wall Street, un yihadista sacó una faca tremenda y fue acuchillando a quien encontraba. Me metí en el cajón de un cambista hasta que pasó todo. Luego conté el drama en “Cosmópolis”. Yo era muy jovencito, 17 años creo, pero ya era hora de imitar a Hemingway que con mi edad publicaba en Kansas City como un grande.

P - Y este debú significó también su despedida de los ruedos periodísticos marroquíes. 

R -  Un día de 1957, en Tánger, el jefe de la Policía Internacional, Monsieur Crevecoeur, me llamó y me enseñó un papel que le había llegado de Rabat. Le pedían que detuviera a ese periodistucho, yo, que se había atrevido a escribir dos reportajes en una revista tremendista española que al rey Hassan II, autor de el encarcelamiento de sus enemigos en cárceles subterráneas del desierto, le habían molestado. 

El comisario me dio 24 horas para desaparecer de Tánger. Bueno, me dije, allá penas. Encontré dos barcos que salían al día siguiente para Marsella, uno de ellos un carguero ruinoso en el que embarqué porque era muy barato, aunque teníamos que subir a cubierta para fregar los platos. 

En Marsella tomé un tren para París, donde no conocía a nadie y, por si fuera poco, no hablaba francés. Me alojé en un hotel que alguien me indicó y que costaba cinco francos la noche, barato me dije. 

El patrón era un argelino hijoputa y peleón que siempre estaba sentado al lado de la escalera para que nadie se escapara sin pagar.  Con el tiempo nos hicimos amigos. 

Cuando no tenía los cinco francos de la habitación dormía en la calle. Unos días después, el director de Keystone Press Agency, que acababa de huir de la Hungría atacada por la Unión Soviética,  para quienes yo había mandado algunas fotos estando en Tánger, me admitió como redactor gráfico pagado según hiciera. Á la piece. 

 P - Hábleme de sus primeros pasos en la Agencia Francesa de Prensa, la AFP, donde encontró a otro debutante que luego sería Nobel de Literatura. 

R - En 1960, me presenté en la Agencia France Presse sin la menor esperanza de que me escogieran para ser redactor del Desk Amsud, servicio informativo cuyo propósito era reemplazar a las agencias norteamericanas en América Latina. Entre los otros candidatos estaba un muchacho peruano que se llamaba Mario Vargas Llosa. Los dos entramos y fuimos compañeros de Redacción hasta que su esposa, la tia Julia, tía carnal de verdad, le dijo que se marchara a casa para escribir sus novelas. 

Mientras, ella aseguraba lo indispensable trabajando como mecanógrafa en el piso de abajo en el llamado Servicio Features, dirigido por un tipo que fue importante en la Guerra Civil española, Wilebaldo Solano. Y así empezó todo…

No sé si Mario merecía el Nobel, pero su tía Julia tenía unas piernas que quitaban el sentido.

P - Agencia de noticias de alto impacto para el joven Berrocal que se convirtió en escritor.

R - Un escribidor que asistió desde lejos al asesinato de Che Guevara en Bolivia. Aquella tarde recibimos un URGENTE de nuestro corresponsal en La Paz diciendo: “El Che Guevara ha muerto”. Pasamos doce horas hasta que por fin pudimos confirmar la noticia, porque era una bomba, pero lo hicimos.

P -  ¿ Periodista de salón de güisquis o de trinchera?

R - No hay periodistas de salón o de trincheras. Un periodista es aquel que confiesa al Dalai Lama y al día siguiente a un basurero. El güisqui viene con la desesperación. No sabes lo que es pasar un día 14 horas esperando esa noticia que te debe de llegar de un pueblo de Colombia. O tener que ir a ver una princesa para anunciarle que su prometido, el rey de Irak, acaba de ser ahorcado por Sadam Hussein, mientras esperaba en París el momento de ir a reunirse con él. 

P - Durante su trayectoria profesional ha cubierto diversos y prestigiosos festivales de cine y conocido a actores y directores muy importantes. 






R - Entre actores, actrices y directores: Mastroianni, Fellini y su Dolce Vita, Belmondo y Jean Seberg, Paul Newman, Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia. Nanni Moretti. Y muchos más. Lo malo es, que te enamoras de ellos y...adieu la vie.

P - También conoció a la gran Oriana Fallacci.

R - Era una gran periodista, y novia de un compañero de la AFP. 

P -Existe la literatura grande y la pequeña?

R - No existe literatura grande y pequeña. Existe la literatura. El mejor libro de Hemingway, por el que le dieron el Nobel de Literatura tiene 127 páginas y se titula El viejo y el mar. Yo trato de escribir siempre corto, pero ya no espero que me den nada. Ni las putas gracias al camarero.
P - Háblenos de su vida en AméricaBrasil, Cuba...Su último destino ya en España
 R - Adoro La Habana, echo de menos Brasilia –donde pasé tres años de corresponsal de la AFP, pero mi misión en el extranjero más delicada fue en Madrid, donde pasé cinco años en pleno polvorín de ETA,  que en su lista de objetivos tenia a la AFP en segundo lugar. 
Aparentemente no tuvieron tiempo de volarnos, aunque todas las mañanas mirábamos debajo del coche antes de ponernos al volante. C’est la vie. Y pese a esos cabrones de etarras que hoy son políticos y se pasean por donde asesinaron, pasé cinco años en la gloria. 
Una noche, estando de guardia en la agencia, sonó el teléfono verde por el que ETA nos transmitía sus comunicados. Descolgué y oí una voz de una cría de seis o siete años que me decía: “Oiga, ¿es ahí el cielo?. Verá usted, es que mi papá murió hace seis meses y mi madre me dijo que había ido al cielo…·
Creo que valía la pena ser periodista para escuchar esa maravillosa vocecita suplicándome que le hablara a su papá y que me dijera si iba a volver pronto a casa…



Fernando Henrique Cardozo, ex presidente del Brasil

Uno de sus personajes favoritos, el genial Salvador Dalí


P - Ha dejado mucho en el camino. ¿Por eso, es una persona pesimista?

El maestro empieza a calentar los motores de su enfado.

 R -No soy pesimista, estoy simplemente cabreado con la vida por haber elegido un país de mierda como el que me acoge, donde los mejores trileros están en un gobierno de hijoputas que nada más que piensan en aumentarme los impuestos. 

P - - Se queja de sus equivocaciones. 

Me he equivocado una vez más, pero esta es la decisiva, la definitiva. Me incinerarán en este horrible cementerio del sur y ya no seré feliz. No soy malo ni bueno sino todo lo contrario. Amo la vida desesperadamente pero hace tanto tiempo que no abrazo a una mujer…

 Un día se me ocurrió buscar a una profesional para que me dijera que todavía era un hombre pasable por lo menos. Me fui a la estación de autobuses y a los dos minutos se me acercó una linda hembra con gafas negras. Me enseñó su ojo izquierdo que parecía maquillado o apretujado. ¡Pero era tan linda! No tuve el coraje de pedirle que se viniese conmigo a un hotelito que está cerca. Le di veinte euros y ella me sonrió. Es la última vez que una mujer me ha hecho caso…

Dejamos que repose el cabreo...

P - Ahora, e instalado en su refugio del Mediterráneo. ¿ Sigue enfadado con todo?

R - - Me jubilé en el 2000 creo. En lugar de quedarme en París, las tonterías se cometen todas las mañanas, me vine a este pueblo que yo he bautizado mi isla africana por cortesía hacia mí mismo. 

Llevo veinte años rabiando, jodido porque no tengo lo necesario para tirarme desde mi ático del séptimo piso con ascensor. Sobre todo desde que un amigo médico, ya lo he borrado de mis tabletas, me explicó que era complicado tirarse por un balcón y me aconsejó la posición que tenía que tener para que al tocar el suelo estuviera muerto y no condenado a una silla de ruedas. 

P - ¿ Para cuándo sus memorias?

R - Nunca escribiré mis memorias porque no las tengo. Las mujeres maravillosas que me quisieron y que mejor soportaron son las únicas que podrían hacerlo. Yo ya estoy off y ya solo espero el cariño y el olor de una piel de mujer que quiera dármelos.

P - Expréseme un deseo. 

R- Amar y ser amado, es el regalo de Dios y pocos lo tienen. Yo, al menos, no. 

Conocí amores delirantes, que, ya a mi edad no es más que una confesión. Pero los dioses me castigaron, y como no tengo la fortaleza de Ulises no fui mar adentro a buscarlos. Y ya sólo escribo sobre esos momentos que Jesús me permitió. 

P- ¿ Cómo un hombre tan mundano es a la vez profundamente religioso? Menciona con frecuencia a su amigo Jesús

R - Jesús también era un hombre mundano porque amaba a las mujeres. 

Ante esta sentencia, que distiende el coloquio y suaviza la cólera, poco más que decir. 

Seguiremos en cualquier momento. El cabreo y los recuerdos estimulan el alma de quien pregunta y son bálsamo para la de quien responde

sábado, 24 de enero de 2026

BARBARITA RELATA. LA DESASTROSA BODA DE LA SABUESA GINESA Y LAS MAGDALENAS DE NUNCA JAMÁS. PARTE II.

 

Cuanto más nos adentramos en el recorrido de una historia y cuanto más ahondamos en ella, cada vez se hace más difícil seguir el hilo, el tránsito de la lógica cuando el ánima de lo que se narra se va alejando, a gran velocidad, del camino de lo racional, de lo considerado normal, para acercarse a la vía de lo irreal. Y no precisamente maravilloso. 

Sí señores, porque al querer seguir contando a ustedes el desenlace de la boda de la Ginesa, mi pluma tiembla ante la posibilidad de trasladarles tanto despropósito sin causarles algún daño cerebral, tal fue la forma en la que se desarrollaron los  alocados acontecimientos que desembocaron en un epílogo de traca, de película del gran Luis García Berlanga. Con su jaleo coral, sus personajes excéntricos y su sabor a todo lo contrario que suene a normal, racional y sensato. Un gallinero alborotado es un campo de malvas comparado con lo que sigue en esta crónica de un casamiento gafao.



                SOLTERA YO NO ME QUEDO


Eso es lo que se dijo a sí misma la Ginesa cuando vio el feo panorama que se le presentaba: novio con varicela y culebrina, boda (no boda) alejada del horizonte de sus ilusiones, o soltería eterna con vistas a profesar en el  convento de las Carmelitas Pobretonas de Calahorra por exigencias del padre. 

 - Si no te casas...¡ A las Pobretonas de Calahorra. A recoger espárragos de madrugada!

 ¿Profesar? Para la novia canija era un sacrificio demasiado duro. Lo que viene siendo una putada. 

 - Y, no. No y no. Ni profeso en las Pobretonas, ni me quedo poyetona. Así que...¡soltera yo no me quedo!

Con lo cual, y ante este extraordinario panorama, sigamos con el segundo acto de esta deliciosa e insólita tragicomedia. 

Pues resulta, señores, que nos quedamos con un novio ingresado en Carlos de Haya - que no se escandalice nadie porque así se llamaba el hoy Hospital Regional, y así lo llamaba la mayoría de los malagueños. Un novio, medio muerto, lleno de manchas y mallugao por todas partes. 

Como pa casarse. Que aunque el muchacho tenía buenas intenciones, lo  que no tenía era el cuerpo para Mirindas, con lo cual...

No hay boda.

Y claro, a la Ginesa, que, además de canija era de natural impaciente la situación le estaba sobrepasando hasta un nivel ( clínico) preocupante. Muy preocupante. 

Recuerden que en el debú como sabuesa investigadora, ya se perfilaba como muchacha lista y menuda, aunque de corazón frágil, que no estaba para muchos sustos, con lo que decidió desembuchar en la oreja de don Eulogio Fernández de la Pilistra, el más eminente loquero de la Málaga de los años 70. 

Cabe recordar que en  aquella época, eso de ir a la consulta del sicólogo o siquiatra no se llevaba, como que no estaba bien visto. Eso quedaba pa los chalaos y las que (sobre todo mujeres) estaban malas de los nervios.

Pero, nuestra ya enloquecida heroína, que había empezado a cantar la mentada copla por los Callejones del Perchel seguida de un coro de niños que le gritaban poyetona, poyetona, decidió encomendarse a la sapiencia del mentado doctor. Ante la disyuntiva de la soltería, el claustro o la locura, acabó en la consulta del de la Pilistra. Y empezó a contarle. 

Esta es como la escena del sofá, pero con otro estilo.

- Mire usted don Eulogio. En realidad, a mí no me pasa nada grave. Vamos, que no estoy para el manicomio del Sagrado Corazón, pero, es que, verá usted...

 - Mi Johnny y yo ya llevamos varios años de relaciones. Él trabaja en un banco, y yo soy secretaria de una importante empresa multinacional.

 -  Entre los dos ganamos un buen pico. 

 - Pensando en la boda, nos compramos un piso precioso, con tres habitaciones, salón y cocina de lujo. Éramos los Rockefeller de Málaga, todo iba viento en popa, el futuro se presentaba espléndido y despejado de las nubes de las complicaciones...

Hasta que llegó la maldita varicela cuando faltaban quince días para la boda y me lo ingresan en el hospital. Así que, no me diga usted si no es para volverse loca.

 - Yo ni podía entrar a verlo. No había pasado ni las paperas, así que, nada de acercarme a mi pobrecito Johnny porque me podía contagiar.  Mi padre lo vio a través de un cristal . 

 - El médico dijo que, con suerte, en una semana podría levantarse de la cama. Y hacer reposo en casa. 

Pero las cosas no son tan fáciles como parecen, y los ánimos ya de por sí caldeados, habían llegado a modo olla express llena de lentejas a punto de explotar. Como don Luis Bandera, el padre de la novia que se subía por las paredes ante la deriva que tomaban los acontecimientos.

 - ¡Hay que anular la boda! ¡La boda, el restaurante, todo! Bramaba el descontrolado progenitor, que contaba entre sus antepasados a un combatiente de la batalla de Bailén de quien había heredado la bravura y la - justa- cólera.

 - ¡Varicelas a mí, de eso nada. Fuera boda y a otra cosa, niña! 

  Y ya con la caldera a punto de arder, la suegra también entró en escena: la asustada y mosqueada ( la tarta la quiso hacer ella y no la dejaron) Rosary of the Clock, que defendía a su niño con uñas y dientes. 

 - A lo mejor en tres días se pone bueno y se puede hacer la boda. Y así me daría más tiempo para hacer la tarta. 

Pero el padre de la Ginesa, que parecía salido de un drama de Calderón, seguía en sus trece. 

 - Mire usted, Rosario, que yo soy muy español y lo de Rosary me parece una chuminá. 

 - Mi hija no se casa con su hijo en estas condiciones !! Y con tantas pupas !! Que más que cara, parece que tiene una torta de El Almendro, o un piñonate de la Feria del Puerto de la Torre

 - Así que, déjese usted de tartas que ya está bien de chuflas. 

 Y la pobrecita novia, que no paraba de dar vueltas a su grillada cabeza buscando solucionar lo imposible, argumentaba...

 - Pero si ya está la tarta hecha…que la llevaban del obrador Cárdenas de la calle Ventura Rodríguez. ¿Qué hacemos por Dios, qué vamos a hacer?

La dura y amenazante realidad, que se les presentaba de golpe como el libreto de Capuletos y Montescos, imponía pensar con cordura y, ante todo, coger al toro por los cuernos. 

Pero sigamos con nuestra historia, que la solución también tiene su aquel.

El monólogo de Ginesa, la novia abandonada o la teoría del caos absoluto. 

 - Es viernes noche. Mi Juan del Reloj, sigue con mucha fiebre.

 - Las invitaciones repartidas

 - ¿Cómo avisamos a todo el mundo? ¿ Cómo le decimos a tanta gente lo que pasa y que se suspende la boda? A algunos se les puede comunicar, pero son casi 200 y no hay forma humana de notificarles a todos. 

A todo esto, media Málaga estaba en pie de boda a la espera del fausto acontecimiento: había invitados repartidos por hoteles, apartamentos, hostales y hasta en casa de parientes próximos...o lejanos, porque el casamiento iba a ser de campanillas y daban gambas y las famosas magdalenas rellenas de manteca colorá de los primos del pueblo. 

Nadie quería perderse tal acontecimiento, así que, peor se lo ponían a la pobre Ginesa, a la familia y a todos los involucrados en la organización de lo que, en un principio se presumía como " la boda del año" y que se quedó en el fiasco del siglo.

 Porque la gente es mala y rencorosa. Y no olvida. Uf, esto parece la letra de un tango. 

Faltan 24 horas, y el rumor ya es todo un rugido. Como el de la Marabunta. Pero sin Charlton Heston

 - ¿Y ahora qué hago yo con las gambas?, decía el tío del restaurante,  que era un poquito antipático y nada resolutivo.

 -  ¡Congélelas!, replicaba airado don Luis Bandera, que estaba ya hasta el copete de tantas complicaciones, porque, el día de antes se había pillado una mano con la sierra de su carpintería y andaba más manco que diestro. Con lo que su genio natural se había elevado, como su tono de voz, hasta la estratosfera del cabreo. 

 - Lloré, tomé tila, lloré más. Decía la Gine mientras hipaba y moqueaba a toda pastilla. 

Y el papá, que parecía don Gonzalo de Ulloa, el padre de la Doña Inés del Tenorio, juraba por lo bajo...

 - ¡Tu novio. Tu novio tiene la culpa de todo. Con la edad que tiene y coger la varicela. Desde luego, hija, la que nos ha liado!

Pero todas estas exclamaciones de cólera, pena, miedo y desesperación se quedaban en un concierto de gaitas sordas comparadas con la que se avecinaba. 





LA HORA DE  LA VERDAD. EL MOMENTO MÁS DURO

- El sábado, a la hora de la boda, me fui a la Iglesia del Sagrario.

 - Con vaqueros. Que se me caían, porque con todo el fregao había adelgazado a talla liliput. 

 - Ojeras. Grandes como las del antifaz de El Zorro. ¡Olé Antonio Banderas!

 - Temblando. Y no porque hiciera frío , sino por el caguti que me invadía al tener que enfrentarme a casi 200 personas que aguardaban en la puerta de la iglesia, ignorantes de la sorpresa que iban a llevarse y que no olvidarían nunca. Peor que encerrarse con una corrida de Miura, Victorino y Núñez del Cuvillo. Sin cuadrilla. Sin salida. Sin salvación. 

- Y allí estaban ellos: las mujeres con tocados, pamelas y estolas de visón, los señores de traje oscuro y corbatas granate, que era la moda. 

 - Algunos hasta con uniformes de gala de la Guardia Civil y sus correspondientes condecoraciones. 

 - Y yo, parecía que iba a comprar el pan. Como Umbral

- Me acerqué, expliqué atropelladamente lo que pasaba y... salí corriendo.

 - De la vergüenza de tener que contar con pelos y señales la cosa más surrealista que me había pasado en mi aún joven vida. 

 - Las caras… inolvidables.

 - Cuando salía, me acordé de un importantísimo detalle. 

 - ¡La tarta!

 - Aquella torre de 7 pisos de bizcocho y merengue rosa iba ya camino del restaurante y con el embrollo que teníamos encima, ni nos acordamos de ella. 

 - Se quedó en el limbo de las tartas de boda.

 - No sé quién se la comió, pero, aunque ni la vimos ni catamos la pagamos.

LA BODA BIS. QUINCE DÍAS DESPUÉS

Pero como no todas las historias, aún tan inverosímiles como esta, han de terminar mal, porque ya nada podía ir peor, quince días después, Ginesa Bandera y Juan Carlos Pérez del Reloj se casaron. 

 - ¡Soltera yo no me quedo! Pero...

 - Sin la Coral Sancti Spiritu y su famosa Ave María.

 - Sin la mayoría de los invitados:  los de relumbrón, los de compromiso, los compañeros y hasta algunos de la familia, caso de los primos panaderos, los Levadura, que se llevaron las 50 cajas de magdalenas y ya no volvieron...Nunca jamás. 

 - Años más tarde nos enteramos de que habían dejado de fabricar los apreciados y originales dulces porque quedaron completamente traumatizados por la no boda

 - Nosotros, que vinimos a Málaga con toda la ilusión del casamiento, y que era la primera vez que cerrábamos el negocio, ahora resulta que ni boda ni na. Así que, nos volvemos pal pueblo y nos llevamos nuestras magdalenas, que esta gente no tiene formalidad. Se lamentaba agriamente el primo Mariano, volviendo a apretar con fuerza las cuerdas que ataban las cajas de los dorados dulces. 

 - Nos vamos. Y se fueron. Sin mirar para atrás. 

 - El cura tenía prisa:

 - Venga, rápido, que tengo otra boda.

 - Nos casó en 10 minutos.

 - Más corto que un fandango.

 - Las gambas descongeladas, malísimas.

 -  Sin baile, porque había otra boda ya contratada para ese día, con lo cual nos arrinconaron en un saloncito que más bien parecía un trastero. 

 - A las diez de la noche, final, despedida y cierre. 

 - El alma se serena...O, al menos, eso creía yo. 

LA NOCHE DE BODAS. REMATE FINAL

Primera noche de casados.

- Habitación preparada, tálamo nupcial rematado con una moderna repisa primorosamente tapizada por el primo José Antonio de Fuengirola, en el cabecero.

 - A esto que Juan Johnny, enardecido ante la expectativa de una noche de amor desenfrenada, se levanta eufórico de la cama, se tropieza con la repisa, que era de madera de roble, hecha en la carpintería del suegro y...se abre una brecha en la frente. Para hacer efectivo aquello de la primera, en la frente

De nuevo, camino del hospital.

 El Juan, escalabrao, la Gine, conmocionada y temblando bajo el ligero abrigo que sólo le tapaba el camisón y el salto de cama. ¡Menudo salto!

Y aquí se acaba la historia. Tal como me la contaron la cuento. 

Ginesa Bandera y Juan Pérez del Reloj llevan ya 50 años casados y, de vez en cuando, recuerdan aquella peripecia inolvidable. 

Y cuando alguien les pregunta que cómo fue su boda, ellos, entre miradas divertidas y sonrisas de complicidad, siempre contestan: romántica no, memorable, sí. 

¿ CONTINUARÁ?
























































































sábado, 17 de enero de 2026

BARBARITA RELATA . LA DESASTROSA BODA DE LA SABUESA GINESA Y LAS MAGDALENAS DE NUNCA JAMÁS. PARTE I.

 







Hay momentos en la vida que nos ponen en situaciones límite que nos echan, de golpe y porrazo, en brazos de lo absurdo, del surrealismo más extravagante y descabellado, rayano en la locura. 

El hombre propone...y lo demás ya lo saben ustedes, lo que planeamos durante el tiempo de la ilusión, se vuelve, en un abrir y cerrar de ojos del destino, en una realidad tan desbordante y enloquecida que no pareciera real. 

Aunque lo fuera, y lo fue. En un momento de la vida de nuestra protagonista en el que todo se torció hasta el extremo de la irrealidad. 

 - Esto no me puede estar pasando a mí. Ja,ja!! decía, con la misma cara de loca que Aurora Bautista, en Locura de amor,  la atribulada y enloquecida protagonista de este suceso,  que ríanse ustedes de Ionescu o Kafka. Cascarillas de literatura comparados con la cadena de cuadros de sainete que vivieron los personajes de este drama nupcial.

 No llegaron a Bodas de sangre, pero sí a Magdalenas de venganza. No eran las de Proust, pero sí las de los primos del pueblo. 

Las circunstancias se rodearon de tal forma, para que todo saliera mal, que, y según la ley de un tío del que no recuerdo el nombre, salieron mal, desastrosas y catastróficas. Aún cuando todo estaba planeado al milímetro.  - ,--- - Esto no me puede ...

Y, ¡noniná! Porque esto es lo que le ocurrió a Ginesa Bandera, sí señores, la socia de Barbarita Nombril en el gabinete de investigación Las Sabuesas A. S. 

Pues resulta que la muchacha se fue a casar y todo le salió mal. De principio a fin, porque estaba escrito en el libro de las casualidades retorcidas que la Ginesa y su novio, el guapo Juan Carlos Pérez del Reloj, no lo iban a tener nada fácil para llegar al himeneo. 

Futi manguti , que dicen en mi pueblo. 

Ante todo, déjenme que nos situemos en punto y hora, que decía mi sabio padre. Nos encontramos en la mitad del mes de septiembre del año 1976. 

La socia de Barbarita, con 22 años y una talla 36, ojo al dato que es importante, tenía un novio formal, el ya citado Pérez del Reloj, al que su madre, la norteamericana Rosary of the Clock, natural de Cincinnati, llamaba cariñosamente, Johnny. Cosas de madres.

En aquella época, y sujetos a ciertos convencionalismos sociales, ahora, afortunadamente inexistentes, la pareja no viajaba sola, ni se pasaba en nada. 

Todo decente y formal. Así que, entre manitas y arrumacos, se pasaban los días mirando planos, muebles, cortinas y sofales, como decía el primo José Antonio de Fuengirola, a la sazón, marinero por la patria en Tarifa, para el futuro nido de amor. 

Lo normal para la España del momento. Una pareja, mil ilusiones. 

 - Todo perfecto. Vamos a casarnos. 

Todo iba demasiado bien....y eso, claramente, no podía acabar así. Por lo del futi.






 

UN TRAJE DE NOVIA ESPECIAL Y UNA HUELGA DE TRANSPORTES. 

Y, con este detalle anecdótico y muy recurrente en los primeros años de la transición, empezó el particular calvario de la bella, dulce y más tarde, enloquecida Ginesa.

- Ay mamá que no encuentro traje de novia, todos me quedan grandes, como no encontremos mi talla, me parece que vamos a tener que apañar el de comunión. Total, quitamos el velito y añadimos más tul, sin olvidar la limosnera. Esa no se quita, por si a los invitados les da por echarnos dinerito. Comentaba la novia que ya estaba empezando a desbarrar.

Pero sí hubo traje de novia, a la medida de la futura sabuesa y confeccionado en los talleres del famoso atèlier La Gacela Real, de Barcelona. Así que, sólo había que esperar a que lo enviaran. Todo perfecto y controlado, hasta que, a quince días de la boda el traje no aparece. 

- Por Dios, papá, que acaban de llamar de la tienda para decir que el traje ya estaba entregado, pero, que está  atrapado  en Antequera a causa de una huelga de transportes. 

 - Ay, papá, que sin traje no me puedo casar, y el de primera comunión está amarillo, y, además, también me queda grande, sollozaba Ginesa con los ojos vueltos, entre convulsiones y mocos. 

Llevado por la desesperación, don Luis, padre entregado y bregado en mil y una batallas en el África colonial, tomó una decisión heroica.

- Eso lo arreglo yo ahora mismo.

Y allá que se plantaron padre e hija: a un llano de la comarca antequerana donde estaban concentrados los camiones en huelga. Y, entre ellos, el Pegaso conducido por Ramón Miranda

Pertrechados con el modelo de vehículo, matrícula y nombre del conductor la cosa parecía fácil, pero... He aquí que el Ramón dice que nones, y don Luis que me dé usted la caja. Y el Ramón, con su fiero bigote y su chamarra de cuero, que vivía su primera huelga, que no, que él no se vendía al capital por un traje de novia y además tan canija. Se ve que le gustaban rollizas. 

Y en el tira y afloja entre el capital y el representante del proletariado, ocurrió que don Luis pega un brinco y rescata la preciada caja, y, cual Rambo o El guerrero del antifaz, el padre cogió a la niña, la caja y además un jamón ibérico que se enganchó en la maniobra liberadora. 

- Vámonos, Ginesa, que hay que salir a escape antes de que nos metan mano. Yo dije que tendrías traje y ya lo tienes. Y, además, con jamón. Que no se diga de los de la Quinta del biberón. 

- Habemus traje, todo irá bien. Nada malo puede pasar. Ya está todo controlado: la familia y amigos, los invitados de compromiso, los compañeros de trabajo y...los primos del pueblo. Se decía la novia exultante de felicidad e ilusión. 

Y, una vez llegados a este momento del drama, no hemos querido dejar pasar la figura de los primos del pueblo por su papel protagónico en el desenlace de la historia. 

La familia Levadura, propietaria de El Horno quemao, la panadería y obrador más importante del municipio jiennense de Aceitunilla del olivo, cuya especialidad era la fabricación de magdalenas rellenas de manteca colorá, que jamás cerraba el negocio y que hicieron una excepción para la boda de la prima de Málaga

Así las cosas, y con la ilusión de la boda, la visita a Málaga, y las primeras vacaciones de sus vidas, Mariano, Frasquita, Carmeluchi y el pequeño Monchito, que tenía toa la cara del tío del anuncio del  Netol, abordaron el autobús del pueblo cargados de ilusión y de cajas de doradas magdalenas. 

 - Todo va bien, y yo me caso, se decía la Gine, aunque no convencida del todo. 

 Y, ahora, recién comenzado el 2026, el año de celebración de su 50 aniversario nupcial, nuestra Ginesa, aún siente como se le eriza todo el vello del cuerpo cuando recuerda...

Como si fuera ayer. 

 
 -Todos los invitados confirmaron, la mayoría por carta, respondiendo a la primorosa tarjeta de boda impresa en Gráficas Migoya, en una no menos primorosa letra inglesa.

 - Por teléfono, fijo, claro, e, incluso, encajándose en mi casa para ver, y  golimbrear, mi también primoroso ajuar. 
Que en aquella época ya se sabe, todo el mundo se colaba en casa de la novia para cotillear,  tomarse una copita de vino de Málaga y, de paso, criticar todos los detalles de vajilla, cubertería, mantelerías, talegas para el pan, ropa de cama y...hasta las bragas. 

 - Los primos de Aceitunillo, panaderos de toda la vida, cerraron el negocio por primera vez en su existencia. Y llegaron siete: además de los tíos Mariano y Frasquita, y los primos Carmeluchi y Monchito, también vinieron el Eusebio y la Maricuchi, a la que llamaban Uchi. Estos últimos, dos parientes mocitos viejos, ilusionados con venir a Málaga a ver si encontraban pareja. 
 - Todos esos, con 40 cajas amarradas con cuerdas, de magdalenas rellenas de manteca colorá,  que aún hoy casi puedo oler.

 - El restaurante, la tarta de siete pisos, la coral Sancti Spiritu con el Ave María… todo preparado. 
 - Yo tenía el vestido colgado, los zapatos, el velo, algo azul, algo prestado… todo perfecto.

Faltaban 24 horas.

 - Sí señores. Faltaban exactamente 24 horas, un día para que llegara el momento anhelado, el día soñado una y mil veces por todas las niñas de toda la vida, que, no era, ni más ni menos, que el de su boda. Con vestido blanco, un velo ahuecado y una cola de siete metros, para entrar en la iglesia pisando fuerte. 

 - Con un convite de campanillas, con gambas, muchas gambas, y una tarta de siete pisos, de la misma medida que la cola del vestido. Y magdalenas a tuttiplen para quien quisiera mojar en el cafelito.

 - Todo listo. Todo preparado. Que me caso. 

   Ese era el plan, metódicamente fraguado, estudiado y dispuesto. Nada podía salir mal.

  Y, he aquí, que en la tarde de la víspera, en la antesala de la dulce espera del día soñado, cuando suena el teléfono y se oye la voz angustiada de la señora Rosary of the Clock, la madre de Johnny. 

 - Ginesa, que soy tu suegra, que mi Johnny está con 40

 - ¿ Con 40 qué?, respondió la Ginesa, entre aterrorizada e incrédula. .

 - Con 40 grados de fiebre. Que mi niño está mu malito y nos vamos para el hospital . 

  Y allá que se fue la comitiva pre nupcial: padres, suegros y novios. 

El Jhonny, tan perjudicado que apenas podía abrir los ojos, con todo el cuerpo lleno de manchas rojas y las orejas tan grandes y coloradas como las de Dumbo o el actual King Charles. O como las de de la manteca del relleno de las magdalenas del pueblo. 

¿ Diagnostico?  

 - Varicela en grado extremo, mezclada con una culebrina cosquillera. Cama, y reposo. Nada de calle, que no le dé el aire. Este hombre no se puede casar. 

 - ¿ Coooooomo? Gritaron todos a coro arrinconando al acojonado médico. 

  - Pues eso, que no se puede mover. Que no le puede dar el aire. Que no hay boda. 


 CONTINUARÁ. 




sábado, 10 de enero de 2026

BARBARITA PREGUNTA. EL PLACER DE ENTREVISTAR: PILAR LOSADA NAVARRO, ESCRITORA.

 



LA ESCRITURA ES UNA TERAPIA Y UN CONSUELO PARA CURAR MI MALA SALUD DE HIERRO


Nuevo año, nuevo recorrido por el universo de las buenas letras.

 Tras la vorágine de las pasadas fiestas, en los días que terminaron ayer y que parece que ya queremos borrar, apetece la reflexión serena de la mano de una conversación alrededor de un buen libro, para quitar el frío y la desazón culpable de enero. 

Nos trasladamos a Casares, a una casa alta y sólida donde vive y crea la nueva integrante de nuestra galería de perfiles. 

Pilar Losada nos recibe en su santuario privado: una enorme biblioteca - refugio - estudio, para hablar de literatura y vida. Junto a una taza de té con yerbabuena. Para entrar en calor y en el paisaje de sus primeras obras. 

Nuestra protagonista, nacida en Tetuán, lleva consigo algunas mudanzas en sus escenarios vitales: de su ciudad natal a Ceuta, un punto de inflexión muy importante en su vida. Y de ahí a la Península para estudiar y trabajar. Acabó su periplo en este pueblo malagueño jalonado de cuestas empinadas y calles sinuosas, del que, junto a Antonio, su marido, es hija adoptiva. 

Nos sentamos y charlamos: de lo que nos depare el futuro, del agitado presente y de los tiempos pasados. Que todo está escrito en la biografía de quien escribe por salud mental. 

 - Tras haber vivido en tantas ciudades con culturas diferentes. ¿ Se siente una persona desarraigada, como algunos de los personajes de sus obras?

  - No tengo sentimiento de desarraigo, lo tuve, pero lo perdí hace tiempo. Me siento muy unida a mi familia y a mis amigos de toda la vida y eso me da un sentimiento de pertenencia muy fuerte. Los lazos familiares y los de amistad son los que me hacen pensar en este momento de mi vida hacia dónde voy y no tanto de dónde vengo y, aunque la pérdida para muchos del paraíso, sigue aflorando, ahora se afronta con otros ojos y con el conocimiento de toda la realidad de aquellos años que se ha convertido en un recuerdo agradable de un mundo que no volverá. 

 - Me gustaría continuar diciendo algo así como que la autora enciende un cigarrillo mientras medita las respuestas. Pero Pilar no fuma. Sólo escribe. Y le pregunto que de dónde viene esa afición apasionada por escribir. 
-  Nunca he tenido afición por escribir. Me ha gustado mucho leer, y, en cuanto a escribir, en 2019, entré en ese mundo a través de un taller de Escritura Creativa, por casualidad. Me voy entusiasmando poco a poco y descubro que puedo contar historias y disfrutar contándolas y, por un problema de salud, descubro el consuelo que es para mí la escritura. Por ello siempre digo que para mí la escritura es terapéutica. Me ayuda a sobrellevar los achaques de mi mala salud de hierro.
Una mala salud de hierro que sana a través de su mundo de letras. Háblenos de su primera obra. 





 - Escribo relatos en un blog y tengo una publicación semanal en Instagram, pero mi primer libro fue una recopilación de relatos que había escrito durante dos años. Los recogí en "Una casita en la Puerta de la Reina y otros relatos". Historias de uno y otro lado del Estrecho, como yo los llamaba, en las que, en la primera parte, contaba la vida de las mujeres de mi familia. Para mí, fue muy emotivo el proceso de creación, corrección, maquetación, hasta, finalmente, verlo publicado.

Como quien no quiere la cosa. Coser y cantar, armar una estructura y unas vidas. Parece fácil, pero, todo eso entraña una seria dificultad. 

 -  La dificultad siempre la tengo en el tema que quiero tratar en mis relatos. Una vez encontrado de qué escribir, ya es fácil hilvanar la historia. Pero, en mis dos obras publicadas, la principal dificultad ha sido la cantidad de documentación que he tenido que consultar sobre la historia de nuestro país. 

Y reflejar la intensidad de los sentimientos
 
 - En ese sentido les doy mucha importancia al dolor de los recuerdos: los aromas, los sabores, el sentimiento de pérdida... y eso también ha supuesto un reto difícil de plasmar con palabras.


 Llegamos a uno de los temas favoritos de Pilar Losada. Marruecos. ¿ Por qué?

- Mi abuelo materno llega a Tetuán hacia 1917 buscando una vida mejor y la familia permanece allí hasta años después de la Independencia. En mi casa se hacía lo que se conoce en algunas partes del norte de España como el filandón. Yo sabía que multitud de historias y anécdotas se perderían conmigo porque no las he transmitido a mis hijos. Es por eso que decido, en un momento determinado, escribir algunos relatos sobre las mujeres de mi familia en el contexto del Protectorado español en Marruecos que era donde vivieron.
No me fiaba de mi memoria y tuve que consultar mucha documentación para encuadrar sus vidas.
Me entusiasmé con la época y me di cuenta de lo poco que se conocía y la importancia que tuvo el Protectorado en buena parte de nuestro historia del siglo XX.

 Seguimos en Marruecos, y, de momento, no nos movemos del norte de África, y nos topamos con Un cielo tan negro y estrellado, su segunda obra y primera novela. En ella se atreve a construir un entramado de vidas y paisajes. ¿Le resultó muy difícil?

 - Sí, construir esta novela me ha supuesto casi dos años y eso que la labor de documentación la tenía hecha. Meses de escribir, ordenar, corregir... dejar reposar y volver a empezar. Me han dado ganas muchas veces de tirar la toalla, pero ahora me alegro de no haber desistido. Ha sido complicado por la estructura de la obra tal y como la planteé, pero viendo el resultado creo que fue un acierto. Otra de las dificultades ha sido la construcción de los personajes. No quería héroes ni grandes pasiones, quería personajes de a pie como si hablara de mi familia aunque la novela no sea autobiográfica.

Ahondemos un poco más en la novela ¿Qué es Un cielo...?

 - Un cielo tan negro y estrellado no es una novela autobiográfica, como ya he dicho, pero tiene algunas anécdotas que son ciertas y entre ellas el título. ¿Por qué ese título? Pues es un pequeño guiño a mi madre. Era algo que siempre repetía. Era lo que más extrañaba de Tetuán y por mucho que le dijéramos que se debía a la poca contaminación lumínica, ella siempre repetía que nunca había visto un cielo tan negro y estrellado como el de Tetuán, la ciudad donde nació. 

¿ Cuáles son sus referentes literarios, sus autores favoritos?

 - Me gusta mucho la literatura española, desde los autores del XIX hasta mediado de los años 50-60. Te podría citar desde Valle, Galdós, Clarín a los más modernos, Delibes, Sender, Mendoza... Y muchos más. 
También leo literatura escrita en francés, original o traducida: desde los grandes clásicos a las  grandes novelas del XIX, Dumas, Balzac, Flaubert. O contemporáneos como Michel Houllebecq o la belga Amèlie Nothomb. Sin olvidar la narrativa hispano americana, Vargas Llosa, García Márquez, Rulfo. Y una literatura recientemente descubierta escrita por autoras también hispanas. Me parece muy interesante. 

Cuando le pregunto su opinión sobre los premios literarios, Pilar se atusa el flequillo a lo Juliette Greco y se sincera. 

 - Un premio literario puede ser un espaldarazo bastante importante para aquella persona que escribe y quiera dar a conocer su obra. Aunque, por contra, no estoy de acuerdo en la forma en la que están concebidos, porque, en algunos casos, parece que el premio ya está dado de antemano. Es un asunto muy complicado. 

¿ Y la literatura de masas, los best sellers tan recurrentes y a veces denostados. Todo vale?

 - Pienso que lo importante es leer. Todos tenemos, o hemos tenido,  un libro que nos
 engancha a la lectura, y eso es bueno. Aunque también es importante que el lector sea cada vez más exigente con lo que lee, lo que a veces es difícil. Aunque, repito, lo importante es leer, aficionarse a la lectura desde niños para descubrir otros mundos posibles. 

Para quien no la conozca, les diré que Pilar Losada posee un agudo sentido del humor. La risa, de carcajada limpia, le sale de las tripas. Y me pregunto, y le pregunto, si le gustaría atreverse con el género de humor. Una de risa. Que falta hace. 

 - Me encanta el humor y es un registro en el que me muevo muy a gusto. Precisamente, la próxima novela será humorística. 

El afán sanador de la escritura de Pilar nos hace suponer que hay autora para rato...

 - Mientras que tenga algo que contar y que le pueda interesar a alguien

Anochece en la fría tarde de enero. El té, aromatizado con sus recuerdos, continúa intacto. La charla ha sido un vuelo por muchas letras afloradas para sanar. Para curar todos los males. Agradezco y nos despedimos. Hasta la próxima. 






sábado, 3 de enero de 2026

BARBARITA RELATA. EL MISTERIO DE LOS REYES MAGOS. LA SORPRESA DE PAULA MORA .

 






Las fiestas llegan a su fin. Ya hemos dado la vuelta completa a la última hoja del calendario de 2025, el que se me ha ocurrido bautizar como El año del pistacho, por esa invasión tan excesiva que nos ha metido al susodicho hasta en la sopa. Piensen, piensen en ello.  

Llegó el último día del año con su correspondiente parafernalia de nuevos atracones de comida, ingesta apresurada de uvas y brindis a todo lo que se menea con besos, abrazos,  felicitaciones y buenos deseos. Que luego vendrá el bicarbonato. 

Al son de campanadas sobre campanadas ( las peninsulares y las isleñas) nos dispusimos a apurar el último cartucho del reloj que señala el fin y el principio en un escenario ya conocido, como la clásica Puerta del Sol de Madrid, o de Cagarrutas del Monte. Que el caso es festejar y esperar el despelote correspondiente de la famosa de turno. Como el maná de la travesía del desierto, pero en hortera. 

Y a poner buena cara y a abrazar al, o a la, pelma de turno. A darse palmaditas en la espalda y a ser feliz. 

 Les aseguro que en estos días hay gente que se da de tortas por ser feliz. Hasta quedar exhaustos y enterrados en montañas de confeti en cotillones horteras o chupando la exitosa rueda de los Cachitos ... una fórmula infalible para no dormirse porque activa las neuronas del recuerdo y aleja el mal rollo del olvido.

 Pero nos queda la última campanada: la que resuena más fuerte, la que reina sobre todas porque entra en el territorio de los verdaderos protagonistas de estas fiestas: los niños. Desde los 3 a los 99 años. 

A todos los que esperan con ilusión  la llegada de los Reyes Magos. 




PAULA 

Ya vienen los Reyes Magos...y yo no creía en ellos. Hasta que los vi frente a frente. 

Este pequeño Cuento de reyes es, nada menos que el testimonio vivo de algo que ocurrió hace muchos años en Málaga. La protagonista, que ya pasea su hermosa mocedad en las aulas universitarias, era apenas una niña que tuvo la oportunidad de conocer a los Reyes Magos, en vivo y en directo y en plena faena de llevar la felicidad a través del vehículo más antiguo e inmortal: la ilusión. 

La historia, tan real como los Reyes Magos, sucedió, precisamente, en la noche de Reyes, en un barrio cualquiera de Málaga. Paula tenía por entonces 9 años y, como cada víspera de Reyes, y tras disfrutar de la maravillosa cabalgata malagueña, acudía, junto a sus padres y su hermana menor, Ángela, a casa de la abuela Lily,  a recoger el  Roscón de Reyes que ella regalaba cada año y a pasar la tarde en familia.  

Y, he aquí que, con tanto roscón, tanta cabalgata, tanta música, y tanta chundachunda, que la Paula , además de ilusionada, empezaba a estar mosca, dudosa, incrédula... 

Porque, nueve años ya son muchos años para hacerse preguntas como si de Descartes se tratara, y, la chiquilla, ya de regreso a casa, comenzaba a dar muestras de una desazón creciente. Estaba muy seria. Su carita reflejaba una preocupación inusual que sus padres notaron. 

- A esta niña le pasa algo, se dijeron sus padres.

 Así que, ni corta ni perezosa, la madre, que en su juventud ejerció de domadora de leones, acostumbrada a lidiar con cientos de participantes de concursos de baile, sus madres, profesores y público entregado, le espetó con cariño no exento de firmeza..

 - ¿ Qué te pasa Paula? 

- Nada, mami. No me pasa nada. Respondió la mosqueada niña. 

Pero, como la madre que la parió que era, y bien bregada en calmar amotinamientos de artistas, sabía que no era así, con lo que volvió a preguntar, con dulzura impaciente.

- ¿ Por qué estás triste cariño?

Fue en ese momento cuando la pequeña Paula se armó de valor y expresó sus cuitas a sus asombrados padres. 

- La prima Marina me ha dicho una cosa que me tiene muy confundida.

La niña, que parecía Sam, el niño revegío de Love Actually, confesó que su prima, y algunos compañeros del cole, de su misma edad, andaban diciendo por ahí que los Reyes Magos no existían. que eso era un invento y que eran los padres quienes compraban los regalos. 

Ante esta inesperada afirmación y previendo un asunto espinoso de resolver, la madre, a la que llamaremos Kathy, se quedó de piedra, como un habitante más del Torcal de Antequera

 - Sabía que esto llegaría algún día,  sabía que tendría que pasar, pero no estaba preparada para que fuera esta noche.  Me he quedado total y absolutamente fuera de juego. Precisamente, en la noche de reyes. 

Pero Kathy, la precavida mamá, y cual Chapulín Colorado, era astuta y llevaba ya años tramando un plan para cuando llegara el momento. 

Aunque ignoraba el resultado que pudiera dar, ya estaba entrenada para solventar las situaciones derivadas de ese tipo de preguntas por parte de los pequeños de la familia. 

Como, cuando en una gran superficie veían a padres tirando de carros llenos de juguetes en vísperas de Navidad o de Reyes, o con los inocentes comentarios de los compis de clase, que,  en conversaciones del patio de recreo, ya empezaban a convertirse en negacionistas de Melchor, Gaspar y Baltasar. Como los del Covid, o el cambio climático. Pero peor, mucho peor, porque con niños sabidillos todo se complica al nivel de una jornada de Control al Gobierno un miércoles cualquiera. 

Ante ese apurado Houston, tenemos un problema, y en esos momentos de tierra trágame, la valiente mami  decía que los reyes magos les traían regalos a aquellos niños que creían en ellos, y que si alguno dejaba de hacerlo ya no les traían más, con lo cual eran los padres los que les compraban los juguetes para que esa noche tuvieran su sorpresa. 

Hay que ser retorcida...pero, si non e vero, e ben trovato. 

Así las cosas, la mamá iba capeando el temporal y calmando los desánimos y las dudas de la numerosa pandilla infantil que integraba su familia.

 Hasta que Paula, que ya no sabía qué creer, le salió por peteneras.

 - Te repito que me lo ha dicho mi prima Marina.

Así de segura se expresaba Paula, ante los atónitos ojos y oídos de sus padres . Porque, Marina, su prima y amiga del alma, de su misma edad y cómplice de juegos, travesuras y primeros secretos, no mentía . No podía mentir. 

Si lo decía su prima era porque era verdad: el Evangelio según Marina. Sin discusión.  ¡ menuda papeleta!

 - Y fue cuando cuando le volví a contar la historia de que los niños que no creían en los reyes no recibían regalos de ellos. Aunque no me quedé satisfecha,  ya que esta vez dudaba que colara. Pensó una aterrada Kathy ante tamaña situación. 

La trayectoria del relato no dejaba de tener su punto de tensión dramática. Así, Kathy recuerda...

 - Nos subimos al coche, conducía el padre, la pequeña Ángela iba casi dormida tras una jornada de emociones, pero Paula seguía despierta y cavilosa. No paraba de dar vueltas a su duda existencial. 

  - Camino a casa siempre cortábamos por un callejón que estaba entre penumbras. 

 - Todos íbamos muy callados, pensando en lo que había pasado,  cuando, de pronto, y entre las sombras de la noche pude ver un coche que parecía que venía en sentido contrario. Pero no andaba, estaba parado y nos resultó muy raro.

 -  En ese momento, entre asustada y preocupada, miré hacia un lado de la calle, y, cerca del coche vi, vimos, claramente a tres personas con hermosas capas de terciopelo y armiño. Tres hombres, uno negro y dos blancos, que portaban grandes sacos llenos de toda clase de objetos que supusimos que eran regalos. 

 - Ante esta escena tan inesperada como maravillosa, paramos el coche . No había más vehículos, ni más gente, sólo nosotros y el otro coche parado, al otro lado del callejón. 

- Nuestros ojos no daban crédito ante la visión de esas capas hermosísimas, con cuello de piel,  y ese trasiego de sacos abultados,  llenos de verdad y de ilusión, porque en esos sacos cabían los deseos inocentes de todos los niños del mundo. 

De 3 a 99 años. 

 - Llamé a Paula para que mirara hacia delante, porque lo que estábamos viendo era a los mismísimos Reyes Magos. 

 - Todos nos quedamos callados,  sin poder hablar. Eran los Reyes Magos, con sus coronas, sus capas y sus sacos de regalos. 

Ante mi estupefacción me fijé en uno de ellos:  era Melchor, que  hablaba afablemente a los del coche que se encontraba parado, y te aseguro, Barbarita, que no he visto cabalgata en la que los Reyes Magos tuvieran mejores ropas que las que llevaban Sus Majestades aquella noche. La de mi incrédula niña mayor. 

 - A Paula se le salían los ojos, no podía reaccionar, pero es que yo estaba igual. 

 -  Fueron llegando más coches al callejón, la circulación se complicó y tuvimos que salir de allí. Asombrados.    

  - Pero al fin reaccionó y, entre temblorosa y feliz, dijo: mamá hemos visto a los reyes, pero a los de verdad, qué equivocada está mi prima.

 - Y este feliz encuentro hizo que mis hijas creyeran en los reyes, muchos, pero muchos años más, porque siempre que alguien les decía que los Magos de Oriente no existían ellas pensaban: tú di lo que quieras, pero yo los he visto.

 - Aunque ha pasado mucho tiempo, cada año sigue saliendo la conversación de esta historia en mi casa, y  hoy,  a sus 22 años, Paula sigue preguntándose que a qué casa irían esos tres hombres, con esas ropas que tendrían que costar un dineral. Los majestuosos ropajes y las brillantes coronas. 

Y yo… también me lo pregunto.

Como nos lo preguntamos todos a través de los años. Primero de niños, luego de padres, más tarde de abuelos. Y la respuesta es siempre la misma: son los Reyes Magos, los que vienen cada año a cumplir la mayor ilusión de todos los niños. 

En cualquier punto del Planeta Tierra, y en la noche del 5 de enero. Ellas los vieron en una calle de Málaga. Yo los vi, a través de una ventana de mi casa en Ceuta, en la noche más esperada mágica y maravillosa para todos los niños del mundo. De 3 a 99 años. 

FELIZ DÍA DE REYES. NUNCA DEJEN DE CREER!