| En 1957, un novato preparado para comerse el mundo |
NUNCA ESCRIBIRÉ MIS MEMORIAS PORQUE NO LAS TENGO EN LA MEMORIA
Entre los personajes que engrosan mi galería de perfiles que dicen y cuentan, o cuentan sin decir, hoy recibo, con todo el sabor de la avidez por el periodismo bien hecho, a un viejo maestro de los plumillas de siempre: de los de trincheras y barras de bar; de redacciones caóticas y máquinas de escribir la urgencia de la noticia.
Desde Paris, La Habana, Brasilia o Madrid, frentes de sus muchas guerras, en la AFP, la prestigiosa Agence France Presse, hasta su aparcamiento reposado de la Costa del Sol. Junto al mar.
Para seguir haciendo lo único que sabe: escribir.
Hasta que su buen amigo Jesús lo fiche para la ACN, la no menos prestigiosa Agencia Celestial de Noticias.
Me olvidaba. Es Sergio Berrocal, Tetuán, 1939. Y es mi ejemplo y mi amigo.
Como el enano gruñón de Blancanieves, pero mucho peor.
Séptimo piso, ascensor - como el tango-, espalda jodida, un té mal hecho y muchas ganas de hablar. Mal invierno. Comenzamos.
P- El periodismo llegó a usted como algo circunstancial, imprevisto, tal vez?
R - Ser periodista por “algo circunstancial” debe de ser muy triste. En el liceo mi profesora de Literatura me insistió para que no dejara de escribir, pues ya entonces yo jugaba con el deseo de comunicarme. Y un día me presenté en la Redacción de “Cosmópolis”, semanario de Tánger y cuando me introdujeron en el despacho del director, un inglés de Gibraltar, propietario de la plaza de toros tangerina, le dije: “Vengo porque quiero ser periodista”. Puso el habano que fumaba en un cenicero y llamó a su Redactor Jefe, un español republicano refugiado. Llegué a tener una columna que titularon “Colaboración juvenil”, que ya es decir.
Un día, en el Zoco Chico, donde los judíos tangerinos abrían sus tenderetes de cambistas, un mostrador y una línea de teléfono por la que recibían lo último de Wall Street, un yihadista sacó una faca tremenda y fue acuchillando a quien encontraba. Me metí en el cajón de un cambista hasta que pasó todo. Luego conté el drama en “Cosmópolis”. Yo era muy jovencito, 17 años creo, pero ya era hora de imitar a Hemingway que con mi edad publicaba en Kansas City como un grande.
P - Y este debú significó también su despedida de los ruedos periodísticos marroquíes.
R - Un día de 1957, en Tánger, el jefe de la Policía Internacional, Monsieur Crevecoeur, me llamó y me enseñó un papel que le había llegado de Rabat. Le pedían que detuviera a ese periodistucho, yo, que se había atrevido a escribir dos reportajes en una revista tremendista española que al rey Hassan II, autor de el encarcelamiento de sus enemigos en cárceles subterráneas del desierto, le habían molestado.
El comisario me dio 24 horas para desaparecer de Tánger. Bueno, me dije, allá penas. Encontré dos barcos que salían al día siguiente para Marsella, uno de ellos un carguero ruinoso en el que embarqué porque era muy barato, aunque teníamos que subir a cubierta para fregar los platos.
En Marsella tomé un tren para París, donde no conocía a nadie y, por si fuera poco, no hablaba francés. Me alojé en un hotel que alguien me indicó y que costaba cinco francos la noche, barato me dije.
El patrón era un argelino hijoputa y peleón que siempre estaba sentado al lado de la escalera para que nadie se escapara sin pagar. Con el tiempo nos hicimos amigos.
Cuando no tenía los cinco francos de la habitación dormía en la calle. Unos días después, el director de Keystone Press Agency, que acababa de huir de la Hungría atacada por la Unión Soviética, para quienes yo había mandado algunas fotos estando en Tánger, me admitió como redactor gráfico pagado según hiciera. Á la piece.
P - Hábleme de sus primeros pasos en la Agencia Francesa de Prensa, la AFP, donde encontró a otro debutante que luego sería Nobel de Literatura.
R - En 1960, me presenté en la Agencia France Presse sin la menor esperanza de que me escogieran para ser redactor del Desk Amsud, servicio informativo cuyo propósito era reemplazar a las agencias norteamericanas en América Latina. Entre los otros candidatos estaba un muchacho peruano que se llamaba Mario Vargas Llosa. Los dos entramos y fuimos compañeros de Redacción hasta que su esposa, la tia Julia, tía carnal de verdad, le dijo que se marchara a casa para escribir sus novelas.
Mientras, ella aseguraba lo indispensable trabajando como mecanógrafa en el piso de abajo en el llamado Servicio Features, dirigido por un tipo que fue importante en la Guerra Civil española, Wilebaldo Solano. Y así empezó todo…
No sé si Mario merecía el Nobel, pero su tía Julia tenía unas piernas que quitaban el sentido.
P - Agencia de noticias de alto impacto para el joven Berrocal que se convirtió en escritor.
R - Un escribidor que asistió desde lejos al asesinato de Che Guevara en Bolivia. Aquella tarde recibimos un URGENTE de nuestro corresponsal en La Paz diciendo: “El Che Guevara ha muerto”. Pasamos doce horas hasta que por fin pudimos confirmar la noticia, porque era una bomba, pero lo hicimos.
P - ¿ Periodista de salón de güisquis o de trinchera?
R - No hay periodistas de salón o de trincheras. Un periodista es aquel que confiesa al Dalai Lama y al día siguiente a un basurero. El güisqui viene con la desesperación. No sabes lo que es pasar un día 14 horas esperando esa noticia que te debe de llegar de un pueblo de Colombia. O tener que ir a ver una princesa para anunciarle que su prometido, el rey de Irak, acaba de ser ahorcado por Sadam Hussein, mientras esperaba en París el momento de ir a reunirse con él.
P - Durante su trayectoria profesional ha cubierto diversos y prestigiosos festivales de cine y conocido a actores y directores muy importantes.
P - También conoció a la gran Oriana Fallacci.
R - Era una gran periodista, y novia de un compañero de la AFP.
P -Existe la literatura grande y la pequeña?
| Fernando Henrique Cardozo, ex presidente del Brasil |
| Uno de sus personajes favoritos, el genial Salvador Dalí |
P - Ha dejado mucho en el camino. ¿Por eso, es una persona pesimista?
El maestro empieza a calentar los motores de su enfado.
R -No soy pesimista, estoy simplemente cabreado con la vida por haber elegido un país de mierda como el que me acoge, donde los mejores trileros están en un gobierno de hijoputas que nada más que piensan en aumentarme los impuestos.
P - - Se queja de sus equivocaciones.
Me he equivocado una vez más, pero esta es la decisiva, la definitiva. Me incinerarán en este horrible cementerio del sur y ya no seré feliz. No soy malo ni bueno sino todo lo contrario. Amo la vida desesperadamente pero hace tanto tiempo que no abrazo a una mujer…
Un día se me ocurrió buscar a una profesional para que me dijera que todavía era un hombre pasable por lo menos. Me fui a la estación de autobuses y a los dos minutos se me acercó una linda hembra con gafas negras. Me enseñó su ojo izquierdo que parecía maquillado o apretujado. ¡Pero era tan linda! No tuve el coraje de pedirle que se viniese conmigo a un hotelito que está cerca. Le di veinte euros y ella me sonrió. Es la última vez que una mujer me ha hecho caso…
Dejamos que repose el cabreo...
R - - Me jubilé en el 2000 creo. En lugar de quedarme en París, las tonterías se cometen todas las mañanas, me vine a este pueblo que yo he bautizado mi isla africana por cortesía hacia mí mismo.
Llevo veinte años rabiando, jodido porque no tengo lo necesario para tirarme desde mi ático del séptimo piso con ascensor. Sobre todo desde que un amigo médico, ya lo he borrado de mis tabletas, me explicó que era complicado tirarse por un balcón y me aconsejó la posición que tenía que tener para que al tocar el suelo estuviera muerto y no condenado a una silla de ruedas.
P - ¿ Para cuándo sus memorias?
R - Nunca escribiré mis memorias porque no las tengo. Las mujeres maravillosas que me quisieron y que mejor soportaron son las únicas que podrían hacerlo. Yo ya estoy off y ya solo espero el cariño y el olor de una piel de mujer que quiera dármelos.
P - Expréseme un deseo.
R- Amar y ser amado, es el regalo de Dios y pocos lo tienen. Yo, al menos, no.
Conocí amores delirantes, que, ya a mi edad no es más que una confesión. Pero los dioses me castigaron, y como no tengo la fortaleza de Ulises no fui mar adentro a buscarlos. Y ya sólo escribo sobre esos momentos que Jesús me permitió.
P- ¿ Cómo un hombre tan mundano es a la vez profundamente religioso? Menciona con frecuencia a su amigo Jesús.
R - Jesús también era un hombre mundano porque amaba a las mujeres.
Ante esta sentencia, que distiende el coloquio y suaviza la cólera, poco más que decir.
Seguiremos en cualquier momento. El cabreo y los recuerdos estimulan el alma de quien pregunta y son bálsamo para la de quien responde.

