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sábado, 29 de marzo de 2025

LA CHICA DEL PATIO II

 

LA CHICA DEL PATIO II BARBARITA RECUERDA.

 

Barbarita recuerda, una vez traspasado el dintel de la entrada, llegar a una fontanería, la de Expedo y Rafael, aunque, la verdad, esto es algo moderno en el recuerdo infantil. Seguidamente, la carbonería de los abuelos Pedro González y Dolores Palma, alta y delgada, siempre vestida de negro, despachando carbón o haciendo eternos pucheros, soplillo en mano.

 

Cabe recordar que la carbonería, también llamada El Almacén, era el centro de reunión de toda la familia, ya fueran los González Palma, Navarrete, Ponce, Vázquez, Gámez…todos, presentes en mi recuerdo y en mi corazón. Un poco más allá la casa de Pepín Migoya y Lolita Marcos,  con sus hijos, Pepe y Ana. Más abajo, Diego el pintor y Pepita. Bajando, la casa de María, la de la esquina. Sigue la mini vivienda de José Rodríguez Feu, también llamado Nuestro Pepe, personaje peculiar, que cambiaba de traje dos veces al año y parecía sacado de una novela de Baroja.

 

Seguimos con una familia a los que apodaban los Pimpones, Pedro, Victoria y sus hijos. Casi al lado los Sánchez Pascual, Ramón y Lola y sus hijos, Milagros, Margari, Manoli, Ramón( Barbarita debe ser muy vieja, porque asistió al bautizo de Ramón, Ramoné, en aquella época) y Francisco Javier. Buena gente. También recuerdo a la abuela, que al final de sus días quedó ciega y al tío Vicente, que emigró a Holanda en los tiempos duros.

Pasada esta vivienda, donde siempre había la mejor fruta y la mejor verdura, llegamos a la casa de Tito Kiko – Pedro González y Caridad Navarrete, con sus hijos Pedro y Manuel. Allí veíamos la televisión, cuando nadie la tenía en sus casas.

 

Y llegamos al Rincón. Ahí recuerda Barbarita a Mari Gracia y Ramón – Ramoncito bueno o Ramoncito guapo, de los Pulmones.  Enfrente, la familia Duarte, Ramón y Antonia. Y, al fondo, Julio Pérez con su familia.

 

Aunque pueda parecer un poco caótico, la descripción del patio a veces se me hace difícil, así que, vuelvo sobre mis pasos y me dirijo a casa de los Jaramillo, moradores de lo que podríamos llamar El Patio en Medio – ya saben, sin preposición alguna-  Esta familia, junto a los Quicos, constituía una de las familias con más miembros, más gracia y más salero que puedo recordar. Así, sin respirar, Luis y África, él, alto y seco, de perfil de torero. Ella, gruesa y maravillosa. Maruja, Paco, Juan, Luis, Rafaela, Afriquita y Carmen. Y si me olvido de alguno, pido mil perdones, porque son una familia inolvidable. 

 Casa con patio, flores, gallinero, jarrillos de lata y…gracia. Mucha, muchísima gracia. Dentro de esta familia, y aunque la mencioné unas líneas más arriba, quiero recordar a tita Mari Engracia, mujer encantadora que trabajó en Tánger y a la que nunca olvidaré.

 

Adentrándonos ya en el Patio Abajo, recuerdo a Salvador Cantero y Maruja Jaramillo, Canterito negro, Marujita blanca. Los Orellana, con la mamá Patrocinio. María Plaza y Pacoya. Enfrente la señora Pura y su hija Mercedes, mi primera maestra. A esa casa llegaría más tarde la familia Lizana. Buena gente siempre recordada.

 

Enfrente vivía Isabel Alcaín, mujer triste, siempre recordando a su hijo muerto, Modesto de nombre. Su marido se llamaba Moya de apellido, y siempre estaba ausente.

 

Y ya, cogemos carrera y nos vamos directamente al final del Patio Abajo. La Casa de los Gámez González, Luis y Sebastiana, y su hija Loli, gran peluquera y mejor persona. Alegre, sonriente y entrañable. Una hermana mayor para Barbarita. El resto de la familia emigró a Francia. Fernando, Mari Carmen y Luis, ya fallecido. Al lado, la casa de Milagros la modista, con sus hijas Mari y Conchi y su nieta María del Mar. Enfrente, la familia Salguero. Y, abajo, en el último tramo, la familia Mateo. Miguel y Salvadora y sus hijos, Pili, Miguel y Maribel. Y al lado los Vicario, Juan y Catalina con sus hijos.

 

En ese mismo tramo, pero al lado izquierdo, José  Rodríguez, Pepe el Rápido, con su  mujer, María Jesús Samiñán. Llegaron de recién casados y allí formaron su familia.

 

Ahí se acababa todo. O empezaba. Porque mi patio era lugar de fiestas y alegrías. Pascuas, Cruces de Mayo, Carnavales. Recuerdo pozos, flores, gente que iba y venía de sus trabajos con sus fiambreras de comida, el costo. Comida, no confundamos. Pintores, albañiles, impresores, tenderos, chóferes, mujeres lavando la ropa y cargando con cubos de agua. Y en los tiempos antiguos, gente escondida del régimen, matuteras y alguna prostituta. Todos deseando sobrevivir, olvidar y salir adelante. Por eso, este final se dedica a las alegrías. A los juegos infantiles y juegos de mayores. ¡Esa lotería con sus cartones desgastados y sus bolillos! Cuando no había bastantes, con legumbres o pipas de chirimoya. Tata Paca, mi homenaje y mi recuerdo.

 

Y el lenguaje, que daría para un artículo completo. Ejemplo para el DRAE, pero en andaluz castizo. Y un poco verde. Bastante verde. Pero dicho con gracia y en el momento oportuno. 

 

Y los Invasores, el primer club juvenil que hubo en Ceuta, fundado por Chiqui González y sus amigos. Allí se bailaba y se oía buena música. Hasta en directo, con los Bemol Group. Alguien en Barcelona lo recuerda.

 

Pasaron los años y el patio se fue despoblando y también fue cambiando. Se reformaron viviendas, el patio mudaba su cara. Pero se hacía viejo. Y con él, sus gentes. Aquellos que dieron vida a ese mundo aparte, apagaron su luz. O se mudaron. A un piso, "con todas las comodidades". 

 

Adiós mundo del ayer, adiós Patio de la Tahona, donde aún suenan villancicos y huele a roscos,  pestiños, a anís, o a tintorro con un tomate picao. Salen los niños de comunión, y las parejas de novios rumbo a los Remedios, las niñas para la feria, con moños y peinetas. Y el correspondiente lunar en la cara y en la espalda. Porque esa era la vida, con muchas risas y también con penitas.

 

Y aquí queda todo. El recuerdo de una época pasada, de un mundo vivido y contado por una chica. Una niña a la que no le gustaban los plátanos y soñaba con escribir. 

Si me he olvidado de alguien…perdonen mi mala memoria, pero a veces, el corazón, juega malas pasadas.


sábado, 22 de marzo de 2025

LA CHICA DEL PATIO I

Barbarita recuerda

 Hay momentos de la vida en los que los recuerdos revolotean a nuestro alrededor como pájaros avisadores de nuestro pasado. En este caso, los que nos presentan la película de nuestra infancia, la vivida en un patio de Ceuta, llamado de la Tahona porque en tiempos hubo allí una panadería. La de la familia Carrasco. El patio, era un microcosmos vivo, habitado por generaciones de personas, de vecinos que dieron vida  a cientos de historias que quedan impresas para siempre en la mente de los que allí vieron pasar sus vidas.

 La chica del patio, además de ser el título de una película de ambiente castizo-folklórico, es el título de mi trabajo de esta semana. Porque yo fui una niña de patio. Una de tantas. Todas en una.

El vecindario, ubicado en el número 69 de la calle Falange Española, era un mundo que bullía de personas de todos los lugares y procedencias. Se dividía en varias zonas: El Patio Arriba y el Patio Abajo. Y no recuerdo muy bien si había un patio en medio. Sin preposiciones y con mayúscula, porque lo merece. Así, tal como sonaba y se nombraba. Eran minimundos que se fundían en uno solo. Con sus gentes, sus identidades, sus penas y alegrías, sus risas y sus lágrimas. La vida hecha vida.

 

La descripción de la geografía humana de Patio de la Tahona me resulta un poco prolija si tenemos en cuenta la gran cantidad de personas que allí vivían. Gentes que echaron raíces en esa especie de submundo de infraestructuras precarias, como el saneamiento y la falta de agua corriente en las casas, lo que hacia que las mujeres, siempre mujeres, acudieran, una y mil veces, al “grifo”. Una fuente donde se juntaban las vecinas a coger agua. Y eso, si había agua, que si no, a esperar las cubas militares. Eso, unido a una red de saneamiento casi inexistente, hacía la vida diaria un tanto dura. Muy dura. Lavar a mano, almacenar el agua en cubos y, sufrir perennemente la falta de tan preciado elemento, parece hoy algo pintoresco, pero, en realidad, repito, era una tarea muy dura.

 

Salvando el relato – edulcorado- de las deficientes infraestructuras, ahora toca hablar de la gente, los vecinos, que en este momento cobran vida en un pedazo de papel.

 

La entrada del vecindario me resulta un poco nebulosa en la memoria. Un gran portón que daba paso a las primeras viviendas. Ahí recuerdo a Conchi y Mari Carmen y, enfrente, en una casa con escaleras, recuerdo a Lely y Ricardo. Más  abajo, a la izquierda, el horno de la pastelería La Esmerada, y algún espacio que no recuerdo bien, pero que estaba oscuro- si Pepín no ponía la bombilla-. Así que, mejor me adentro en la parte que mejor recuerdo. El patio arriba abre sus puertas.

 

Nos vemos la próxima semana, para adentrarnos de lleno en la vida e historias de los habitantes de todos los patios. La cosa promete. Os espero.

 

sábado, 15 de marzo de 2025

BARBARITA VA AL COLEGIO

 

   Hace unos pocos días, Barbarita tuvo la oportunidad de visitar un colegio. El lugar que nunca olvidamos porque forma parte de las raíces de nuestro árbol de vida. Ahí comienzan a brotar las hojas verdes del conocimiento que irán creciendo a medida que se adjunten saberes y experiencias. 

   Porque el colegio, el "cole", es principio de una experiencia inolvidable, que a nadie debería faltar. Porque es derecho, obligación y devoción. 

    La visita, a una clase de primero de Primaria, 25 gorriones con los ojos muy abiertos y los oídos preparados para captar todo lo que sucede a su alrededor, derivó en una clase en la que ellos eran los absolutos protagonistas. 

    Y, así, a la voz de ¡ Buenos días!, los chavales comenzaron a ' disparar' mil y una preguntas. ¿Cómo era tu colegio? ¿Qué libros estudiabas? Preguntas, cuyas respuestas recibían con asombro. Cómo cuando Barbarita explicó qué era la Enciclopedia Álvarez, compendio de todos los saberes de aquella época. Desde los puntos cardinales a los himnos patrióticos, sin olvidar a los Reyes Católicos. Ese era el ' plan' , y así se realizaba. Con libro para todo. 

    Siguen las voces infantiles en su afán curioso. ¿Cómo se llamaba tu colegio? ¿Te gustaba estudiar? ¿Y ahora qué haces, en qué trabajas? Y más y más preguntas que daban pie, para que, a su vez, Barbarita comenzara a aprender, a preguntar a los niños: ¿Os gusta el colegio y estudiar? ¿Qué queréis ser de mayores?

    Y es en este momento cuando Barbarita recuerda otras respuestas que parecen haberse quedado añejas. Perdidas en el tiempo, porque, tal vez, ya ningún niño o niña piense en ser bombero, maestra o enfermera. O, tal vez astronauta.

    Los cándidos pequeños clamaban y exclamaban que querían ser futbolistas. En eso las modas no han cambiado. Y, además de futbolistas, - famosos, por supuesto -, influencers, tiktokers y youtubers. Y, por supuesto, tener dinero. Mucho dinero para poder comprar coches, ordenadores y hasta relojes de marca. Toda una revelación para la ingenua visitante, ante la sinceridad y el realismo de las respuestas. " Quiero ser tal y tal porque se gana mucho dinero y porque quiero ser  famoso. La fama, que no falte. 

     Ir al colegio significa volver al aprendizaje. Y, en este caso, Barbarita aprendió bastante del mini alumnado. Su frescura hace reflexionar. Nos ponemos a su altura y nos sentimos humildes, y un tanto asombrados por su franqueza y naturalidad. Ser famoso y tener dinero. Y punto. 

    Os gusta leer, leéis en casa? Ahí, división de opiniones. Como en los toros. Por cierto, nadie habló de ser torero o torera. Los tiempos cambian. Ya no hay afición. 

    Barbarita descubrió la gran diversidad de origen del alumnado, fruto de la diversidad que nos rodea y que hace que el mapa sea cada vez más chiquito. Como ellos. 

   En todos los docentes que he conocido siempre he visto el mismo amor por la enseñanza. Desde la cartilla de párvulos a la de la educación de adultos .Desde los más pequeños, a hombres y mujeres hechos y derechos dispuestos a aprender con orgullo y tesón. 

     Y, en eso está la seño de esos 25 gorriones que, con paciencia infinita, trata de poner orden, de calmar, instruir y educar. Aunque le vaya la voz en el intento. 

   Hay que repetir que, la visita a la clase de Primero de Primaria del Colegio Tamixa de Las Lagunas de Mijas, ha sido una vivencia de lo más enriquecedora. Como una encuesta del CIS para gente bajita. Esos locos bajitos, diría nuestro flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes. Al tomar el pulso a 25 chavales, se realiza un estudio demoscópico que nos revela sus gustos, aspiraciones y comportamientos. La mejor investigación para sacar en conclusión - aproximada y nunca definitiva- que, de un grupo de 25, el 80% tiene teléfono móvil y tablet. Revelador. 

    Barbarita sugirió, tímidamente, que se acercaran al papel para leer. Aunque la recomendación no tuvo mucho éxito. 

    De todas formas, la experiencia fue muy positiva. Barbarita salió exultante porque había vuelto al colegio....y le gustó. 

   Gracias a la seño Eva, paciente y cariñosa. A Malola, abuela valiente y salerosa. 

    Volveré, porque quiero seguir aprendiendo. Necesito seguir aprendiendo . 

     IN MEMORIAM: JAIME CORIAT BENMERGUI. ZIJRONO LIBRAJA. DESCANSA EN PAZ. 

    Escrito y terminado en el Centro Asturiano de Torremolinos, templo vivo de la convivencia y el buen yantar. 

sábado, 8 de marzo de 2025

BARBARITA Y EL DÍA DE LA MUJER

                


UN HOMENAJE A MIS MUJERES HERMOSAS 


     Hoy, sábado 8 de marzo, se celebra el Día de la Mujer. Sábado, 8 de marzo. Un día importante, un día cualquiera. 

    Vaya por delante que no me gustan los " Días de". Ni hacia, ni hasta, para o por.... Para mí, todos los días del año son iguales, y más cuando la causa es importante. Tan importante que, a veces, en ello va la vida...o la muerte. 

    No obstante, si por alguna fecha hay que empezar, sea pues este día, internacionalmente reconocido. 

    Hablar de mujeres y del Día de... implica barajar muchas cartas. Una baraja entera con reyes, reinas y ases, que se traducen en educación en valores, en principios de de igualdad. Educación y valoración desde la infancia, en la escuela, y, en los diferentes territorios donde nos desenvolvemos a lo largo de nuestras vidas. Asimilar, asumir que la dignidad pasa por una igualdad consciente, que no impuesta por unas directrices que, en el fondo, poco favorecen a la auténtica causa. Que, lo que de verdad importe sea la puesta en marcha de políticas que valoren - de verdad - a la mujer, no sólo como víctima, sino también como un activo tan valioso como el hombre. Al que no habría que ver como un oponente o enemigo, sino como un igual que camina a la par . Para construir, que no destruir.

    Porque, el capítulo de la destrucción es tan terrible, tan vergonzoso y tan luctuoso, ahí están los enemigos , que no merece engrosar solamente las listas de estadísticas. Tal cual. A secas. 

    De tal forma, el trasfondo es muy otro, lleno de historias tan diferentes como comunes: las que transitan por los caminos del miedo, empedrados de amenazas, vejaciones, vergüenza, silencio y...muerte. 

    Y aunque no me guste seguir incidiendo en lugares sobradamente comunes y trillados una y otra vez, de los que no se sale, porque es un laberinto. Sí  quiero insistir en las pautas que hay que seguir para que el edificio de la igualdad culmine con éxito para todos. 

    Aunque sea  reiterativo,  el edificio debe tener cimientos sólidos - infancia - familia - escuela. Con ladrillos de respeto y cemento de entendimiento. Dejando a un lado los gestos de superioridad sobre la hembra, sólo por el mero hecho de serlo. Que no se vea como " normal" el desprecio, el ninguneo heredado de generaciones regidas por esos parámetros. Hombre manda, mujer, obedece y calla. 

    Barbarita no es radical, pero, ante ciertos hechos que no cesan de repetirse, no queda otra que exigir lo que ya suena a cansino, pero que hay que repetir hasta la saciedad. Porque, los cimientos deben sostener, además de la educación y sus fundamentos en igualdad, políticas activas de empleo para conseguir que las mujeres alcancen puestos directivos, tanto en los ámbitos públicos como privados. Es necesaria la potenciación de la natalidad, no sólo con baja de 4 meses, sino con una mayor flexibilidad por parte de las empresas, logrando así poder realizar el trabajo desde casa. Con la creación de guarderías públicas y, ante la carencia de estas, llegar a convenios con las privadas para que la mayoría de las familias tengan acceso.      

    Y más, y más. Y mucho más que pedir, que exigir. Que escalar para conseguir coronar el piso más alto de nuestro edificio de igualdad, colaboración y trabajo en común. ¿ Utopía? Pues no debería serlo, porque las mujeres siguen en su empeño. En la lucha constante e inacabada. Desde Juana Inés de la Cruz a Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Concepción Arenal, Victoria Kent, Margarita Nelken, María de Eza, las ' Sin sombrero ', opacadas por los hombres de su generación. Y muchos otros ejemplos que no se limitan a nombres conocidos. Porque no hay que olvidarse de las mujeres anónimas que arriman el hombro desde generaciones: en las escuelas, el campo, la mar, las fábricas, los burdeles o las cátedras. Las que trabajan por conseguir el sustento diario que procure un mundo mejor y una sociedad más justa y equitativa. Sin excluir, si no queremos que nos excluyan. 

    Y las tareas no se acaban sin un buen repaso a las protagonistas anónimas de esta historia de labor de brega. Por todas. 

    A las abuelas, madres e hijas. Las que dan calor, valor y enseñanzas. A las maestras, firmes en su propósito de concienciar, de abrir los ojos. A toda una larga lista de ocupaciones y roles que merecen ser mencionadas. Aunque el abanico es inabarcable. 

    A las trabajadoras de las fábricas, empleadas de hogar, de comercio, a las enfermeras, de sonrisa y ojos que cautivan, a las cuidadoras de enfermos, tanto en los centros sanitarios como en los hogares. A las que perdieron hijos y siguieron adelante, a las madres de discapacitados y a las hijas de discapacitados, misma lucha, mismo amor. A las inmigrantes, que no saben que ya constituyen una parte muy importante en nuestra sociedad, a las trabajadoras fronterizas, mil veces explotadas. A las que llevan años dejándose la piel en enseñar a las más desfavorecidas. A las que ' reaprendieron' a leer a los 80 años, y desarrollaron un gusto excelente por la lectura, además de una caligrafía firme y segura. Mi homenaje. 

    A las que, cuando aprendieron a leer vieron como su camino se llenaba de margaritas, a las que pintan la vida de colores en este mundo gris. A las mujeres de los marinos, solas en su singladura diaria. A las que dieron de comer las más ricas viandas. Reinas de los pucheros y las croquetas, esperando en una esquinita frente al mar . A las cobardes y a las valientes, a las traicionadas y a las engañadas. A las futuras Marie Curie, que igual describen el Sistema Planetario, que analizan las letras de los villancicos. A los ángeles que les dan miedo las gallinas. 

    A las que  denuncian en falso, porque ese no es el camino. A las mujeres niñas y a las niñas mujer, sin infancia y sin herramientas. A las emprendedoras, a las viudas, que siguieron tirando del carro, a las divorciadas, casadas y mal casadas. A las maltratadas de cualquier forma. A las que han conseguido mucho gracias a su esfuerzo. A las valientes llenas de miedo. A las supervivientes desde niñas dando y aguantando. A las que luchan por la fama y no saben que ya son famosas por su aura especial y su carisma arrollador. A las que vencieron enfermedades y descubrieron un nuevo cabello maravilloso y atractivo. A las que cuidaron a hermanos y maridos con la eficacia y la entrega de una enfermera. A las que escriben para exorcizar sus demonios interiores. A las comunicadoras . A las que no saben gestionar el dolor por exceso de equipaje de amor. A las sin voz ni palabras. A todas ..con todos. 

    Hoy, sábado 8 de marzo, el sol pugna por salir, pero las nubes se lo impiden. Por una vez ha ganado el femenino plural. 

                    


                   


                   


sábado, 1 de marzo de 2025

ADORO LA EDAD QUE TENGO

          

 Barbarita y el Edadismo

    Observando y mirando. Vaya dúo de gerundios me ha salido. Y, a tenor de lo que veo a mí alrededor, me ha dado por reflexionar sobre el Edadismo. Un término que se acuñó allá por 1968 y que nos viene a decir que a las personas mayores se las discrimina, precisamente por eso, por ser mayores. Por ser viejos. 

     Sin querer meterme en asuntos de gerontosociología, he de decir que a Barbarita le interesa el asunto por estar ya casi metida de lleno en ese saco de discriminación negativa, triste y, a veces, vejatoria.   


    SÓLO POR SER VIEJO

  Esto podría parecer un artículo distópico, la reflexión sobre una situación de un mundo donde los mayores no tuvieran cabida, sólo por el mero hecho de serlo.

   Pero vamos a lo mollar. A lo que hace que se mire a los viejos con recelo, sólo por presentar ciertos síntomas como una peor salud física, y mental, una menor calidad de vida derivada del aislamiento social, la soledad, o un mal estado del músculo financiero. Lo cual lleva directamente a una gerontofobia que ya es común en el mundo entero o, al menos, en zonas de las llamadas ' civilizadas' .

   Y, ante esto, Barbarita reflexiona que este mal de nuestro tiempo, que ya se ha convertido en una pandemia social, refleja claramente el tipo de sociedad en el que nos hemos convertido. Los mayores molestan o estorban. Son piezas de museo a las que se presta poca atención porque ya no sirven. No nos sirven. 

  Hace unos días, Barbarita leyó un artículo en el que se aconsejaba la forma de eliminar ' el olor a viejo' ( sic ) Aunque ya se sabe que este olor es el resultado de ciertos procesos químicos que acompañan al desarrollo de la evolución del proceso de envejecimiento. Un asunto interesante que lo rancio y lo caducó, apesta. 

 Barbarita no quiere hacer demagogia con el asunto, pero, la verdad es que no ha oído nada referente a "cómo eliminar el olor de los adolescentes". Nada más y nada menos que hormonas con patas.  Será porque en ellos está el futuro. Alegre y optimista. Porque aún no se bañan en el manantial de senectud.

   En algunos países, el lenguaje, que nunca es inocente, se llama a los mayores, sobre todo a los padres, " viejo, viejita". Son sociedades que aún no han desterrado a los viejos.  Aunque, cabe resaltar que este modo de actuar sólo puede ser efectivo, si no se reduce a lo meramente ' folklórico', sino se llevan a cabo acciones positivas hacia las personas de edad provecta. 

  También es interesante abordar la cuestión de los viejos en relación con el ámbito familiar. Porque no es infrecuente ver, cómo llegando a cierta edad, los padres, abuelos, o mayores de la familia, se convierten casi en 'Aliens'. Ya no se fían de ellos, : " no conduzcas, no te canses. No hagas esto o aquello que ya no estás para esas cosas"..." Y tú qué sabes"... Obviando la sabiduría y la experiencia atesoradas en los tiempos ' inodoros' y válidos. 

  Todo este batiburrillo de reflexiones de aficionada a la antropología social, es fruto de la observación diaria, de un mundo en el que, cada vez se tiene más miedo a ser viejos. A hacerse viejo. A entrar en la edad del Edadismo. Con todo lo que comporta. 

  Hay que recordar que en la etapa de vejez se acentúan ciertos rasgos conductuales que también se tuvieron en la juventud: manías, tics de carácter... Por eso, y casi llegados al final del camino, nos convertimos, así mismo, en seres repetidores de recuerdos, locuaces en exceso, gruñones, ! Ay, mi Señor de Albrit! O, quizás, todo lo contrario: callados, introvertidos y aislados de un mundo que ya nos es ajeno. Por todo ello, respeto y comprensión. Aunque cueste. Porque todavía están aquí. Y no para discriminarlos. 

  Dicen que la vejez es fea. Una afirmación elevada a categoría de ' verdad irrefutable ' . Y, es por eso, por el miedo a mirarnos en el espejo en el que ya no nos reconocemos. Miedo a la proximidad de la tan temida ' fecha de caducidad ' que nos hace olvidar que, este tiempo " también es nuestro tiempo", gracias, maestro Manuel Alcántara. Un tiempo que hay que vivir para enseñar todo lo aprendido. demostrar que no se es una rémora, sino un activo muy digno de tener en cuenta.

  De estás consideraciones, Barbarita ha extraído una conclusión: no temer a la vejez como algo nocivo, preparar el físico y el intelecto, no dejar que nos excluyan. Porque aún tenemos mucho que decir. Mucho pito que tocar en la gran orquesta sinfónica de la vida. 

¡Y, lo demás, importa un pito!