Barbarita recuerda
El vecindario, ubicado en el número 69 de la calle Falange Española, era un mundo que bullía de personas de todos los lugares y procedencias. Se dividía en varias zonas: El Patio Arriba y el Patio Abajo. Y no recuerdo muy bien si había un patio en medio. Sin preposiciones y con mayúscula, porque lo merece. Así, tal como sonaba y se nombraba. Eran minimundos que se fundían en uno solo. Con sus gentes, sus identidades, sus penas y alegrías, sus risas y sus lágrimas. La vida hecha vida.
La descripción de la geografía humana de Patio de la Tahona
me resulta un poco prolija si tenemos en cuenta la gran cantidad de personas
que allí vivían. Gentes que echaron raíces en esa especie de submundo de
infraestructuras precarias, como el saneamiento y la falta de agua corriente en
las casas, lo que hacia que las mujeres, siempre mujeres, acudieran, una y mil
veces, al “grifo”. Una fuente donde se juntaban las vecinas a coger agua. Y eso,
si había agua, que si no, a esperar las cubas militares. Eso, unido a una red
de saneamiento casi inexistente, hacía la vida diaria un tanto dura. Muy dura. Lavar
a mano, almacenar el agua en cubos y, sufrir perennemente la falta de tan
preciado elemento, parece hoy algo pintoresco, pero, en realidad, repito, era
una tarea muy dura.
Salvando el relato – edulcorado- de las deficientes
infraestructuras, ahora toca hablar de la gente, los vecinos, que en este momento
cobran vida en un pedazo de papel.
La entrada del vecindario me resulta un poco nebulosa
en la memoria. Un gran portón que daba paso a las primeras viviendas. Ahí recuerdo
a Conchi y Mari Carmen y, enfrente, en una casa con escaleras, recuerdo a Lely
y Ricardo. Más abajo, a la izquierda, el
horno de la pastelería La Esmerada, y algún espacio que no recuerdo bien, pero que estaba oscuro- si Pepín no ponía
la bombilla-. Así que, mejor me adentro en la parte que mejor recuerdo. El patio
arriba abre sus puertas.
Nos vemos la próxima semana,
para adentrarnos de lleno en la vida e historias de los habitantes de todos los
patios. La cosa promete. Os espero.
Me parece estupendo recordar esos lugares entrañables de Ceuta.Como siempre bien escrito!
ResponderEliminarEspero con impaciencia el sábado.
ResponderEliminar¡Qué tiempos!, Marieta. La falta de agua en Ceuta aún la recuerdo, ja ja,ja.
ResponderEliminarPilona
Esperando al próximo sábado llegar pronto! 😃
ResponderEliminarCuanto ha cambiado el patio de la tahona!!! Ahora son varios edificios, en los que casi seguro que pocos vecinos se conocen, se saludan cuando se encuentran en el ascensor y poco más, al contrario de lo que era la vida en los patios, en los que la mayor parte de las familias que los habitaban tenian las puertas de sus casas abiertas y eran una gran familia
ResponderEliminarEs así como cuentas, querida seguidora. Pero eso ya pasó y nos asomamos a nuevos patios y a nuevas ventanas. Gracias por tu comentario.
EliminarAquí estaré el pròximo sàbado. Que bien tener a Barbarita que nos cuente tiempos pasados que no hemos conocido. Gracias Barbarita.
EliminarHola desde Barcelona! Me encanta leer tus escritos, te trasladan al pasado, un pasado no tan lejano, pero para quien no haya vivido estas circunstancias, pueden llegar a pensar que son fruto de una imaginación desbordants.
ResponderEliminarEts una gran escriptora Marieta. Felicitats 😘
Deseando leer la segunda parte.
ResponderEliminarDeseando leer cosas de mi gran familia del Patio 😊
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