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sábado, 28 de febrero de 2026

BABARITA RELATA. LA PEQUEÑA CRÓNICA DE UN VIAJE CORTO, INTENSO Y HELADO. PARTE III.

 



                                                                              


Amor sin barreras


Nuestra travesía continúa sin novedad. Es curioso cómo enfrentan las noches, con qué diferentes perspectivas se preparan las grandes galas y las mejores ropas gastadas y remendadas para celebrar el plácido viaje de la riqueza o para salir de la estrechez que campea en el reducto de los pobres. No hay obligación de festejar, al menos los que menos tienen, aunque, es precisamente, ese no tener, lo que anima a algunos a igualarse con la vida de arriba. 
Como ya recordamos, el champán y los vinos de grandes añadas se convierten en cerveza, sidra o aguardiente y los valses por los bailes de Cuadrilla, las Tarantelas y algún tímido paso de Ragtime o Step, para los más jóvenes, sin olvidar el espectáculo gratuito que ofrece la pareja española cuando no tiene que actuar en el gran salón de lujo. Basta una guitarra y unas castañuelas para que el aire se impregne de arte en esos preciosos momentos. Y, nunca mejor dicho, el tiempo, su tiempo, es, a partir de ahora lo más precioso de sus vidas. 

Doña Bárbara prepara sus ropas para la cena. Esta noche, el capitán Smith se sentará a la mesa de los españoles, doña Encarnación hará de intérprete. Tomarán Filet mignon á la truffe y una exquisita Omelette sucrée aux amandes effilées, entre otras delicias. 

Los irlandeses de tercera clase hacen muchísimo ruido, beben y buscan bronca constantemente. Hay algunos sacerdotes que intentan apaciguar el ambiente, pero, aunque la grey es devota, no atiende a razones: en dos días de navegación se les ha ido el tiempo entre pelear y jugar a las cartas. Y tomar alcohol. Las mujeres callan,  rezan eternos rosarios y confían. En el Nuevo Mundo sus hijos harán algo grande. La señora Kennedy está segura de ello. 

Se acerca la noche decisiva, el Diario de doña Bárbara de las Heras calla de momento. 

 - Nos quedan muchos días para seguir plasmando las emociones del viaje, pero esta noche se presenta especial y no quiero que nada me distraiga. En cubierta hace mucho frío, pero en el gran comedor estamos en la gloria. 

Los comensales se acercan a sus mesas,  el escenario está preparado. Vemos a Miguelito del Canto, el guitarrista gaditano que acompaña a la pareja de flamencos. Los camareros empiezan a abrir cientos de ostras que colocan en grandes fuentes de plata tapizadas de hielo picado. Como un augurio funesto de la inminencia de la catástrofe. 

El telégrafo, inquieto e inquietante, repica mil veces con un importante aviso para la seguridad del viaje: se han avistado grandes masas de hielo en la trayectoria del Titanic y de no cambiar el rumbo de navegación, la desgracia será inminente. 

Pero el barco es un gigante, fuerte y duro, indestructible e insumergible. A prueba de icebergs y de cualquier obstáculo aún imprevisto. El buque es el símbolo de la fuerza y la pujanza que trae el nuevo siglo. Ningún elemento podrá dañarlo. Suficiente razón para manifestar su superioridad por encima de cualquier tipo de accidente.

Abajo se baila al son de un desvencijado piano y arriba se aplaude la actuación de la pareja española. Luego llegarán más bailes: Polkas y Mazurcas. ¿ Qué habría que temer en una noche perfecta?

De repente, a las 23.40 de la noche del 14 de abril se oye un enorme crujido, un sonido siniestro que avisa del choque que corta el casco del buque como si de un inmenso cuchillo se tratase. Algo no va bien. Frederick Fleet, el vigía de guardia ve la gran masa de hielo que se acerca como un monstruo inevitable e inesperado. El aviso de alerta resulta inútil,  el monstruo, rápido y certero, cercena la estructura del unsinkable. Hasta las entrañas. 

El hachazo se siente en todos los rincones del barco. El gran navío, el orgullo de la Harland and Wolff, está herido de muerte y empieza a hundirse a una velocidad de vértigo. La sorpresa, el pánico y el caos total, golpean a miles de personas que gritan aterrorizadas. 

Comienza la macabra cuenta atrás que marcará la vida y la muerte de todos de la misma forma en que se dividieron al zarpar: por clases, por lugar dentro del buque, por acceso al salvamento. Por destino marcado como dijeron las cartas.

Una vez superado el primer impacto es hora de actuar, y así se hace. Alrededor de miles de pequeños trozos de porcelana y cristal del maltrecho comedor de lujo la gente reacciona y se pone en marcha para salvarse y para salvar, como doña Encarnación Reynaldo, su dominio del idioma inglés la ayudará y junto a la brava Molly Brown, capitanea la salida del gran comedor, el acceso ordenado a cubierta, a los botes y a los chalecos salvavidas. 

Una de Oviedo y una de Arkansas,  valientes y decididas. Harán historia. 

Mientras la noche avanza y el buque se hunde irremisiblemente los de abajo forman una tropa cerrada para intentar lo que se presenta casi imposible: pequeños incendios, vías de agua y explosiones hacen más difícil escapar. El caos es allí aún peor, hay que subir, trepar, tirar de cuerpos heridos, luchar con la debilidad de niños y ancianos. La marea humana se dobla ante el empuje de la catástrofe. Beppe trabaja sin descanso, ayuda y organiza. Tiene que salir, tiene que alcanzar a la spagnola, necesita vivir y ayudar a vivir. Devo vivere, se repite, stasera non è la mia notte

Al igual que el valiente italiano, muchos otros tampoco dan todo por perdido, una ilusión vana que se escapa por momentos al comprender que todo se acaba en el océano helado. 

Doña Bárbara, tan aterrada como decidida, también ayuda en lo que puede, hasta se desgarra las blancas enaguas para taponar heridas. Jamás se imaginó el final de su vida en semejante trance y tan lejos de Ceuta. Testigo de malos naufragios allá por Los Hileros de Santa Catalina, no deja que el miedo la paralice y  por eso no se arredra. No es su intención, tiene que volver a cruzar el Estrecho de Gibraltar para volver a casa. Quizás no se embarque jamás, pero tiene que salir de esta. 

Salir. Es la muda consigna. Llegar a los botes, no hundirse.  Sobrevivir. Para eso estaban allí, para alcanzar la nueva vida que les prometían sus sueños... Aunque todos sabemos que no fue así. 

A pesar de la inmensa tragedia, el reloj es inexorable y cumple con su misión de medir el tiempo. Son las 2.20 de la madrugada. Aunque negro y estrellado, el cielo no refleja más que una noche cerrada en hielo y acero. Y la negrura del mar. El iceberg es un cuchillo que se acerca y el barco más famoso del mundo va entrando lentamente en la historia. 





Consumatum est

Todo se diluye y se pierde en el mar. En el mar... Pero en otro  mar, en otro viaje y en otro barco. 

- Nena, Barbarita, despierta, que ya se ve el Monte Hacho, espabila que estamos entrando en la bocana, que lo ha dicho el capitán Merayo. Vaya sueño que te has echado. Vamos, que luego no encontramos taxi y tenemos que tirar de las maletas hasta la Plaza de Azcárate. Ha sido una travesía buenísima, el Virgen de África ni se ha movido, así da gusto. Vamos, niña. 

Y a pesar del sueño...un poco de historia. 


De los 2.224 pasajeros que llevaba el Titanic, incluida la tripulación, murieron 1.496 personas en el naufragio, lo que significa el 67 por ciento del total.  Estas cifras varían según las fuentes consultadas pero ponen de relevancia la extrema gravedad del accidente del barco más famoso de su época y que alcanzó fama mundial a través de multitud de estudios, obras literarias y películas, como la oscarizada Titanic, de James Cameron
No fue el naufragio más importante de la historia de la navegación, pero sí el que ha originado más controversias, investigaciones y hasta leyendas.
En cuanto a los pasajeros, nada nuevo descubrimos al decir que fallecieron personas tan eminentes como Benjamin Gugenheim, John Jacob Astor, Isador e Ida Strauss, Walter Millet, Víctor Peñasco y su esposa Ana, entre otros muchos, conocidos y anónimos. 
Con respecto a los protagonistas del sueño, unos se hundieron en el mar helado y otros se salvaron,  como Carolina y Beppe, Miguelito del Canto, Molly Brown, Encarnación Reynaldo, la familia Goldstein, y Patrick Kennedy, y los Santuzzo, y Mateo Kovac y...doña Bárbara de las Heras y Nombril, que tardaría mucho tiempo en volver a embarcarse. Ni para festejar a la Virgen del Carmen. 

Pasaron los años, y los Estados Unidos de América siguieron recibiendo a emigrantes, miles y miles huyendo de las hambrunas, los pogromos y las miserias de la vieja y cansada Europa.
Hubo dos guerras mundiales y el mundo siguió adelante, pero nadie olvidó la gran desventura ocurrida aquella noche de febrero de 1912, una tragedia que hundió las ilusiones de miles de personas en un viaje corto, intenso y helado


CONSTANCIA DE LOS DÍAS:

-Y después de tanto frío, les aconsejo que calienten el corazón. Oigan a Roberta Flack, fallecida esta semana. 

Su cálida voz nos acompañará siempre. Y, nos seguirá... matando suavemente







sábado, 21 de febrero de 2026

BARBARITA RELATA. LA PEQUEÑA CRÓNICA DE UN VIAJE CORTO, INTENSO Y HELADO. PARTE II.

 



Mañana soleada en cubierta
  Diario de Bárbara de las Heras. Jueves, 14 de abril de 1912. Cubierta de lujo del Titanic. Mar en calma. 

 - ¿Cómo describir el placer y el disfrute de navegar en este barco? La intensa sensación ante tamaña magnitud no me hace sentir más pequeña, todo lo contrario, me convierte en otro titán de la misma altura y el mismo poder. Siento que me igualo en el desafío y mi estatura no decrece. 

 - Aquí estamos el gran buque y yo, una mujer que se siente poderosa por realizar un viaje que se hace trascendental para miles de personas, los de arriba y los de abajo. Como en la vida misma, y, a pesar de las diferencias ahí vamos todos a la búsqueda de nuestro particular Eldorado. Por placer, negocios o necesidad, una misma ambición nos une e impulsa con igual fuerza que los motores de este prodigio de la ingeniería naval. 

- No me gusta la gimnasia, así que paseo leo, saludo a algunos pasajeros y tomo nota de todo. Aunque no hablo inglés me defiendo en francés y en el lenguaje universal de la cortesía. No llevo servicio y  voy ligera de compromisos, excepto los contraídos conmigo misma. Febrero me inspira y el océano de color acero calma mis inquietudes. 

 - Tomaremos Langosta Thermidor y soufflé de chocolate. El Champán me ...

En este momento se interrumpe la narración de doña Bárbara. No pasa nada. Una gaviota, Pavanas, las llaman en su tierra, se ha parado junto a su butaca de descanso y la distrae del diario. 

El viento sigue informando de la existencia de los de abajo. La brisa traslada, como un recuerdo de esa existencia, los sonidos, los olores y hasta los colores de esta multitud humana abigarrada y expectante. Ellos también dejan sus impresiones. No cuentan con primorosos Diarios decorados en tela de seda, pero cualquier trozo de papel les vale para contar lo que ven sus asombrados ojos. Algunos con decisión, otros con recelo, se van acostumbrando a la vida del barco. 

Pero oigamos a Rachel Goldstein.  


Jóvenes emigrantes en camarotes de Tercera Clase. Recreación. 



- Hemos pasado una noche muy movida. El mar es oscuro y hay poca iluminación. La gente aún no se acaba de acoplar. Los camarotes son estrechos, pero están limpios, aunque lo peor es tener que compartir el comedor y los espacios para el aseo. Y los gritos... Todos gritan en sus propias lenguas y, al final, nadie se entiende. Creo que lo hacen para espantar el miedo:  a lo desconocido, el miedo al otro...al futuro . Yo temo que me roben lo poco que he traído y temo separarme de mi escaso equipaje. 

  - Nos han dicho que podemos subir a la cubierta de Primera Clase, sólo unas horas y sin coincidir con el pasaje . La vista es más bonita y el aire huele mejor, pero tenemos que regresar pronto a nuestro sitio de ruido y desorden. Las comidas son buenas pero poco variadas: comemos estofados, algo de carne de cordero o vaca, patatas y tocino, muy poco de lo permitido para los judíos. Poca fruta y no mucho más. Algunos traen alguna comida ya hecha: mi madre hizo Bretzels, carne fría y los deliciosos jalot, el dorado pan trenzado para el Shabat, aunque no creo que sea suficiente para tantos días y los pequeños tienen hambre. Pero creo que todo mejorará cuando lleguemos a Nueva York, el tío Max Steiner asegura que, además de trabajo, allí hay abundante comida kosher y por unas pocas monedas. Seremos felices y nadie nos perseguirá. 

 El aire es frío y hay que aprovechar la, para unos, limitada y para el resto libre, estancia en la cubierta principal. Las gaviotas, cormoranes y gansos forman nubes volátiles que se alejan en el horizonte. Se siente un rumor de olas que acarician la gran estructura del barco. Todos van y vienen a sus asuntos. Anochece pronto y hay que prepararse para una nueva velada donde correrá la cerveza y el champán, dos formas diferentes de beber la vida con diferentes clases de cosquilleo de burbujas y espuma.

 Pero eso no es obstáculo porque todos tienen un motivo para brindar, y esta noche volverán a hacer fiesta y la luna volverá a brillar. Hay mucho en juego y para sus deseos y esperanzas están jugando bien. Jugando a ganar. Lo dicen los dados y las cartas en jugadas de triunfo. 

La travesía, además de hacer pensar en el futuro, también deja espacio para las ilusiones románticas: el italiano Beppe De Lucía, altísimo y fuerte, callado y reservado, ha echado el ojo a una linda muchacha que baila flamenco al compás de sus castañuelas. Es Carolina, la bella spagnola de largos cabellos claros y ojos verdes, que parece que también le corresponde. Se acaban de conocer, pero el amor vuela ligero en estos tiempos inciertos. Dejémoslos con sus sueños. 

Doña Bárbara es feliz, aunque se siente algo cansada y no deja de preocuparse por las condiciones de seguridad del navío. Ha encontrado a unos cuantos paisanos españoles y eso la anima a conversar con más soltura. 

 - Me ha dado mucha alegría encontrar a más españoles en nuestro viaje a Nueva York, comenta don Víctor Peñasco, uno de los más conocidos representantes de la alta sociedad madrileña, que viaja junto a su esposa, María Josefa Pérez de Soto y su criada, Fermina Oliva. 

 - Nosotros vamos casi de incógnito porque no hemos comunicado a nadie esta aventura. Nuestras familias nos creen en París, confesaba la joven María Josefa a doña Encarnación Reynaldo, brava asturiana que, al igual que doña Bárbara, también viaja sola y, además, y para su suerte y la de muchos otros, dominaba el idioma inglés. Una baza muy favorable en el destino que les esperaba..

 - Es una gran suerte el buen tiempo de estos dos primeros días. Luce el sol y disfrutamos de una mar deliciosa. Esta noche, y para amenizar la cena de gala, contaremos con la actuación de una pareja de bailarines españoles: Carolina y Noé, que ya son muy conocidos en España y viajan a los Estados Unidos a cumplir contratos en el Belasco Theatre de Broadway. Los he visto ensayar esta mañana temprano en cubierta y me han parecido unos grandes artistas. 

De esta forma, Bárbara de las Heras se encontraba cada vez más a gusto con la nueva compañía de compatriotas y el aliciente de la actuación de los bailarines de flamenco, que le recordaban a su tierra. Así, todo se estabiliza y se disipan dudas, aunque sus temores vuelven a cada poco, como las olas. Con una cadencia exacta y de mal augurio.

La atracción por conocer las aventuras de los de abajo, se hace irresistible para la narradora. 

En ese apartado que recogía las ilusiones de tantos, se palpa la vida más que en ninguna otra parte del barco; la miseria es más fuerte que la opulencia -  claman - y nosotros también nos merecemos una vida mejor, piensa Beppe, mientras contempla fascinado el trabajo de los hombres de la sala de máquinas: con el torso desnudo, tiznados y exhaustos, como titanes del mar, tan fuertes le parecen al joven que había salido de su Bari natal con sólo una maleta de cartón, una muda de ropa y una medalla de San Nicola, el talismán más poderoso para afrontar el futuro. Él, al igual que los maquinistas del barco, también es fuerte y, además, está entusiasmado con Carolina, la bella ballerina, a la que algún día conquistará y hará su mujer. La mia moglie, sueña. 

Y con todas estas historias llenas de vida, tan diferentes como iguales, porque todos habrían de hacerse, o casi, iguales en el destino que les esperaba pocas horas más tarde. Pero ahora hay que preparar la gran noche, la grande soirée llena de sorpresas para los miles de habitantes del pequeño universo flotante que avanza hacia la fatalidad, como estaba escrito para ellos catorce años antes por el visionario escritor Morgan Robertson

Lo sabremos pronto, preparen el equipo de salvamento. 

CONSTANCIA DE LOS DÍAS.

Vuelve mi pequeño testimonio de lo sucedido en la semana (no se deben perder las buenas costumbres)  Y así mi brújula no se desnorta. 

. Entramos en Cuaresma y aún no hemos salido del Carnaval. Se libra la dura batalla entre Don Carnal y los preceptos de penitencia, oración y abstinencia. Así, se canta, se baila y se pregona ( con gritos cada vez más politizados) Y también se reza, se recoge el espíritu y se prepara el cuerpo y el alma para renovar los votos con una historia que, aunque siempre igual, nunca deja de ser diferente: es el destello que precede a la tiniebla que abrirá paso a la luz infinita y eterna. 

. Tom Hagen, el Teniente Coronel, Bill Kilgore...quizás, a bote pronto no les digan nada esos nombres, pero, a poco que piensen descubrirán a Robert Duvall, el genial actor estadounidense que nos brindó tantos y tan buenos ratos en las mejores de las mejores películas. Hasta siempre, mi Consigliere. Il migliore de la storia della famiglia del cinema. 

sábado, 14 de febrero de 2026

BARBARITA RELATA. LA PEQUEÑA CRÓNICA DE UN VIAJE CORTO, INTENSO Y HELADO.PARTE I

 


Doña Bárbara posa en cubierta



Dicen que uno de los mayores placeres de la vida es viajar. Ir de un lado a otro de cualquier sitio o geografía para disfrutar del conocer, de lo nuevo, inesperado e inolvidable, para enriquecer el espíritu y aprender de todo lo que se ofrece ante nuestros ojos y comprender la diferencia. 

Para entender al otro. Y, resulta que, en la era de los viajes inter espaciales y de los trenes bala y los coches supersónicos, que nos desplazan a la mayor velocidad, parece que a veces nos olvidamos de otra clase de placer en la forma de viajar: el marítimo. El que nos adentra a través de los siete mares y medio que en el mundo son para solaz de cuerpos y almas por mor del salitre y la brisa que evoca poemas y canciones...e historias de amor. Y de desastre.

Barbarita ha sido muy de viajar por mar desde la infancia, tal era la situación geográfica de su ciudad: o barco o nada, si queríamos salir al continente europeo y conocer otros mundos. 

Y, en esto de la conocencia de nuevos rumbos a través de la mar salada, estaba doña Bárbara de las Heras y Nombril, antepasada de la que suscribe,  mujer cosmopolita y echada p'alante en unos tiempos en los que las féminas no solían viajar a lugares lejanos, lo más, a tomar las aguas al balneario más próximo. Pero no para embarcarse a Nueva York. Que fue lo que hizo.

 Doña Bárbara sacó todos los ahorros que le proporcionaban las rentas de sus múltiples alquileres de propiedades en Ceuta: del Monte Hacho al Puente de la Almina, media ciudad era suya. Así que, a embarcar en el buque más moderno e impresionante de la época y a demostrar que podía gastar sus buenos duros en codearse con la créme de la créme de la altísima sociedad del momento.

Así se expresaba doña Bárbara en las cartas que conservamos. Con tal profusión de detalles como una documentada lección de historia, la historia de su desastroso, corto, intenso y helado viaje por mar. Por la época, creemos que fue la primera mujer caballa en liarse el petate con destino a, nada menos, que a Nueva York.  Pero vamos con sus cartas. 

 - Miércoles, 10 de abril de 1912. Parece que no llegaba nunca: de Ceuta a Málaga, una paliza, que continuó hasta llegar a Portimao, durante cuatro días de navegación en el velero Bonita Aurelia, y de ahí cinco días más a La Coruña en el Rey Navegante ( en los dos olía tan fuertemente a bacalao que jamás lo olvidaré) para, por fin, llegar a la isla británica con frío y unas nubes negras que no presagiaban nada bueno. Pero todo sea por bien ante la gran aventura que me espera para conocer el nuevo mundo. 

 - Zarpamos de Southampton, puerto importante, parecido a una feria, por el gentío que abarrotaba el muelle. Íbamos a salir. El barco indestructible e insumergible, el más moderno, potente, hermoso y marchoso que vieron los tiempos, iba a comenzar un viaje histórico. Y yo, que nunca había salido de Ceuta, y que lo más lejos que había viajado por mar era a Málaga, me encontraba formando parte de esta gran aventura y en Primera clase. Para codearme con lo más granado de la sociedad: banqueros, grandes industriales y potentados, aristócratas y artistas. Allá vamos.

 - El ambiente es de alegría desbordada, normal cuando se nos presentan unos días de lujo y comodidad a bordo de este buque de ensueño. Viajamos, entre tripulación y pasaje, más de 2.000 personas. 

 - Todo está perfectamente estructurado en tres clases o categorías : Primera, Segunda y Tercera Clase. Como la vida misma, una división por clases sociales...dinero. Entre los que quieren cruzar el Atlántico por el mero placer de experimentar qué se siente como un Neptuno del siglo XX, los que viajan por negocios, para abrir nuevos mercados, cerrar proyectos en los Estados Unidos de América, la nueva tierra de promisión, porque la vieja Europa está cansada y necesita fundirse con la savia nueva de un país tan grande como lleno de oportunidades para todos.

Para todos...eso es lo que pensaban los cientos de emigrantes de Tercera Clase: irlandeses, italianos y algún nórdico en franca huida de la miseria que azotaba sus países de origen. La hambruna todo lo puede y con esa lección perfectamente aprendida se lanzaron a la aventura de una, y mejor, vida, con la misma  ilusión y desesperación de quien no tiene nada que perder. Y ellos iban dispuestos a ganar. 

 - Jamás habría imaginado tanto lujo. Tenemos piscina, gimnasio , biblioteca, unos comedores espléndidos donde sirven la cocina más refinada; una orquesta maravillosa, un paseo de cubierta para tomar el aire y el sol y una escalinata digna del palacio más suntuoso. Con maderas nobles, metales dorados y terciopelos, todo presidido por una lámpara de miles de cristales que brillan tanto como las joyas de las pasajeras. El sueño de cualquier viajero.


Pasajeros de Primera Clase listos para la soirée de gala

- En el paseo por cubierta me cruzo con algunos de los grandes personajes que han dado caché a la nómina de pasajeros. De John Jacob Astor a Benjamin Gugenheim y la excéntrica millonaria - nueva rica- Molly Brown, de carácter alegre y campechano. Todos ellos, marcados por el signo del dólar, mantienen una animada charla y cambian impresiones contemplando la magnífica obra de ingeniería que  los llevará de vuelta a casa. 

 - Sin embargo, el paseo me ha creado una cierta inquietud al descubrir detalles que no me gustan:  parece que no hay suficientes botes de evacuación ni chalecos salvavidas. Somos muchos y resultarían insuficientes en caso de ocurrir una desgracia.

  Pregunto a un amable oficial que me comenta que no hay peligro, que todo está controlado. No olvide, madame, que viaja usted en el barco más fuerte y mejor construido del mundo, el auténticamente insumergible. No se preocupe que no corremos ningún peligro y llegaremos a Nueva York sin novedad. 

 - Una vez disipados mis temores en cuanto a la seguridad del barco, me dirijo a la Oficina de Correos, quiero ponerle un telegrama a mi contable, el padre Moguer, administrador de mis bienes y propietario de diversas parcelas en la zona del Sarchal. El buen sacerdote, listo como un águila, cuida de mi patrimonio para hacerlo prosperar y crecer viento en popa.

 - Dicen que dinero llama a dinero, y, quién sabe si en América se me presentan oportunidades de negocio. La confección de ropa está en auge en Nueva York y me gustaría hincarle el diente a alguna pequeña fábrica. La mano de obra es barata y se gana bastante. 

Dentro de los detalles de este corto, intenso y helado, relato, la autora descubre entre los papeles de doña Bárbara una serie de apuntes del ambiente general de aquella pequeña- gran ciudad flotante que, como apuntamos antes, estaba perfectamente dividida en compartimentos estancos, tanto humanos, como del mismo buque. Separaciones para no contaminarse con la miseria, separaciones para no hundirse en las frías aguas de un océano inabarcable. Pero no pensemos mal. 

 - Acabamos de salir, nos dirigimos a Cherbourg. Arriba, la orquesta ataca con brío el Vals de las Flores y abajo, suenan los aires de un organillo que interpreta con cadencia nostálgica O sole mio, la canzoneta napolitana que recuerda la tierra que se dejó atrás. 

 - En esta primera velada, en la Tercera clase, entre el ruido de la cercana sala de máquinas, el chocar de los vasos de cerveza y sidra, y el miedo al futuro, se encuentran Giuseppe, Beppe De Lucia, Jacob Meyer y John, Jack Kennedy. Aunque no se conocen, les une la misma ilusión y la misma incertidumbre. 

 - Ellos también cambian impresiones y fantasean con un Nueva York asfaltado con monedas de oro y alfombrado de billetes de color verde. Las mujeres, atentas a todo, gritan y también callan, acunan bebés, consuelan a los viejos y se afanan por construir un espacio propio en medio del gentío. 

Rosella Santuzzi, Rachel Goldstein y Mary O'hara, unas entre tantas viajeras. Ellas serán el pilar en el que se asentará el nuevo futuro que anhelan. Pero no fantasean con oro. Sueñan con pan, cama y un techo en la nueva tierra. Tierra firme donde dicen que hay sitio para todos y para todo, menos para el hambre.

 - El ambiente está en calma. El mar, aunque frío, está tranquilo y sereno. Continuamos viaje en el barco de los sueños. Porque, para eso estamos aquí. Para soñar. 

 - El primer día de navegación, la primer singladura, como dicen los marinos, ha resultado tan exitoso como prometedor de los buenos días que vendrán hasta avistar a Miss Liberty. 

 - Estoy encantada de haber emprendido este fantástico viaje. Mañana será otro día. 

sábado, 7 de febrero de 2026

BARBARITA CELEBRA. UN FELIZ AÑO DE LETRAS. ¡ GRACIAS A TODOS!

 




Con permiso, buenas tardes... 

Creo que esta fue la frase que encabezó la primera entrada, o poste, o como se diga, en este blog de mis pecados de letras que en estos días cumple su primer año de vida.

 Un bebé en la escritura que acompaña todas las semanas a gente que gusta de prestarle atención sin demasiadas exigencias y no excesivas críticas. La justas para espolear el deseo de superar la dificultad de realizar, a modo de inventario semanal el ejercicio de comunicar mis inquietudes y, que, también, de exorcizar y sacar fuera mis demonios internos. Que todo se traduce en este intento de hacer literatura de la mejor manera posible. 

Ha pasado un año y toca hacer una especie de balance a vuela pluma de lo escrito y lo vivido, de la siembra y la cosecha en un soporte que apenas entendía y por el que me moví (y aún) un poco como en tierra extraña, acostumbrada a las estructuras de las maquetas de periódicos y a los guiones para la televisión, esto era un saltar sin red. 

Pero salté. Sin red y sin pensar en éxito o fracaso, con confianza en mí misma y en mi potencial para juntar y dar sentido a letras y palabras...y con la confianza y los brazos de quienes estuvieron desde el principio, brazos para sostén y apoyo. Imprescindibles cuando se inicia una aventura en un camino tan conocido como imprevisible, que bien podría llevar al destino más insospechado. 

- Porque escribir no es tan fácil. Porque, ahora todo el mundo escribe. Porque eso no es un trabajo serio. Porque... Te vas a estrellar, Barbarita. La gente no lee, se cansarán pronto.

Pues, he aquí y mira por donde, y a la vuelta de un año, las letras siguen bailando tangos en el papel y en la pantalla para mi alegría y para la paciencia de las más de 11.000 personas que han entrado a esta casa y se han asomado a mis queridas Ventanas de papel

Y llegó el despegue. Con la obligada alusión a mi padre, el que me inculcó el amor por la letra impresa, y se fueron desgranando los temas, al filo de la fecha, de la oportunidad, la noticia o la curiosidad. Con recelo y miedo ante la reacción de los posibles lectores, que ya sabemos que hay gente que tiene aversión a asomarse a cualquier ventana. Y más si es de papel. 

Pero no ocurrió y este no fue el caso: la gente se asomó y se quedó a contemplar el paisaje de letras de esta que suscribe. Unos se quedaron y otros salieron huyendo como alma que lleva el diablo, que de todo ha habido en el recorrido de Dorothy, perdón Barbarita, por el sendero de la escritura. Aunque, y he de decir en mi descargo, que la mayoría se quedó. Por cariño, lealtad, paciencia o verdadera afición, vaya usté a saber, señor guardia. Pero se quedaron, permanecieron y aquí siguen, en primer tiempo de saludo, y a la espera de que siga el desfile. 

     UN AÑO DE LETRAS. DEL CORAZÓN A LOS ASUNTOS 

En este feliz año , Barbarita se ha ocupado del Carnaval y la Semana Santa de Ceuta, del Campeonato de Europa de Baile Retro de Torremolinos, del Día de la mujer, del Edadismo y las elucubraciones acerca del futuro. De su infancia en un patio de vecinos, caballa. Porque Ceuta es una luz y un motor que nunca se apaga a la hora de escribir. Y la radio que iluminó el apagón de abril, y la carta de amor a Machado y a Serrat , y el recuerdo a los que están atrapados en el pozo de su mala salud mental, y la atención a las personas dependientes. Y la Navidad, y el cuento de Reyes Magos, y el descubrimiento de la historia del bandido brasileño Lampiao y su María Bonita. Y relatos oníricos. Y relatos seriados de aficionada que quisieron hacerse carne aunque, quizás, no alcanzaron la definitiva corporeidad, con sus personajes, su paisaje y su paisanaje, muy queridos para mí y que alguna vez encontrarán su sitio definitivo. Y las aventuras de las Sabuesas en Asturias. Y muchos más. Hasta cumplir el primer año.  

Y entrevistas...una, otra y otra más. El pez en el agua. El placer de entrevistar. Y reseñas de libros, con más corazón que técnica y salvadas por la calidad de las obras en cuestión. 

AGRADECIDA Y EMOCIONADA ❤️

Y las gracias. Siempre, y desde el primer momento. A la culpable de todo este crimen literario, señor juez: a Pili Losada. Pilar Losada Navarro, Una casita en la Puerta de la Reina, Un cielo tan negro y estrellado, autora de mejores letras que ofició, sin saberlo, de Jorge Manrique, por aquello de avive el seso y despierte. Gracias por el impulso, la paciencia y el cariño para instaurar la confianza a la hora de saltar de mi particular trapecio de escrituras varias. Sin miedo al vacío, con confianza, torería y valor. Gracias¡¡¡¡

A todos los que confiaron en Barbarita desde el principio y han ido tejiendo una red  invisible hecha de fe y de paciencia, a través de una geografía extensa, me gustaría decir de Algeciras a Estambul, pero esas serían palabras mayores. Aunque sí desde Algeciras a Barcelona, Palma de Mallorca... hasta Israel. Que una es muy mediterránea. 

Y, gracias de corazón, a los que me ayudaron en los mil y un atascos que encontré a lo largo de este  viaje, tan lleno de ilusión como falto de certezas. Gracias a Susana Blanco, la autora del cuadro de las ventanas ilustrado con pavanas y la bandera de Ceuta, una muda declaración de amor a mi tierra. 

A mi familia, tan asombrada como ilusionada. 

A Antonio, el  Chico Ponce, por su labor puntual y eficaz en la búsqueda de documentación de algunos trabajos. A Marinés Bonilla, el alter ego de Ginesa Bandera, por sus divertidas historias y su manejo de la tecnología. A Alejandrina de Arte Mayor, pintora y poeta, por su interés y aliento constante.

A mi Margot, la cegata que aumenta la letra para leerme todas las semanas. A los que me siguen y a los que se quedaron en el camino ( el aburrimiento es libre). A mis seis Mujeres Hermosas. Al Club de fans del inmueble Santaella de Fuengirola, capitaneado por la rubia Cocó

A todos. De todo corazón, gracias!!!

¿El balance? Para mí, positivo, aunque ustedes tienen siempre la última palabra. ¿La intención? Continuar, seguir mientras la escritora o los lectores aguanten. De momento, Barbarita seguirá escribiendo Y continuará en su labor. Gracias, María Obdulia, de llegar a los que la esperan a través de este ajuste de cuentas consigo misma que se llama escribir. Ahora toca descansar... hasta el próximo sábado. 

Por lo pronto, Barbarita se embarca en el transatlántico de sus sueños. 

Ya les contaré. Hasta el próximo día y... Gracias de nuevo!!!!!!