Málaga, verano de 1918
Madre, me ha dicho el primo Paquito que van a abrir los Baños del Carmen. Es un edificio muy bonito, como los de San Sebastián y Santander, pero aquí va a ser mejor porque hace mejor tiempo. ¿ verdad madre? Tenemos que ir. Irán todos nuestros amigos, y los titos de Ronda, y los compañeros del Kotska.
Mañana es la fiesta de la Virgen del Carmen y allí estaremos todos. Me gustaría llevar papel y mis lápices para dibujarlo todo. Es un sitio muy bonito y vamos a pasarlo muy bien.
A bordo del Sinaia, un airoso mercante que aún se atrevía a surcar los cada vez más peligrosos mares con pasajeros de todo tipo, como los de nuestra fauna diversa. Legión de personas angustiadas, sin brújula y sin destino concreto; con el único afán de la huida. Huir hacia ninguna parte se había convertido en su objetivo. Unas veces por prudencia, otras por miedo, la más, por desesperación. Seres humanos con media vida rota, y la otra media por descubrir.
Y, en este nuevo trance, Javier Linaza, el pintor, malagueño y exquisito, rememora sus años pasados con la fuerza que da la nostalgia de lo perdido que comenzó envuelto en el torbellino de luz de su Málaga natal. Sal y sol, infancia feliz. Niño privilegiado de la burguesía de la boyante industria de la época: azucarera, textil y tabaco, entre otras, con nombres tan importantes como los Larios o los Ramírez y Pedrosa, puntales de la economía que convirtió a Málaga en una ciudad importante económicamente, y en la que el niño Javier creció rodeado de comodidades y de una ilusión temprana que nunca le abandonaría: el arte. La afición por el dibujo le llevó a la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, cuyas clases compaginaba con los estudios reglados en el colegio San Estanislao de Kotska.
Con los jesuitas, matemáticas, lengua y geografía. Dibujo, pintura, modelado y vaciado, con los artistas que fueron sus primeros profesores en San Telmo. Y, entre tanto, las excursiones a Ronda con los primos, a la Cueva del Tesoro con los compañeros del colegio, y a la playa de El Palo con sus padres y hermanos. El niño tímido que hacía castillos de arena a la orilla del Mediterráneo y que saludó con alborozo la apertura de los Baños del Carmen, estaba dispuesto a plasmar el paisaje y los tipos de su tierra y del mundo entero.
Y el gran salto a Madrid.
Nunca se sabe el cambio que puede dar la vida. Yo, que soñaba con pintar a la reina Victoria Eugenia con el collar de chatones, ahora voy siguiendo la estela de los de la Escuela de Madrid. Mi familia dice que son monigotes, pero yo estoy entusiasmado con esta nueva concepción del arte. Estoy experimentando de forma independiente a la de los cánones de la de San Fernando. Con todos mis respetos, busco otra cosa. Aunque sé que no me va a dar de comer, he descubierto que los nuevos estilos, surrealistas y cubistas, me seducen más que las académicas puestas de sol del Paseo del Prado. Pero nunca se sabe. Voy a participar en el Primer Salón de Otoño de Pintura y Escultura. A ver qué pasa...
Gracias a influencias y amistades, Javier logró hacerse un pequeño hueco en el mundillo del arte de la capital de España. Y merced a los tiempos que le tocaron vivir pasó de conocer una dictadura militar con el beneplácito real, a una república, que, en la que en materia de triunfos le iría tan mal como con Primo de Rivera. Precariedad y muchas ilusiones. Pero nada más.
Como dicen en mi tierra, "aquí está todo el pescao vendido" . Ni soy Picasso ni Miró, ni Juan Gris, ni Vázquez Díaz, ni los que ganan fama y dinero. Sigo siendo un pintor del motón con encargos de señoras ricas con bigote, y hasta el perrito de la misma. Así que, voy a tener que ir pensando en emigrar y veré como me las apaño. Mis padres hace tiempo que cerraron el grifo porque ni les gusta mi trabajo, ni en Málaga están las cosas tan boyantes como hace años. La burguesía va perdiendo terreno frente al movimiento proletario, y eso hace que se encojan los bolsillos de los ricos, porque el dinero tiene miedo.
En cuanto vuelva por el Café de Pombo, abordaré a unos amigos artistas que están en la misma situación que yo. Llegaron a Madrid llenos de ilusiones y al cabo de los años sólo han conseguido una exigua cosecha de lo mismo: ilusiones. Y bolsillos vacíos.
Hay un refrán español que dice que "mal de muchos consuelo de tontos". Pues así debieron aplicárselo sus amigos Alberto, Elena y Rafael. Nuestra fauna diversa en horas bajas y abocada al fracaso inmediato, que en rápido cónclave de caras de circunstancias ( cada uno con las suyas) decidieron poner tierra por medio y salir de una España que les negaba el pan de las pesetas contantes y sonantes, y la sal del éxito y el reconocimiento de un público esquivo y una crítica para la que no existían.
Y con estos recuerdos de infancia y juventud, de bienestar y fracaso, Javier Linaza ponía, junto a sus compañeros y cientos de personas más, rumbo a un puerto que los acogiera y los ayudara a empezar de nuevo.
Apenas importaba el triunfo. Ahora tocaba sobrevivir.
CONTINUARÁ...
CONSTANCIA DE LOS DÍAS: pasó El Carmen, y AQUELLA que arrastra multitudes por los siete mares nos bendijo a todos. Es el ecuador del verano, ya anochece un poquito antes y a Barbarita le causa un regusto agridulce de pérdida. Como un polo de fresa que se derrite sin que nos demos cuenta.
Aún quedan muchos días de verano, que diría Amaral, pero después de que la del Monte Carmelo pasee sobre su feudo terrenal parece que algo cambia. El mes de julio se hace más chiquito, y aunque la gente sigue celebrando la vida y el sol, algo cambió en la espuma que dejan los días al romper en la orilla.
Verano. Grande o chiquito, de montaña o de playa. Es tiempo de disfrutar de una buena paella o unas ricas sardinas. De bailar en las plazas de los pueblos o en las discos de lujo, que todo es bueno si es placentero. Pero he aquí que, entre tanto chundachunda estival, hay un personaje no invitado a la fiesta que se empieza a colar por todos los resquicios. Se llama Coronavirus, más conocido por COVID. Que, como cualquier otro Alien indeseado, sigue entre nosotros para dar más de un disgusto. Atención y precaución. Y a seguir la fiesta.
Muy interesante articulo con grandes verdades. Bravo
ResponderEliminarMuchas gracias. Me gustaría saber quién eres. Gracias de nuevo.
EliminarMe gusta mucho que profundices en los personajes. Como siempre bravo por tu relato. Es cierto, ya empieza a llegar algún olor y color que nos recuerda el fin del verano, la nostalgia del otoño que se torna muy caluroso en los últimos años.
ResponderEliminarDe tu Alejandrina con todo el cariño.
🫂❤️
Como siempre, se nota la calidad del 'Arte Mayor 'en tú comentario. Muchas gracias.
EliminarMuy bien documentado el origen del pintor, casi se le pueden seguir sus pasos por Málaga la bella. Gracias !!!
ResponderEliminarGracias a quien entrega el barro para modelar la carne de los personajes. Gracias de nuevo.
EliminarComo siempre genial ! Según voy leyendo voy viendo las imágenes de lo que leo en mi mente . Esperando la próxima entrega .👏👏👏👏 ( Marinés )
ResponderEliminarVamos conociendo a estos personajes entrañables. Va cogiendo forma para un gran relato. Esperando la siguiente entrega. Pilona
ResponderEliminarVan tomando forma. Este ' ensayo ' ya está descubriendo a la ' gente '. De ahí el extraño título. Ensayo con gente. Una tímida prueba con personajes en acción.
EliminarMuchas gracias, Pilona. Y, cuidado con los viruses.
ResponderEliminarPrecioso en muchos sentidos, no solo es preciosa la historia, sino también la pluma
ResponderEliminarby cheffrustrado
EliminarMuchas gracias.
ResponderEliminarEres increíble 😍 cuidado con el covid
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