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sábado, 23 de agosto de 2025

BARBARITA RECUERDA Y NO PROTESTA. EL OTRO VERANO.

 



Las personas que me conocen bien saben de lo poco dada que soy al verano. Más bien conocen mi casi aversión al tiempo que transcurre entre mayo y septiembre, con todos sus perejiles y consecuencias (negativas) para una servidora. 

Pues sí señor, a Barbarita no le gusta el verano. 

Y eso se ha hecho patente en las rajadas que le he dedicado en mis últimas publicaciones.

 Con saña, quizás, pero con la razón que me da el derecho a eso: a rajar y a quedarme tan tranquila. 

A la que esto escribe no le gusta que las temperaturas pasen de los 25 grados del Señor, y que todo se llene de gente, que las ciudades se colapsen por mor de que " es verano y, hala, hay que disfrutarlo". 

Que todo eso está muy bien, pero sin freírse. Sin tener que hacer colas ( como cuando éramos borregos acojonados por una pandemia) para comprar una barra de pan, o para comer un humilde, ¿ Humilde? plato de pescado. 

Sin tener que luchar para conseguir una mesa, y, a veces, para que te pongan un digno mantel de papel. 

Debe ser que la celulosa está muy cara, y, claro...

Y ustedes, mis queridos lectores, pensarán que esta Barbarita está chalá, que es una maniática menopáusica que no sabe apreciar los placeres del estío...

Pues puede que alguno lleve razón. Pero la que suscribe tiene sus razones y, sobre todo, recuerda otros veranos. Mis otros veranos. 

Ni estoy capacitada, ni quiero meterme en jardines para hablar del ' cambio climático '. Porque, tampoco hay que ser un Einstein, o don Mariano Medina, para darse cuenta de que las temperaturas han subido en los últimos años. Y, a mí, eso me fastidia mucho. 

Pero sigamos.

 Antes de ese ' cambio ', con esa palabra yo sólo conocía la que se refería a la moneda, y a un señor que pateaba las calles de mi ciudad, cesto al hombro, pregonando " cambioo", que, en castizo quiere decir " amioooooo". 

Bendita palabra. Y espero que alguien me entienda, porque hace mucho calor y no estoy para explicaciones. 

Pues que eso. Que ese otro verano era cálido pero no asesino. Las playas, aunque llenas, eran practicables y para comerte un pinchito o un volaor con un Kist, no había que guardar cola alguna. 

Y llegaba la noche. Y se dormía. Sí señores. Se dormía. Y, antes de entregarse a los brazos del señor Morfeo, se salía a las calle: a pasear y al cine de verano. Y con una rebequita poncima, que a partir de ciertos días de agosto ya apetecía. 

Y sin agobios de paseos petaos de gente dominguera del esparcimiento nocturno, muchas veces interrumpidos por un padre demasiado severo que te aplicaba eso de antes de que den las 10. Y que había que cumplir. Sí o sí. 

Y, los ( injustamente) suspendidos en junio, nos levantábamos muy temprano para ir a la academia de turno, pq había que recuperar y empezar el curso limpios. Y, por supuesto, no repetir. 

Y, más o menos, así transcurría el otro verano. 

Con verbenas y algun guateque , largas caminatas a la playa. Y feria. Como pocas de bonita y elegante. Con los radio cassette a cuestas para oír música sentados en una plaza o en el  banco de un paseo frente al mar. 

Y te picaba el cuerpo por el salitre. Porque nuestro mar ( o mares) era auténtico y fetén. 

Y poco de protección solar y mucho de asolearse a pelo. 

Y muchas cuestas, y muchas escaleras. 

Y muchas peñas y piedras , que entre piedras nos hemos criado, para trepar y lanzarse al agua más limpia del mundo. 

Y algunos colchones de playa sobre los que algunos se sentían almirantes de la Armada. 

Y los de un barrio para el opuesto, porque te gustaba fulanito o menganita y había que hacerse ver. 

Y balones de playa, y San Juan del Deus, y pipas de melón saladas y secadas al sol . 

Y Los cipreses creen en Dios, y La vida sale al encuentro, y El diario de Ana María. Y Corín Tellado, que también. Más escondida que el famoso Play Boy

Y cigarrillos sueltos. Y besos furtivos al son del eterno Miguel Ríos

Y la ciudad que dormía y despertaba para acoger todas estas vivencias que se repetían día a día con la naturalidad que trae el verano dominado por los caprichos del mar y el viento: de la rutina de las clases a las excursiones a la playa. De estrenar vestidos hechos en casa, a alisarse el pelo de la forma más rudimentaria y eficaz. Y pocas pelas.

De los primeros politos, Nickys, les decían también. Todos de marca indefinida y desconocida. Que lo de las marcas no había aterrizado aún en nuestras vidas. Pegados a cuerpos bronceados con aceite y vinagre o, algunos, la lata azul de Nivea.

 Sí señores, que no sólo era esperar la llegada del helicóptero, como mi querido Manolo Navarro, los balones azules también se vendían junto con el bote de crema. Un pack, que se dice ahora, que proporcionaba diversión y ayudaba a ponerse morenos a los humanos . Todo en uno. E infalible. 

De la edad de la inocencia al tiempo de las primeras picardías...Porque...Ni más ni menos. 

Que La portera de mi casa...ya se sabe. Y que, Pasajeros al tren, y gallegos también. ¡Sería por viajar!

Un galimatías no tan difícil de entender y traducir. Sólo recordar, sumergirse en el mar...y cantar a pleno pulmón. Que el sentido del ridículo tampoco se había instalado aún en nuestras vidas. 

Que no se me fue la cabeza, mis lectores de verano. Que hubo un tiempo, quizás no demasiado lejano, en el que sucedió todo esto.

Y, una vez más, aludiendo a Serrat: Dios y mi canto, saben lo que nombro tanto. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS: y ya que estamos en plan "buen rollo de verano" no puedo dejar de dar una pincelada gastronómico - estival sobre algo que nunca faltó en las mesas de los ' otros veranos', con permiso de los gazpachos, los picadillos de tomate y las sardinas asadas. Sin espeto. Con respeto, pero nada de espetos. Y nos comíamos las ricas sardinas tan ricamente. 

Y, me refiero a los higos chumbos. Los chumbos de toda la vida y por los que más de uno perdía la cabeza. He de reconocer que nunca lo entenderé, porque no me gustan, pero sí recuerdo la gran aceptación que tenían: verdes, amarillos o morados, constituían una delicia para el deleite veraniego. 

Higos chumbos, también llamados Higos Picos en las Canarias, como diría mi rubia favorita, y que mi amiga Ginesilla, me acaba de mandar directamente de Wonderland. Recuerden el sueño. 

Todo sea por el surrealismo fantástico que inspira el calor. 

24 comentarios:

  1. Barbarita no está hablando del verano ni del calor, a mí no me engaña.

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  2. Me ha encantado hoy también tu relato . Me he teletransportado a aquellos veranos de los años 60. Y cuando he visto los chumbos caí que lloro. En agosto siempre había chumbos en casa de mis padres , los enfriaba en un barreño de aluminio donde tenía varias barras de hielo . Aún recuerdo el señor que vendía los chumbos . Que había tenido que levantarse a a la 5 de la mañana para irse a las chumberas a recogerlos y luego pasaba pregonando por el barrio ¡ Que los llevo gordos y reondos! Y todos los vecinos salían a comprarle . Como me gustaba y me siguen gustando los chumbos . Y si, los veranos han cambiado mucho … en fin… cuando me alegra leerte Barbarita. Y es que cuando se han vividos momentos tan bonitos y divertidos . Siempre se mantienen en nuestros corazones . 🥰

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  3. Un relato lleno de recuerdos que me ha transportado a los entrañables veranos de nuestra ciudad. Pilona

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  4. Pues si querida Barbarita, esos recuerdos estivales bañados de luz de luna y salitre se echan mucho de menos. Ha cambiado mucho la cosa y ya es raro llevar una rebeca por si refresca. Los chumbos una delicia que nos traslada a ala niñez. Aquí en Barcelona no los he visto, una pena.
    Gracias por regalarnos un trocito de ti cada semana amiga.
    🫂❤️🙌

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  5. Ameno relato que me recuerda dias lejanos en una de las ciudades más bonitas y españolas de nuestro país, sin olvidar a Ceuta. Me ha gustado. Gracias.

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    1. Muchas gracias, mi santo favorito. Y siga usted endulzando su vida con aquel lejano " Sugar, sugar".

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  6. Que conste en acta que el segundo comentario Anónimo es el de la prima Ginesilla o MARINESI como me llamaba siempre mi gran amigo y hermano Eduardo Bandera . El siempre le ponía una i al final. El día que encuentre la manera de quitarme lo de anónimo lo voy a celebrar!

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  7. Que buenos tiempos querida Barbarita los que vuelvo a revivir contigo . Esas aguas cristalinas.....

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    1. Y lo siguen siendo. Pero, por favor, identifíquese. Muchas gracias por el comentario.

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  8. Será que hoy no me encuentro muy bien esos momentos lejanos me entristece que bonitos eran y no nos dábamos cuenta y teníamos una gran familia pobres pero con alegría de entrenar ese vestido el domingo para ir a la verbena,de verdad Barbarita me ha gustado mucho como siempre pero me has dejado con mucha nostalgia de chumbos de aguas cristalina en la peña de cine de verano ahora todos son recuerdos 🍀

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  9. 💞Gracias !!!! Que bonitos momentos ! Que recuerdos tan especiales ! verano del 78 en Torremolinos , comiendo chanquetes en El pez espada , éramos muy Felices con tan poco 💋🥹

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    1. Gracias, Mer. Tú nombre es mar en francés. Me alegro mucho haberte despertado esos bonitos recuerdos.

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  10. ¡¡!Ay, mi niña!!! Esa rebequita, cuánto la echo yo de menos...
    Me encanta, me emocionas y estoy esperando cada sábado para leerte.
    Tu querida flor del higo pico :)

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  11. Como siempre eres Bárbara relatando! Me haces vivir unos veranos que no son míos, pero que son fantásticos!!! De pequeña yo vivía lejos de estos mares, entre montañas, pero eran unos veranos tan distintos a los de ahora, que los añoro y mucho.
    Hasta el próximo sábado Barbarita, para seguir soñando.
    Un fuerte abrazo como siempre, entre Barcelona y la Costa Brava❤️❤️🥰😘😘😘

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  12. Quizás, lo mejor del pasado,
    es que nos enseñó a llegar hasta aquí. Espero, Barbarita nostálgica, que te dejes sorprender por el presente. 💝

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  13. Nena un bonito y emotivo relato, un beso

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  14. ¡Qué le vas a contar a un sesentero del Sarchal, que conoció al jebli del cambio, al jai de los huevos, a la Fátima de la verdura y las naranjas...... La playa de piedras, de la que a veces volvía uno "escalabrao". Que cogió y vendió chumbos en su niñez mangados de las huertas del Hacho. Que se colaba en los guateques porque aún era pequeño y no tenía pantalón de campana y camisa ajustada de cuello de pato y boicoteaba aquellos donde me negaban la entrada (les quitaba las bombillas). Que se enamoró de aquella francesita de padres emigrantes que todos los veranos regresaban a su barrio ...... Barbarita, "arfavó", no escribas más cosas de éstas, que me pongo muy triste, tristísimo.

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  15. Bueno, realmente ya voy poco a la playa... pero el otro día, después de leer el artículo anterior, en la playa miré al cielo, y volví a esperar que cayera la pelota de Nivea. Aclarar que en aquellas épocas cuando vivía en Marbella, estaba en la playa desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde, y eso de ponerme crema protección solar... era para los guiris blanco que con suerte llegaban al gamba rosado...
    Qué bonito recordar cómo era, pero sinceramente, me encanta cómo son ahora los veranos, donde la vida me da la oportunidad de elegir qué hacer y con quién hacerlo.

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  16. Pues a mí me ha recordado la imagen tan linda de esos chumbos tan ricos, una tarde en Ceuta, mis tíos decidieron dar un paseo para ir a coger chumbos. A mí me encantó la idea, pero un traspiés hizo que mi cuerpecito de apenas 10 años cayera encima de esa linda chumbera. La fotografía me ha recordado rápidamente esas púas clavadas en ambas manos y ese dolor que pasé aquella tarde jajajaja . Buen relato prima, así eran los otros veranos.

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