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sábado, 11 de octubre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LOS TRABAJOS Y LA CALMA. SIN PUNTO FINAL.





 


Aunque parecía que nunca iba a llegar el sosiego tras los duros años de dolores y malas mudanzas,  nuestra fauna diversa lo logró. Consiguió alcanzar la estabilidad en aquel país tan lejano y tan difícil, a pesar de todo lo bueno que se ofrecía a los refugiados, y de la facilidad de la lengua, la verdad es que era difícil. Muy difícil y complicado en el nuevo mundo del Nuevo Mundo. Había que afilar los dientes para agarrar la nueva, y última, oportunidad. 

Música, literatura y pintura..¡.en el cine!. Ya tenemos un camino abierto, hay muchos artistas que vinieron antes del desastre de todos los desastres, y ahí podremos encajar. 

Y encajaron. Aún no lo podían creer pero el trabajo fue llegando. Poco a poco, casi sin sentir. 

Al principio, con pequeñas incursiones en películas históricas y de corte español, con su propia copia a la mejicana, del casticismo y los modos regionales, que siempre fueron garantía de éxito. El país de acogida siempre conservó el gusto por los sainetes, las zarzuelas y los cuplés de principios de siglo, y en estas producciones comenzaron a andar un camino que siempre les fue grato...Nos quedamos

Porque todo no iba a ser mala suerte. El mítico El Dorado, de las leyendas de la conquista se hacía ahora patente en sus nueva andanzas. Habían llegado en buena hora. El cine mexicano acababa de inaugurar, aún sin saberlo, su famosa Época de Oro, una etapa de gran proliferación de producciones de alta calidad, que elevó al cine azteca, al nivel de la categoría de los mejores de su época. 

Y, de esta forma, y aprovechando por una vez la buena suerte, nuestros artistas se vieron subidos al carro de los peliculeros. Se codearon con los triunfadores del momento, los que ayudaron a crear una industria fuerte y potente, con la filmación de películas como María Candelaria, Flor Silvestre y La Perla, todas ellas dirigidas por el gran Emilio, Indio Fernández. Todas ellas de temática indigenista y en las que primaba la exaltación del Méjico rural, con la recreación de paisajes y personajes que llegaron a ser identificados con el gusto y el sentir popular de un país que sentía un creciente nacionalismo, tanto en la política como en el cinema. 

Tuvieron suerte. Suerte de trabajar y de seguir juntos. Javier Linaza, el pintor, malagueño y exquisito, pudo hacer figurines y decorados para películas como La hija del engaño y El gran calavera,  de Luis Buñuel, el compatriota que se iba haciendo un nombre en el panorama cinematográfico del país de acogida y que llegaría a ser de los más renombrados del séptimo arte nacional y europeo. 

Tanto Alberto Pinto como Elena Amselem, y tras su experiencia europea, lograron su sueño de escribir guiones  para el cine. Esta vez en paz y libertad. 

Al igual que sus homónimos estadounidenses Ruth Gordon y Garson Kanin, pareja de guionistas ganadores de un premio Oscar, los tangerinos soñaban, mientras escribían para los directores, Ismael Rodríguez, Nosotros los pobres, Roberto Gavaldón, En la palma de tu mano o Julio Bracho, Distinto amanecer, ganar también su gran premio: el Ariel, el máximo galardón del cine mejicano. Repleto de astros y estrellas cuyo fulgor se proyectaba por todo el mundo. 

El mismo brillo que alcanzó a Rafael Nogales. Olvidado ya de que un día saludó a Freud en Viena, ahora componía mil y una piezas para las producciones del cine nacional. Aunque tuvo que plegarse a las exigencias de los filmes folklóricos, también tuvo la oportunidad de escribir las mejores notas en los pentagramas de las mejores bandas sonoras. Desde marimbas costeñas a música incidental y bandas sonoras que se hicieron inmediatamente populares, con canciones como Malagueña Salerosa, de la película Enamorada del citado Emilio Fernández, Amorcito corazón, de Nosotros los pobres, de Ismael Rodríguez o Aventurera, 

dirigida por Alberto Gout

La calidad de los españoles era reconocida en los cenáculos de la cultura mejicana, y el cine no era una excepción, todo lo contrario. Era el vehículo más rápido y popular para hacer llegar la cultura a los rincones más alejados de la República. 

Y España, siempre presente. A pesar de la distancia. A pesar de todo. 

Las películas recreaban obras de autores tan nuestros como Blasco Ibáñez, La barraca, de Roberto Gavaldón, para alegría del compositor alicantino, sin olvidar los dramas de Benavente, La malquerida, con la gran Dolores del Río, Casona, La dama del alba, de Emilio Gómez Muriel. Y hasta el mismísimo don José Zorrilla, cuyo Don Juan Tenorio, atravesó el Océano Atlántico para quedarse para siempre. 

Para siempre...dos palabras tan sencillas como complejas, por su especial significado. 

Los años corrían y la fauna diversa crecía en trabajos y afanes. Y también en años. 

La fortuna o, tal vez, la casualidad, les sonreía. El Café de Pombo fue sustituido por el Café de Insurgentes. Ahí se reunían, al principio, con mucha, muchísima frecuencia y, cada vez menos con el paso del tiempo, pero aún se sentían presentes porque seguían juntos. Juntos para hablar, platicar, decían ahora. Juntos, para tomar un buen café caliente y ahuyentar el frío que nunca les abandonó. Juntos para recordar el pasado y para imaginar el presente en una tierra que no volverían a ver sino con los ojos de la nostalgia. 

A ellos se juntaron cientos, miles, de españoles que, con mayor o menor fortuna habían unido sus vidas a la de la legión de expatriados, de trasterrados que cumplieron su destino en tierra extraña. 

Malos tiempos que dejaron paso a mil y una clase de existencias: unas triunfantes, otras fracasadas, muchas trágicas, otras, diluidas en la nada del olvido.  

El tiempo fue afinando sus acentos originales para dejar paso al de sus hijos. Las palabras eran las mismas, pero la música era diferente. El orgullo les impedía reconocerlo, pero ya no eran los mismos porque ya eran otros. Seguían siendo trasterrados, siempre víctimas de un nuevo salto hacia una vida que tal vez no reconocían como propia. Una extraña peripecia de años, que parecía siempre un ensayo para la vida real. Una vida tan real como inventada. 

Por ellos y para ellos mismos. 

Un ensayo de gente. Un ensayo con gente. 

Aunque el invierno de sus días aún no había llegado. Algún día los volveremos a ver. Nos encontraremos en este blog. 

Cuatro personajes. Cuatro siluetas apenas esbozadas en un relato sin piruetas, quizás sin gran emoción, pero sentidos como reales. 

Volveremos a vernos. 



- CONSTANCIA DE LOS DÍAS: cuatro nombres propios. Cuatro nombres desconocidos sepultados bajo escombros: Laura, Dambelé, Alfa y Jorge

Al igual que los integrantes de nuestra fauna diversa, salieron de su tierra para buscar la vida. Otra vida. Desde aquí, nuestro recuerdo.
Descansen en paz. 

- Empiezan a sonar los nombres de los nuevos premios Nobel. Los tan esperados galardones para los aficionados a las quinielas imposibles. 

Por lo pronto, volvemos a tener un premiado en Literatura al que conoce poca gente: László Krasznahorkai, ahí queda eso. 

Esperemos buenos frutos de su árbol de letras. Dicen que escribe párrafos interminables de escritura amarga, casi sin puntos. Para eso, ya podrían haberse acordado hace tres años de mi admirado Javier Marías. Yo le habría votado sin duda. 

María Corina Machado: Paz. Quizás, uno de los más controvertidos por los factores que integran la siempre discutida elección. Paz. Lucha y compromiso con la libertad de su país. Enhorabuena, mujer valiente. 






































































































































































































4 comentarios:

  1. Cuánto nos enseñas, Barbarita. Gracias por compartir tus letras aquí y darnos la oportunidad de leerte. Sigue escribiendo esas historias que enganchan. ¡¡¡Hasta la próxima!¡!

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  2. Alberto Santiago Gauna Villar15 de octubre de 2025 a las 6:09

    Al leer atentamente las referencias al cine rodado en Mexico muy especialmente por Buñuel y el "Indio Fernandez" no puedo menos que acordarme de "Bajo el Volcán" de John Huston, que tambien trabajo el "Indio Fernández" la he visionado hace muy poco por segunda vez y encuentra ese cine tan querido por nosotros que nos emociona, a pesar de los años transcurridos tiene una vigencia hoy, muchos deberían visionar ese cine.

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  3. Gracias por compartir ! Un abrazo Barbarita 💋

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    1. Soy Mer !volví a caer en el anónimo ! Gracias por compartir Barbarita !Besos y abrazos desde Madrid 💋🤗

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