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sábado, 24 de enero de 2026

BARBARITA RELATA. LA DESASTROSA BODA DE LA SABUESA GINESA Y LAS MAGDALENAS DE NUNCA JAMÁS. PARTE II.

 

Cuanto más nos adentramos en el recorrido de una historia y cuanto más ahondamos en ella, cada vez se hace más difícil seguir el hilo, el tránsito de la lógica cuando el ánima de lo que se narra se va alejando, a gran velocidad, del camino de lo racional, de lo considerado normal, para acercarse a la vía de lo irreal. Y no precisamente maravilloso. 

Sí señores, porque al querer seguir contando a ustedes el desenlace de la boda de la Ginesa, mi pluma tiembla ante la posibilidad de trasladarles tanto despropósito sin causarles algún daño cerebral, tal fue la forma en la que se desarrollaron los  alocados acontecimientos que desembocaron en un epílogo de traca, de película del gran Luis García Berlanga. Con su jaleo coral, sus personajes excéntricos y su sabor a todo lo contrario que suene a normal, racional y sensato. Un gallinero alborotado es un campo de malvas comparado con lo que sigue en esta crónica de un casamiento gafao.



                SOLTERA YO NO ME QUEDO


Eso es lo que se dijo a sí misma la Ginesa cuando vio el feo panorama que se le presentaba: novio con varicela y culebrina, boda (no boda) alejada del horizonte de sus ilusiones, o soltería eterna con vistas a profesar en el  convento de las Carmelitas Pobretonas de Calahorra por exigencias del padre. 

 - Si no te casas...¡ A las Pobretonas de Calahorra. A recoger espárragos de madrugada!

 ¿Profesar? Para la novia canija era un sacrificio demasiado duro. Lo que viene siendo una putada. 

 - Y, no. No y no. Ni profeso en las Pobretonas, ni me quedo poyetona. Así que...¡soltera yo no me quedo!

Con lo cual, y ante este extraordinario panorama, sigamos con el segundo acto de esta deliciosa e insólita tragicomedia. 

Pues resulta, señores, que nos quedamos con un novio ingresado en Carlos de Haya - que no se escandalice nadie porque así se llamaba el hoy Hospital Regional, y así lo llamaba la mayoría de los malagueños. Un novio, medio muerto, lleno de manchas y mallugao por todas partes. 

Como pa casarse. Que aunque el muchacho tenía buenas intenciones, lo  que no tenía era el cuerpo para Mirindas, con lo cual...

No hay boda.

Y claro, a la Ginesa, que, además de canija era de natural impaciente la situación le estaba sobrepasando hasta un nivel ( clínico) preocupante. Muy preocupante. 

Recuerden que en el debú como sabuesa investigadora, ya se perfilaba como muchacha lista y menuda, aunque de corazón frágil, que no estaba para muchos sustos, con lo que decidió desembuchar en la oreja de don Eulogio Fernández de la Pilistra, el más eminente loquero de la Málaga de los años 70. 

Cabe recordar que en  aquella época, eso de ir a la consulta del sicólogo o siquiatra no se llevaba, como que no estaba bien visto. Eso quedaba pa los chalaos y las que (sobre todo mujeres) estaban malas de los nervios.

Pero, nuestra ya enloquecida heroína, que había empezado a cantar la mentada copla por los Callejones del Perchel seguida de un coro de niños que le gritaban poyetona, poyetona, decidió encomendarse a la sapiencia del mentado doctor. Ante la disyuntiva de la soltería, el claustro o la locura, acabó en la consulta del de la Pilistra. Y empezó a contarle. 

Esta es como la escena del sofá, pero con otro estilo.

- Mire usted don Eulogio. En realidad, a mí no me pasa nada grave. Vamos, que no estoy para el manicomio del Sagrado Corazón, pero, es que, verá usted...

 - Mi Johnny y yo ya llevamos varios años de relaciones. Él trabaja en un banco, y yo soy secretaria de una importante empresa multinacional.

 -  Entre los dos ganamos un buen pico. 

 - Pensando en la boda, nos compramos un piso precioso, con tres habitaciones, salón y cocina de lujo. Éramos los Rockefeller de Málaga, todo iba viento en popa, el futuro se presentaba espléndido y despejado de las nubes de las complicaciones...

Hasta que llegó la maldita varicela cuando faltaban quince días para la boda y me lo ingresan en el hospital. Así que, no me diga usted si no es para volverse loca.

 - Yo ni podía entrar a verlo. No había pasado ni las paperas, así que, nada de acercarme a mi pobrecito Johnny porque me podía contagiar.  Mi padre lo vio a través de un cristal . 

 - El médico dijo que, con suerte, en una semana podría levantarse de la cama. Y hacer reposo en casa. 

Pero las cosas no son tan fáciles como parecen, y los ánimos ya de por sí caldeados, habían llegado a modo olla express llena de lentejas a punto de explotar. Como don Luis Bandera, el padre de la novia que se subía por las paredes ante la deriva que tomaban los acontecimientos.

 - ¡Hay que anular la boda! ¡La boda, el restaurante, todo! Bramaba el descontrolado progenitor, que contaba entre sus antepasados a un combatiente de la batalla de Bailén de quien había heredado la bravura y la - justa- cólera.

 - ¡Varicelas a mí, de eso nada. Fuera boda y a otra cosa, niña! 

  Y ya con la caldera a punto de arder, la suegra también entró en escena: la asustada y mosqueada ( la tarta la quiso hacer ella y no la dejaron) Rosary of the Clock, que defendía a su niño con uñas y dientes. 

 - A lo mejor en tres días se pone bueno y se puede hacer la boda. Y así me daría más tiempo para hacer la tarta. 

Pero el padre de la Ginesa, que parecía salido de un drama de Calderón, seguía en sus trece. 

 - Mire usted, Rosario, que yo soy muy español y lo de Rosary me parece una chuminá. 

 - Mi hija no se casa con su hijo en estas condiciones !! Y con tantas pupas !! Que más que cara, parece que tiene una torta de El Almendro, o un piñonate de la Feria del Puerto de la Torre

 - Así que, déjese usted de tartas que ya está bien de chuflas. 

 Y la pobrecita novia, que no paraba de dar vueltas a su grillada cabeza buscando solucionar lo imposible, argumentaba...

 - Pero si ya está la tarta hecha…que la llevaban del obrador Cárdenas de la calle Ventura Rodríguez. ¿Qué hacemos por Dios, qué vamos a hacer?

La dura y amenazante realidad, que se les presentaba de golpe como el libreto de Capuletos y Montescos, imponía pensar con cordura y, ante todo, coger al toro por los cuernos. 

Pero sigamos con nuestra historia, que la solución también tiene su aquel.

El monólogo de Ginesa, la novia abandonada o la teoría del caos absoluto. 

 - Es viernes noche. Mi Juan del Reloj, sigue con mucha fiebre.

 - Las invitaciones repartidas

 - ¿Cómo avisamos a todo el mundo? ¿ Cómo le decimos a tanta gente lo que pasa y que se suspende la boda? A algunos se les puede comunicar, pero son casi 200 y no hay forma humana de notificarles a todos. 

A todo esto, media Málaga estaba en pie de boda a la espera del fausto acontecimiento: había invitados repartidos por hoteles, apartamentos, hostales y hasta en casa de parientes próximos...o lejanos, porque el casamiento iba a ser de campanillas y daban gambas y las famosas magdalenas rellenas de manteca colorá de los primos del pueblo. 

Nadie quería perderse tal acontecimiento, así que, peor se lo ponían a la pobre Ginesa, a la familia y a todos los involucrados en la organización de lo que, en un principio se presumía como " la boda del año" y que se quedó en el fiasco del siglo.

 Porque la gente es mala y rencorosa. Y no olvida. Uf, esto parece la letra de un tango. 

Faltan 24 horas, y el rumor ya es todo un rugido. Como el de la Marabunta. Pero sin Charlton Heston

 - ¿Y ahora qué hago yo con las gambas?, decía el tío del restaurante,  que era un poquito antipático y nada resolutivo.

 -  ¡Congélelas!, replicaba airado don Luis Bandera, que estaba ya hasta el copete de tantas complicaciones, porque, el día de antes se había pillado una mano con la sierra de su carpintería y andaba más manco que diestro. Con lo que su genio natural se había elevado, como su tono de voz, hasta la estratosfera del cabreo. 

 - Lloré, tomé tila, lloré más. Decía la Gine mientras hipaba y moqueaba a toda pastilla. 

Y el papá, que parecía don Gonzalo de Ulloa, el padre de la Doña Inés del Tenorio, juraba por lo bajo...

 - ¡Tu novio. Tu novio tiene la culpa de todo. Con la edad que tiene y coger la varicela. Desde luego, hija, la que nos ha liado!

Pero todas estas exclamaciones de cólera, pena, miedo y desesperación se quedaban en un concierto de gaitas sordas comparadas con la que se avecinaba. 





LA HORA DE  LA VERDAD. EL MOMENTO MÁS DURO

- El sábado, a la hora de la boda, me fui a la Iglesia del Sagrario.

 - Con vaqueros. Que se me caían, porque con todo el fregao había adelgazado a talla liliput. 

 - Ojeras. Grandes como las del antifaz de El Zorro. ¡Olé Antonio Banderas!

 - Temblando. Y no porque hiciera frío , sino por el caguti que me invadía al tener que enfrentarme a casi 200 personas que aguardaban en la puerta de la iglesia, ignorantes de la sorpresa que iban a llevarse y que no olvidarían nunca. Peor que encerrarse con una corrida de Miura, Victorino y Núñez del Cuvillo. Sin cuadrilla. Sin salida. Sin salvación. 

- Y allí estaban ellos: las mujeres con tocados, pamelas y estolas de visón, los señores de traje oscuro y corbatas granate, que era la moda. 

 - Algunos hasta con uniformes de gala de la Guardia Civil y sus correspondientes condecoraciones. 

 - Y yo, parecía que iba a comprar el pan. Como Umbral

- Me acerqué, expliqué atropelladamente lo que pasaba y... salí corriendo.

 - De la vergüenza de tener que contar con pelos y señales la cosa más surrealista que me había pasado en mi aún joven vida. 

 - Las caras… inolvidables.

 - Cuando salía, me acordé de un importantísimo detalle. 

 - ¡La tarta!

 - Aquella torre de 7 pisos de bizcocho y merengue rosa iba ya camino del restaurante y con el embrollo que teníamos encima, ni nos acordamos de ella. 

 - Se quedó en el limbo de las tartas de boda.

 - No sé quién se la comió, pero, aunque ni la vimos ni catamos la pagamos.

LA BODA BIS. QUINCE DÍAS DESPUÉS

Pero como no todas las historias, aún tan inverosímiles como esta, han de terminar mal, porque ya nada podía ir peor, quince días después, Ginesa Bandera y Juan Carlos Pérez del Reloj se casaron. 

 - ¡Soltera yo no me quedo! Pero...

 - Sin la Coral Sancti Spiritu y su famosa Ave María.

 - Sin la mayoría de los invitados:  los de relumbrón, los de compromiso, los compañeros y hasta algunos de la familia, caso de los primos panaderos, los Levadura, que se llevaron las 50 cajas de magdalenas y ya no volvieron...Nunca jamás. 

 - Años más tarde nos enteramos de que habían dejado de fabricar los apreciados y originales dulces porque quedaron completamente traumatizados por la no boda

 - Nosotros, que vinimos a Málaga con toda la ilusión del casamiento, y que era la primera vez que cerrábamos el negocio, ahora resulta que ni boda ni na. Así que, nos volvemos pal pueblo y nos llevamos nuestras magdalenas, que esta gente no tiene formalidad. Se lamentaba agriamente el primo Mariano, volviendo a apretar con fuerza las cuerdas que ataban las cajas de los dorados dulces. 

 - Nos vamos. Y se fueron. Sin mirar para atrás. 

 - El cura tenía prisa:

 - Venga, rápido, que tengo otra boda.

 - Nos casó en 10 minutos.

 - Más corto que un fandango.

 - Las gambas descongeladas, malísimas.

 -  Sin baile, porque había otra boda ya contratada para ese día, con lo cual nos arrinconaron en un saloncito que más bien parecía un trastero. 

 - A las diez de la noche, final, despedida y cierre. 

 - El alma se serena...O, al menos, eso creía yo. 

LA NOCHE DE BODAS. REMATE FINAL

Primera noche de casados.

- Habitación preparada, tálamo nupcial rematado con una moderna repisa primorosamente tapizada por el primo José Antonio de Fuengirola, en el cabecero.

 - A esto que Juan Johnny, enardecido ante la expectativa de una noche de amor desenfrenada, se levanta eufórico de la cama, se tropieza con la repisa, que era de madera de roble, hecha en la carpintería del suegro y...se abre una brecha en la frente. Para hacer efectivo aquello de la primera, en la frente

De nuevo, camino del hospital.

 El Juan, escalabrao, la Gine, conmocionada y temblando bajo el ligero abrigo que sólo le tapaba el camisón y el salto de cama. ¡Menudo salto!

Y aquí se acaba la historia. Tal como me la contaron la cuento. 

Ginesa Bandera y Juan Pérez del Reloj llevan ya 50 años casados y, de vez en cuando, recuerdan aquella peripecia inolvidable. 

Y cuando alguien les pregunta que cómo fue su boda, ellos, entre miradas divertidas y sonrisas de complicidad, siempre contestan: romántica no, memorable, sí. 

¿ CONTINUARÁ?
























































































10 comentarios:

  1. Que amena lectura. Lo que le costó casarse a Ginesa Bandera ! Yo ante tantas señales hubiera optado por no casarme . O sea, que las magdalenas se fueron de vuelta ! 😂😂😂

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  2. Esta boda fue de traca !! Magnífico relato y es que a veces la realidad supera a la ficción . Enhorabuena Barbarita . Escribes que da gusto .

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  3. Ya más cosas no le pasarían no ? 😂😂😂😂

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  4. Jajajajajajajajaajaja pobre Ginesa. Aunque nos riamos de la desastrosa boda, los protagonistas lo pasarían mal. Enhorabuena Barbarita por tu relato .

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  5. Pobrecita la Ginesa ... Pero y el marido? Hasta en la luna de miel jijijijiji
    Barbarita me encantas❤️

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  6. Jajaja, pobre novia... pilona

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  7. Madre mía, qué odisea más grande... ¡¡¡Al final, el amor lo supera todo!!! Me ha encantado, Barbarita.

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  8. Pensé , que lo harían casarse con fiebre y varicela ! Pobre Ginesa !

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  9. Que boda más desastrosa!! Y que bien me lo pasé mientras leía.

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  10. Hola ! Soy Ana Mary , menuda odisea para casarse , un gran relato Barbarita

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