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sábado, 4 de octubre de 2025

BARBARITA PREGUNTA Y DISFRUTA. EL PLACER DE ENTREVISTAR. PEPE SIBAJAS, EL GAVILÁN DE LAS LETRAS.


 Dentro de las opciones que da trabajar con una herramienta tan versátil como un blog, en el que dicen que todo cabe, está la posibilidad de publicar entrevistas. Ya saben, gente interesante que tiene mucho que decir, o, quizás que callar. No sabemos. Pero, el placer de entrevistar se hace patente, una vez más, a través de estas Ventanas de Papel. 

Dentro de la galería de perfiles que poco a poco voy creando a través de conversaciones y curioseos, no podía faltar la figura de nuestro personaje de hoy. 

Querido y admirado allá por donde se le ha conocido, José Sibajas Gavilán, Pepe Sibajas, merece un lugar destacado por su curiosa biografía, sus logros y hazañas y, sobre todo, por su inmensa estatura humana. De profesión, artesano de la pastelería, de vocación, escritor y super atleta. Campeón del deporte. Campeón de las letras. Campeón de la vida. 


P- Cuénteme algo de sus primeros años. Sus inicios. 

R- Nací en Fuengirola, en el año 1947. Hijo de Enrique y Antonia. Tengo mis raíces en esta ciudad.

P- Era usted un buen estudiante y también un gran deportista.

R- Estudié en el colegio María Auxiliadora y, más tarde con don Francisco AlcázarEl bachillerato, a falta de institutos en la ciudad, lo hice en los Maristas de Málaga, . 

Pronto destaqué en el deporte sobre todo en Atletismo, recibiendo a los 16 años el trofeo al mejor atleta de Málaga y provincia. También practicaba la natación pero por afición y no de forma competitiva. 

Al terminar Preu, en Málaga no había universidad y marché a Granada para hacer selectivo de Ciencias, aunque, he de decir que, en mi ADN llevaba las letras y suspendí. 

Al año siguiente ingresé, fui alumno fundador en la recién creada Facultad de Política y Económicas de Málaga, a la que me adapté. Una carrera difícil que se truncó en el momento menos esperado. 

P- Cuando todo iba sobre ruedas ocurrió algo que cambió su vida. 

 R- Así es. En el tercer curso de carrera tuve que abandonar por problemas familiares, lo cual me causó un gran trauma. Tuve que hacerme cargo del negocio familiar de pastelería. Luego llegó la mili, me mandaron a Baleares -otro mazazo- pero no tuve mas remedio que adaptarme. Compré libros, muchos de poesía, con mi Biblia poética, La mil mejores poesías de la Lengua Castellana, que compré en Mallorca. Y ya de regreso, de lleno al negocio. Durante 45 años más.

P- Es cuando el poeta se convierte en pastelero...a la fuerza. ¿Cómo era aquella empresa que aún se recuerda en Fuengirola?

R- Una empresa familiar. Mi padre fue un gran profesional y artesano de la pastelería y gran innovador. 

De él aprendí el oficio. Aún después de más de 9 años jubilado todavía me reclaman las PlumillasPanecillos de  Reyes, y los  Roscos Pata Negra. Los primeros, invención de mi abuelo y los segundos mía, con los fundamentos de los de mi padre.  

P - Pero usted nunca abandonó sus aficiones literarias y deportivas.

R- Con esta actividad desbordante no me daba tiempo para mis aficiones deportivas y culturales, pero el tiempo que sacaba lo aprovechaba. Desde pequeño, en los primeros años del bachillerato me marcaron dos grandes poetas, aunque tampoco dejaba a un lado la prosa, me refiero a don Pedro Calderón de la Barca y su inmortal obra, La vida es sueño. Asimismo, he de referirme al malagueño José Carlos de Luna y su famoso Piyayo .

P - El gitano de la Cruz Verde es su debilidad...

 R- Es un personaje literario que me apasiona. Cuando era estudiante en Málaga, tuve la oportunidad de conocer el ambiente de los gitanos de aquel barrio que tan bien retrató De Luna. Y en cuanto a la obra, casi todos los años  recito los versos en reuniones y jornadas literarias. 

P - Ha sido usted pionero en la organización de tertulias literarias en la ciudad. 

R- Así es. Unos años antes de jubilarme me animo a organizar tertulias en mi obrador y, con unos amigos creo  la página Amanecer  Fuengirola, con la intención de recordar nuestra historia, costumbres, tradiciones e inquietudes poéticas. 

P - ¿ Qué significa Fuengirola para usted. Cómo la ve en la actualidad?

R - Hoy Fuengirola es una gran ciudad aunque se echa de menos el encanto de aquel pueblo de pescadores y casitas encaladas. En la posguerra se pasaban necesidades, hasta que, ya en los años 60, llegó el turismo y con él, la prosperidad y el desarrollo.

P -¿ Tuvo alguna tentación de entrar en política?

RTuve mi tentación política pues mi pueblo me duele mucho. Con la llegada de la democracia, en las dos primeras legislaturas hubo un gran deterioro, sobre todo cuando nos engañaron y nos derribaron el emblemático Mercado de  Abastos. El centro se convirtió en un autentico basurero, por lo lo que, junto a seis amigos y en mi pastelería, creamos el G:I.F.,Grupo independiente de Fuengirola. En el año 86. 

Yo fui vicepresidente fundador. Y así empezó el cambio que llevó a Esperanza Oña a la alcaldía de Fuengirola. 

P - ¿ Cómo le gustaría ser recordado, como gavilán o como paloma?

R - No me gusta el protagonismo, prefiero el término medio, pues por mi temperamento e inquietudes, a veces enseño las garras, y otras me la meten doblá. 

P - Por su trayectoria, profesional, literaria, deportiva y como vecino preocupado por el bienestar de la ciudad.¿ Se considera una persona reconocida en Fuengirola?

R - Aunque se suele decir que nadie es profeta en su tierra, tras muchos años de actividad y de conocer a muchas personas, creo que  me siento querido por mucha gente. Por muchos ciudadanos de dentro y de  fuera. 

P - Expréseme un deseo.   

R- Lo que se suele pedir, como digo de forma jocosa, ¡¡Que me quede como estoy!!

 Me gustaría conservar la memoria y la lucidez hasta el final . Ese es mi gran deseo. 


José Sibajas. Gracias por su tiempo. Gracias por tantas letras. Por tan buenas letras. 

De Pata Negra. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS: ya huele a feria. 

En llegando octubre, y con los últimos coletazos del calendario de fiestas de Andalucía, la feria de Fuengirola vuelve a revalidar el título de una de las más importantes de nuestra comunidad. Me atrevería a decir que no se baja del podium de las tres mejores. 

Infraestructura, climatología, ambiente dentro y fuera del Real; unas peñas hermosas y acogedoras donde no hay numerus clausus para la alegría. Caballos de raza, los más bonitos  trajegitana en kilómetros a la redonda, o a la cuadrada. Que igual da para describir la belleza de un rito extraordinario que se repite cada año.  

Para grandes y chicos. De la Chari a la Pili. Ya huele a feria. 





sábado, 27 de septiembre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. MÉJICO. LOS TRASTERRADOS.



MÉJICO LINDO Y QUERIDO.  



Con el título de una archi famosa canción. Así es como se conocería mundialmente a la capital de la República Mejicana, el lugar en el que millones de personas tenían puestas sus esperanzas. Una ciudad que les pareció un mundo, porque era el mundo entero. 

Era el mundo entero para nuestra gente de la fauna diversa que, desde el perfumado Veracruz, el puerto donde se volcó la inmensa ola de los miles de refugiados españoles que buscaban con ansias y miedos una nueva vida, ahora paraban. Plantaban sus cuerpos y sus almas en el lugar más contradictorio que hubieran imaginado, pero allí estaban. Con ojos de incredulidad y esperanza, aquellos que habían conocido la más famosas ciudades de Europa, ahora anclaban su desesperación en esa última estación del camino. 

A lomos del inmenso ferrocarril, el que llevaría a los soldados de aquella cruenta Revolución que aún flotaba en el ambiente, Elena, Rafael, Alberto y Javier dijeron un ¡basta ya! a tanto tiempo de sufrimiento y se dispusieron a comerse el panorama que se les presentaba en la nueva tierra de acogida. La de mujeres hermosas y de los hombres valientes, que decía otra canción patrimonio de una cultura popular que ellos, sin saberlo aún, tanto contribuirían a crear. Había llegado su hora. 

La hora de los Trasterrados.

Pero no todo es tan fácil ni se sucede tan rápido como se desea. Rafael, Alberto, Elena y Javier, eran cuatro gotas de agua perdidas en el inmenso océano de los miles de hombres y mujeres que soñaban con abrirse paso en el nuevo país de asilo. La política de bienvenida del presidente Lázaro Cárdenas, era, en efecto, una mano tendida a los hermanos españoles, pero eran muchos. Demasiados. Aunque, y ya en esta tesitura vital, era el momento de decidir el futuro a una jugada. A un albur, como se decía allí, y hacia ese futuro encaminaron todos sus esfuerzos. Buscan gente para el cine, la guerra mundial está favoreciendo la producción nacional, y necesitan gente de nuestra talla y nuestra experiencia

El principio no fue sencillo, pero la decisión extrema de nuestros artistas les hizo asomarse a los Estudios Azteca, situados en Coyoacán, la primera empresa que se dedicó a la producción cinematográfica y que se creó como una fábrica de sueños, al más  puro estilo de los homónimos de Hollywood, aunque con un sello propio: el de resaltar la cultura de un país que salía del caos revolucionario para entrar en una época de modernidad en la que primaban la exaltación de lo autóctono con películas de las llamadas rancheras y de recreación de un Méjico perdido en la memoria: los años del Porfiriato, como un tiempo idealizado que hacía soñar a los nostálgicos. 

Había mucho que hacer: pintar decorados y diseñar figurines y vestuarios, lo que dio trabajo - y vida- a Javier Linaza, el pintor malagueño. Cuadros y más cuadros de tunas y guitarrones, de desierto y de grandes montañas, de aguas y barcas de pesca y velas imposibles. Y la gente. Los tipos más diversos que se fundían en uno solo. 

 Los guiones, de los temas más diferentes, cayeron en las manos de Alberto y Elena que, asombrados, pasaron de las historias del Expresionismo alemán, con sus luces y sus sombras, a las de charros cantores y mujeres de negras trenzas, tan aguerridas como abnegadas. Nada que ver con El ángel azul. Aquí, los ángeles son de todos los colores, ironizaban, entre la sorpresa y la expectación por lo nuevo. Porque, para ellos, para todos ellos, todo era nuevo. 

Y qué decir de la música. Si a Rafa Nogales, el que soñaba con componer grandes obras sinfónicas y    al que al que saludó una vez el mismísimo Sigmund Freud en un café de Viena, le parecían ramplonas y vulgares las músicas de las películas españolas de los años treinta, ahora se encontraba con la horma de su zapato. Los rasgueos de las guitarras de las producciones folklóricas de  charanga, pandereta, cortijos, toreros y bandoleros, se quedaban en nada comparados con las canciones rancheras, las tonadas de la gente del campo y los sones del arpa y la marimba de la costa veracruzana. Recreadas una y mil veces en cientos de producciones. 

Pero había que comer, había que integrarse y había que abrirse camino a como diera lugar, en una forma de asimilar las expresiones de un país cada vez más volcado en lo propio y que exigía mejicanizar hasta el aire que se respiraba. 

Ese era su nuevo reto y ante él tendrían que rendir sus horas y sus vidas. 

Durante todas sus horas. Durante todas sus vidas. Hasta que las raíces fueran tan fuertes que hicieran desaparecer la sensación de frío que les acompañó desde que salieron de sus mundos propios, y que nunca, nunca dejaron de sentir. A pesar de esas mismas raíces, a pesar de la lengua, a pesar de la acogida. A pesar de...

Nuestros artistas tuvieron, ¡por fin! la suerte y el éxito que tanto habían buscado y por el que tanto sufrieron y dieron tumbos de equipaje roto por la vida y los años turbulentos y sangrientos que les tocó vivir. Ahora era su hora. La hora de todos en los esplendorosos años del Cine de Oro. 

Aunque no todo fue de color de rosa. Los brazos abiertos del delirio de la llegada se cruzaron en muchas ocasiones. El ejemplo de Morelia podía ser una advertencia. 

Por el momento eran los hermanos españoles, más tarde serían Los Gachupines. La fauna diversa se mimetizó con el paisaje y el paisanaje, en un último intento de sobrevivir. Sus nombres rotulaban las pantallas y los carteles. 

Lo consiguieron: trabajaron, vivieron y amaron en los años de triunfo y en las generaciones que les recordaron. Allí, se asentarían para siempre con fructíferas raíces. Aunque siempre siguieron sintiendo frío. 

Nunca los olvidaremos, en sus días y en sus obras. Continuará...

- CONSTANCIA DE LOS DÍAS 

Acaba septiembre, y una niña rubia y un hombre bueno, cumplen años. El mismo día, qué casualidad!! A por muchos más. 

- Aunque no se quiera, nunca falta la nota luctuosa: Claudia Cardinale, siempre en nuestra memoria, del brazo de Delon y Lancaster, está en un baile memorable. Puro Visconti. Lujo e historia. 

También estuvo por la costa del sol de la mano de Javier Checa, el mago de las locas ideas. 

Comida en el Higuerón y rendida admiración. 

Es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Bravo, Lampedusa. 


sábado, 20 de septiembre de 2025

BARBARITA Y LAS VIDAS DE LEYENDA DE LOS BANDIDOS BRASILEÑOS DEL SIGLO XX. HISTORIA MÁGICA DEL BANDIDO LAMPIĀO Y MARÍA BONITA, POR EL PROFESOR ANTONIO NADAL.


 


LAMPIĀO Y MARÍA BONITA.


En esta ocasión, y por primera vez, Barbarita no firma lo que escribe ni protagoniza la historia de cada sábado. La autora se echa a un lado para dejar paso, con orgullo,  a una colaboración de lujo: la del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Málaga, Antonio Nadal Sánchez, de quien tuvo la gran suerte de ser alumna y que ahora le permite publicar un pequeño pero intenso relato sobre la vida y hazañas del bandido Virgulino Ferreira, conocido como Lampiāo, y la de su enamorada, la llamada María Bonita. Unos personajes tan fieros como entrañables en el más subjetivo sentido del término. 

Léanlo despacio y disfruten con una historia donde la magia habita en un grupo de bandoleros ataviados con ropas llamativas, algunos, casi atildados para un terreno salvaje, y con el detalle burgués de una máquina de coser en un escenario de violencia y sangre. 

 Lampiāo brilla con el fulgor de una lámpara de fuego. María, la Bonita, le sigue enamorada. Hasta el fin de su destino. 

La epopeya bandolera del Noroeste del Brasil.

 

Hace algún tiempo la fortuna puso en mis manos una investigación excepcional, un libro mágico por la distancia sin tiempo comparado, donde el mito consigue subvertir la muerte y el dolor embellecer la literatura

Por Hobsbawm conocíamos una cita bibliográfica en Bandidos (1969). Después, traducido al castellano, pude disfrutar de “Os Cangaceiros” de María Isaura Pereira de Queiroz, ilustre historiadora brasileña. 

Pese a publicaciones posteriores (Peter Singelman, Linda Lewin, Billy Jaynes Chandler), como dice Hobsbawm “Os Cangaceiros”... tiene todo lo que hay que saber sobre el bandolerismo en el Brasil”.

            La epopeya bandolera brasileña posee su propio rey de la caatinga (bosques ralos de cactus y matorrales espinosos): Lampião (farol, linterna grande). Virgulino Ferreira, el príncipe del Sertón.

            Lampião ocupa el centro del libro de María Isaura. Su origen no está alejado de las causas más elementales del bandolerismo, de quienes actúan al margen de una ley considerada un apéndice de los poderosos.  El escenario de sociedades sin Estado.

            Virgulino quería venganza: El día que acabe con los Nogueiras -habría dicho- o los expulse de la Serra Vermel -ha -como hicieron ellos con mi papá-, podré morirme; mas si antes de eso una bala perdida me alcanza, entonces partiré, sólo que muy agobiado con el corazón oscuro. Estoy esperando la oportunidad que me permita hacer el trabajo de una sola vez, para que no tengan que regresar luego a completar la obra.

            Los tres hermanos Ferreiras, otra de las alianzas que configuran las resistencias asociales -no tardaron en hallar la banda de Sinho Pereira, y poco después recibieron el verdadero bautismo de fuego. Orgulloso, Virgulino le comentó al jefe que durante la balacera con la volante policial su fusil no había dejado de relumbrar como un Lampião.

            Los cabras encontraron muy gracioso lo que dijo, y Luis Padre anotó que ya no caerían más en las emboscadas de los volantes, por falta de un farol para iluminar el camino. 

Desde ese día, Virgulino Ferreira da Silva empezó a ser conocido como Lampião. Y del cañón de su espingarda -arma que más tarde reemplazó por un fusil del ejército, regalado de las autoridades federales- brotó un fulgor, luz lívida y siniestra que por más de quince años iluminó los sertones de Nordeste.

            El cangaceiro tenía treinta y tres años cuando Ranulpho Prata -investigador que recogió con mayor o menor fortuna sus crímenes- esbozó su figura basándose en descripciones que oyera: Virgulino Ferreira es de color bronce oscuro, tiene 1,90 metros de estatura, torso fuerte, cabellos negros y lisos que caen sobre los hombros, facciones duras aunque armónicas, sin ningún físico de atavismo. Excelente dentadura. El ojo derecho -inservible por culpa de un gajo de jurema- lagrimea constantemente, protegido con anteojos de montura de oro... Lo que más impresiona en su extraño físico son las manos: terroríficas, expresivas, revelan un temperamento, una vida. Manos feroces, convulsivas, astutas, brutales y ávidas. Parecen siempre febriles, temblorosas, animadas de una extraña vida, como si cada músculo y cada nervio recibiera permanentemente la excitación de una aguja eléctrica. Manos que poseen hábitos horribles, pasiones furiosas.

            Lampião procedía de relaciones étnicas autóctonas de esa parte de Brasil. Así lo proclama Optato Gueiros -uno de los perseguidores más implacables del cangaceiro -quien así lo describe en su primer encuentro con Virgulino. Allí Lampião habría expresado un pequeño orgullo, matiz de raza.

            -Sin embargo -dijo Lampião-, yo no nací para esta vida de cangaceiro. Habló con franqueza; si no hubiese nêgo en la policía para lidiar con la gente, yo hasta sería soldado.

            -Compadre Virgulino, ¿acaso no eres negro? -interrumpe Sebastiao.

            -No -tercia Antonio Ferreira-. El no es negro sino moreno, color de canela.

            -Basta ya, Antonio -observó Lampião-. Deja ya el tal color de canela que no soy una mujer.

            -Es cierto -medita Sebastiao-, el asunto ese de color de canela no es para hombre; él es moreno luscofusco. El suyo es el color moreno del anochecer.

            En 1922 Sinho Pereira, cansado de  su vida de aventuras, se marchó y transfirió la comandancia del grupo a Virgulino. Su inteligencia, capacidad táctica y de liderazgo le convirtieron en inaccesible para el ejército o la policía, según los testimonios de hasta sus más encarnizados enemigos.

            Los cangaceiros tenían su manera específica de luchar, su “arte de la guerra”, que más tarde copiarían las volantes.

            En lo más enardecido de la refriega cantaban, injuriaban o se ponían a relinchar o a imitar a muchos otros animales, en los que eran completamente correspondidos y emulados por los soldados que, a su vez, en términos generales, compartían la misma procedencia.

            Lampião fue herido en el combate de Baixa Verde.

            Lo rescató el cangaceiro Meia-Noite, negro hercúleo que se alejó con él cargado a sus espaldas, escondiéndose en el valle hasta la completa recuperación de su jefe. El autor de sus heridas fue Odilon Flor -uno de los hombres del sargento Quelé-, razón por la cual Lampião llegó a odiarlo intensamente.

 

María Bonita, el amor

 

            Hija de Joao Casé -propietario de la hacienda Malhada do Caiçara- y de su mujer María Déia, contaba entonces diecinueve años de edad y vivía con un zapatero llamado Zé de Neném. 

El sobrenombre que le dieron a ella le hacía justicia, porque María Bonita era realmente una bella mujer. Optato Gueiros oyó de la boca del cangaceiro Cambaio la historia del encuentro de Lampião y la muchacha. Cuando Virgulino arrió al predio de Joao Casé, María Bonita no se encontraba allí; vivía con su marido cerca del pueblo de Santa Brígida. Enamorada del famoso cangaceiro aun sin conocerlo, no ocultaba su fascinación por sus hazañas y por todo lo que se contaba de él; sin embargo, conocía a Luis Pedro, que aceptó llevarle un recado suyo a Lampião.

            De acuerdo con una de las versiones de esta historia, cuando Lampião llegó a casa de la mamá de María Bonita, ésta habría mandado llamar a su hija para que conociera al cangaceiro. Según la explicación de Optato Gueiros, Virgulino habría dejado la banda junto con cuatro compañeros para seguir a Luis Pedro hasta la casa del zapatero. Al oír las llamadas, María habría acudido a la puerta reconociendo al hombre a quien había distinguido y dirigiéndose a Lampião, habría dicho alto y claro, para que todos oyeran:

            -Este es el hombre que yo amo.

            Y agregó:

            -¿Quiere raptarme o quiere que lo acompañe?

            -Lo que usted prefiera, María, eso también prefiero. Si está dispuesta definitivamente a acompañarme, vámonos ya -respondió Lampião.

            Sin más preámbulos ella entró en la casa y, cuando salió, fue con una manta terciada al hombre y dos morrales con ropa, al uso de los cangaceiros. Volviéndose hacia el marido, petrificado en un rincón de la sala, le dijo:

            -Adiós, Zé.

            Y desapareció con su soñado nuevo amor.

 

La masacre de Angico

 

            Lampião intentó poco a poco ir desapareciendo del mundo cruel e inestable del serton y creía que podría ser perdonado. El resto del país no era muy distinto a su vida de ataques o crímenes. Sin embargo, la policía no ignoraba que Lampião seguía con vida y era el cerebro de varios asaltos padecidos por haciendas y pueblos; por tanto, decidió localizar su escondrijo y atacarlo.

            En junio de 1938, el cabo Joao Bezerra detuvo al comerciante Pedro Cándido por sospechar que negociaba con Lampião.

            Sometido a una serie de torturas, Pedro Cándido acabó por confesar su vínculo con el cangaceiro. Admitió que últimamente iba todas las semanas a Sergipe, donde Lampião se encontraba con su banda, y que muchas veces pasaba semanas enteras con él.

            La traición siguió a la confesión. A juicio de Nonato Masson, Pedro Cándido fue inicialmente solo a Angico, y de madrugada habría envenenado el café que debían beber los cangaceiros. 

La casi inmediata llegada de Bezerra se anunció con un intenso tiroteo, mas para entonces los cangaceiros ya habrían muerto. La policía saqueó la guarida de Lampião, equipada por él con todo lo necesario para llevar una vida confortable, sin olvidar la máquina de coser de María Bonita.

            Después de la masacre y el saqueo de los cadáveres de los bandidos, el soldado Sebastiao Viera Sandes recibió órdenes de cortar la cabeza de Lampião, en tanto que su compañero, el soldado Antonio Bertoldo da Silva, hubo de hacer lo mismo con María Bonita.

            Los demás cangaceiros también fueron degollados y sus cuerpos arrojados al fondo de un riachuelo. Las cabezas fueron colgadas en latas de queroseno llenas de salmuera. 

Con el fin de simular un combate que no existió (puesto que al llegar la tropa los cangaceiros ya habrían muerto envenenados) e impresionar a los superiores, el soldado Adriao Pedro de Souza habría sido asesinado por sus compañeros y el cabo Joao Bezerra se habría disparado un tiro de raspado en su propia pierna.

            Lampião, el rey del serton, el príncipe de los bandoleros pasó a formar parte de la historia y el mito del Brasil.

 

sábado, 13 de septiembre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. EL FINAL DEL VIAJE. LA LLEGADA.

 

BIENVENIDOS A VERACRUZ


Y llegaron a su destino. Al puerto soñado de la ciudad soñada y mil veces imaginada, por desconocida y deseada. 

VERACRUZ. 

Tras casi un mes de navegación y zozobra emocional, nuestros artistas de la Fauna Diversa, que así quedaron bautizados sin saberlo desde el primer capítulo de este relato, pisan tierra firme en el sitio más parecido a sus lugares de origen, tal es su anhelo de vivir otra vez junto al mar, aunque este estuviera a miles de kilómetros de casa. 

Pero había mar, palmeras, vientos y palabras conocidas y familiares: el idioma español, en el que algunos habían aprendido a hablar y, hasta a rezar, volvía a acariciarles los oídos y llenado el corazón.

 Con otro acento, otro deje, distinta musicalidad, pero español. La lengua que amaban todos. 

Allá por los años 40 del siglo pasado, Veracruz, perteneciente al estado del mismo nombre, situado en el Golfo de México, se destacaba como portadora de una rica historia: primer puerto y ayuntamiento fundado por los españoles en América. En esa década, tan crucial para el mundo, Veracruz se consolidaba como un puerto vital para el país Azteca, y fue, igualmente importante en el desarrollo del México post revolucionario, marcado por unos años convulsos y violentos que culminaron en una etapa de desarrollo y, para los españoles, la puerta de entrada y acogida. Como la entrada al cielo, después de tantas penurias sin fin en aquella vieja Europa que muchos nunca volverían a ver. 

Pero, por el momento, Europa había quedado atrás. La gente quería olvidar y conocer mundos en paz, tierras diferentes donde poder vivir sin miedo. La tierra de promisión estaba allí, bajo sus pies, en un ambiente lleno de luz y color, olores y sabores casi hermanos, con gente que sonreía y tendía la mano sin preguntar. Ese era el México que les recibió con los brazos abiertos. A ellos, y a cientos de españoles anhelantes y también un punto recelosos del futuro. 

Música, banderas, flores, frutas y dulces típicos, todo era poco para recibir a los hermanos españoles que huían de una patria devastada y en ruinas, y a los que se ofrecía la oportunidad de cambiar sus tribulaciones por trabajo, paz y libertad...Al menos, a algunos, porque de todo hubo y eso forma ya parte de la Historia del siglo XX en aquella tierra de acogida.

Pero...¿Cómo encajar a tanta gente en el entramado de un país con mejores intenciones que medios de acogida efectiva?. ¿ Cómo encajó nuestro grupo de artistas exhaustos y con las ilusiones justas para empezar de nuevo? La tarea, nada fácil para nadie sin referencias, apellidos sonoros, o políticamente comprometidos se presentaba muy cuesta arriba para desarrollar un trabajo artístico cuando hacía más falta mano de obra que las dedicadas a los pinceles, partituras y papel de escribir. 

Pero había que intentarlo. El Sinaia había sido su último asidero antes de abandonar tierras hostiles, ya no había vuelta atrás y ellos lo sabían. Y había que comenzar una actividad. Para eso habían atravesado el océano. Para ello habían vuelto sus vidas del revés fiados en la esperanza del nuevo mundo por descubrir. 

Pero eran muchos. Demasiados fiados en la misma esperanza y con el mismo objetivo. 

Vivir y trabajar en paz. Vivir, todavía. 

Veracruz, puerto pujante y lleno de vida comercial, ofrecía pocas oportunidades para los artistas. 

Se imponía ir a la capital, el Méjico situado en una laguna. La capital de millones de personas donde todos buscaban cobijo: indios autóctonos, campiranos, gente desplazada de pequeños pueblos animados por la misma idea. 

La ciudad donde todo era posible en medio de la gran mezcolanza jamás conocida: de las grandes mansiones al inframundo. 

De la opulencia a la miseria. Bendecidos y malditos. Renombrados y olvidados. Terreno abonado para todo lo mejor y todo lo peor. 

Era el signo de los tiempos y allí llegó nuestra troupe. Al olor del triunfo, que sólo era la capa superficial de la realidad. 

Una vez perdidos los ecos de los recibimientos entusiastas, la música se apagó, las flores se marchitaron y los dulces y las frutas había que pagarlos.

 Como cuando dieron el gran salto a la Europa floreciente de los años 30, ahora, aunque menor, había que dar un segundo salto decisivo hacia la capital de la República. La de las promesas del presidente Cárdenas. La de los brazos abiertos...

Así, y en un salto menos peligroso que los anteriores, nuestra fauna diversa, que llegaría a formar parte del importante grupo de los conocidos como Trasterrados, comenzó a ver la luz entre tanta tiniebla pasada. 

Los cientos resultaron miles y de todos, no todos tendrían fortuna. Ni apellidos, ni posición, ni fama académica. Sólo talento entre la marea que intentaba abrirse paso. 

Pero los tiempos estaban cambiando y la repercusión de la guerra europea en la industria del entretenimiento de los Estados Unidos iba a serles favorable. 

El túnel abría sus fauces, y, a través de él llegaron al DF. A la nueva Meca de los desposeídos de la suerte. Esa iba a ser su oportunidad e iban a aprovecharla. 

Manos para pintar, para componer y escribir. El país necesitaba un baño del brillo intelectual que los españoles aportaron con su talento. 

Y allí estaban ellos. Los Trasterrados iban a hacer historia. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS.

- Comienza el curso escolar y los gorriones vuelven a los nidos del aprendizaje. Algunos con un oferta variada de pantallas que nunca sustituirán una pizarra o encerado, y, por supuesto, un buen dictado: puntual y diario, lleno de ricas palabras en la más rica de las lenguas del mundo conocido. La que decían 'de Cervantes', un señor, últimamente de moda por asuntos varios y, hasta ahora tan desconocidos, como dignos de ser investigados. Por saber. 

Aunque la fabulación sea bienvenida, extrañan ciertas novedades en la vida de nuestro escritor más universal. 

- Una vez más, la muerte está en el camino de la vida, y, esta vez, se ha llevado como del rayo a una persona que llegó a ser personaje, tal era su capacidad creativa y de ingenio. 

El pasado jueves falleció Javier Checa González. Empresario, político, comunicador y creador de unos contenidos inconcebibles en su momento. Creó y construyó un edificio de mundos nuevos y diferentes para mucha gente en un tiempo adelantado al tiempo. 

La palabra glamour fue el leit motiv de su vida y consiguió mover, cambiar y hasta indignar a miles de personas normales. Él estaba a otro nivel, a otras cosas y, a ritmo de Tango,     Vals y Pasodoble alborotó el gallinero dormido. 

Su paso por la vida no dejó indiferente a nadie. Hay que provocar para que el espectáculo atraiga más. Siempre una vuelta de tuerca más para hacer posible lo imposible, creíble lo descabellado, aceptable lo absurdo. Y lo consiguió. A fe que lo consiguió. 

Su luz terrenal se apagó. Ahora el foco le ilumina en otro sitio. Champion du monde. Descansa en paz. 

sábado, 6 de septiembre de 2025

BARBARITA REFLEXIONA: LA IMPORTANCIA DE LA SALUD MENTAL. SALIR DEL POZO.

   



Y LOS MUCHACHOS DEL BARRIO LE LLAMABAN...


Desde que comencé a escribir en este humilde y querido blog, me rondaba por la cabeza hablar, precisamente de eso, de ' la cabeza ', o mejor dicho, de los males que podemos sufrir los seres humanos  cuando nuestro cerebro, nuestros "nervios" o los desencuentros con nuestros interiores se llegan a convertir en una pelea de demonios de todas clases. 

Lo que, resumiendo, se llama ahora " salud mental", o, mejor dicho, la falta de ella, lo que nos convierte en enemigos de nosotros mismos, y nos acerca al más peligroso de los abismos.

Al pozo de la disonancia, la sima donde se alojan los fantasmas de la mente enferma, con todo lo malo y lo peor de lo malo. Una niebla que cubre toda nuestra capacidad de ser para sumirnos precisamente, en el " no ser". En el fondo del pozo.

Y llegado a este punto de mi reflexión sobre el asunto, me viene a la memoria un cuento muy breve que escribí en una hoja sin papel ni pantalla. 

En mis adentros más profundos lo redacté. Y, ahora, no sin cautela y el máximo respeto, quiero compartirlo con los lectores. 

LA NIÑA Y EL POZO 

La niña Manolita.

Ni está linda la mar ni el viento, que ya sabemos que el verso no se refiere a ninguna  Manolita. Ni todo es de color de rosa. ni de ningún color claro y brillante. Porque es más bien oscuro. Gris. Negro. Opaco. Triste y sin salida. Un pozo. 

La niña Manolita, de infancia feliz, rodeada de amor y de gente querida, también se vio muy pronto, rodeada de responsabilidades y de la necesidad de ' cumplir con su deber y su obligación'. Era su sino. 

Pero no parecía nada importante. Y, la niña Manolita, amable y gentil, hacía lo que se esperaba de ella. Sin rebelarse ni protestar. Porque así, y como decía su madre estaba escrito. Y no había lugar a réplicas ni a protestas. Era su misión: la sumisión sin levantar la voz. 

Y el pozo comenzaba a formarse. Pero nadie se daba cuenta y a ella aún no le llegaban sus señales. Porque, sí, señores, los pozos hablan desde muy adentro y mandan señales a quienes quieren atrapar, engullir y atraer al fondo. Sin salida. Sin una cuerda a la que agarrarse para salir. Porque el pozo es más listo que todas las Manolitas de este mundo. Y los cantos de sirena son tan fuertes y atrayentes que es casi imposible sustraerse a su  encanto. 

Y pasaron los años. Pasó un tiempo invaluable en el  que la niña M seguía ' cumpliendo con su deber ', con lo que se esperaba de ella . Y era feliz y  despreocupada porque, de momento, el pozo estaba sellado.

Y mudo. 

Y cambió su vida. Hasta cambió de continente geográfico. Y seguía siendo feliz. Cada vez más llena de responsabilidades y trabajos de vida. Pero era feliz porque era fuerte. Más fuerte que su entorno. Más fuerte que el pozo. Al que ignoró durante años... hasta que sucumbió y comenzó a rendirse. 

Y las llamadas desde dentro del pozo , traducidas en el "siempre servir y proteger" a todo y a todos, se convirtieron en gritos que la acuciaban a bajar, a entrar, a tirarse y a dejarse el alma dentro. 

Ven, Manolita, ven. No temas, baja. Aquí serás feliz.

Y Manolita, la dulce y gentil Manolita, cedió a las llamadas y terminó por arrojarse.

 Al principio, sin apenas signos visibles- sólo por una persona que se convirtió en su guardiana para intentar salvarla antes de llegar al fondo del abismo-. 

Pero de nada sirvió. Los fantasmas de su cerebro pudieron con todo y Manolita se vio envuelta en la nebulosa de su propia mente. Con el alma hecha pedazos, y el corazón a cuadritos. 

Pero, como no siempre todos los cuentos han de terminar mal, en esta ocasión vamos a dibujar un happy end para su historia. 

Al final, las cuerdas fueron más fuertes que sus deseos de desasirse del mundo y, con ayuda y voluntad, logró agarrarse a las lazos que le tendían y consiguió ver la luz, no sin antes sufrir mil heridas en el proceso, pues el brocal del pozo, duro y áspero le impedía el paso; tal es la fuerza de una mente torturada y atrapada en las tinieblas de la vida. 

Para ti, querida Manolita. Siempre dulce. Siempre gentil. 

A modo de coda: Un 34 por ciento de la población española sufre algún problema relacionado con la salud mental, siendo la ansiedad y la depresión los más comunes. 

Aunque este tipo de enfermedades se contemplan entre los servicios de la Sanidad pública, el acceso a ellos es aún muy limitado y existe una dependencia de cuidadores no profesionales, como las familias de los enfermos que apoyan los procesos en la medida de sus posibilidades.

En cuanto a los tratamientos, una parte significativa se basa en la prescripción de fármacos. No olvidemos que España se encuentra en la lista de los mayores consumidores de ansiolíticos de la Unión Europea, que toma, en su mayor parte, la población femenina. 

Muchos hospitales fueron cerrados a partir del año 1986, y algunos no volvieron a abrir sus puertas.

De esta forma, las miles de Manolitas que aún se encuentran en el fondo del pozo, necesitan una urgente puesta en marcha de lo que se ha dado en llamar " políticas activas" y, que no es, ni más ni menos que los planes de atención a esa población desasistida, se conviertan en una realidad positiva y palpable. 

Con medios, agilización de los trámites para el comienzo de los tratamientos y hospitales públicos dedicados a ello. Con visibilización y posterior integración del enfermo. 

Asumir con normalidad que los dolores del alma son tan importantes como los del cuerpo. Cuidar. Comprender. No segregar. 

De lo contrario, los pozos seguirán llenándose sin remedio. 

Y, en este doloroso contexto y, una vez más, se impone la necesidad de hacer frente al problema, no olvidar al que lo sufre y a quienes lo sufren junto a ellos con dolor e impotencia. 

La mayoría de las veces se consigue salir del pozo. No bastan pastillas de colores ni el apoyo de los familiares. Sólo se necesitan los lazos adecuados para subir a la superficie. 

Para ver la luz. 

CONSTANCIA DE LOS DÍAS: el corazón a cuadritos. Me ha gustado la frase. No se me ocurre nada más. Ni nada menos. 

sábado, 30 de agosto de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA TRAVESÍA FINAL. RAFAEL.

 


Mientras el Sinaia sigue su travesía hacia la tierra de promisión para unos, de la libertad, para otros, y la del dolor de la pérdida para todos, los integrantes de la Fauna diversa, siguen sumidos en sus pensamientos y reflexiones a modo de salvavidas del mar, nuevo y desconocido que vuelve a ser puente de huida hacia, una vez más, otra parte. Esta vez, anhelan, la última. 

El barco, lleno de gente de todas clases, de fugitivos de una realidad en la que ya no tienen cabida, avanza, lentamente unos días, y airoso y rápido, otros. Dependiendo de los caprichos de la naturaleza, de la del mar y el viento, y, de la humana, que también amenaza en forma de sombra de una guerra, de nuevo una guerra, que amenaza con alcanzarles aún sin poderlos tocar. Pero el miedo y el recuerdo de lo vivido es más fuerte que la distancia que los separa del peligro. 

Sus vidas ya no volverán a ser las mismas y Rafael Nogales lo sabe y, mientras recuerda, procura alegrar la de los compañeros de pasaje con lo que mejor sabe: con su música. 

A pesar de las duras condiciones del viaje, y del hacinamiento de las 1.599 personas que habitaban el micro cosmos flotante, la gente era feliz porque quería y necesitaba serlo. Y nuestro artista contribuía a ello tocando un piano destartalado y algo desafinado, con todas las piezas que le pedían, o que se sabía.

ALICANTE, TIEMPO ATRÁS.

Si no tenim diners ni per mengar, ni per unes espardenyes, malament per estudiar musica, nen. 

Así empezaba la vida de Rafael, al borde del mar y con la más triste miseria a su alrededor. 

El niño que sentía la música desde el mismo vientre de su madre, Vicenteta, hija de pescadores que tocaban en la banda de Les Encantats de la Marina Alta. Una formación casi heroica, tan pobres eran sus componentes, pero que, entre salir a la mar y remendar redes, también se juntaban para tocar pasodobles y música para las procesiones de todas las vírgenes y santos a los que se encomendaban antes de comenzar la faena. 

Al más puro estilo del Reino de Valencia. 

Pero, a Rafael no le tocó la bola de la suerte de poder aprender música com Deu mana. Aquel niño que llegó a conocer, de lejos, a Sigmund Freud en la  Viena de los años dorados, tuvo un difícil camino hasta conseguir leer una partitura. E interpretar a Schubert, a Listz y a don Manuel de Falla, amén de las fanfarrias de las fiestas de su tierra, religiosas y paganas. Llenas de música, de sal, de pólvora y de sol.  Siempre al más puro estilo del Reino de Valencia

Primero en la parroquia de su pueblo de pescadores, luego, y por ayudas de caridad a la vista de su mérito, a la capital. Y a estudiar las solfas. Y del papel pautado a las redes de las barcas. Porque había que comer, antes de fer soroll, como decían sus padres. Y nunca se vio a un pianista con las manos encallecidas por el salitre y el trabajo duro. Él sería el primero, y tal vez el último. 

MADRID 

Y, como el resto de lo integrantes de nuestra fauna diversa, Rafa, que así le gustaba que le llamaran, también atracó en la playa del Madrid de las promesas de éxito. Y, como ya sabemos, nunca llegó a cumplir sus aspiraciones de llegar a ser un gran concertista de piano. Ni de bombo, pensaba para sí mientras componía coplas para el cine y el teatro, que le sonaban vulgares y ramplonas..

Y, como siempre, de nuevo al punto de encuentro, al Café de Pombo, para charlar de todo y de nada, decirse sus desilusiones. Y ... Hablar del frío. El que comenzaron a sentir cuando salieron de sus respectivas tierras, y que ya nunca les abandonaría. Porque un malagueño, dos tangerinos y un alicantino, siempre iban a tener frío fuera de su tierra. 

Y así transcurría la vida a bordo del Sinaia, esperando, entre singladura y singladura, la llegada a un nuevo destino, a un nuevo puerto.

 A un nuevo frío. 

CONSTANCIA - LUCTUOSA- DE LOS DÍAS

Esta semana ha estado especialmente llena de malas noticias en tanto a un obituario lleno de gente conocida y de talento. Tristes casualidades de agosto. 

Isabel Pisano: quizás la menos conocida pero con una gran importancia en su trayectoria como actriz y periodista, y por sus relaciones amorosas con el gran Waldo de los Ríos y Yaser Arafat. De vida agitada e intensa, de corresponsal de guerra a los platós de cine, Pisano no pasó desapercibida por la memoria de muchos de los que la recordamos. Ojos bellos y gran inteligencia. La desmemoria pudo con ella el pasado lunes. 

Verónica Echegui: la más joven y de final tan triste como inesperado para el gran público que desconocía su enfermedad. Barbarita disfrutó mucho con sus actuaciones tanto en cine como en televisión. Sus papeles en Apaches, La niebla y la doncella, Orígenes secretos...sin olvidar su soberbia creación en Yo soy la Juani, Y, lo último que disfruté, al filo del día de su muerte, Los pacientes del doctor García, con un personaje en el que luce su extraordinaria vis cómica y su vena dramática, que dan buena cuenta de su talento. 

Manuel de la Calva: la otra mitad del Dúo Dinámico, la otra mitad de la memoria de nuestra vida musical. Sus canciones nos han acompañado a generaciones de españolitos que amaban un estilo sin complicaciones, pero imperecedero. De los Quince años tiene mi amor, a Perdóname, pasando por Lolita, Esos ojitos negros, y Amor de verano, hasta llegar a Resistiré, todo un himno para los malos tiempos. 

Manuel de la Calva, Manolo, el guardiamarina, nos hizo, junto a su inseparable Ramón Arcusa, el guapo,el alto...disfrutar de sus canciones en todos los momentos de nuestras vidas. 

Y, ese LALALA, por favor. Cuando España aprobó la reválida de Europa allá por el sonado 1968. Dirige la orquesta, Rafael Ibarbia. Un subidón en la edad de la inocencia. 

Eusebio Poncela: lo mejor que se despachaba en cuanto a calidad de actuación. Enigmático e inquietante. Un grande de la escena, sobre las tablas y ante las cámaras. 

Confieso no conocer demasiado su filmografía. Aunque sé de sus trabajos con Zulueta y Almodovar, me quedo con su Carlos Deza, de Los gozos y las sombras, el Dante, de Martín H y el Cardenal Cisneros, de Carlos, rey emperador

Y la expresión de sus ojos. Ahí es nada. 

José Montes Ramos, Pepe Montes: a algunos les sonará de mucho, y a otros de nada, pero en la vida de mi ciudad fue persona querida e importante. Barbarita le conoció cuando empezaba el bachillerato y él ya iba de salida. Nunca habló con él, pero era tan alto que su figura nunca pasaba desapercibida. Creo recordar que creó, o participó en una revista que se editaba en nuestro instituto llamada HACER, y hasta de un soneto muy simpático que escribió, dedicado a la pared de su clase de último curso, Sexto creo. 

Pasaron los años y no le volví a ver, a pesar de su estatura. Sé que matrimonió con una chica pelirroja de mi barrio y que desempeñó el cargo de presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Ceuta, difícil función, nada fácil de torear. 

Un detalle. Le volví a ver un día de la ultima semana del pasado julio, saliendo de la Iglesia de los Remedios. Al final, todo se queda en esta Ceuta de nuestras vidas y nuestros recuerdos. Descanse en paz. 

DESCANSEN TODOS EN LA PAZ DE LO ETERNO.


A modo de coda optimista. 

Pero, aunque suene cursi y un tanto manido, la vida sigue y el sol sigue saliendo para todos. Para llorar y también para celebrar. 

Hoy, mi Paca, que todo lo trastoca e ilumina, cumple sus primeros 75 años. Muchas felicidades y mejorados 120. 























































.b.







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sábado, 23 de agosto de 2025

BARBARITA RECUERDA Y NO PROTESTA. EL OTRO VERANO.

 



Las personas que me conocen bien saben de lo poco dada que soy al verano. Más bien conocen mi casi aversión al tiempo que transcurre entre mayo y septiembre, con todos sus perejiles y consecuencias (negativas) para una servidora. 

Pues sí señor, a Barbarita no le gusta el verano. 

Y eso se ha hecho patente en las rajadas que le he dedicado en mis últimas publicaciones.

 Con saña, quizás, pero con la razón que me da el derecho a eso: a rajar y a quedarme tan tranquila. 

A la que esto escribe no le gusta que las temperaturas pasen de los 25 grados del Señor, y que todo se llene de gente, que las ciudades se colapsen por mor de que " es verano y, hala, hay que disfrutarlo". 

Que todo eso está muy bien, pero sin freírse. Sin tener que hacer colas ( como cuando éramos borregos acojonados por una pandemia) para comprar una barra de pan, o para comer un humilde, ¿ Humilde? plato de pescado. 

Sin tener que luchar para conseguir una mesa, y, a veces, para que te pongan un digno mantel de papel. 

Debe ser que la celulosa está muy cara, y, claro...

Y ustedes, mis queridos lectores, pensarán que esta Barbarita está chalá, que es una maniática menopáusica que no sabe apreciar los placeres del estío...

Pues puede que alguno lleve razón. Pero la que suscribe tiene sus razones y, sobre todo, recuerda otros veranos. Mis otros veranos. 

Ni estoy capacitada, ni quiero meterme en jardines para hablar del ' cambio climático '. Porque, tampoco hay que ser un Einstein, o don Mariano Medina, para darse cuenta de que las temperaturas han subido en los últimos años. Y, a mí, eso me fastidia mucho. 

Pero sigamos.

 Antes de ese ' cambio ', con esa palabra yo sólo conocía la que se refería a la moneda, y a un señor que pateaba las calles de mi ciudad, cesto al hombro, pregonando " cambioo", que, en castizo quiere decir " amioooooo". 

Bendita palabra. Y espero que alguien me entienda, porque hace mucho calor y no estoy para explicaciones. 

Pues que eso. Que ese otro verano era cálido pero no asesino. Las playas, aunque llenas, eran practicables y para comerte un pinchito o un volaor con un Kist, no había que guardar cola alguna. 

Y llegaba la noche. Y se dormía. Sí señores. Se dormía. Y, antes de entregarse a los brazos del señor Morfeo, se salía a las calle: a pasear y al cine de verano. Y con una rebequita poncima, que a partir de ciertos días de agosto ya apetecía. 

Y sin agobios de paseos petaos de gente dominguera del esparcimiento nocturno, muchas veces interrumpidos por un padre demasiado severo que te aplicaba eso de antes de que den las 10. Y que había que cumplir. Sí o sí. 

Y, los ( injustamente) suspendidos en junio, nos levantábamos muy temprano para ir a la academia de turno, pq había que recuperar y empezar el curso limpios. Y, por supuesto, no repetir. 

Y, más o menos, así transcurría el otro verano. 

Con verbenas y algun guateque , largas caminatas a la playa. Y feria. Como pocas de bonita y elegante. Con los radio cassette a cuestas para oír música sentados en una plaza o en el  banco de un paseo frente al mar. 

Y te picaba el cuerpo por el salitre. Porque nuestro mar ( o mares) era auténtico y fetén. 

Y poco de protección solar y mucho de asolearse a pelo. 

Y muchas cuestas, y muchas escaleras. 

Y muchas peñas y piedras , que entre piedras nos hemos criado, para trepar y lanzarse al agua más limpia del mundo. 

Y algunos colchones de playa sobre los que algunos se sentían almirantes de la Armada. 

Y los de un barrio para el opuesto, porque te gustaba fulanito o menganita y había que hacerse ver. 

Y balones de playa, y San Juan del Deus, y pipas de melón saladas y secadas al sol . 

Y Los cipreses creen en Dios, y La vida sale al encuentro, y El diario de Ana María. Y Corín Tellado, que también. Más escondida que el famoso Play Boy

Y cigarrillos sueltos. Y besos furtivos al son del eterno Miguel Ríos

Y la ciudad que dormía y despertaba para acoger todas estas vivencias que se repetían día a día con la naturalidad que trae el verano dominado por los caprichos del mar y el viento: de la rutina de las clases a las excursiones a la playa. De estrenar vestidos hechos en casa, a alisarse el pelo de la forma más rudimentaria y eficaz. Y pocas pelas.

De los primeros politos, Nickys, les decían también. Todos de marca indefinida y desconocida. Que lo de las marcas no había aterrizado aún en nuestras vidas. Pegados a cuerpos bronceados con aceite y vinagre o, algunos, la lata azul de Nivea.

 Sí señores, que no sólo era esperar la llegada del helicóptero, como mi querido Manolo Navarro, los balones azules también se vendían junto con el bote de crema. Un pack, que se dice ahora, que proporcionaba diversión y ayudaba a ponerse morenos a los humanos . Todo en uno. E infalible. 

De la edad de la inocencia al tiempo de las primeras picardías...Porque...Ni más ni menos. 

Que La portera de mi casa...ya se sabe. Y que, Pasajeros al tren, y gallegos también. ¡Sería por viajar!

Un galimatías no tan difícil de entender y traducir. Sólo recordar, sumergirse en el mar...y cantar a pleno pulmón. Que el sentido del ridículo tampoco se había instalado aún en nuestras vidas. 

Que no se me fue la cabeza, mis lectores de verano. Que hubo un tiempo, quizás no demasiado lejano, en el que sucedió todo esto.

Y, una vez más, aludiendo a Serrat: Dios y mi canto, saben lo que nombro tanto. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS: y ya que estamos en plan "buen rollo de verano" no puedo dejar de dar una pincelada gastronómico - estival sobre algo que nunca faltó en las mesas de los ' otros veranos', con permiso de los gazpachos, los picadillos de tomate y las sardinas asadas. Sin espeto. Con respeto, pero nada de espetos. Y nos comíamos las ricas sardinas tan ricamente. 

Y, me refiero a los higos chumbos. Los chumbos de toda la vida y por los que más de uno perdía la cabeza. He de reconocer que nunca lo entenderé, porque no me gustan, pero sí recuerdo la gran aceptación que tenían: verdes, amarillos o morados, constituían una delicia para el deleite veraniego. 

Higos chumbos, también llamados Higos Picos en las Canarias, como diría mi rubia favorita, y que mi amiga Ginesilla, me acaba de mandar directamente de Wonderland. Recuerden el sueño. 

Todo sea por el surrealismo fantástico que inspira el calor.