Seguidores

miércoles, 22 de octubre de 2025

El cine Cervantes de Ceuta, publicado el miércoles 22 de octubre de 2025.


Se abrieron las ventanas, las Ventanas de papel. 

Y el papel se hizo un barquito, y el barquito, cruzó el mar y llegó a la tierra propia, alumbrado por un Faro de letras. 


Teatro Cervantes

sábado, 18 de octubre de 2025

BARBARITA Y LA MEMORIA DEL CINE PARAÍSO O LA PIQUETA INCLEMENTE.



 Cine Cervantes de Ceuta. Ahí es nada. Ahí es todo. Todos nosotros. 


Hace no muchos días tuve la oportunidad de leer un par de artículos de prensa relacionados con la desaparición del cine Cervantes de Ceuta. Algo que me dejó tan perpleja como apenada, aunque nunca asombrada, por aquello de que hay que vivir la realidad y recordar, no sin amargura, las funestas consecuencias de la especulación inmobiliaria que trae consigo el movimiento implacable de una piqueta inclemente. 

Inclemente porque no tiene recuerdos. Y eso es malo, porque no puede explicar, porque no puede explicarse la importancia de un edificio de esos que llaman emblemáticos de una ciudad que va dejando caer esos pequeños pedazos de memoria sentimental, en pro de la modernidad imparable. En detrimento del puñado de sueños y recuerdos que parecieron derrumbarse con la demolición del inmueble, pero que, muy al contrario, son imperecederos, porque viven. Viven y quedan para la intrahistoria de cada uno. Para la historia general de todos.

Como hablamos de historia, habremos de trasladarnos allá por los primeros años del siglo XX, concretamente, 1915. Europa hierve en la guerra más terrorífica que vieron los tiempos, en España reina Alfonso XIII y el problema del Rif no deja de dar dolores de cabeza a los políticos de la época, y dolores de muerte a los miles de soldados que regaron con su sangre una tierra desconocida y agreste. 

Y en la que se preguntaban a diario ¿qué hacemos aquí?.

Y en Ceuta se estrenaba El Teatro del Rey, sito en la calle de Padilla, en pleno centro de la ciudad. 

Las viejas crónicas recuerdan que era un edificio pintado de color crema, de fachada neo renacentista, construido para hacer las veces de teatro-cine y con un interior trufado de cómodos asientos tapizados en terciopelo- el patio de butacas-, gradillas laterales, palco, anfiteatro y amplio escenario, que llegó a contar con hasta 1.100 localidades, que estaba muy bien para acoger los más importantes acontecimientos culturales de la ciudad, como el Baile de Carnaval, selecto y elegante, a las funciones teatrales de las mejores compañías que cruzaban el Estrecho de Gibraltar para ofrecer su arte a los ávidos espectadores locales. 

Hasta que comenzó a funcionar también como cinematógrafo. En un principio con las producciones de cine mudo hasta llegar, nada más y nada menos que a estrenar la nueva era del sonoro, con la proyección de El cantor de Jazz, la primera película hablada de la historia del cine, protagonizada por Eddy Cantor.

Pasan los años, y con ellos y con los cambios políticos, el teatro cambia de nombre. 

Con la llegada de la II República pasará a llamarse teatro Cervantes. Y, con el nuevo, y definitivo nombre, nos quedamos los ceutíes y foráneos, hasta hace dos días. 

Hasta que llegó el ejército de máquinas que no entienden de sentimientos, porque, para eso son máquinas, y en sus no almas de metal, no pueden impregnarse los espíritus de Sara Montiel o de Charlton Heston. Aunque nunca se sabe. Veremos cuando la excavadora descanse en su almacén y hable con sus compañeras de la sonrisa de Clark Gable- pronúnciese así, tal cual, de la melena de Amparito Rivelles y de la pena que tenía Juana, la Loca, en la película Locura de amor

Y seguimos con la destrucción que, sin querer, nos lleva a la construcción de nuestros recuerdos.


EL DÍA EN QUE SE FUE LA LUZ

Así, de entrada, parece que estamos recordando el día aciago, y aún no bien explicado, del gran apagón del pasado 29 de abril. Pero no. La construcción de los recuerdos nos lleva a los años 60 del siglo pasado, cuando, en plena actuación del cantante Antonio Machín, se fue la luz en el edificio y el gran intérprete cubano se quedó a oscuras, y no es un chiste malo, en plena actuación. Imaginamos cómo sería el momento. Conociendo a los caballas, habría chuflas de todos los colores. Y algunas más. 

Y parece que las desgracias de los entresijos técnicos del teatro no acabaron ahí. Todavía hay quien recuerda el quasi desastre de sonido en la actuación de Julio Iglesias que no quedó muy bien parada del todo. Los micrófonos no tuvieron piedad con el entonces aprendiz de truhán, que llegó a ser señor en la música española e internacional. 

También se recuerda el paso de las compañías de teatro, que tanto gustaba a los buenos aficionados ceutíes. Desde las clásicas de repertorio serio, a las más chispeantes, llamadas de Revista. En este estilo, alegre y desenfadado, cabe destacar la presencia de la compañía de la vedette Addy Ventura, con sus chistes picantes y sus coreografías insinuantes, que a todos divertía por su espectacularidad y desinhibición. Para la época, todo un hito. 

Asimismo, también se recuerda la actuación de la compañía de la asturiana Lilián de Celis, la cual puso en pie al teatro cuando salió al escenario a cantar el conocido cuplé Cruz de guerra, que, en una plaza militar como Ceuta, imagino que gustaría mucho. 

Pasan los años, y el teatro- cine Cervantes brilla en sus temporadas, y se echan cientos, miles de películas para caballas y foráneos. 


CARTELERA DE ESPECTÁCULOS

Cervantes presenta hoy, a las 4, 6, 8 y 10, Carmen, la de Ronda, con la bella Sarita Montiel y el actor francés Maurice Ronet.  

Así, y en la voz de José Solera, se anunciaban en la diaria guía comercial, las películas de los cines locales. A través del boca -oreja de Radio Ceuta se informaba a los aficionados al cine de lo que se echaba. Nosotros vamos a la última, que no vamos a ir a la hora de los soldaos. Hay que encargar las entradas a Julita, que después se pone todo de bote en bote y nos dan las peores filas. 

Hablaban, ¡cómo no! de Julia, o Julita la taquillera más famosa de todos los cines de la ciudad. 

Sin más apellido que ese, el que le daba un empleo que desempeñó durante mucho tiempo para deleite de los espectadores, por su belleza y simpatía. Y si no se podía acceder a la taquilla, se preguntaba al portero, al gran Guillermo. Sin olvidarnos de los acomodadores, una figura imprescindible en aquellos cines de personas que, según me cuentan, espantaban a las ratas con la luz de las linternas y asustaban a las  parejas de la última fila. 

Los que, en determinados momentos de la proyección se dedicaban a perfumar el ambiente con el fly que, además de provocar la hilaridad - cachondeo- general, dejaba a la gente más atontada que a los innombrables insectos que también asistían a la proyección. 

El auge de los cines a la antigua iba decreciendo poco a poco, y del gran cinema se pasó a los espacios pequeños. Aunque Ceuta seguía fiel a sus clásicos porque había que seguir soñando. 

Y el antiguo Teatro del  Rey, luego Cervantes, se reconvierte en multicines- renovarse o morir-, lo que, años más tarde volvería a reinventarse con el bonito proyecto de discoteca, en el antiguo patio de butacas, y pub, en el escenario. El más de cine que he conocido. 

Aunque esa ya es otra historia. La que camina de la mano del progreso ¿? para dejar paso a otros proyectos más lucrativos. Es la vida, la que a veces no mira patrás, ni para fijarse en la mirada de Lauren Bacall, ni en las caderas de Marilyn. Todo se ha ido con la piqueta. 

Menos los sueños de la gente a lo largo de generaciones: los caballas, los que venían de Marruecos al cine, los miles de soldados que llenaron sus horas de paseo con una del oeste o una policiaca. Los niños y los abuelos. Todos. 


 CONSTANCIA DE LOS DÍAS: los toreros se cortan la coleta, los bancos se achuchan entre ellos, y Barbarita agradece la inestimable colaboración de ...

Antonio, Chico Ponce, mi documentalista más entregado en toda clase de asuntos. 

A Carmen Echarri, gran periodista local, por el seguimiento del tema. 

A Maribel Lorente, por su lucha por la conservación del patrimonio y los olvidos de Ceuta.

A Teresa Sánchez Migoya, que presenció el apagón de la actuación de Antonio Machín. 

A mis niñas, Luli, Isa y Piluka, que asistieron al desastre de Julio Iglesias. 

A Mamen Morales, por recordarme los años de pub y discoteca. 

A mi hermano Marcos Barchilón, y las pelis que acompañaron sus años de adolescencia y juventud, a 

A Antonio Albarracín, uno de los mejores aficionados al cine que conozco y que siempre pone la nota jocosa en sus comentarios- por aquello de las ratas y el fly- y porque también lloró con la Cruz de guerra de la vedette que cantaba Batallón de modistillas. 

A mis padres, a la gente de una generación que olvidaba su dura vida viendo a Alfredo Mayo y a Gary Cooper. 

A todos: los de general, butaca, balconcillo y arriba, el gallinero

A los que lloraron y aplaudieron. A los de las primeras filas y también a la de los mancos

A mi marido, que me besó por primera vez viendo Intriga en el gran hotel, con Rod Taylor

El Cervantes, echa definitivamente, y porque sí, su telón púrpura. Pero toda su historia ha quedado entre nosotros. Gracias por tantos años de sueños.

 Se acaba la sesión. 

PD- Y, a todo esto, Barbarita, al igual que el gran Pepe Isbert, les debe una explicación

Siempre fui más del cine África. Pero, como en el final de Con faldas y a lo loco...

Nadie es perfecto. 


FIN. 






 

sábado, 11 de octubre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LOS TRABAJOS Y LA CALMA. SIN PUNTO FINAL.





 


Aunque parecía que nunca iba a llegar el sosiego tras los duros años de dolores y malas mudanzas,  nuestra fauna diversa lo logró. Consiguió alcanzar la estabilidad en aquel país tan lejano y tan difícil, a pesar de todo lo bueno que se ofrecía a los refugiados, y de la facilidad de la lengua, la verdad es que era difícil. Muy difícil y complicado en el nuevo mundo del Nuevo Mundo. Había que afilar los dientes para agarrar la nueva, y última, oportunidad. 

Música, literatura y pintura..¡.en el cine!. Ya tenemos un camino abierto, hay muchos artistas que vinieron antes del desastre de todos los desastres, y ahí podremos encajar. 

Y encajaron. Aún no lo podían creer pero el trabajo fue llegando. Poco a poco, casi sin sentir. 

Al principio, con pequeñas incursiones en películas históricas y de corte español, con su propia copia a la mejicana, del casticismo y los modos regionales, que siempre fueron garantía de éxito. El país de acogida siempre conservó el gusto por los sainetes, las zarzuelas y los cuplés de principios de siglo, y en estas producciones comenzaron a andar un camino que siempre les fue grato...Nos quedamos

Porque todo no iba a ser mala suerte. El mítico El Dorado, de las leyendas de la conquista se hacía ahora patente en sus nueva andanzas. Habían llegado en buena hora. El cine mexicano acababa de inaugurar, aún sin saberlo, su famosa Época de Oro, una etapa de gran proliferación de producciones de alta calidad, que elevó al cine azteca, al nivel de la categoría de los mejores de su época. 

Y, de esta forma, y aprovechando por una vez la buena suerte, nuestros artistas se vieron subidos al carro de los peliculeros. Se codearon con los triunfadores del momento, los que ayudaron a crear una industria fuerte y potente, con la filmación de películas como María Candelaria, Flor Silvestre y La Perla, todas ellas dirigidas por el gran Emilio, Indio Fernández. Todas ellas de temática indigenista y en las que primaba la exaltación del Méjico rural, con la recreación de paisajes y personajes que llegaron a ser identificados con el gusto y el sentir popular de un país que sentía un creciente nacionalismo, tanto en la política como en el cinema. 

Tuvieron suerte. Suerte de trabajar y de seguir juntos. Javier Linaza, el pintor, malagueño y exquisito, pudo hacer figurines y decorados para películas como La hija del engaño y El gran calavera,  de Luis Buñuel, el compatriota que se iba haciendo un nombre en el panorama cinematográfico del país de acogida y que llegaría a ser de los más renombrados del séptimo arte nacional y europeo. 

Tanto Alberto Pinto como Elena Amselem, y tras su experiencia europea, lograron su sueño de escribir guiones  para el cine. Esta vez en paz y libertad. 

Al igual que sus homónimos estadounidenses Ruth Gordon y Garson Kanin, pareja de guionistas ganadores de un premio Oscar, los tangerinos soñaban, mientras escribían para los directores, Ismael Rodríguez, Nosotros los pobres, Roberto Gavaldón, En la palma de tu mano o Julio Bracho, Distinto amanecer, ganar también su gran premio: el Ariel, el máximo galardón del cine mejicano. Repleto de astros y estrellas cuyo fulgor se proyectaba por todo el mundo. 

El mismo brillo que alcanzó a Rafael Nogales. Olvidado ya de que un día saludó a Freud en Viena, ahora componía mil y una piezas para las producciones del cine nacional. Aunque tuvo que plegarse a las exigencias de los filmes folklóricos, también tuvo la oportunidad de escribir las mejores notas en los pentagramas de las mejores bandas sonoras. Desde marimbas costeñas a música incidental y bandas sonoras que se hicieron inmediatamente populares, con canciones como Malagueña Salerosa, de la película Enamorada del citado Emilio Fernández, Amorcito corazón, de Nosotros los pobres, de Ismael Rodríguez o Aventurera, 

dirigida por Alberto Gout

La calidad de los españoles era reconocida en los cenáculos de la cultura mejicana, y el cine no era una excepción, todo lo contrario. Era el vehículo más rápido y popular para hacer llegar la cultura a los rincones más alejados de la República. 

Y España, siempre presente. A pesar de la distancia. A pesar de todo. 

Las películas recreaban obras de autores tan nuestros como Blasco Ibáñez, La barraca, de Roberto Gavaldón, para alegría del compositor alicantino, sin olvidar los dramas de Benavente, La malquerida, con la gran Dolores del Río, Casona, La dama del alba, de Emilio Gómez Muriel. Y hasta el mismísimo don José Zorrilla, cuyo Don Juan Tenorio, atravesó el Océano Atlántico para quedarse para siempre. 

Para siempre...dos palabras tan sencillas como complejas, por su especial significado. 

Los años corrían y la fauna diversa crecía en trabajos y afanes. Y también en años. 

La fortuna o, tal vez, la casualidad, les sonreía. El Café de Pombo fue sustituido por el Café de Insurgentes. Ahí se reunían, al principio, con mucha, muchísima frecuencia y, cada vez menos con el paso del tiempo, pero aún se sentían presentes porque seguían juntos. Juntos para hablar, platicar, decían ahora. Juntos, para tomar un buen café caliente y ahuyentar el frío que nunca les abandonó. Juntos para recordar el pasado y para imaginar el presente en una tierra que no volverían a ver sino con los ojos de la nostalgia. 

A ellos se juntaron cientos, miles, de españoles que, con mayor o menor fortuna habían unido sus vidas a la de la legión de expatriados, de trasterrados que cumplieron su destino en tierra extraña. 

Malos tiempos que dejaron paso a mil y una clase de existencias: unas triunfantes, otras fracasadas, muchas trágicas, otras, diluidas en la nada del olvido.  

El tiempo fue afinando sus acentos originales para dejar paso al de sus hijos. Las palabras eran las mismas, pero la música era diferente. El orgullo les impedía reconocerlo, pero ya no eran los mismos porque ya eran otros. Seguían siendo trasterrados, siempre víctimas de un nuevo salto hacia una vida que tal vez no reconocían como propia. Una extraña peripecia de años, que parecía siempre un ensayo para la vida real. Una vida tan real como inventada. 

Por ellos y para ellos mismos. 

Un ensayo de gente. Un ensayo con gente. 

Aunque el invierno de sus días aún no había llegado. Algún día los volveremos a ver. Nos encontraremos en este blog. 

Cuatro personajes. Cuatro siluetas apenas esbozadas en un relato sin piruetas, quizás sin gran emoción, pero sentidos como reales. 

Volveremos a vernos. 



- CONSTANCIA DE LOS DÍAS: cuatro nombres propios. Cuatro nombres desconocidos sepultados bajo escombros: Laura, Dambelé, Alfa y Jorge

Al igual que los integrantes de nuestra fauna diversa, salieron de su tierra para buscar la vida. Otra vida. Desde aquí, nuestro recuerdo.
Descansen en paz. 

- Empiezan a sonar los nombres de los nuevos premios Nobel. Los tan esperados galardones para los aficionados a las quinielas imposibles. 

Por lo pronto, volvemos a tener un premiado en Literatura al que conoce poca gente: László Krasznahorkai, ahí queda eso. 

Esperemos buenos frutos de su árbol de letras. Dicen que escribe párrafos interminables de escritura amarga, casi sin puntos. Para eso, ya podrían haberse acordado hace tres años de mi admirado Javier Marías. Yo le habría votado sin duda. 

María Corina Machado: Paz. Quizás, uno de los más controvertidos por los factores que integran la siempre discutida elección. Paz. Lucha y compromiso con la libertad de su país. Enhorabuena, mujer valiente. 






































































































































































































sábado, 4 de octubre de 2025

BARBARITA PREGUNTA Y DISFRUTA. EL PLACER DE ENTREVISTAR. PEPE SIBAJAS, EL GAVILÁN DE LAS LETRAS.


 Dentro de las opciones que da trabajar con una herramienta tan versátil como un blog, en el que dicen que todo cabe, está la posibilidad de publicar entrevistas. Ya saben, gente interesante que tiene mucho que decir, o, quizás que callar. No sabemos. Pero, el placer de entrevistar se hace patente, una vez más, a través de estas Ventanas de Papel. 

Dentro de la galería de perfiles que poco a poco voy creando a través de conversaciones y curioseos, no podía faltar la figura de nuestro personaje de hoy. 

Querido y admirado allá por donde se le ha conocido, José Sibajas Gavilán, Pepe Sibajas, merece un lugar destacado por su curiosa biografía, sus logros y hazañas y, sobre todo, por su inmensa estatura humana. De profesión, artesano de la pastelería, de vocación, escritor y super atleta. Campeón del deporte. Campeón de las letras. Campeón de la vida. 


P- Cuénteme algo de sus primeros años. Sus inicios. 

R- Nací en Fuengirola, en el año 1947. Hijo de Enrique y Antonia. Tengo mis raíces en esta ciudad.

P- Era usted un buen estudiante y también un gran deportista.

R- Estudié en el colegio María Auxiliadora y, más tarde con don Francisco AlcázarEl bachillerato, a falta de institutos en la ciudad, lo hice en los Maristas de Málaga, . 

Pronto destaqué en el deporte sobre todo en Atletismo, recibiendo a los 16 años el trofeo al mejor atleta de Málaga y provincia. También practicaba la natación pero por afición y no de forma competitiva. 

Al terminar Preu, en Málaga no había universidad y marché a Granada para hacer selectivo de Ciencias, aunque, he de decir que, en mi ADN llevaba las letras y suspendí. 

Al año siguiente ingresé, fui alumno fundador en la recién creada Facultad de Política y Económicas de Málaga, a la que me adapté. Una carrera difícil que se truncó en el momento menos esperado. 

P- Cuando todo iba sobre ruedas ocurrió algo que cambió su vida. 

 R- Así es. En el tercer curso de carrera tuve que abandonar por problemas familiares, lo cual me causó un gran trauma. Tuve que hacerme cargo del negocio familiar de pastelería. Luego llegó la mili, me mandaron a Baleares -otro mazazo- pero no tuve mas remedio que adaptarme. Compré libros, muchos de poesía, con mi Biblia poética, La mil mejores poesías de la Lengua Castellana, que compré en Mallorca. Y ya de regreso, de lleno al negocio. Durante 45 años más.

P- Es cuando el poeta se convierte en pastelero...a la fuerza. ¿Cómo era aquella empresa que aún se recuerda en Fuengirola?

R- Una empresa familiar. Mi padre fue un gran profesional y artesano de la pastelería y gran innovador. 

De él aprendí el oficio. Aún después de más de 9 años jubilado todavía me reclaman las PlumillasPanecillos de  Reyes, y los  Roscos Pata Negra. Los primeros, invención de mi abuelo y los segundos mía, con los fundamentos de los de mi padre.  

P - Pero usted nunca abandonó sus aficiones literarias y deportivas.

R- Con esta actividad desbordante no me daba tiempo para mis aficiones deportivas y culturales, pero el tiempo que sacaba lo aprovechaba. Desde pequeño, en los primeros años del bachillerato me marcaron dos grandes poetas, aunque tampoco dejaba a un lado la prosa, me refiero a don Pedro Calderón de la Barca y su inmortal obra, La vida es sueño. Asimismo, he de referirme al malagueño José Carlos de Luna y su famoso Piyayo .

P - El gitano de la Cruz Verde es su debilidad...

 R- Es un personaje literario que me apasiona. Cuando era estudiante en Málaga, tuve la oportunidad de conocer el ambiente de los gitanos de aquel barrio que tan bien retrató De Luna. Y en cuanto a la obra, casi todos los años  recito los versos en reuniones y jornadas literarias. 

P - Ha sido usted pionero en la organización de tertulias literarias en la ciudad. 

R- Así es. Unos años antes de jubilarme me animo a organizar tertulias en mi obrador y, con unos amigos creo  la página Amanecer  Fuengirola, con la intención de recordar nuestra historia, costumbres, tradiciones e inquietudes poéticas. 

P - ¿ Qué significa Fuengirola para usted. Cómo la ve en la actualidad?

R - Hoy Fuengirola es una gran ciudad aunque se echa de menos el encanto de aquel pueblo de pescadores y casitas encaladas. En la posguerra se pasaban necesidades, hasta que, ya en los años 60, llegó el turismo y con él, la prosperidad y el desarrollo.

P -¿ Tuvo alguna tentación de entrar en política?

RTuve mi tentación política pues mi pueblo me duele mucho. Con la llegada de la democracia, en las dos primeras legislaturas hubo un gran deterioro, sobre todo cuando nos engañaron y nos derribaron el emblemático Mercado de  Abastos. El centro se convirtió en un autentico basurero, por lo lo que, junto a seis amigos y en mi pastelería, creamos el G:I.F.,Grupo independiente de Fuengirola. En el año 86. 

Yo fui vicepresidente fundador. Y así empezó el cambio que llevó a Esperanza Oña a la alcaldía de Fuengirola. 

P - ¿ Cómo le gustaría ser recordado, como gavilán o como paloma?

R - No me gusta el protagonismo, prefiero el término medio, pues por mi temperamento e inquietudes, a veces enseño las garras, y otras me la meten doblá. 

P - Por su trayectoria, profesional, literaria, deportiva y como vecino preocupado por el bienestar de la ciudad.¿ Se considera una persona reconocida en Fuengirola?

R - Aunque se suele decir que nadie es profeta en su tierra, tras muchos años de actividad y de conocer a muchas personas, creo que  me siento querido por mucha gente. Por muchos ciudadanos de dentro y de  fuera. 

P - Expréseme un deseo.   

R- Lo que se suele pedir, como digo de forma jocosa, ¡¡Que me quede como estoy!!

 Me gustaría conservar la memoria y la lucidez hasta el final . Ese es mi gran deseo. 


José Sibajas. Gracias por su tiempo. Gracias por tantas letras. Por tan buenas letras. 

De Pata Negra. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS: ya huele a feria. 

En llegando octubre, y con los últimos coletazos del calendario de fiestas de Andalucía, la feria de Fuengirola vuelve a revalidar el título de una de las más importantes de nuestra comunidad. Me atrevería a decir que no se baja del podium de las tres mejores. 

Infraestructura, climatología, ambiente dentro y fuera del Real; unas peñas hermosas y acogedoras donde no hay numerus clausus para la alegría. Caballos de raza, los más bonitos  trajegitana en kilómetros a la redonda, o a la cuadrada. Que igual da para describir la belleza de un rito extraordinario que se repite cada año.  

Para grandes y chicos. De la Chari a la Pili. Ya huele a feria. 





sábado, 27 de septiembre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. MÉJICO. LOS TRASTERRADOS.



MÉJICO LINDO Y QUERIDO.  



Con el título de una archi famosa canción. Así es como se conocería mundialmente a la capital de la República Mejicana, el lugar en el que millones de personas tenían puestas sus esperanzas. Una ciudad que les pareció un mundo, porque era el mundo entero. 

Era el mundo entero para nuestra gente de la fauna diversa que, desde el perfumado Veracruz, el puerto donde se volcó la inmensa ola de los miles de refugiados españoles que buscaban con ansias y miedos una nueva vida, ahora paraban. Plantaban sus cuerpos y sus almas en el lugar más contradictorio que hubieran imaginado, pero allí estaban. Con ojos de incredulidad y esperanza, aquellos que habían conocido la más famosas ciudades de Europa, ahora anclaban su desesperación en esa última estación del camino. 

A lomos del inmenso ferrocarril, el que llevaría a los soldados de aquella cruenta Revolución que aún flotaba en el ambiente, Elena, Rafael, Alberto y Javier dijeron un ¡basta ya! a tanto tiempo de sufrimiento y se dispusieron a comerse el panorama que se les presentaba en la nueva tierra de acogida. La de mujeres hermosas y de los hombres valientes, que decía otra canción patrimonio de una cultura popular que ellos, sin saberlo aún, tanto contribuirían a crear. Había llegado su hora. 

La hora de los Trasterrados.

Pero no todo es tan fácil ni se sucede tan rápido como se desea. Rafael, Alberto, Elena y Javier, eran cuatro gotas de agua perdidas en el inmenso océano de los miles de hombres y mujeres que soñaban con abrirse paso en el nuevo país de asilo. La política de bienvenida del presidente Lázaro Cárdenas, era, en efecto, una mano tendida a los hermanos españoles, pero eran muchos. Demasiados. Aunque, y ya en esta tesitura vital, era el momento de decidir el futuro a una jugada. A un albur, como se decía allí, y hacia ese futuro encaminaron todos sus esfuerzos. Buscan gente para el cine, la guerra mundial está favoreciendo la producción nacional, y necesitan gente de nuestra talla y nuestra experiencia

El principio no fue sencillo, pero la decisión extrema de nuestros artistas les hizo asomarse a los Estudios Azteca, situados en Coyoacán, la primera empresa que se dedicó a la producción cinematográfica y que se creó como una fábrica de sueños, al más  puro estilo de los homónimos de Hollywood, aunque con un sello propio: el de resaltar la cultura de un país que salía del caos revolucionario para entrar en una época de modernidad en la que primaban la exaltación de lo autóctono con películas de las llamadas rancheras y de recreación de un Méjico perdido en la memoria: los años del Porfiriato, como un tiempo idealizado que hacía soñar a los nostálgicos. 

Había mucho que hacer: pintar decorados y diseñar figurines y vestuarios, lo que dio trabajo - y vida- a Javier Linaza, el pintor malagueño. Cuadros y más cuadros de tunas y guitarrones, de desierto y de grandes montañas, de aguas y barcas de pesca y velas imposibles. Y la gente. Los tipos más diversos que se fundían en uno solo. 

 Los guiones, de los temas más diferentes, cayeron en las manos de Alberto y Elena que, asombrados, pasaron de las historias del Expresionismo alemán, con sus luces y sus sombras, a las de charros cantores y mujeres de negras trenzas, tan aguerridas como abnegadas. Nada que ver con El ángel azul. Aquí, los ángeles son de todos los colores, ironizaban, entre la sorpresa y la expectación por lo nuevo. Porque, para ellos, para todos ellos, todo era nuevo. 

Y qué decir de la música. Si a Rafa Nogales, el que soñaba con componer grandes obras sinfónicas y    al que al que saludó una vez el mismísimo Sigmund Freud en un café de Viena, le parecían ramplonas y vulgares las músicas de las películas españolas de los años treinta, ahora se encontraba con la horma de su zapato. Los rasgueos de las guitarras de las producciones folklóricas de  charanga, pandereta, cortijos, toreros y bandoleros, se quedaban en nada comparados con las canciones rancheras, las tonadas de la gente del campo y los sones del arpa y la marimba de la costa veracruzana. Recreadas una y mil veces en cientos de producciones. 

Pero había que comer, había que integrarse y había que abrirse camino a como diera lugar, en una forma de asimilar las expresiones de un país cada vez más volcado en lo propio y que exigía mejicanizar hasta el aire que se respiraba. 

Ese era su nuevo reto y ante él tendrían que rendir sus horas y sus vidas. 

Durante todas sus horas. Durante todas sus vidas. Hasta que las raíces fueran tan fuertes que hicieran desaparecer la sensación de frío que les acompañó desde que salieron de sus mundos propios, y que nunca, nunca dejaron de sentir. A pesar de esas mismas raíces, a pesar de la lengua, a pesar de la acogida. A pesar de...

Nuestros artistas tuvieron, ¡por fin! la suerte y el éxito que tanto habían buscado y por el que tanto sufrieron y dieron tumbos de equipaje roto por la vida y los años turbulentos y sangrientos que les tocó vivir. Ahora era su hora. La hora de todos en los esplendorosos años del Cine de Oro. 

Aunque no todo fue de color de rosa. Los brazos abiertos del delirio de la llegada se cruzaron en muchas ocasiones. El ejemplo de Morelia podía ser una advertencia. 

Por el momento eran los hermanos españoles, más tarde serían Los Gachupines. La fauna diversa se mimetizó con el paisaje y el paisanaje, en un último intento de sobrevivir. Sus nombres rotulaban las pantallas y los carteles. 

Lo consiguieron: trabajaron, vivieron y amaron en los años de triunfo y en las generaciones que les recordaron. Allí, se asentarían para siempre con fructíferas raíces. Aunque siempre siguieron sintiendo frío. 

Nunca los olvidaremos, en sus días y en sus obras. Continuará...

- CONSTANCIA DE LOS DÍAS 

Acaba septiembre, y una niña rubia y un hombre bueno, cumplen años. El mismo día, qué casualidad!! A por muchos más. 

- Aunque no se quiera, nunca falta la nota luctuosa: Claudia Cardinale, siempre en nuestra memoria, del brazo de Delon y Lancaster, está en un baile memorable. Puro Visconti. Lujo e historia. 

También estuvo por la costa del sol de la mano de Javier Checa, el mago de las locas ideas. 

Comida en el Higuerón y rendida admiración. 

Es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Bravo, Lampedusa. 


sábado, 20 de septiembre de 2025

BARBARITA Y LAS VIDAS DE LEYENDA DE LOS BANDIDOS BRASILEÑOS DEL SIGLO XX. HISTORIA MÁGICA DEL BANDIDO LAMPIĀO Y MARÍA BONITA, POR EL PROFESOR ANTONIO NADAL.


 


LAMPIĀO Y MARÍA BONITA.


En esta ocasión, y por primera vez, Barbarita no firma lo que escribe ni protagoniza la historia de cada sábado. La autora se echa a un lado para dejar paso, con orgullo,  a una colaboración de lujo: la del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Málaga, Antonio Nadal Sánchez, de quien tuvo la gran suerte de ser alumna y que ahora le permite publicar un pequeño pero intenso relato sobre la vida y hazañas del bandido Virgulino Ferreira, conocido como Lampiāo, y la de su enamorada, la llamada María Bonita. Unos personajes tan fieros como entrañables en el más subjetivo sentido del término. 

Léanlo despacio y disfruten con una historia donde la magia habita en un grupo de bandoleros ataviados con ropas llamativas, algunos, casi atildados para un terreno salvaje, y con el detalle burgués de una máquina de coser en un escenario de violencia y sangre. 

 Lampiāo brilla con el fulgor de una lámpara de fuego. María, la Bonita, le sigue enamorada. Hasta el fin de su destino. 

La epopeya bandolera del Noroeste del Brasil.

 

Hace algún tiempo la fortuna puso en mis manos una investigación excepcional, un libro mágico por la distancia sin tiempo comparado, donde el mito consigue subvertir la muerte y el dolor embellecer la literatura

Por Hobsbawm conocíamos una cita bibliográfica en Bandidos (1969). Después, traducido al castellano, pude disfrutar de “Os Cangaceiros” de María Isaura Pereira de Queiroz, ilustre historiadora brasileña. 

Pese a publicaciones posteriores (Peter Singelman, Linda Lewin, Billy Jaynes Chandler), como dice Hobsbawm “Os Cangaceiros”... tiene todo lo que hay que saber sobre el bandolerismo en el Brasil”.

            La epopeya bandolera brasileña posee su propio rey de la caatinga (bosques ralos de cactus y matorrales espinosos): Lampião (farol, linterna grande). Virgulino Ferreira, el príncipe del Sertón.

            Lampião ocupa el centro del libro de María Isaura. Su origen no está alejado de las causas más elementales del bandolerismo, de quienes actúan al margen de una ley considerada un apéndice de los poderosos.  El escenario de sociedades sin Estado.

            Virgulino quería venganza: El día que acabe con los Nogueiras -habría dicho- o los expulse de la Serra Vermel -ha -como hicieron ellos con mi papá-, podré morirme; mas si antes de eso una bala perdida me alcanza, entonces partiré, sólo que muy agobiado con el corazón oscuro. Estoy esperando la oportunidad que me permita hacer el trabajo de una sola vez, para que no tengan que regresar luego a completar la obra.

            Los tres hermanos Ferreiras, otra de las alianzas que configuran las resistencias asociales -no tardaron en hallar la banda de Sinho Pereira, y poco después recibieron el verdadero bautismo de fuego. Orgulloso, Virgulino le comentó al jefe que durante la balacera con la volante policial su fusil no había dejado de relumbrar como un Lampião.

            Los cabras encontraron muy gracioso lo que dijo, y Luis Padre anotó que ya no caerían más en las emboscadas de los volantes, por falta de un farol para iluminar el camino. 

Desde ese día, Virgulino Ferreira da Silva empezó a ser conocido como Lampião. Y del cañón de su espingarda -arma que más tarde reemplazó por un fusil del ejército, regalado de las autoridades federales- brotó un fulgor, luz lívida y siniestra que por más de quince años iluminó los sertones de Nordeste.

            El cangaceiro tenía treinta y tres años cuando Ranulpho Prata -investigador que recogió con mayor o menor fortuna sus crímenes- esbozó su figura basándose en descripciones que oyera: Virgulino Ferreira es de color bronce oscuro, tiene 1,90 metros de estatura, torso fuerte, cabellos negros y lisos que caen sobre los hombros, facciones duras aunque armónicas, sin ningún físico de atavismo. Excelente dentadura. El ojo derecho -inservible por culpa de un gajo de jurema- lagrimea constantemente, protegido con anteojos de montura de oro... Lo que más impresiona en su extraño físico son las manos: terroríficas, expresivas, revelan un temperamento, una vida. Manos feroces, convulsivas, astutas, brutales y ávidas. Parecen siempre febriles, temblorosas, animadas de una extraña vida, como si cada músculo y cada nervio recibiera permanentemente la excitación de una aguja eléctrica. Manos que poseen hábitos horribles, pasiones furiosas.

            Lampião procedía de relaciones étnicas autóctonas de esa parte de Brasil. Así lo proclama Optato Gueiros -uno de los perseguidores más implacables del cangaceiro -quien así lo describe en su primer encuentro con Virgulino. Allí Lampião habría expresado un pequeño orgullo, matiz de raza.

            -Sin embargo -dijo Lampião-, yo no nací para esta vida de cangaceiro. Habló con franqueza; si no hubiese nêgo en la policía para lidiar con la gente, yo hasta sería soldado.

            -Compadre Virgulino, ¿acaso no eres negro? -interrumpe Sebastiao.

            -No -tercia Antonio Ferreira-. El no es negro sino moreno, color de canela.

            -Basta ya, Antonio -observó Lampião-. Deja ya el tal color de canela que no soy una mujer.

            -Es cierto -medita Sebastiao-, el asunto ese de color de canela no es para hombre; él es moreno luscofusco. El suyo es el color moreno del anochecer.

            En 1922 Sinho Pereira, cansado de  su vida de aventuras, se marchó y transfirió la comandancia del grupo a Virgulino. Su inteligencia, capacidad táctica y de liderazgo le convirtieron en inaccesible para el ejército o la policía, según los testimonios de hasta sus más encarnizados enemigos.

            Los cangaceiros tenían su manera específica de luchar, su “arte de la guerra”, que más tarde copiarían las volantes.

            En lo más enardecido de la refriega cantaban, injuriaban o se ponían a relinchar o a imitar a muchos otros animales, en los que eran completamente correspondidos y emulados por los soldados que, a su vez, en términos generales, compartían la misma procedencia.

            Lampião fue herido en el combate de Baixa Verde.

            Lo rescató el cangaceiro Meia-Noite, negro hercúleo que se alejó con él cargado a sus espaldas, escondiéndose en el valle hasta la completa recuperación de su jefe. El autor de sus heridas fue Odilon Flor -uno de los hombres del sargento Quelé-, razón por la cual Lampião llegó a odiarlo intensamente.

 

María Bonita, el amor

 

            Hija de Joao Casé -propietario de la hacienda Malhada do Caiçara- y de su mujer María Déia, contaba entonces diecinueve años de edad y vivía con un zapatero llamado Zé de Neném. 

El sobrenombre que le dieron a ella le hacía justicia, porque María Bonita era realmente una bella mujer. Optato Gueiros oyó de la boca del cangaceiro Cambaio la historia del encuentro de Lampião y la muchacha. Cuando Virgulino arrió al predio de Joao Casé, María Bonita no se encontraba allí; vivía con su marido cerca del pueblo de Santa Brígida. Enamorada del famoso cangaceiro aun sin conocerlo, no ocultaba su fascinación por sus hazañas y por todo lo que se contaba de él; sin embargo, conocía a Luis Pedro, que aceptó llevarle un recado suyo a Lampião.

            De acuerdo con una de las versiones de esta historia, cuando Lampião llegó a casa de la mamá de María Bonita, ésta habría mandado llamar a su hija para que conociera al cangaceiro. Según la explicación de Optato Gueiros, Virgulino habría dejado la banda junto con cuatro compañeros para seguir a Luis Pedro hasta la casa del zapatero. Al oír las llamadas, María habría acudido a la puerta reconociendo al hombre a quien había distinguido y dirigiéndose a Lampião, habría dicho alto y claro, para que todos oyeran:

            -Este es el hombre que yo amo.

            Y agregó:

            -¿Quiere raptarme o quiere que lo acompañe?

            -Lo que usted prefiera, María, eso también prefiero. Si está dispuesta definitivamente a acompañarme, vámonos ya -respondió Lampião.

            Sin más preámbulos ella entró en la casa y, cuando salió, fue con una manta terciada al hombre y dos morrales con ropa, al uso de los cangaceiros. Volviéndose hacia el marido, petrificado en un rincón de la sala, le dijo:

            -Adiós, Zé.

            Y desapareció con su soñado nuevo amor.

 

La masacre de Angico

 

            Lampião intentó poco a poco ir desapareciendo del mundo cruel e inestable del serton y creía que podría ser perdonado. El resto del país no era muy distinto a su vida de ataques o crímenes. Sin embargo, la policía no ignoraba que Lampião seguía con vida y era el cerebro de varios asaltos padecidos por haciendas y pueblos; por tanto, decidió localizar su escondrijo y atacarlo.

            En junio de 1938, el cabo Joao Bezerra detuvo al comerciante Pedro Cándido por sospechar que negociaba con Lampião.

            Sometido a una serie de torturas, Pedro Cándido acabó por confesar su vínculo con el cangaceiro. Admitió que últimamente iba todas las semanas a Sergipe, donde Lampião se encontraba con su banda, y que muchas veces pasaba semanas enteras con él.

            La traición siguió a la confesión. A juicio de Nonato Masson, Pedro Cándido fue inicialmente solo a Angico, y de madrugada habría envenenado el café que debían beber los cangaceiros. 

La casi inmediata llegada de Bezerra se anunció con un intenso tiroteo, mas para entonces los cangaceiros ya habrían muerto. La policía saqueó la guarida de Lampião, equipada por él con todo lo necesario para llevar una vida confortable, sin olvidar la máquina de coser de María Bonita.

            Después de la masacre y el saqueo de los cadáveres de los bandidos, el soldado Sebastiao Viera Sandes recibió órdenes de cortar la cabeza de Lampião, en tanto que su compañero, el soldado Antonio Bertoldo da Silva, hubo de hacer lo mismo con María Bonita.

            Los demás cangaceiros también fueron degollados y sus cuerpos arrojados al fondo de un riachuelo. Las cabezas fueron colgadas en latas de queroseno llenas de salmuera. 

Con el fin de simular un combate que no existió (puesto que al llegar la tropa los cangaceiros ya habrían muerto envenenados) e impresionar a los superiores, el soldado Adriao Pedro de Souza habría sido asesinado por sus compañeros y el cabo Joao Bezerra se habría disparado un tiro de raspado en su propia pierna.

            Lampião, el rey del serton, el príncipe de los bandoleros pasó a formar parte de la historia y el mito del Brasil.

 

sábado, 13 de septiembre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. EL FINAL DEL VIAJE. LA LLEGADA.

 

BIENVENIDOS A VERACRUZ


Y llegaron a su destino. Al puerto soñado de la ciudad soñada y mil veces imaginada, por desconocida y deseada. 

VERACRUZ. 

Tras casi un mes de navegación y zozobra emocional, nuestros artistas de la Fauna Diversa, que así quedaron bautizados sin saberlo desde el primer capítulo de este relato, pisan tierra firme en el sitio más parecido a sus lugares de origen, tal es su anhelo de vivir otra vez junto al mar, aunque este estuviera a miles de kilómetros de casa. 

Pero había mar, palmeras, vientos y palabras conocidas y familiares: el idioma español, en el que algunos habían aprendido a hablar y, hasta a rezar, volvía a acariciarles los oídos y llenado el corazón.

 Con otro acento, otro deje, distinta musicalidad, pero español. La lengua que amaban todos. 

Allá por los años 40 del siglo pasado, Veracruz, perteneciente al estado del mismo nombre, situado en el Golfo de México, se destacaba como portadora de una rica historia: primer puerto y ayuntamiento fundado por los españoles en América. En esa década, tan crucial para el mundo, Veracruz se consolidaba como un puerto vital para el país Azteca, y fue, igualmente importante en el desarrollo del México post revolucionario, marcado por unos años convulsos y violentos que culminaron en una etapa de desarrollo y, para los españoles, la puerta de entrada y acogida. Como la entrada al cielo, después de tantas penurias sin fin en aquella vieja Europa que muchos nunca volverían a ver. 

Pero, por el momento, Europa había quedado atrás. La gente quería olvidar y conocer mundos en paz, tierras diferentes donde poder vivir sin miedo. La tierra de promisión estaba allí, bajo sus pies, en un ambiente lleno de luz y color, olores y sabores casi hermanos, con gente que sonreía y tendía la mano sin preguntar. Ese era el México que les recibió con los brazos abiertos. A ellos, y a cientos de españoles anhelantes y también un punto recelosos del futuro. 

Música, banderas, flores, frutas y dulces típicos, todo era poco para recibir a los hermanos españoles que huían de una patria devastada y en ruinas, y a los que se ofrecía la oportunidad de cambiar sus tribulaciones por trabajo, paz y libertad...Al menos, a algunos, porque de todo hubo y eso forma ya parte de la Historia del siglo XX en aquella tierra de acogida.

Pero...¿Cómo encajar a tanta gente en el entramado de un país con mejores intenciones que medios de acogida efectiva?. ¿ Cómo encajó nuestro grupo de artistas exhaustos y con las ilusiones justas para empezar de nuevo? La tarea, nada fácil para nadie sin referencias, apellidos sonoros, o políticamente comprometidos se presentaba muy cuesta arriba para desarrollar un trabajo artístico cuando hacía más falta mano de obra que las dedicadas a los pinceles, partituras y papel de escribir. 

Pero había que intentarlo. El Sinaia había sido su último asidero antes de abandonar tierras hostiles, ya no había vuelta atrás y ellos lo sabían. Y había que comenzar una actividad. Para eso habían atravesado el océano. Para ello habían vuelto sus vidas del revés fiados en la esperanza del nuevo mundo por descubrir. 

Pero eran muchos. Demasiados fiados en la misma esperanza y con el mismo objetivo. 

Vivir y trabajar en paz. Vivir, todavía. 

Veracruz, puerto pujante y lleno de vida comercial, ofrecía pocas oportunidades para los artistas. 

Se imponía ir a la capital, el Méjico situado en una laguna. La capital de millones de personas donde todos buscaban cobijo: indios autóctonos, campiranos, gente desplazada de pequeños pueblos animados por la misma idea. 

La ciudad donde todo era posible en medio de la gran mezcolanza jamás conocida: de las grandes mansiones al inframundo. 

De la opulencia a la miseria. Bendecidos y malditos. Renombrados y olvidados. Terreno abonado para todo lo mejor y todo lo peor. 

Era el signo de los tiempos y allí llegó nuestra troupe. Al olor del triunfo, que sólo era la capa superficial de la realidad. 

Una vez perdidos los ecos de los recibimientos entusiastas, la música se apagó, las flores se marchitaron y los dulces y las frutas había que pagarlos.

 Como cuando dieron el gran salto a la Europa floreciente de los años 30, ahora, aunque menor, había que dar un segundo salto decisivo hacia la capital de la República. La de las promesas del presidente Cárdenas. La de los brazos abiertos...

Así, y en un salto menos peligroso que los anteriores, nuestra fauna diversa, que llegaría a formar parte del importante grupo de los conocidos como Trasterrados, comenzó a ver la luz entre tanta tiniebla pasada. 

Los cientos resultaron miles y de todos, no todos tendrían fortuna. Ni apellidos, ni posición, ni fama académica. Sólo talento entre la marea que intentaba abrirse paso. 

Pero los tiempos estaban cambiando y la repercusión de la guerra europea en la industria del entretenimiento de los Estados Unidos iba a serles favorable. 

El túnel abría sus fauces, y, a través de él llegaron al DF. A la nueva Meca de los desposeídos de la suerte. Esa iba a ser su oportunidad e iban a aprovecharla. 

Manos para pintar, para componer y escribir. El país necesitaba un baño del brillo intelectual que los españoles aportaron con su talento. 

Y allí estaban ellos. Los Trasterrados iban a hacer historia. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS.

- Comienza el curso escolar y los gorriones vuelven a los nidos del aprendizaje. Algunos con un oferta variada de pantallas que nunca sustituirán una pizarra o encerado, y, por supuesto, un buen dictado: puntual y diario, lleno de ricas palabras en la más rica de las lenguas del mundo conocido. La que decían 'de Cervantes', un señor, últimamente de moda por asuntos varios y, hasta ahora tan desconocidos, como dignos de ser investigados. Por saber. 

Aunque la fabulación sea bienvenida, extrañan ciertas novedades en la vida de nuestro escritor más universal. 

- Una vez más, la muerte está en el camino de la vida, y, esta vez, se ha llevado como del rayo a una persona que llegó a ser personaje, tal era su capacidad creativa y de ingenio. 

El pasado jueves falleció Javier Checa González. Empresario, político, comunicador y creador de unos contenidos inconcebibles en su momento. Creó y construyó un edificio de mundos nuevos y diferentes para mucha gente en un tiempo adelantado al tiempo. 

La palabra glamour fue el leit motiv de su vida y consiguió mover, cambiar y hasta indignar a miles de personas normales. Él estaba a otro nivel, a otras cosas y, a ritmo de Tango,     Vals y Pasodoble alborotó el gallinero dormido. 

Su paso por la vida no dejó indiferente a nadie. Hay que provocar para que el espectáculo atraiga más. Siempre una vuelta de tuerca más para hacer posible lo imposible, creíble lo descabellado, aceptable lo absurdo. Y lo consiguió. A fe que lo consiguió. 

Su luz terrenal se apagó. Ahora el foco le ilumina en otro sitio. Champion du monde. Descansa en paz.