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sábado, 28 de febrero de 2026

BABARITA RELATA. LA PEQUEÑA CRÓNICA DE UN VIAJE CORTO, INTENSO Y HELADO. PARTE III.

 



                                                                              


Amor sin barreras


Nuestra travesía continúa sin novedad. Es curioso cómo enfrentan las noches, con qué diferentes perspectivas se preparan las grandes galas y las mejores ropas gastadas y remendadas para celebrar el plácido viaje de la riqueza o para salir de la estrechez que campea en el reducto de los pobres. No hay obligación de festejar, al menos los que menos tienen, aunque, es precisamente, ese no tener, lo que anima a algunos a igualarse con la vida de arriba. 
Como ya recordamos, el champán y los vinos de grandes añadas se convierten en cerveza, sidra o aguardiente y los valses por los bailes de Cuadrilla, las Tarantelas y algún tímido paso de Ragtime o Step, para los más jóvenes, sin olvidar el espectáculo gratuito que ofrece la pareja española cuando no tiene que actuar en el gran salón de lujo. Basta una guitarra y unas castañuelas para que el aire se impregne de arte en esos preciosos momentos. Y, nunca mejor dicho, el tiempo, su tiempo, es, a partir de ahora lo más precioso de sus vidas. 

Doña Bárbara prepara sus ropas para la cena. Esta noche, el capitán Smith se sentará a la mesa de los españoles, doña Encarnación hará de intérprete. Tomarán Filet mignon á la truffe y una exquisita Omelette sucrée aux amandes effilées, entre otras delicias. 

Los irlandeses de tercera clase hacen muchísimo ruido, beben y buscan bronca constantemente. Hay algunos sacerdotes que intentan apaciguar el ambiente, pero, aunque la grey es devota, no atiende a razones: en dos días de navegación se les ha ido el tiempo entre pelear y jugar a las cartas. Y tomar alcohol. Las mujeres callan,  rezan eternos rosarios y confían. En el Nuevo Mundo sus hijos harán algo grande. La señora Kennedy está segura de ello. 

Se acerca la noche decisiva, el Diario de doña Bárbara de las Heras calla de momento. 

 - Nos quedan muchos días para seguir plasmando las emociones del viaje, pero esta noche se presenta especial y no quiero que nada me distraiga. En cubierta hace mucho frío, pero en el gran comedor estamos en la gloria. 

Los comensales se acercan a sus mesas,  el escenario está preparado. Vemos a Miguelito del Canto, el guitarrista gaditano que acompaña a la pareja de flamencos. Los camareros empiezan a abrir cientos de ostras que colocan en grandes fuentes de plata tapizadas de hielo picado. Como un augurio funesto de la inminencia de la catástrofe. 

El telégrafo, inquieto e inquietante, repica mil veces con un importante aviso para la seguridad del viaje: se han avistado grandes masas de hielo en la trayectoria del Titanic y de no cambiar el rumbo de navegación, la desgracia será inminente. 

Pero el barco es un gigante, fuerte y duro, indestructible e insumergible. A prueba de icebergs y de cualquier obstáculo aún imprevisto. El buque es el símbolo de la fuerza y la pujanza que trae el nuevo siglo. Ningún elemento podrá dañarlo. Suficiente razón para manifestar su superioridad por encima de cualquier tipo de accidente.

Abajo se baila al son de un desvencijado piano y arriba se aplaude la actuación de la pareja española. Luego llegarán más bailes: Polkas y Mazurcas. ¿ Qué habría que temer en una noche perfecta?

De repente, a las 23.40 de la noche del 14 de abril se oye un enorme crujido, un sonido siniestro que avisa del choque que corta el casco del buque como si de un inmenso cuchillo se tratase. Algo no va bien. Frederick Fleet, el vigía de guardia ve la gran masa de hielo que se acerca como un monstruo inevitable e inesperado. El aviso de alerta resulta inútil,  el monstruo, rápido y certero, cercena la estructura del unsinkable. Hasta las entrañas. 

El hachazo se siente en todos los rincones del barco. El gran navío, el orgullo de la Harland and Wolff, está herido de muerte y empieza a hundirse a una velocidad de vértigo. La sorpresa, el pánico y el caos total, golpean a miles de personas que gritan aterrorizadas. 

Comienza la macabra cuenta atrás que marcará la vida y la muerte de todos de la misma forma en que se dividieron al zarpar: por clases, por lugar dentro del buque, por acceso al salvamento. Por destino marcado como dijeron las cartas.

Una vez superado el primer impacto es hora de actuar, y así se hace. Alrededor de miles de pequeños trozos de porcelana y cristal del maltrecho comedor de lujo la gente reacciona y se pone en marcha para salvarse y para salvar, como doña Encarnación Reynaldo, su dominio del idioma inglés la ayudará y junto a la brava Molly Brown, capitanea la salida del gran comedor, el acceso ordenado a cubierta, a los botes y a los chalecos salvavidas. 

Una de Oviedo y una de Arkansas,  valientes y decididas. Harán historia. 

Mientras la noche avanza y el buque se hunde irremisiblemente los de abajo forman una tropa cerrada para intentar lo que se presenta casi imposible: pequeños incendios, vías de agua y explosiones hacen más difícil escapar. El caos es allí aún peor, hay que subir, trepar, tirar de cuerpos heridos, luchar con la debilidad de niños y ancianos. La marea humana se dobla ante el empuje de la catástrofe. Beppe trabaja sin descanso, ayuda y organiza. Tiene que salir, tiene que alcanzar a la spagnola, necesita vivir y ayudar a vivir. Devo vivere, se repite, stasera non è la mia notte

Al igual que el valiente italiano, muchos otros tampoco dan todo por perdido, una ilusión vana que se escapa por momentos al comprender que todo se acaba en el océano helado. 

Doña Bárbara, tan aterrada como decidida, también ayuda en lo que puede, hasta se desgarra las blancas enaguas para taponar heridas. Jamás se imaginó el final de su vida en semejante trance y tan lejos de Ceuta. Testigo de malos naufragios allá por Los Hileros de Santa Catalina, no deja que el miedo la paralice y  por eso no se arredra. No es su intención, tiene que volver a cruzar el Estrecho de Gibraltar para volver a casa. Quizás no se embarque jamás, pero tiene que salir de esta. 

Salir. Es la muda consigna. Llegar a los botes, no hundirse.  Sobrevivir. Para eso estaban allí, para alcanzar la nueva vida que les prometían sus sueños... Aunque todos sabemos que no fue así. 

A pesar de la inmensa tragedia, el reloj es inexorable y cumple con su misión de medir el tiempo. Son las 2.20 de la madrugada. Aunque negro y estrellado, el cielo no refleja más que una noche cerrada en hielo y acero. Y la negrura del mar. El iceberg es un cuchillo que se acerca y el barco más famoso del mundo va entrando lentamente en la historia. 





Consumatum est

Todo se diluye y se pierde en el mar. En el mar... Pero en otro  mar, en otro viaje y en otro barco. 

- Nena, Barbarita, despierta, que ya se ve el Monte Hacho, espabila que estamos entrando en la bocana, que lo ha dicho el capitán Merayo. Vaya sueño que te has echado. Vamos, que luego no encontramos taxi y tenemos que tirar de las maletas hasta la Plaza de Azcárate. Ha sido una travesía buenísima, el Virgen de África ni se ha movido, así da gusto. Vamos, niña. 

Y a pesar del sueño...un poco de historia. 


De los 2.224 pasajeros que llevaba el Titanic, incluida la tripulación, murieron 1.496 personas en el naufragio, lo que significa el 67 por ciento del total.  Estas cifras varían según las fuentes consultadas pero ponen de relevancia la extrema gravedad del accidente del barco más famoso de su época y que alcanzó fama mundial a través de multitud de estudios, obras literarias y películas, como la oscarizada Titanic, de James Cameron
No fue el naufragio más importante de la historia de la navegación, pero sí el que ha originado más controversias, investigaciones y hasta leyendas.
En cuanto a los pasajeros, nada nuevo descubrimos al decir que fallecieron personas tan eminentes como Benjamin Gugenheim, John Jacob Astor, Isador e Ida Strauss, Walter Millet, Víctor Peñasco y su esposa Ana, entre otros muchos, conocidos y anónimos. 
Con respecto a los protagonistas del sueño, unos se hundieron en el mar helado y otros se salvaron,  como Carolina y Beppe, Miguelito del Canto, Molly Brown, Encarnación Reynaldo, la familia Goldstein, y Patrick Kennedy, y los Santuzzo, y Mateo Kovac y...doña Bárbara de las Heras y Nombril, que tardaría mucho tiempo en volver a embarcarse. Ni para festejar a la Virgen del Carmen. 

Pasaron los años, y los Estados Unidos de América siguieron recibiendo a emigrantes, miles y miles huyendo de las hambrunas, los pogromos y las miserias de la vieja y cansada Europa.
Hubo dos guerras mundiales y el mundo siguió adelante, pero nadie olvidó la gran desventura ocurrida aquella noche de febrero de 1912, una tragedia que hundió las ilusiones de miles de personas en un viaje corto, intenso y helado


CONSTANCIA DE LOS DÍAS:

-Y después de tanto frío, les aconsejo que calienten el corazón. Oigan a Roberta Flack, fallecida esta semana. 

Su cálida voz nos acompañará siempre. Y, nos seguirá... matando suavemente







7 comentarios:

  1. Estupendo relato, lleno de emoción. El capitán Merayo se hará famoso, jajaja. A por otro sábado. Pilona

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  2. ¡Menuda travesía!. Algunos personajes me suenan más que otros😊 . Felicidades 💚🤍💚

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  3. Me ha gustado muchísimo , no podía ser menos tanta imaginación, te acuerdas papa te decía "la rolli "😘😘😘

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  4. Cómo siempre, me ha encantado. El amor , a pesar de la tragedia, puede con todo... Bonita historia, aunque triste para los que no pudieron alcanzar su sueño y se quedaron en ese mar helado. Hasta la semana que viene, Barbarita :)

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  5. Excelente relato. Que bien escribes Barbarita .

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  6. Que historia más bien contada ! Gracias Barbarita ! Como todos , queremos seguir la historia ! Que pasó después del hundimiento ? Los que se salvaron , que fue de ellos ? Vamos Barbarita ! Tú si que vales !! 🥰👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻😍💋

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  7. Relatos muy interesantes.
    Mezcla de realidad e imaginación.
    Gracias.

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