| Un universo para disfrutar. |
Se celebra el Día del libro en el planeta de las letras y se festeja lo contentos que estamos de habernos conocido entre tanta letra impresa: negro sobre blanco, de colorines y en toda clase de papel, edición y tirada. Y en cualquier lengua, conocida o por inventar. Del fascinante papiro al glorioso Braille, todos leemos, o no, comulgamos, asumimos e interiorizamos lo leído. Y somos felices cuando la memoria nos guarda las historias. Para un tiempo o para siempre: es la felicidad que proporciona la lectura, y el recordar los mil y un relatos que se quedaron en nuestro corazón ad eternum. Pegados a la piel.
Aunque, y sin importar la fecha que se celebre, me gusta recordar las enseñanzas de los libros que llenaron mi vida. Las tramas y argumentos que hicieron de mí una persona más feliz y que me ayudaron a vivir. Libre.
Hacer un listado de libros leídos y atesorados en la memoria, no es tarea fácil por cantidad, títulos, estilos y formatos. No entro en la calidad porque considero que no hay libros malos, al menos, no del todo. Porque, de todos y cada uno se puede extraer una enseñanza positiva. De todos. Porque todos han tenido su momento y su protagonismo y, en definitiva, han servido de alimento, de suero vital para nutrir al lector- esponja que ha pavimentado su camino con las hojas mágicas de los libros de su vida.
Hay libros que golpean directamente al corazón y al intelecto y dejan una huella eterna. Otros, sin embargo, flor de un día de estrategia y buena política editorial, se pierden en la bruma de la memoria. Fácilmente olvidables.
Aunque, y a fuer de ser sinceros todos los libros tienen su valor y por mucho que se consideren mala literatura o menores, en todos encontramos un pellizco, una enseñanza, y hasta una advertencia y un detalle que los hace buenos, tal vez mejores, por el mero respeto a quien los escribe, y por no restarle dignidad.
Y, para que no se repita la lúgubre Cristalnatch o el ambiente opresor del Farenheit 451 y en defensa del libro, me dispongo a esbozar una pequeña lista de lo ya leído y disfrutado. Como siempre, no están todos, faltan muchos, aunque espero acordarme de los principales. Van más autores que títulos, por no resultar cargante, y porque el texto se haría interminable.
Comenzaremos con los Tebeos: Pulgarcito, Tiovivo, TBO. Los Cuentos de hadas, y los de Aventuras: Trueno, Jabato y los troquelados ilustrados por el gran Ferrándiz y que se acompañaban con un pequeño regalo alusivo a la historia, las tijeras del Sastrecillo valiente, por ejemplo. Inolvidables.
Y de ahí a la tapa dura: Verne y sus historias increíbles y premonitorias, Salgari, o el viaje a lo exótico. Louise May Alcott, con sus Mujercitas, la primera incursión en las letras de Estados Unidos.
Y viene más porque la lectura ha sido uno de mis territorios más apasionantes.
De la infancia a la adolescencia, llegan unos cuantos: Los Cinco, y Torres de Mallory, de Enyd Blyton. Richmal Crompton, y el travieso Guillermo. Y Celia, de Elena Fortún, una historia antigua para niñas modernas. Los tebeos mexicanos de la Editorial Novaro: La pequeña Lulú, Supermán, Batman, Vidas ejemplares: superhéroes mezclados con santos del mismísimo santoral católico, una mezcla imposible con giros del español de la zona, una propuesta distinta y no menos interesante, y aprendida en palabras diferentes como los villanos Golfos apandadores en las Aventuras del tío Gilito. Porque lo importante era leer. Todo se leía y todo caía en el saco.
A las puertas del bachillerato: Michel Quoist y El diario de Ana María y el Diario de Daniel. Y Martín Vigil con La vida sale al encuentro. Sin olvidar Edad prohibida, de Luca de Tena.
La lectura se socializa y comienza a llegar a todos. Poco a poco, pero con paso seguro. El Círculo de lectores tiene mucho que ver.
Se acercan a las casas títulos del incipiente boom de las letras hispano americanas con un Vargas Llosa que arrasa. Y Gironella con su trilogía de la guerra civil. Y Concha Alós y Matute, y Martín Gaite. Y una lista interminable, entre títulos y autores que merecerían un artículo más detallado. Prometo hacerlo. Aunque no dejo escapar a Pearl S. Buck y Frank Yerby, Daphne du Maurier y Vicky Baum.
Las letras siguen entrando a los hogares españoles con el sistema de las novedosas ventas a plazos. Así, las estanterías en otro tiempo vacías de libros de una población no muy leída , se llenaron con tomos del Monitor, La vida sexual sana, de López Ibor o El hombre y la tierra, del popular Félix Rodríguez de la Fuente. Lara el Viejo es el amo e inunda el mercado desde Barcelona. Un nuevo planeta se añade al sistema de lectura en España.
Los años y las letras pasan juntos de la mano de los mejores: primero Lope, Cervantes y Calderón. Y Góngora, sin dejar atrás el glorioso Quevedo. Y los místicos. Y antes fueron los mesteres castellanos y las epopeyas griegas y orientales. Lo mejor de los mejores para un plan de estudios que abarcaba mucho y bueno. Y Shakespeare, con sus arquetipos humanos. Como antes hiciera Moliére.
Y Corín. Que, a ver quién no la leyó con deleite. Un planeta de letras para ella sola.
Y Galdós, y Clarín. Y Zola, y Balzac, y Flaubert y Sthendal. Y Dumas, que no se queda atrás. Y los poetas malditos, con Baudelaire a la cabeza.
Y el 98, con su genial cosecha de los autores del pesimismo ante una España perdedora. Unamuno, eterno. Baroja, cercano. El problema de España.
Y los poetas. Todos los clásicos, los modernos y los de las vanguardias. Federico, Hernández, Alberti, Juan Ramón, Diego, Alonso, Hierro...
Y los rusos.. ¡Que vienen los rusos! Aunque, en realidad, nunca se habían ido. No entiendo un universo literario completo sin Chejov, Dostoievsky o Gogol. O Tolstoi. Son un río dentro del mar de las letras, descriptores del alma y la sociedad de su época. Premonitorios sobre el cambio inminente. Maestros. Como Poe, y Twain, al otro lado del mundo. Y las Brönté, en las Islas británicas. Y Conan Doyle. Y, más tarde, la grandísima Ágata.
Con el tiempo llegan también las lecturas autónomas, las no guiadas, vuelvo a Corín, je,je.!
Y las fotonovelas ¡Noniná!
Y ya, autores y temas de aquí y de allá , los best sellers que acaparan la atención de millones de personas: Lapierre y Collins y Follet son un claro ejemplo. Y Frederick Forsyte.
La edad adulta llega con Borges, y Ecco, y la Escuela alemana de pensamiento, !ojú¡ Y Niestsche. Y Mann. Y Freud. Y, más tarde Lacan. Y Ortega. Y Julián Marías- Javier, llegará, felizmente, más tarde. Y Zubiri, y García Morente. Otra escuela de pensamiento más asequible.
Y para desengrasar Tono y Miura. Y Paso, y Jardiel, y Muñoz Seca.
Y, en textos y contextos muy diferentes a los de aquella comedia inteligente conocí a Arturo Barea, y a Ramón J. Sender.
Y los mejicanos, con Octavio Paz, Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Y antes, Juana Inés de la Cruz.
Vuelvo a España con Mendoza y P. Reverte. Y antes, Cela. Y Delibes.
Los tiempos y los gustos literarios han cambiado. Con el nuevo milenio, la literatura, dicen, es territorio de la novela, de estilo ágil y rápido, de la Distopías y Ucronías. Muchas letras dedicadas al noir : es otro boom, ahora con los nórdicos, con sus atmósferas oscuras y espesas. También, con mayor o menor fortuna, mucha novela histórica. Y ahí, mi atención y mi memoria se van diluyendo en una serie de títulos que pasan rápidamente por mi interés. Bueno es decir que las nuevas formas, quizás más fáciles de leer, ayudan a consumir literatura sin demasiadas exigencias o pretensiones. Pero, menos es nada. Ante todo, leer, y adaptarse y prestar atención a los nuevos valores.
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| Nuevos títulos y buenas letras. |
Leer, en cualquier momento o circunstancia: como mi amigo Ricardo Bueno, que se lo leyó todo en la mili caballa. Y Paco Rueda, marinero de altos y lejanos caladeros de pesca, que se empapó de las aventuras de la Ilíada y la Odisea entre los descansos de la dura tarea de echar y recoger redes. Los mejores ejemplos.
Creo que el repaso ha sido prolífico. Y, aunque me falten muchos, para muestra un botón. Porque, y, ante todo y sobre todo, lo importante es leer. Pantalla o papel. Viejo o nuevo.
Leer rima con placer. Y eso, queridos lectores, es una gran verdad.
Ante lo cual, sólo me queda decir: confieso que he leído.



Que Dios te guarde esa buena memoria un mérito con lo liada que estás 🫶
ResponderEliminarEl placer de leer, el placer de contar ❤️
ResponderEliminarMenuda cabeza Barbarita para nombrar tantos autores ! Leer es de la más mejores cosas que podemos hacer . Nos hace libres y es la única forma de evitar que nos manipulen .
ResponderEliminarMi gran vicio la lectura, mí evasión, hace que mi mente viaje a sitios maravillosos y conocer la vida de gentes tan diferentes y peculiares , es la ventana a mundos y a vidas que no podremos vivir todas juntas a la vez ,pero que con la lectura las podemos disfrutar , un beso tata
ResponderEliminarQué memoria, Chiquilla... Cómo siempre, un buen repaso a tanta variedad de lectura, porque hay gustos y momentos para todo. El placer de leer... de leerte, Barbarita
ResponderEliminarMe encanta Barbarita , un libro ese gran amigo que te enseña ...
ResponderEliminarLo primo que lei, tendría 10 años fue 20.000 leguas de viaje submarino. Pero antes de dar ese pasito, los escalones los puso Ibáñez, sin duda el más grande.
ResponderEliminarMadree mía Barbarita !! Me has dejado .. que gran memoria !! 😜👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻🤩🥰
ResponderEliminarEstoy revisando mis TBO s y los de julio verne, que buenos son
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