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sábado, 16 de agosto de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA TRAVESÍA FINAL. ELENA. CONTINUACIÓN DEL CAPÍTULO PUBLICADO EL 2 DE AGOSTO.


BERLIN, 1930.



 Serrr judía no te va a beneficiarrrrr nada en estos tiempos. Tú erres extranjera aquí, pero eso no te a salvarrr del peligro. Pero bueno, de momento, sigue con tu trrabajo en el guión de la película y ten cuidado. Tú y tu marido. 

Así hablaba, Marlene Dietrich, con el acento gutural y seco de los teutones, a la joven tangerina que, junto a su marido y sus amigos artistas de nuestra fauna diversa, habían dejado atrás las mieles del pasado dorado para aterrizar en una Alemania que se preparaba para el horror nunca antes visto. 

EL trrrabajo, el guión de la película, El ángel azul. La guionista, Elena Amselem, del equipo de Carl ZuckmayerNuestra escritora fuera de sitio pero decidida a triunfar. 


TÁNGER, TIEMPO ATRÁS


Desde luego, así nunca encontrarás novio para casarte. Qué bruta eres Camila, siempre trotando por todos lados como un muchacho. Nunca paras quieta, juegas a la pelota mejor que todos los niños del patio, no te arreglas , tienes ese pelo colorado sin arreglar, no sales con las niñas de tu edad, ni siquiera vas a las clases de la Sinagoga de Assayag, ni quieres aprender a cocinar. 

A tu edad ya sabía yo arreglar una adafina para el Shabbat y ya me estaban buscando novio. Un buen chico judío de Kenitra que me gustaba mucho. Trabajaba con los americanos y a tus abuelos les gustó  desde el principio. También estaba Meir, de Tetuán, también buen chico y guapo, aunque un poco espabilado: le gustaban todas, y eso, a tu abuelo Jacob, no le hacía gracia. 

En fin, que yo me arreglaba y salía por el barrio, ayudaba a mi madre en la casa y me preparaba para casarme algún día. Pero tú, hija mía, como sigas así, todo el día jugando a la pelota y leyendo un libro tras otro, te vas a quedar soltera y nadie te va a pedir.


Desde luego, mamá, mira que te tengo dicho que no me llames Camila, que me gusta más Elena y que a mí me gusta como soy. Y, si no me sale novio ni me piden, pues mejor. No todas las muchachas tienen que casarse por obligación. Yo soy muy feliz jugando en la calle y leyendo y escribiendo mis cuentos, en el que no hay princesas encantadas, sino gente de verdad. Así que, no me riñas tanto, que por mucho que quieras, ni le voy a hacer caso al primo Moís, el de la tienda, ni a Samuel, el maestro. 

Ya veré yo qué hago con mi vida. 


Esta conversación, nada usual en unos tiempos en los que las mujeres estaban destinadas a casarse,  ser buenas amas de casa y tener muchos hijos, fueran de la religión o clase social que fuesen, podría parecer un tanto surrealista o fuera de situación. Pero no. 

Camila, perdón, Elena Amselem, no tenía nada que ver con el ejemplo de mujer de su época. 

La niña más niño de El patio del inglés, un microcosmos compuesto por andaluces emigrados, tangerinos europeos de primera generación, judíos de Marruecos de toda la vida, y algún que otro ejemplar de ser humano sin filiación conocida, formaban un mapa humano de gentes de todas clases, religiones y jechuras. El mundo dentro del mundo. 

Casi una treintena de familias agrupadas en torno a una fuente de agua común para todos, casas pequeñas habitadas por la ilusión de un mundo mejor. 

Eran malos tiempos, había que trabajar para criar a muchos hijos, pero, a pesar de todo, la vida era relativamente fácil para todos porque había alegría. Unión y alegría. 


No todo el mundo puede vivir en la calle San Francisco y frente a la catedral. Si hasta tenemos un seminario enfrente. Pero vamos, que de aquí no va a salir ninguno para cantar misa. Aquí se vive y se trabaja, pero de misas, poco. Decía Catalina, la de Estepona, casada con el mejor ebanista del barrio y madre de una manta de chiquillos que la traían de cabeza. Todos acostumbrados al trabajo duro y a echarle valor a la vida. 

Aventureros, cazadores, buenos comedores y bebedores. Mujeres valientes y emprendedoras. 

Y, sobre todo, amables y gentiles. Todos muy gentiles en el Tánger de la felicidad. 


MADRID, LA META DEL PRIMER CAMINO. 


Quién me iba a decir que mi vida iba a cambiar tanto. Y que iba a pasar tanto frío. Todo en mi vida ha sido una sorpresa, un cambio tras otro. De la niña rebelde de El patio del inglés, la que no se quería casar porque sí, a ser la mujer de Alberto Pinto, el chico más guapo del Boulevard Pasteur y de la Sinagona de Nahón

Todas las niñas andaban locas por él y, al final, se fijó en mí, la más pobre y la más salvaje. Nos enamoramos y nos casamos. Parecemos dos almas gemelas. Juntos salimos de Tánger para escribir y triunfar, y juntos seguimos por todos los caminos que D nos pone por delante. 

Y, Al igual que a Alberto, la vida en Madrid me pareció increíble, nueva y hasta emocionante, comparado con nuestro paraíso de palmeras y vientos.

 La dulce ciudad de nuestra infancia se nos quedó pequeña, porque ya pensábamos en los aires nuevos que soplaban por Europa. Pero allí no tuvimos demasiada suerte y marchamos a por rumbos distintos. Nuestros estudios y nuestro amor por la literatura nos sirvieron para abrir algunas puertas, pero no las suficientes. Conocimos a nuestros amigos en el Café de Pombo, parecido al nuestro de París, en la Plaza de Francia, pero con un aire menos cosmopolita. 

Té hirviendo con hierbabuena y mucha azúcar por café con leche caliente y un vaso de agua. Mucha charla y poco condumio. 

Y nos marchamos. Y, en Alemania fue peor, a pesar de El ángel azul y de los deslumbrantes movimientos culturales. De la libertad y de lo nuevo. De lo que se desvaneció en un mar de sangre y que continuó en nuestro siguiente destino, y de ahí a huir otra vez. Marchar para buscar. Partir sin encontrar. 


Nos pusimos de acuerdo. Los artistas que tanto esperamos de la Europa de las grandes promesas, recalamos en otro puerto, y otro más. 

Una vez más, la huida nos lleva al mar. Este barco, desde donde voy desgranando recuerdos mirando al futuro, se llama Sinaia, tiene nombre de promesa y creo que nos llevará a América. 

Ya no sabemos ni qué pensar ni qué esperar, pero nuestra obligación es seguir. 

Como dicen los amigos nada puede ser peor. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS: a seguir pasando calor.

 Pasó la Virgen de agosto y todo sigue igual en cuanto a temperaturas propias y ajenas, las habituales del verano y las  provocadas por los incendios. Que todo suma. 

Vuelven las plagas de medusas, aguavivas en mi tierra, a molestar al personal. Pero todo forma parte del pack estival y hay que tomarlo como algunos toman la vida. Como viene. Como decía la canción de Los Surfs, allá por los 60 del siglo pasado. 

Echo de menos los balones de Nivea

Pero eso seguirá en otra página de los sábados de Barbarita: la de los otros veranos. 

sábado, 9 de agosto de 2025

BARBARITA REPASA.UNA CLASE DE LITERATURA CON MÚSICA. EN EL CL ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE ANTONIO MACHADO.




SOPLABA VIENTO DEL SUR...

Ese mismo viento que me ha acompañado durante algunos de los días de mi adolescencia, me acercó a la estela del primer poeta que conocí: don Antonio Machado.  No demasiado "ventilado" en las clases de literatura de aquellos  planes de estudio de los 60, pero sí lo suficientemente reconocido por alguna profesora al que rendía total admiración. Menuda y exigente. La misma que nos transmitió esa misma admiración por el poeta sevillano. 
 
SERRAT.

La piedra de toque, el mago que, con su álbum Dedicado a Antonio Machado, poeta, difundió a los mil y un vientos, los maravillosos poemas que supo engarzar como nadie en los surcos de vinilo de esa joya de disco. Que no todos podíamos comprar, pero que sí muchos pudimos disfrutar a través de la radio. 

De Algeciras a Estambul (que eso llegaría más tarde) de la Patagonia a a la  Baja California, de la Europa de abajo hasta la más remota. Machado reinaba gracias a la voz del Noi del Poble Sec. 

Y todos los adolescentes de la época conocimos con la imaginación cómo eran los limoneros del Palacio de las Dueñas de Sevilla Mi infancia son recuerdos...Sevilla, 1875.
 Aprendimos a sumar con aquel coro de niños que recitaba, en una tarde parda y fría de invierno, mil veces ciento, cien mil. Mil veces mil, un millón. 

Supimos cómo se mataban aquellas molestas moscas vulgares. Nos emocionamos, Barbarita, hasta las lágrimas, con el impresionante cantar a un Cristo en el que el poeta no creía, pero, para el que andaba pidiendo una escalera, para quitarle los clavos al Nazareno de los gitanos. Con una música que ha trascendido a la propia obra de don Antonio para convertirse en universal. Porque no hay banda de cornetas y tambores que no la lleve en su repertorio de salidas de Semana Santa. 

Par hacer más grande aún a los dos maestros: al andaluz, y al catalán. Que no es mala mezcla. 

Y así, y casi sin darnos cuenta, y gracias a la magia de la radio. Pepe Domingo, qué gran trabajo hiciste, seguimos recitando lo hasta ahora desconocido a través de una canción y otra. Y otra más. 

El golpe a golpe, verso a verso... La negra premonición de lo que estaba por llegar Españolito que vienes, al mundo, te guarde Dios ( siempre Dios presente en el alma descreída) que una de las dos Españas, ha de helarte el corazón.

 La figura viva y, a la vez triste del olmo seco hendido por el rayo, y en su mitad podrido
 La figura del señorito andaluz hecha carne en el retrato de aquel don Guido de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero. De viejo, gran rezador. 

Y, más allá de la obra conocida por obra y gracia de nuestro cantautor favorito, también fuimos conociendo más de la vida y de la obra del poeta, famoso por su desaliño indumentario y por padecer innumerables penas de amor: de las románticas y de las de su España herida de muerte.
 Que ambas le descalabraron el cuerpo y el alma. Y le rompieron el corazón. 

Y aprendimos 'geografía poética'. De Sevilla, a Soria, a Madrid, a Segovia, a Baeza. A Colliure...

Y, en este año de efeméride ( a Barbarita no le gustan "los días de, los años de") y a pesar de, he querido rendir mi más humilde homenaje al insigne miembro de la Generación del 98, que tantos nombres de oro aportó a la literatura española y al que muchas conocimos por las enseñanzas ( y el mal genio) de aquella profesora menuda y enamorada del poeta.

 Creo que siempre quiso ser su Guiomar. Nunca lo sabremos. 
 
ESTOS DÍAS AZULES Y ESTE SOL DE LA INFANCIA Colliure, 1939. 


El testamento de un ser ya muerto en vida. Con todo el dolor del cuerpo y toda la pena de su alma atormentada. En un pedazo de papel arrugado. En el bolsillo de una chaqueta eternamente arrugada, Antonio, poeta y mártir, resumió toda una vida en el origen de sus orígenes. 

Feliz cumpleaños, maestro. Gracias doña África. Gracias Joan Manuel. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS ( DE VERANO) : No es por ser repetida, pero es que el verano da para mucho. La gente se agota en colas interminables para comer cuatro sardinas y se hacina en medio metro cuadrado de arena para 'disfrutar' de la playa. 
Se nota que no soy partidaria, pero el verano inclemente de estas tierras siembra más de una mala semilla en la mente del ser humano: en julio de 1975, y a 49 grados de fuego, fueron asesinadas cinco personas en el Cortijo los Galindos, en el sevillano pueblo de Paradas. Aquí murieron cinco. ´

- Ya llegará noviembre con su Tenorio y su jalogüin invasor. Pero mientras, a seguir con la caló.

sábado, 2 de agosto de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. ALBERTO.

 Tánger, 1917.

CONTINUACIÓN DEL RELATO 'ENSAYO CON GENTE ' PUBLICADO EL 19 DE JULIO. 

- Ay, señora Simi, este Alberto está cada día más tragón. A que no sabrá usted que le he pillado escondido en la despensa, con toda la cara llena de Letuario de berenyenas. El que teníamos guardado para el Talamón de Jacobo, el niño de su sobrina Regina. 

- Pues ahí estaba el señorito, todo pringoso y tan contento.

- Ay, señora, lo gordo que se va a poner para su Barmitzva. Que el tiempo pasa volando y este niño no para de comer dulces.

- No te preocupes Safia, que ya adelgazará cuando dé el estirón. De todas formas, hay que decirle a la cocinera, a Francisca, la de Ronda, que no le haga caso cuando le pida chucherías. 

Estas conversaciones y otras parecidas, llenaron los primeros años de infancia de nuestro Alberto Pinto, otro viajero más a bordo del Sinaia, que, junto al resto de los integrantes de nuestra fauna diversa, viajaba a la búsqueda de un destino mejor. 

Esta escena podría ser la de un día cualquiera en la infancia del niño de los Pinto Sudry. 

Casa grande, lámparas, alfombras y cuadros de los abuelos y de algún que otro rabino elevado a santidad. 

Cocina siempre abierta, llena de olores a canela y clavo, a comino y a cúrcuma, y a todas las ricas comidas que preparaba Francisca, la cocinera española que vino huyendo de la guerra cruel del moro, y a quien sus nietos llamaban Mansinca. 

Balcones al azul acero del Atlántico y portal con dorados y filigranas. 

Casa grande. Casa sólida que nuestro Alberto abandonaría para marchar a lo desconocido. Para escribir todo lo que pasaba por su mente y para triunfar por todo lo alto. 

Atrás quedaron sus años de niño. 

 Moreno y de pelo rizado, eternamente protegido por su familia. Sin más horizontes que los de la Cuesta de la Playa, el Zoco Grande y el bois, el Bosque Diplomático. 

Baños y correrías por el monte. Lycée y sinagoga. 

Y ahora se enfrentaba a la realidad de dos comidas por día y ni un cuento que vender. Y sin dulces. 

- Madrid es frío comparado con mi tierra, pero estoy tan ilusionado de estar aquí que no creo que me importe pasarlo. Poco a poco me voy introduciendo en el ambiente literario de la capital, y me parece muy interesante, aunque algo disperso. 

-Aquí, los artistas se juntan en los cafés más que en el Ateneo, y además, y como si estuvieran peleados, cada facción se agrupa con los suyos. 

- Y de ahí no salen. Y a la mínima se lanzan pullas y discursos ofensivos. Y, hasta se citan para batirse en duelo, como le ha pasado a Valle Peña. 

- Total, que yo que he venido aquí a aprender, a escribir y a conocer a los mejores, estoy aprendiendo más de picaresca que de buenas letras. Aunque tenga que rendirme al genio de todos los que voy conociendo. Que entre exaltados y melancólicos, son la mejor cosecha que ha dado España en muchos años. 

La grey literaria de la época se concentraba en Madrid. 

Alberto recuerda, de entre los gloriosos del 98, a Baroja paseando por el Retiro, boina desgarbada e indumentaria descuidada. A Machado, don Antonio, aún más desaliñado que el novelista vasco. Y a Sender,  y a Aub, que visitaba la capital desde su residencia valenciana, entre los del momento.

 Novela, poesía, teatro. Todo era un bullir en el que no acababa de encontrar su sitio. 

El joven hebreo soñaba con escribir argumentos para el cine, pero no le gustaban las producciones de cariz folclórico que  triunfaban en los cines y encandilaban al público.

 Él soñaba con algo más. 

Algo más moderno, más social, con ' compromiso ' , pero, que ni en la España de la republica acababa de arrancar. 

Eso, pensaba, habrá que buscarlo en Europa.

- Cuando vuelva al café de Pombo, hablaré con Javier y con Rafa. También tendré que contar con mi mujer. Buena es Elena Amselem como para no consultarla. De todas formas, ellos también están descontentos. Habrá que marchar.

Y mientras el mercante portador de anhelos e ilusiones avanzaba mar adentro, Alberto recordaba y reflexionaba. Con nostalgia y con dolor. 

¿Quién sabe qué les esperaba en América? Los hebreos no estaban ' de moda ' en esos tiempos de horror y él sólo quería vivir en paz. 

Encontrar un hogar, trabajar, y VIVIR. 

CONTINUARÁ 

- CONSTANCIA DE LOS DÍAS: Se agotan los días de estancia en la ciudad soñada. Días que han servido para descubrir cosas tan importantes como el respeto a los niños afectados por el TEA, al eliminar el ruido en ciertos días de feria. Todo un acierto para alcanzar la meta de la inclusión social. 

- Descubrir, recordar, comprobar... que el amor existe.  AMOR con mayúsculas en forma de cuidados y dedicación de una persona a otra.

Laurita y Pedrito Rodríguez. Mis niños Clavijo.

 El amor existe. 

Ceuta, 2 de agosto. El mar devuelve a Barbarita a otro mar y otro puerto que, aunque también radiante y luminoso, ni sabe ni huele igual. Pero ahora es el puerto fijo de su vida. Que no de su corazón. 

















sábado, 26 de julio de 2025

BARBARITA Y EL TERROR DE OTRA NOCHE DE VERANO.

 

DESDE UNA CÁRCEL DE TELA. 

Nadie podría pensar que lo que se ve y se oye desde la profundidad de un abismo de tela fuera tan real como terrorífico. 

Tras un extraño viaje a Londres, en el que ocurrieron cosas no menos extrañas, ya nada podía ser más irreal dentro de la neblina del sueño. 

Irreal porque pensamos que un simple viaje de trabajo, resumido en un desayuno de ejecutivos de empresa con modelos de ropa interior no daría para mucho más. 

Un viaje de trabajo y turismo con paseos por los grandes monumentos que atestiguan el esplendor de un imperio que aún pervive en la mezcolanza de gente que puebla la antigua metrópoli de millones de seres humanos. 

Ahí todo podía pasar. 

Era una ciudad como la pintaban en las antiguas producciones de la Hammer: llena de niebla, de carruajes tirados por caballos negros, de prostitutas y borrachos..., que salían del putrefacto East Side para entrar en los famosos almacenes Harrods a comprar bombones y visitar el monumento a la princesa Diana. Porque ellos eran el pueblo, y ella, su hada madrina. 

Sin pies ni cabeza, la historia se desarrolla con el tropel de very poor people pululando por el centro del gran Londres en busca de diversión y dejando atónitos a los turistas del siglo XXI, que no sabían verdaderamente qué estaba pasando a su alrededor. 

Y en ese ambiente surrealista y espeso se vieron envueltos los viajeros malagueños, sin saber muy bien si se encontraban en un parque temático gobernado por la Reina de Corazones, en el que podían encontrar más oferta que en el mismísimo Harrods: desde Tom Canty a Jack the Ripper, sin olvidar a Holmes, Watson y Moriarty, todos ellos habitantes de un mundo inventado pero familiar. Demasiado familiar porque estaban hechos de carne de papel. De lo mil veces leído e imaginado. 

Ángela y Lourdes, las modelos de Selene, se llevaron un susto tremendo al cruzarse con un personaje que, tocado de una gran chistera y con un reloj en la mano, corría despavorido y avisando a la gente de que llegaba tarde a una merienda muy importante con una liebre y un lirón. 

Volaba más que corría porque la cita era ineludible y porque, su destino, Wonderland,  estaba lejos. Muy lejos, a través de los espejos en los que se miraba una niña rubia: Ginesa. Ginesilla la rubia. La que, con el tiempo se haría famosa por alistarse en la Legión y tocar la trompeta en las fiestas al son de El novio de la muerte.  Más loca que todos los habitantes juntos del mundo que recreara Lewis Carrol. 

Por ahí anda todavía dando por saco en tiktok con unas imitaciones muy divertidas. Pero loca. Como una cabra. 

Toda esa revoltura entre lo imaginado y lo real sucedió durante una noche de verano. Siempre el verano. Para trastornar a cualquier persona.

 Pero una cárcel de tela en una noche de Terral da para mucho imaginar. Porque, quedarse atrapada en el interior de un canapé - arcón de cama de 1.30, a las 2.00 de la madrugada y sin que nadie oiga tus gritos, es digno, salvando las distancias, de El barril de Amontillado.

O, al menos, igual de agobiante. 

Y en esas, Londres seguía tan misteriosa como si siempre fuera el siglo XIX, con todos los personajes, vivos o inventados, que habitaron nuestros días de lectura y de cine. Una pequeña historia dentro de la gran historia que nació de un accidente que pudo ser peor, pero que dio para alucinar durante un buen rato. 

Gracias, Mr. Poe, Dickens, Wells, Conan Doyle, Miss Shelley. Gracias, mi adorado Cortázar, ni inglés, ni de aquel tiempo, pero, siempre tan grande inventando lo imposible. 



CONSTANCIA DE LOS DÍAS:  Noches de verano, tan proclives a todo tipo de sucesos. 

El verano es una constante, tan constante en la vida de Barbarita, que parece que no hubiera otra época del año para que ocurran los sucesos más extraños . Verano que todo lo seca y da rienda suelta a todas las locuras imaginables. Desde el precio del pescado, al caos de tráfico. Es verano y todo se trastoca. 

El calor, la caló, y hasta el denostado caloret son los culpables de tanta fritura de cerebro. Como verán, Barbarita no es partidaria. Hay gente pa to. 

EN CEUTA, A 26 DE JULIO. PASEO DE LA MARINA ESPAÑOLA. DE LA MANO DE MI PADRE. ORGULLO CABALLA. 

sábado, 19 de julio de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. LA TRAVESÍA FINAL. JAVIER.

 Málaga, verano de 1918


Madre, me ha dicho el primo Paquito que van a abrir los Baños del Carmen. Es un edificio muy bonito, como los de San Sebastián y Santander, pero aquí va a ser mejor porque hace mejor tiempo. ¿ verdad madre? Tenemos que ir. Irán todos nuestros amigos, y los titos de Ronda, y los compañeros del Kotska. 

Mañana es la fiesta de la Virgen del Carmen y allí estaremos todos. Me gustaría llevar papel y mis lápices para dibujarlo todo. Es un sitio muy bonito y vamos a pasarlo muy bien. 

A bordo del Sinaia, un airoso mercante que aún se atrevía a surcar los cada vez más peligrosos mares con pasajeros de todo tipo, como los de nuestra fauna diversa. Legión de personas angustiadas, sin brújula y sin destino concreto; con el único afán de la huida. Huir hacia ninguna parte se había convertido en su objetivo. Unas veces por prudencia, otras por miedo, la más, por desesperación. Seres humanos con media vida rota, y la otra media por descubrir.

Y, en este nuevo trance, Javier Linaza, el pintor, malagueño y exquisito, rememora sus años pasados con la fuerza que da la nostalgia de lo perdido que comenzó envuelto en el torbellino de luz de su Málaga natal. Sal y sol, infancia feliz. Niño privilegiado de la burguesía de la boyante industria de la época: azucarera, textil y tabaco, entre otras, con nombres tan importantes como los Larios o los Ramírez y Pedrosa, puntales de la economía que convirtió a Málaga en una ciudad importante económicamente, y en la que el niño Javier creció rodeado de comodidades y de una ilusión temprana que nunca le abandonaría: el arte. La afición por el dibujo le llevó a la Escuela de Bellas Artes de San Telmo, cuyas clases compaginaba con los estudios reglados en el colegio San Estanislao de Kotska. 

Con los jesuitas, matemáticas, lengua y geografía. Dibujo, pintura, modelado y vaciado, con los artistas que fueron sus primeros profesores en San Telmo. Y, entre tanto, las excursiones a Ronda con los primos, a la Cueva del Tesoro con los compañeros del colegio, y a la playa de El Palo con sus padres y hermanos. El niño tímido que hacía castillos de arena a la orilla del Mediterráneo y que saludó con alborozo la apertura de los Baños del Carmen, estaba dispuesto a plasmar el paisaje y los tipos de su tierra y del mundo entero. 

el gran salto a Madrid.

Nunca se sabe el cambio que puede dar la vida. Yo, que soñaba con pintar a la reina Victoria Eugenia con el collar de chatones, ahora voy siguiendo la estela de los de la Escuela de Madrid. Mi familia dice que son monigotes, pero yo estoy entusiasmado con esta nueva concepción del arte. Estoy experimentando de forma independiente a la de los cánones de la de San Fernando. Con todos mis respetos, busco otra cosa. Aunque sé que no me va a dar de comer, he descubierto que los nuevos estilos, surrealistas y cubistas, me seducen más que las académicas puestas de sol del Paseo del Prado. Pero nunca se sabe. Voy a participar en el Primer Salón de Otoño de Pintura y Escultura. A ver qué pasa...

Gracias a influencias y amistades, Javier logró hacerse un pequeño hueco en el mundillo del arte de la capital de España. Y merced a los tiempos que le tocaron vivir pasó de conocer una dictadura militar con el beneplácito real, a una república, que, en la que en materia de triunfos le iría tan mal como con Primo de Rivera. Precariedad y muchas ilusiones. Pero nada más.

Como dicen en mi tierra, "aquí está todo el pescao vendido" . Ni soy Picasso ni Miró, ni Juan Gris, ni Vázquez Díaz, ni los que ganan fama y dinero. Sigo siendo un pintor del motón con encargos de señoras ricas con bigote, y hasta el perrito de la misma. Así que, voy a tener que ir pensando en emigrar y veré como me las apaño. Mis padres hace tiempo que cerraron el grifo porque ni les gusta mi trabajo, ni en Málaga están las cosas tan boyantes como hace años. La burguesía va perdiendo terreno frente al movimiento proletario, y eso hace que se encojan los bolsillos de los ricos, porque el dinero tiene miedo. 

En cuanto vuelva por el Café de Pombo, abordaré a unos amigos artistas que están en la misma situación que yo. Llegaron a Madrid llenos de ilusiones y al cabo de los años sólo han conseguido una exigua cosecha de lo mismo: ilusiones. Y bolsillos vacíos. 

Hay un refrán español que dice que "mal de muchos consuelo de tontos". Pues así debieron aplicárselo sus amigos Alberto, Elena y Rafael. Nuestra fauna diversa en horas bajas y abocada al fracaso inmediato, que en rápido cónclave de caras de circunstancias ( cada uno con las suyas) decidieron poner tierra por medio y salir de una España que les negaba el pan de las pesetas contantes y sonantes, y la sal del éxito y el reconocimiento de un público esquivo y una crítica para la que no existían. 

Y con estos recuerdos de infancia y juventud, de bienestar y fracaso, Javier Linaza ponía, junto a sus compañeros y cientos de personas más, rumbo a un puerto que los acogiera y los ayudara a empezar de nuevo. 

Apenas importaba el triunfo. Ahora tocaba sobrevivir. 


CONTINUARÁ...


CONSTANCIA DE LOS DÍAS: pasó El Carmen, y AQUELLA que arrastra multitudes por los siete mares nos bendijo a todos. Es el ecuador del verano, ya anochece un poquito antes y a Barbarita le causa un regusto agridulce de pérdida. Como un polo de fresa que se derrite sin que nos demos cuenta. 

Aún quedan muchos días de verano, que diría Amaral, pero después de que la del Monte Carmelo pasee sobre su feudo terrenal parece que algo cambia. El mes de julio se hace más chiquito, y aunque la gente sigue celebrando la vida y el sol, algo cambió en la espuma que dejan los días al romper en la orilla. 

Verano. Grande o chiquito, de montaña o de playa. Es tiempo de disfrutar de una buena paella o unas ricas sardinas. De bailar en las plazas de los pueblos o en las discos de lujo, que todo es bueno si es placentero. Pero he aquí que, entre tanto chundachunda estival, hay un personaje no invitado a la fiesta que se empieza a colar por todos los resquicios. Se llama Coronavirus, más conocido por COVID. Que, como cualquier otro Alien indeseado, sigue entre nosotros para dar más de un disgusto. Atención y precaución. Y a seguir la fiesta. 

sábado, 12 de julio de 2025

BARBARITA ESCRIBE Y DISFRUTA. RESEÑA DE UNA CASITA EN LA PUERTA DE LA REINA, DE PILAR LOSADA NAVARRO.




Antes de aventurarse en este mundo de la escritura para comunicar a ustedes sus inquietudes, Barbarita hizo algún que otro pinito fuera del periodismo formal: alguna biografía escrita por encargo y de la que nunca más se supo, pequeños discursos caseros, dedicatorias redactadas con el alma...Pocas cosas que no acababan de llenar sus ansias de poner en común todo lo que pasaba por su cabeza. 

Poco, hasta que conoció el disfrute de reseñar una obra literaria. Como si lo hubiera hecho toda la vida. Quizás sin saber hacerlo canónicamente, pero con toda la carga de profundidad que proporciona el amor por lo que se escribe, por el asunto tratado con pasión y, tal vez, sin objetividad. Pero así salió y así quiero compartirlo. Porque, una vez más La casita de la Puerta de la Reina, obra primera de la escritora Pilar Losada Navarro,  merece ser revisitada para conocer un mundo que fue, y que habita siempre en el corazón. 


UNA CASITA EN LA PUERTA DE LA REINA Y OTROS RELATOS. PILAR LOSADA NAVARRO. 


Que nunca vuelve aquello que se pierde…

La casita, enclavada en pleno corazón del Tetuán más "auténtico", abre unas puertas que nos conducen a un interior de vivencias envueltas en colores, olores y sabores, fundidos en la blancura del sur de España, con otra luz, la deslumbrante del norte de África.

Dos puntos diferentes en un mapa geográfico que, por mor de las vidas de sus protagonistas, se convierte en un mapa de afectos, amores, anhelos, penas y recuerdos. Siempre los recuerdos.

En la primera parte del libro, la autora, Pilar Losada, también abre la puerta a la evocación, de la vida en aquella tierra de promisión que llegó a convertirse en el Edén.

Con suavidad no exenta de nostalgia y melancolía, Losada hace hablar a los personajes que dieron vida a la casa. Morada tan cierta como soñada. Y que devino en un microcosmos, un paraguas que cobijaba a todos: propios y extraños: cristianos, musulmanes y hebreos. Gente ya arraigada, gente de paso, con su particular carga de amor, dolor y muerte. Porque todo cabe en la casita que está en el Edén y que, siempre, siempre, evocará un sentimiento de pérdida. De lo vivido y de lo soñado.

Losada da voz propia a toda esa mezcolanza de orígenes, culturas y acentos, para imprimir más fuerza y veracidad al paraíso perdido. Tal vez un poco inventado. Pero siempre vivo.

En el resto de los relatos, la autora abandona la bruma de los recuerdos evocados por Marruecos, para adentrarse en otra etapa: la del otro lado del Estrecho, Historias de dos orillas, quizás algo más reconocibles por la cercanía en el tiempo.

Ahí se vislumbra otra "llegada", esta vez a una ciudad que, asimismo, y con la intensidad de lo nuevo, formó parte de su vida.

Con mimo, ironía y una audaz memoria, Losada va desgranando vivencias familiares, algunas casi biográficas en aquella ciudad que, para algunos, también fue una suerte de Edén: lugar mágico, lleno de peculiaridades y… jabón inglés, chocolate,  carne enlatada y botes de leche condensada. Otra cosa.

Las páginas de estos relatos están pobladas de mares y de vientos, de puertos con olor a salitre y a brea; de historias fantásticas de pescadores mezclados – siempre la mezcla – con acordes de Chopin. Extraña amalgama. Unión perfecta.

El libro acaba con un relato extraño, divertido y que roza el Realismo Mágico.

Un personaje, Otto, que deambula por los tejados y que muchos creen trasunto de Amenophis, un gato egipcio que aparece y desaparece como le da la gana.

En unas pocas páginas pasan ante nuestros asombrados ojos, indianos, germanos, dos enamorados y una niña repelente; encuadrados en un ambiente que más parece decimonónico que del siglo XX. Y el gato Amenophis. El gato encantado, porque es un encanto. ¿Quién dijo que nunca vuelve aquello que se pierde? Piensen, lean y evoquen.

 La clave está dentro – y fuera – de esa Casita de la Puerta de la Reina.

CONSTANCIA DEL TRABAJO Y DE LAS LETRASEs preciso destacar la ardua labor de investigación de Pilar Losada para reconstruir un mundo que le contaron. Ha sabido bucear en recuerdos familiares y consultado hemerotecas. Y buscar. Buscar para dar vida y voz a sus personajes que se expresan de forma tan diferente: del acento y los modismos de Almería a la jerga de las kábilas y del propio Tetuán a la hermosa y florida Haketía, la lengua de Sefarad en la diáspora. Un regalo para los sentidos y los sentimientos. Para los que, de alguna forma, vivieron ese Edén. Para que ‘ vuelva’ lo que se dio por perdido.

En breve, para el próximo otoño, Losada, 'culpable' de la existencia de este blog,  volverá a alumbrar una nueva obra, una novela que, a buen seguro, hará las delicias de los lectores. 


Medina Sidonia, a 12 de julio de 2025. ¡Vivan los novios¡

sábado, 5 de julio de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. OTRA VUELTA DE TUERCA.

Vuelve a ser abril y de nuevo toca partir, zarpar, abandonar para empezar de nuevo. 

Ha pasado casi un año desde que llegaron a la dorada Orán, con un clima quizás más árido que el español, pero más parecido en los meses de suaves brisas que hacen florecer naranjos y limoneros, frondosas palmeras y altos y solemnes cipreses. 

Tras el paso por el campo de internamiento, donde fueron clasificados y "puestos al día", pasaron a vivir en pensiones y a realizar trabajos diversos para poder ahorrar para el día de la partida. El pintor podía ser taxista, los escritores, dar clases de español y el músico tocar en bandas de música locales, donde descubrió la belleza del Rai, un ejemplo de folklore autóctono que llegaría a hacerse famoso con los años y hasta nuestros días. Por cierto, Barbarita adora la música Rai. 

Pero, de nuevo se imponía la partida. Caminaban sobre una navaja demasiado afilada, y tenían el tiempo en contra. Para salir de Argelia, camino del que pensaron que era su destino definitivo, había que hacer lo imposible. Sus aspiraciones de viajar a Méjico pasaban por llegar a Francia, y salir de un puerto que les permitiera hacer la travesía hasta el país azteca. Su Eldorado particular. 

Y vuelta a navegar hacia Europa, bien a Marsella, bien a Sète, que los dos puertos eran viables. Era la pesadilla más terrible que podían imaginar, volver a una Europa ya marcada por la zarpa del gobierno nacional socialista de Adolf Hitler, que, tras haberse merendado a Austria en 1938, y haber ocupado bárbaramente, Polonia y Dinamarca, ya tenían a Francia en el punto de mira. Y ellos tenían que arriesgarse...

Y otra vez al mar. Otra vez a jugar a unas cartas marcadas por el destino de las olas. En un carguero sin nombre. Un vapor de origen oculto que llevaba en sus entrañas la vida de cientos de personas que se la volvían a jugar con los ojos vendados.

¡Buena suerte y buena mar! Se decían entre ellos, aún sin palabras. El miedo era grande, la incertidumbre, total. Para llegar a Méjico tenían que volver a Francia, la luz de la Europa que abandonaron horrorizados para llegar a la tierra propia que les recibió con la peor de las bienvenidas: la de una guerra que aumentaría hasta el infinito su sentido del horror. Pero estaban juntos. Permanecían juntos a pesar de lo dejado en el camino, y eso les daba ánimos. Había que revestirse del valor que les faltaba, para poder creer que había que creer. Había que afrontar esta nueva travesía, más viejos, deteriorados, escacharrados y hasta destrozados. Pero nunca vencidos.


CONTINUARÁ.

CONSTANCIA DE LOS DÍAS: visto lo visto, oído y presenciado estos últimos días, mejor imitar a los monos de Gibraltar. 

Comienza el verano oficial y, con él, los recuerdos del sol de una infancia frente al mar. A la mierda los 39 escalones de Hitchcock con los 200  largos de mi playa del Sarchal de Ceuta. Pero esa es otra historia que transitará por aquí en breve. 


Ojén, Cortijo Lydyol, 5 de julio de 2025.