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sábado, 26 de abril de 2025

BARBARITA Y EL FUTURO

 


Me han propuesto que hable del futuro. Pero no del futuro como algo que está por llegar o suceder, sino, precisamente, de la forma de cambiarlo. Empeño que, aunque a priori resulta atractivo, entraña una tremenda dificultad se mire por donde se mire. Porque, precisamente, la propuesta es saber si podemos dar la vuelta a algo que parece cerrado de antemano. Fácil y difícil a la vez. 

Y una vez apartados los primeros escollos, véanse leyes físicas o las diversas opiniones de distintas escuelas filosóficas, vamos con el asunto mollar que se apoya en el discurrir del día a día del ser humano, que se acerca mucho más a la realidad. Nos guste o no.


En primer lugar, para poder hablar del futuro, y de si podemos o no podemos cambiarlo, tendremos que apoyarnos en el presente, sin olvidar tampoco el pasado, sobre todo para no repetir comportamientos, errores y actitudes fatales. Porque el futuro no está escrito. ¿ o sí?

Según la escuela de pensamiento de María V. una rondeña sabia en menesteres de lo que es, no es, o será, todo lo que nos pueda suceder en un futuro, está escrito. Todo lo que nos ocurra está ya anotado en el libro del debe y el haber de la vida. Para Mariquita, hagamos lo que hagamos en el presente, no repercutirá excesivamente en nuestro porvenir porque ya está todo trazado. Trazado, medido y pesado. Milímetro a milímetro, grano a grano. Con la lógica de quien cree en los ángeles con zapatos desgastados de transitar por esta, a veces, perra vida. Los mismos que te advierten que al final ocurrirá lo que tenga que ocurrir. Que será lo que tenga que ser. Una tesis completamente respetable y hasta cierto punto lógica, carente de fundamento científico, aunque esté cimentada en la más pura y dura intuición del devenir de la existencia. Con todo lo que ello significa: penas y alegrías, experiencias y fatalidades


Así, pasamos del empirismo del día, el de la gramática práctica, para pasar a repasar otras tesis que se mueven entre el mundo de lo espiritual. 


Voces autorizadas, como las de S.B. sostienen que el futuro no puede cambiarse porque hay sólo una vida, aunque sí existen diversos planos de existencia. Habla de pactos de almas, previos a la reencarnación de los seres que hacen el futuro inamovible, precisamente, por lo acordado en ese mencionado pacto. Que sólo hay un camino ya trazado para todos los estadíos vitales y al final nada ha podido cambiarse. Lo que nos viene a decir lo mismo que en la corriente anterior: en unos casos se escribe o se pacta, no sabemos en qué papel o en qué libro, como no conocemos los términos de las transacciones de almas. Porque ese es otro jardín que no quiero transitar por si se convierte en laberinto. 


Otra cosa es hablar del sino, el fatum, el hado o como queramos llamarlo, mediante el que las personas creen que los acontecimientos de su vida y sus acciones están predeterminados, con lo cual también se plantea la incógnita de poder cambiarlo. Como ven ustedes, otro jardín. 


Desde tiempos inmemoriales, las antiguas culturas veneraban a los adivinadores. Así, desde Egipto a Grecia y Roma, Oriente o las sociedades llamadas bárbaras, la humanidad entera ha sentido la necesidad de saber, de conocer qué les depararía el futuro y su posibilidad de cambiarlo. A veces, por los métodos más expeditivos. Sin conseguir nada. Bien porque ya estaba escrito o porque ya estaba pactado. En definitiva, un jardín sobre otro. 


Y al final, todas estas eternas incógnitas se despejan con la fórmula más sencilla: el futuro, aunque no esté programado en el organigrama de nuestra vida, sí podría cambiarse en función de nuestros comportamientos y acciones.  Aunque no sea una regla general, en algunos casos puede hacerse efectiva y, aunque parezca demasiado simple, lo de sembrar y recoger siempre estará ahí como paradigma de lo venidero. 


Y con la alusión a la siembra y recogida y a los jardines y laberintos, me pregunto qué futuro tendrá Barbarita con estas cuatro letras de los sábados. 


Gracias, Mari Carmen Morales, por incentivar mi imaginación. 


sábado, 19 de abril de 2025

BARBARITA, UN SUEÑO Y UN SUSTO


Parece mentira el poder que las campañas publicitarias pueden tener efecto en el ser humano. Tanto que, a veces, parece que nuestras vidas estén dominadas por las sugerencias, órdenes y directrices, más o menos veladas o explícitas, que recibimos a través de los medios que nos mueven como marionetas y que a veces, nos dominan hasta el extremo de hacernos confundir lo soñado de lo real. 

Llegamos a casa, tras una ausencia de 32 años, para reencontrarnos con nuestro pasado y, a la vez, enfrentar un nuevo presente. Todo nuevo, sospechosamente nuevo, colorido y brillante. Demasiado atrayente para ser normal, pero sin signos de alarma, por el momento. 

Al entrar en la que fuera nuestra casa en otro tiempo y, que tuvimos la suerte de recuperar, ya comencé a recibir señales. El edificio, de principios del siglo XX, señorial y sin ascensor, contaba con una coqueta escalera de mármol que brillaba por su ausencia. Pero nadie se daba  cuenta. Sólo yo lo advertía, aunque, también pude subir al tercer piso como los demás. Raro. Raro, pero cierto, porque estaba pasando.

Una vez en casa, mi sorpresa fue mayúscula al no reconocer nada: todo estaba igual pero a la vez, todo era diferente. En una especie de caos ordenado se sucedían habitaciones llenas de cachivaches de muchos colores. Siempre colores chillones y amenazantes, que advertían algo y que avisaban de una nueva sorpresa en las sucesivas estancias. Pero nadie se daba cuenta. Nadie lo notaba excepto yo. Una asombrada Barbarita que comenzó a oír pequeños chillidos agudos que crecían por momentos. Mientras la  familia empezaba distribuirse por la casa reencontrada, yo no salía de mi desconcierto, a la vez que buscaba el origen de los chillidos. De momento, nada. Lo cual hacía crecer mi inquietud. Hasta que los encontré, increíblemente dentro del frigorífico. Ahí estaban los sujetos: bolas rojas con piernas pequeñas y cara sonriente. Como unas famosas golosinas que hablaban e invitaban a salir a la calle para comprobar que el exterior estaba plagado de ellos: en las vallas publicitarias y carteles, en los bares y en las tiendas...entre la gente. Pero nadie se daba cuenta de nada porque nadie los veía. Sólo yo. 

La gente interactuaba como siempre. Salí a comprar con mi amiga R.  y nada. Luego, a tomar café con mi amiga L. y tampoco pasaba nada. Nadie veía nada porque ya todos estaban bajo la influencia de las esferas con patas y su mensaje de consumir y más consumir. Las aceras y escaleras de plazas y avenidas resultaban impracticables, atestadas de toda clase de elementos para comprar y ser feliz. Así, automóviles, aspiradoras, perfumes de marca, aguas llenas de gas y cigarrillos de boquillas de color pululaban al alcance de todos. Era el sumun del logro de lo guay porque eran poseedores de todo lo que se podía comprar. En las calles, cajas de pescado muerto, inservible. Como relojes blandos con escamas, amenazantes y premonitorios, sin color. Porque el resto de la ciudad, el resto del mundo estaba lleno de color y de brillo para atraer a la compra. Y de esta forma se realizaba el acto de compra inconsciente. Y de esa forma se conseguía un mundo feliz. Pero nadie sabía nada. Nadie se daba cuenta, porque nadie los veía. Sólo yo. Sólo una asombrada Barbarita que se había quedado más sola que la una mientras la gente compraba y era feliz. Y no era un cuento de Cortázar, más quisiera yo...

Y juro que lo vi. Que fui testigo de todo ese marasmo de cambios, ausencias, chillidos, colores y pescados tristes. Como un baratillo de lo imposible, donde todo se vendía y todo se compraba. 

                  ¡Lo que hace un atracón de torrijas¡

sábado, 12 de abril de 2025

BARBARITA Y LA SEMANA SANTA DE CEUTA. MI PEQUEÑO PREGÓN


Cuando las calles se llenan del olor a azahar y en las casas de lo hebreos se prepara la Pascua, comienza todo. 

Escribir un pregón,  y además pronunciarlo es tarea ardua que me da un poco de miedo, por la responsabilidad que entraña al redactar algo muy serio, muy sentido y muy importante. y más para una lega en el asunto. Que una cosa son los recuerdos y los sentimientos, y, otra muy diferente, plasmarlos con el  rigor que requieren. 

El pregón de Semana Santa habla de fe, historia y tradiciones. Se trata de eso, de pregonar a los cuatro vientos la excelencia de la semana mayor religiosa de una determinada ciudad, en este caso, de Ceuta, siempre Ceuta, mi ciudad de origen de donde guardo los mejores recuerdos del ambiente, las salidas procesionales, la gente, la bulla, las familias, los templos y...las cofradías en la calle. Dueñas y señoras de una población que bullía desde el Domingo de Ramos al de Pascua, o Resurreción. Un pueblo alejado de la península y que podía, y puede, dar sopas con honda a muchas otras con nombre y solera. Porque, señores, Ceuta tiene nombre y solera, pero callada , recreándose en su puesto de privilegio de tener cofradías antiguas, de fundación lejana, que vienen a decir, junto con las más recientes: aquí estamos, en el norte de África. Aquí estamos porque somos. Porque nos hemos ganado un sitio de privilegio entre las mejores. Por derecho y por amor. Y porque está escrito en el aire de Ceuta. 


Un pregón al uso es un canto, un grito, poético y apasionado. Pero como yo no tengo esa facultad del buen pregonero, voy a desgranar, con mis torpes palabras, la Semana Santa de mis recuerdos, la que siempre llevo en mi mente y en mi corazón, como algo vivo y único. Con los ojos de una niña agarrada fuertemente a las manos de su padre.

Llega el Domingo de Ramos y todo estalla: misa de Palmas, bendición de olivos, vamos a comprar pasteles en La Africana. Vamos a comer que hay que ver cómo entra Jesús en la ciudad. Una Jerusalén abrazada por dos mares. Qué suerte que no llueve y la Pollinica puede lucirse. Y empieza todo. Del júbilo a la consumación. Porque así estaba escrito y Ceuta lo sabe.

Amanece un Lunes Santo en el que se espera al Señor de la Vera Cruz, figura antigua, del  tardo Gótico. Cristo seco y singular. Prueba fehaciente del valor histórico de algunas de nuestras imágenes. 

Y llega la apoteosis en forma de Cristo Cautivo. Le dicen el Señor de Ceuta. El que arrastra multitudes que lo acompañan. Mi cariño y recuerdo a Pepe Sarria, que está con su Medinaceli.

 Todo un gentío arropa, y hasta custodia, porque de todo hay y de todo ha habido. Promesas, rezos y lágrimas, suspiros y confidencias. Que se cure mi hijo, que mi hija apruebe las oposiciones, que encuentre un trabajo. Es el grito callado de angustia y esperanza que clama y ruega al que todo lo puede. Al Señor de la túnica morada que reina en la ciudad. Y su madre tras él. Sabia madre que deja todo el protagonismo al hijo, porque sabe qué pasará, porque así está escrito en el aire de Ceuta. 


El Martes Santo ya es un bullir de gente, un corre corre de preparativos porque toca encontrarse. Un año más se asiste a esa ceremonia irrepetible del Encuentro de la madre con su hijo con la cruz a cuestas. la primera  cofradía que conocí en mi infancia. Nuestro Padre Jesús Nazareno y Sacratísima Virgen de la Esperanza, lo de Sacratísima me llamó siempre la atención. Y llega el momento, y suena la música y se acercan los pasos. Y se mecen. Una y otra vez, y en la Plaza de África no cabe un alfiler. Aunque, Barbarita recuerda cuando el Encuentro se producía en el Puente Almina y se volvían los pasos hacia el mar, hacia la Península, en un acto tan emocionante como significativo. Es el día de la tradición más caballa. Y que no se pierda.

Y ahora llegan los días más difíciles para el mundo cofrade. De todos es sabido que tras el Encuentro, llega la desbandá. Mucha gente marcha de vacaciones y las calles quedan un poco vacías para ver a las cofradías realizar su estación de penitencia. Pero se aguanta y se triunfa, porque Ceuta es más fiel que desleal y se prepara para seguir y vivir la liturgia viva en la calle. 

El Miércoles Santo nos trae Amargura con un Nazareno caído de rostro dulce y túnica blanca. Y en mi recuerdo la familia del querido Pedro Clavijo. La Flagelación refleja sufrimiento callado y resignado. Su madre, la de la Caridad, le sigue con el alma en vilo. 

El Jueves Santo, el ecuador de la semana, trae aires de cruce, de encrucijada allá por un barrio lejano que procesiona a su crucificado y a una virgen envuelta en lágrimas. La que recoge y alivia el llanto de todos. 

Y volvemos al centro de la ciudad para ver salir a una cofradía que tiene en su curriculum el ser la renovadora, la primera en costaleros hermanos. La primera en muchas otras cosas. Y volvemos a asombrarnos con ese Cristo de la Humildad y Paciencia. Sedente, paciente, humilde. Con su clámide púrpura que espera a una madre llena de Penas, de las penitas de sus devotos. Cofradía Agustiniana. Vinculación con la orden de la sabiduría y la libertad. 

Ceuta también tiene su Madrugada. Lejos del bullicio de otras ciudades. En la nuestra se enseñorea el silencio. Jesús es descendido de la cruz, camino del sepulcro, su morada de transición a la luz de la resurrección. Silencio, recogimiento, austeridad. Se va cumpliendo lo que está escrito en el aire de Ceuta. 

Dejamos atrás el Jueves con el comienzo de los Santos Oficios y nos acercamos a la Parroquia del Valle, pequeña, casi ermita. Y allí ya sabemos que es Viernes Santo, que sale un paso de misterio con un grupo escultórico que acompaña al Señor de la Paz y a María Santísima de la Piedad. De la calle Brull hasta el término de su recorrido procesional, caminan un largo trecho. Por amor a sus sagrados titulares y porque son las mejores maneras. El camino es largo y la penitencia también. 

Cristo expira junto a su madre del Amor y Juan, el discípulo amado. Ya casi se escapa la vida de su cuerpo maltratado. Sólo queremos que tenga una Buena Muerte.

Porque nos vamos a los Remedios, cofradía de todo un barrio que acompaña a su Cristo, al que se le desea una Buena Muerte, y a su madre del Mayor Dolor, la de la barbilla perfecta que creara un Juan de Astorga en estado de gracia. Es la quintaesencia de una cofradía, en ajuar, enseres, cultos, predicadores, exquisito gusto en vestir a la virgen. Y el rosario, pieza costeada por todas las Dolores del barrio y que Barbarita tuvo el inmenso honor de llevar el día de su boda. Los Remedios, gran salida y mejor recogida, la mejor excusa para llegar tarde a casa. Un beso al cielo, querido Pepe Remigio.

Culmina el Viernes Santo con la representación del máximo duelo: el Santo Entierro está en la calle y la Soledad exhibe su inmensa tristeza. Pero queda la esperanza, el consuelo de que algo va a ocurrir, y se atempera el dolor. 

Y vuelve otra vez la alegría. De domingo a domingo hemos vivido algo mágico. De los días de contención y rigor: niño, que no se puede cantar, no corred, que el señor está muerto, al júbilo de la resurrección. Atrás quedaron las salidas, los estrenos, el miedo a los caballos que acompañaban a algunas cofradías. Las torrijas, el arroz con leche, las natillas. Y los burgaíllos y los pirulís de colores. Y tantas cosas que se me escapan, pero que están en mi mente de niña. De la niña que veía el Encuentro de la mano de su padre. 

Y así transcurría todo en una ciudad del norte de África. Porque así estaba escrito en el aire de Ceuta. 

Mi agradecimiento a Maribel Lorente y Vicente Merayo, caballas y jartibles de nuestra ciudad. Gracias por vuestra colaboración y entusiasmo. 

En Fuengirola, Viernes de Dolores de 2025. Feliz Semana Santa a todos.





sábado, 5 de abril de 2025

BARRERAS HUMANAS

BARBARITA REFLEXIONA SOBRE LA INCOMUNICACIÓN 

No hace falta que mi oficio sea comunicar para darme cuenta de que cada vez se producen más abismos entre la personas que conforman nuestra sociedad. Abismos, barreras, murallas. Lo que ustedes quieran llamar a ese rumor sordo que cada vez está más enterrado, y que produce no poca confusión por falta de ganas, de animó o de voluntad. Pero el caso es que, cada vez hablamos menos con el  don divino de la palabra, para relegarnos al simple telegrama que nada aporta. 

La idea me vino por un puro hecho casual: en la línea imaginaria que forma Barcelona, Málaga y Ceuta, se produjeron sendas averías en los fregaderos de la cocina. Tres casas, tres problemas, tres atascos... lo cual me dio que pensar en la incomunicación, en el atasco que se produce en las relaciones humanas, y que constituye, precisamente, una barrera que crece cada día más.

Hablar, llamar por teléfono, escribir una carta,  actos, otrora cotidianos y naturales, que ahora son escasos y fastidiosos. Si no, eliminados de nuestras rutinas. Porque ya ni se habla ni se escribe, digamos de forma natural. Lo que Barbarita observa a diario es precisamente, una apatía en la forma de relacionarse: todo se despacha con un  adiós, buenos días, o lo que toque ( perdón, toke) . Frases cortas y a veces cortantes. Porque tenemos prisa, porque hay que correr para hacer otra cosa. Porque estamos atascados cual fregadero lleno de líquido estancado.

Así, incomunicación y prisa van unidas de la mano. De este modo, sustituimos la fluidez del lenguaje por unos mensajes distorsionados por símbolos a veces incoherentes. Las palabras acortadas, los dibujitos sustitutos de emociones...mil cosas que ayudan a crear un mundo, o a destruir el mismo, con la consiguiente pérdida de relaciones reales, de facultades lingüísticas y, en casos extremos, pérdida de empatía. 

Todo parece apocalíptico, pero la pérdida de relaciones en pro de unas cuantas palabras o letras fugaces, flaco favor hacen a todos. Porque esta actuación se extiende, como una mancha de aceite, por todo el tejido social: padres e hijos, parejas, personas mayores, profesores y alumnos, amigos...e incluso enemigos. 

Con todo este mapa mudo, que no quiero presentar tan ' mudo', poco podemos hacer. Cada vez recibiremos menos cartas, y no digo nada de postales. El pobre teléfono fijo, que daría lugar a largas conversaciones, es ya un objeto de adorno. Y, aunque bailemos al son del progreso y la modernidad, siempre se echarán de menos. Porque nos ayudaban a extendernos en nuestras relaciones. " Espero que al recibo de esta"... o "suyo afectísimo" ya de poco sirven, porque tenemos prisa y, quizás, miedo a mirarnos de frente. A los ojos. O, quizás, a nuestro interior. Como los fregaderos atascados.

Pero no quiero terminar esta reflexión con ningún regusto amargo. Aunque hablar de la no comunicación social me lleve a ello, siempre habrá gente para hablar de frente, para  escribir una carta de amor o de abandono, o para abrazar, reír y llorar con todas las letras. 

Y, ahora, una pequeña confesión: a servidora, comunicativa y parlante, no le gusta hablar por teléfono. Nadie es perfecto. 

Felicidades a quien cumple años. Mejorado 120. 

sábado, 29 de marzo de 2025

LA CHICA DEL PATIO II

 

LA CHICA DEL PATIO II BARBARITA RECUERDA.

 

Barbarita recuerda, una vez traspasado el dintel de la entrada, llegar a una fontanería, la de Expedo y Rafael, aunque, la verdad, esto es algo moderno en el recuerdo infantil. Seguidamente, la carbonería de los abuelos Pedro González y Dolores Palma, alta y delgada, siempre vestida de negro, despachando carbón o haciendo eternos pucheros, soplillo en mano.

 

Cabe recordar que la carbonería, también llamada El Almacén, era el centro de reunión de toda la familia, ya fueran los González Palma, Navarrete, Ponce, Vázquez, Gámez…todos, presentes en mi recuerdo y en mi corazón. Un poco más allá la casa de Pepín Migoya y Lolita Marcos,  con sus hijos, Pepe y Ana. Más abajo, Diego el pintor y Pepita. Bajando, la casa de María, la de la esquina. Sigue la mini vivienda de José Rodríguez Feu, también llamado Nuestro Pepe, personaje peculiar, que cambiaba de traje dos veces al año y parecía sacado de una novela de Baroja.

 

Seguimos con una familia a los que apodaban los Pimpones, Pedro, Victoria y sus hijos. Casi al lado los Sánchez Pascual, Ramón y Lola y sus hijos, Milagros, Margari, Manoli, Ramón( Barbarita debe ser muy vieja, porque asistió al bautizo de Ramón, Ramoné, en aquella época) y Francisco Javier. Buena gente. También recuerdo a la abuela, que al final de sus días quedó ciega y al tío Vicente, que emigró a Holanda en los tiempos duros.

Pasada esta vivienda, donde siempre había la mejor fruta y la mejor verdura, llegamos a la casa de Tito Kiko – Pedro González y Caridad Navarrete, con sus hijos Pedro y Manuel. Allí veíamos la televisión, cuando nadie la tenía en sus casas.

 

Y llegamos al Rincón. Ahí recuerda Barbarita a Mari Gracia y Ramón – Ramoncito bueno o Ramoncito guapo, de los Pulmones.  Enfrente, la familia Duarte, Ramón y Antonia. Y, al fondo, Julio Pérez con su familia.

 

Aunque pueda parecer un poco caótico, la descripción del patio a veces se me hace difícil, así que, vuelvo sobre mis pasos y me dirijo a casa de los Jaramillo, moradores de lo que podríamos llamar El Patio en Medio – ya saben, sin preposición alguna-  Esta familia, junto a los Quicos, constituía una de las familias con más miembros, más gracia y más salero que puedo recordar. Así, sin respirar, Luis y África, él, alto y seco, de perfil de torero. Ella, gruesa y maravillosa. Maruja, Paco, Juan, Luis, Rafaela, Afriquita y Carmen. Y si me olvido de alguno, pido mil perdones, porque son una familia inolvidable. 

 Casa con patio, flores, gallinero, jarrillos de lata y…gracia. Mucha, muchísima gracia. Dentro de esta familia, y aunque la mencioné unas líneas más arriba, quiero recordar a tita Mari Engracia, mujer encantadora que trabajó en Tánger y a la que nunca olvidaré.

 

Adentrándonos ya en el Patio Abajo, recuerdo a Salvador Cantero y Maruja Jaramillo, Canterito negro, Marujita blanca. Los Orellana, con la mamá Patrocinio. María Plaza y Pacoya. Enfrente la señora Pura y su hija Mercedes, mi primera maestra. A esa casa llegaría más tarde la familia Lizana. Buena gente siempre recordada.

 

Enfrente vivía Isabel Alcaín, mujer triste, siempre recordando a su hijo muerto, Modesto de nombre. Su marido se llamaba Moya de apellido, y siempre estaba ausente.

 

Y ya, cogemos carrera y nos vamos directamente al final del Patio Abajo. La Casa de los Gámez González, Luis y Sebastiana, y su hija Loli, gran peluquera y mejor persona. Alegre, sonriente y entrañable. Una hermana mayor para Barbarita. El resto de la familia emigró a Francia. Fernando, Mari Carmen y Luis, ya fallecido. Al lado, la casa de Milagros la modista, con sus hijas Mari y Conchi y su nieta María del Mar. Enfrente, la familia Salguero. Y, abajo, en el último tramo, la familia Mateo. Miguel y Salvadora y sus hijos, Pili, Miguel y Maribel. Y al lado los Vicario, Juan y Catalina con sus hijos.

 

En ese mismo tramo, pero al lado izquierdo, José  Rodríguez, Pepe el Rápido, con su  mujer, María Jesús Samiñán. Llegaron de recién casados y allí formaron su familia.

 

Ahí se acababa todo. O empezaba. Porque mi patio era lugar de fiestas y alegrías. Pascuas, Cruces de Mayo, Carnavales. Recuerdo pozos, flores, gente que iba y venía de sus trabajos con sus fiambreras de comida, el costo. Comida, no confundamos. Pintores, albañiles, impresores, tenderos, chóferes, mujeres lavando la ropa y cargando con cubos de agua. Y en los tiempos antiguos, gente escondida del régimen, matuteras y alguna prostituta. Todos deseando sobrevivir, olvidar y salir adelante. Por eso, este final se dedica a las alegrías. A los juegos infantiles y juegos de mayores. ¡Esa lotería con sus cartones desgastados y sus bolillos! Cuando no había bastantes, con legumbres o pipas de chirimoya. Tata Paca, mi homenaje y mi recuerdo.

 

Y el lenguaje, que daría para un artículo completo. Ejemplo para el DRAE, pero en andaluz castizo. Y un poco verde. Bastante verde. Pero dicho con gracia y en el momento oportuno. 

 

Y los Invasores, el primer club juvenil que hubo en Ceuta, fundado por Chiqui González y sus amigos. Allí se bailaba y se oía buena música. Hasta en directo, con los Bemol Group. Alguien en Barcelona lo recuerda.

 

Pasaron los años y el patio se fue despoblando y también fue cambiando. Se reformaron viviendas, el patio mudaba su cara. Pero se hacía viejo. Y con él, sus gentes. Aquellos que dieron vida a ese mundo aparte, apagaron su luz. O se mudaron. A un piso, "con todas las comodidades". 

 

Adiós mundo del ayer, adiós Patio de la Tahona, donde aún suenan villancicos y huele a roscos,  pestiños, a anís, o a tintorro con un tomate picao. Salen los niños de comunión, y las parejas de novios rumbo a los Remedios, las niñas para la feria, con moños y peinetas. Y el correspondiente lunar en la cara y en la espalda. Porque esa era la vida, con muchas risas y también con penitas.

 

Y aquí queda todo. El recuerdo de una época pasada, de un mundo vivido y contado por una chica. Una niña a la que no le gustaban los plátanos y soñaba con escribir. 

Si me he olvidado de alguien…perdonen mi mala memoria, pero a veces, el corazón, juega malas pasadas.


sábado, 22 de marzo de 2025

LA CHICA DEL PATIO I

Barbarita recuerda

 Hay momentos de la vida en los que los recuerdos revolotean a nuestro alrededor como pájaros avisadores de nuestro pasado. En este caso, los que nos presentan la película de nuestra infancia, la vivida en un patio de Ceuta, llamado de la Tahona porque en tiempos hubo allí una panadería. La de la familia Carrasco. El patio, era un microcosmos vivo, habitado por generaciones de personas, de vecinos que dieron vida  a cientos de historias que quedan impresas para siempre en la mente de los que allí vieron pasar sus vidas.

 La chica del patio, además de ser el título de una película de ambiente castizo-folklórico, es el título de mi trabajo de esta semana. Porque yo fui una niña de patio. Una de tantas. Todas en una.

El vecindario, ubicado en el número 69 de la calle Falange Española, era un mundo que bullía de personas de todos los lugares y procedencias. Se dividía en varias zonas: El Patio Arriba y el Patio Abajo. Y no recuerdo muy bien si había un patio en medio. Sin preposiciones y con mayúscula, porque lo merece. Así, tal como sonaba y se nombraba. Eran minimundos que se fundían en uno solo. Con sus gentes, sus identidades, sus penas y alegrías, sus risas y sus lágrimas. La vida hecha vida.

 

La descripción de la geografía humana de Patio de la Tahona me resulta un poco prolija si tenemos en cuenta la gran cantidad de personas que allí vivían. Gentes que echaron raíces en esa especie de submundo de infraestructuras precarias, como el saneamiento y la falta de agua corriente en las casas, lo que hacia que las mujeres, siempre mujeres, acudieran, una y mil veces, al “grifo”. Una fuente donde se juntaban las vecinas a coger agua. Y eso, si había agua, que si no, a esperar las cubas militares. Eso, unido a una red de saneamiento casi inexistente, hacía la vida diaria un tanto dura. Muy dura. Lavar a mano, almacenar el agua en cubos y, sufrir perennemente la falta de tan preciado elemento, parece hoy algo pintoresco, pero, en realidad, repito, era una tarea muy dura.

 

Salvando el relato – edulcorado- de las deficientes infraestructuras, ahora toca hablar de la gente, los vecinos, que en este momento cobran vida en un pedazo de papel.

 

La entrada del vecindario me resulta un poco nebulosa en la memoria. Un gran portón que daba paso a las primeras viviendas. Ahí recuerdo a Conchi y Mari Carmen y, enfrente, en una casa con escaleras, recuerdo a Lely y Ricardo. Más  abajo, a la izquierda, el horno de la pastelería La Esmerada, y algún espacio que no recuerdo bien, pero que estaba oscuro- si Pepín no ponía la bombilla-. Así que, mejor me adentro en la parte que mejor recuerdo. El patio arriba abre sus puertas.

 

Nos vemos la próxima semana, para adentrarnos de lleno en la vida e historias de los habitantes de todos los patios. La cosa promete. Os espero.

 

sábado, 15 de marzo de 2025

BARBARITA VA AL COLEGIO

 

   Hace unos pocos días, Barbarita tuvo la oportunidad de visitar un colegio. El lugar que nunca olvidamos porque forma parte de las raíces de nuestro árbol de vida. Ahí comienzan a brotar las hojas verdes del conocimiento que irán creciendo a medida que se adjunten saberes y experiencias. 

   Porque el colegio, el "cole", es principio de una experiencia inolvidable, que a nadie debería faltar. Porque es derecho, obligación y devoción. 

    La visita, a una clase de primero de Primaria, 25 gorriones con los ojos muy abiertos y los oídos preparados para captar todo lo que sucede a su alrededor, derivó en una clase en la que ellos eran los absolutos protagonistas. 

    Y, así, a la voz de ¡ Buenos días!, los chavales comenzaron a ' disparar' mil y una preguntas. ¿Cómo era tu colegio? ¿Qué libros estudiabas? Preguntas, cuyas respuestas recibían con asombro. Cómo cuando Barbarita explicó qué era la Enciclopedia Álvarez, compendio de todos los saberes de aquella época. Desde los puntos cardinales a los himnos patrióticos, sin olvidar a los Reyes Católicos. Ese era el ' plan' , y así se realizaba. Con libro para todo. 

    Siguen las voces infantiles en su afán curioso. ¿Cómo se llamaba tu colegio? ¿Te gustaba estudiar? ¿Y ahora qué haces, en qué trabajas? Y más y más preguntas que daban pie, para que, a su vez, Barbarita comenzara a aprender, a preguntar a los niños: ¿Os gusta el colegio y estudiar? ¿Qué queréis ser de mayores?

    Y es en este momento cuando Barbarita recuerda otras respuestas que parecen haberse quedado añejas. Perdidas en el tiempo, porque, tal vez, ya ningún niño o niña piense en ser bombero, maestra o enfermera. O, tal vez astronauta.

    Los cándidos pequeños clamaban y exclamaban que querían ser futbolistas. En eso las modas no han cambiado. Y, además de futbolistas, - famosos, por supuesto -, influencers, tiktokers y youtubers. Y, por supuesto, tener dinero. Mucho dinero para poder comprar coches, ordenadores y hasta relojes de marca. Toda una revelación para la ingenua visitante, ante la sinceridad y el realismo de las respuestas. " Quiero ser tal y tal porque se gana mucho dinero y porque quiero ser  famoso. La fama, que no falte. 

     Ir al colegio significa volver al aprendizaje. Y, en este caso, Barbarita aprendió bastante del mini alumnado. Su frescura hace reflexionar. Nos ponemos a su altura y nos sentimos humildes, y un tanto asombrados por su franqueza y naturalidad. Ser famoso y tener dinero. Y punto. 

    Os gusta leer, leéis en casa? Ahí, división de opiniones. Como en los toros. Por cierto, nadie habló de ser torero o torera. Los tiempos cambian. Ya no hay afición. 

    Barbarita descubrió la gran diversidad de origen del alumnado, fruto de la diversidad que nos rodea y que hace que el mapa sea cada vez más chiquito. Como ellos. 

   En todos los docentes que he conocido siempre he visto el mismo amor por la enseñanza. Desde la cartilla de párvulos a la de la educación de adultos .Desde los más pequeños, a hombres y mujeres hechos y derechos dispuestos a aprender con orgullo y tesón. 

     Y, en eso está la seño de esos 25 gorriones que, con paciencia infinita, trata de poner orden, de calmar, instruir y educar. Aunque le vaya la voz en el intento. 

   Hay que repetir que, la visita a la clase de Primero de Primaria del Colegio Tamixa de Las Lagunas de Mijas, ha sido una vivencia de lo más enriquecedora. Como una encuesta del CIS para gente bajita. Esos locos bajitos, diría nuestro flamante Premio Princesa de Asturias de las Artes. Al tomar el pulso a 25 chavales, se realiza un estudio demoscópico que nos revela sus gustos, aspiraciones y comportamientos. La mejor investigación para sacar en conclusión - aproximada y nunca definitiva- que, de un grupo de 25, el 80% tiene teléfono móvil y tablet. Revelador. 

    Barbarita sugirió, tímidamente, que se acercaran al papel para leer. Aunque la recomendación no tuvo mucho éxito. 

    De todas formas, la experiencia fue muy positiva. Barbarita salió exultante porque había vuelto al colegio....y le gustó. 

   Gracias a la seño Eva, paciente y cariñosa. A Malola, abuela valiente y salerosa. 

    Volveré, porque quiero seguir aprendiendo. Necesito seguir aprendiendo . 

     IN MEMORIAM: JAIME CORIAT BENMERGUI. ZIJRONO LIBRAJA. DESCANSA EN PAZ. 

    Escrito y terminado en el Centro Asturiano de Torremolinos, templo vivo de la convivencia y el buen yantar.