DESDE UNA CÁRCEL DE TELA.
Nadie podría pensar que lo que se ve y se oye desde la profundidad de un abismo de tela fuera tan real como terrorífico.
Tras un extraño viaje a Londres, en el que ocurrieron cosas no menos extrañas, ya nada podía ser más irreal dentro de la neblina del sueño.
Irreal porque pensamos que un simple viaje de trabajo, resumido en un desayuno de ejecutivos de empresa con modelos de ropa interior no daría para mucho más.
Un viaje de trabajo y turismo con paseos por los grandes monumentos que atestiguan el esplendor de un imperio que aún pervive en la mezcolanza de gente que puebla la antigua metrópoli de millones de seres humanos.
Ahí todo podía pasar.
Era una ciudad como la pintaban en las antiguas producciones de la Hammer: llena de niebla, de carruajes tirados por caballos negros, de prostitutas y borrachos..., que salían del putrefacto East Side para entrar en los famosos almacenes Harrods a comprar bombones y visitar el monumento a la princesa Diana. Porque ellos eran el pueblo, y ella, su hada madrina.
Sin pies ni cabeza, la historia se desarrolla con el tropel de very poor people pululando por el centro del gran Londres en busca de diversión y dejando atónitos a los turistas del siglo XXI, que no sabían verdaderamente qué estaba pasando a su alrededor.
Y en ese ambiente surrealista y espeso se vieron envueltos los viajeros malagueños, sin saber muy bien si se encontraban en un parque temático gobernado por la Reina de Corazones, en el que podían encontrar más oferta que en el mismísimo Harrods: desde Tom Canty a Jack the Ripper, sin olvidar a Holmes, Watson y Moriarty, todos ellos habitantes de un mundo inventado pero familiar. Demasiado familiar porque estaban hechos de carne de papel. De lo mil veces leído e imaginado.
Ángela y Lourdes, las modelos de Selene, se llevaron un susto tremendo al cruzarse con un personaje que, tocado de una gran chistera y con un reloj en la mano, corría despavorido y avisando a la gente de que llegaba tarde a una merienda muy importante con una liebre y un lirón.
Volaba más que corría porque la cita era ineludible y porque, su destino, Wonderland, estaba lejos. Muy lejos, a través de los espejos en los que se miraba una niña rubia: Ginesa. Ginesilla la rubia. La que, con el tiempo se haría famosa por alistarse en la Legión y tocar la trompeta en las fiestas al son de El novio de la muerte. Más loca que todos los habitantes juntos del mundo que recreara Lewis Carrol.
Por ahí anda todavía dando por saco en tiktok con unas imitaciones muy divertidas. Pero loca. Como una cabra.
Toda esa revoltura entre lo imaginado y lo real sucedió durante una noche de verano. Siempre el verano. Para trastornar a cualquier persona.
Pero una cárcel de tela en una noche de Terral da para mucho imaginar. Porque, quedarse atrapada en el interior de un canapé - arcón de cama de 1.30, a las 2.00 de la madrugada y sin que nadie oiga tus gritos, es digno, salvando las distancias, de El barril de Amontillado.
O, al menos, igual de agobiante.
Y en esas, Londres seguía tan misteriosa como si siempre fuera el siglo XIX, con todos los personajes, vivos o inventados, que habitaron nuestros días de lectura y de cine. Una pequeña historia dentro de la gran historia que nació de un accidente que pudo ser peor, pero que dio para alucinar durante un buen rato.
Gracias, Mr. Poe, Dickens, Wells, Conan Doyle, Miss Shelley. Gracias, mi adorado Cortázar, ni inglés, ni de aquel tiempo, pero, siempre tan grande inventando lo imposible.
CONSTANCIA DE LOS DÍAS: Noches de verano, tan proclives a todo tipo de sucesos.
El verano es una constante, tan constante en la vida de Barbarita, que parece que no hubiera otra época del año para que ocurran los sucesos más extraños . Verano que todo lo seca y da rienda suelta a todas las locuras imaginables. Desde el precio del pescado, al caos de tráfico. Es verano y todo se trastoca.
El calor, la caló, y hasta el denostado caloret son los culpables de tanta fritura de cerebro. Como verán, Barbarita no es partidaria. Hay gente pa to.
EN CEUTA, A 26 DE JULIO. PASEO DE LA MARINA ESPAÑOLA. DE LA MANO DE MI PADRE. ORGULLO CABALLA.