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sábado, 27 de septiembre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. MÉJICO. LOS TRASTERRADOS.



MÉJICO LINDO Y QUERIDO.  



Con el título de una archi famosa canción. Así es como se conocería mundialmente a la capital de la República Mejicana, el lugar en el que millones de personas tenían puestas sus esperanzas. Una ciudad que les pareció un mundo, porque era el mundo entero. 

Era el mundo entero para nuestra gente de la fauna diversa que, desde el perfumado Veracruz, el puerto donde se volcó la inmensa ola de los miles de refugiados españoles que buscaban con ansias y miedos una nueva vida, ahora paraban. Plantaban sus cuerpos y sus almas en el lugar más contradictorio que hubieran imaginado, pero allí estaban. Con ojos de incredulidad y esperanza, aquellos que habían conocido la más famosas ciudades de Europa, ahora anclaban su desesperación en esa última estación del camino. 

A lomos del inmenso ferrocarril, el que llevaría a los soldados de aquella cruenta Revolución que aún flotaba en el ambiente, Elena, Rafael, Alberto y Javier dijeron un ¡basta ya! a tanto tiempo de sufrimiento y se dispusieron a comerse el panorama que se les presentaba en la nueva tierra de acogida. La de mujeres hermosas y de los hombres valientes, que decía otra canción patrimonio de una cultura popular que ellos, sin saberlo aún, tanto contribuirían a crear. Había llegado su hora. 

La hora de los Trasterrados.

Pero no todo es tan fácil ni se sucede tan rápido como se desea. Rafael, Alberto, Elena y Javier, eran cuatro gotas de agua perdidas en el inmenso océano de los miles de hombres y mujeres que soñaban con abrirse paso en el nuevo país de asilo. La política de bienvenida del presidente Lázaro Cárdenas, era, en efecto, una mano tendida a los hermanos españoles, pero eran muchos. Demasiados. Aunque, y ya en esta tesitura vital, era el momento de decidir el futuro a una jugada. A un albur, como se decía allí, y hacia ese futuro encaminaron todos sus esfuerzos. Buscan gente para el cine, la guerra mundial está favoreciendo la producción nacional, y necesitan gente de nuestra talla y nuestra experiencia

El principio no fue sencillo, pero la decisión extrema de nuestros artistas les hizo asomarse a los Estudios Azteca, situados en Coyoacán, la primera empresa que se dedicó a la producción cinematográfica y que se creó como una fábrica de sueños, al más  puro estilo de los homónimos de Hollywood, aunque con un sello propio: el de resaltar la cultura de un país que salía del caos revolucionario para entrar en una época de modernidad en la que primaban la exaltación de lo autóctono con películas de las llamadas rancheras y de recreación de un Méjico perdido en la memoria: los años del Porfiriato, como un tiempo idealizado que hacía soñar a los nostálgicos. 

Había mucho que hacer: pintar decorados y diseñar figurines y vestuarios, lo que dio trabajo - y vida- a Javier Linaza, el pintor malagueño. Cuadros y más cuadros de tunas y guitarrones, de desierto y de grandes montañas, de aguas y barcas de pesca y velas imposibles. Y la gente. Los tipos más diversos que se fundían en uno solo. 

 Los guiones, de los temas más diferentes, cayeron en las manos de Alberto y Elena que, asombrados, pasaron de las historias del Expresionismo alemán, con sus luces y sus sombras, a las de charros cantores y mujeres de negras trenzas, tan aguerridas como abnegadas. Nada que ver con El ángel azul. Aquí, los ángeles son de todos los colores, ironizaban, entre la sorpresa y la expectación por lo nuevo. Porque, para ellos, para todos ellos, todo era nuevo. 

Y qué decir de la música. Si a Rafa Nogales, el que soñaba con componer grandes obras sinfónicas y    al que al que saludó una vez el mismísimo Sigmund Freud en un café de Viena, le parecían ramplonas y vulgares las músicas de las películas españolas de los años treinta, ahora se encontraba con la horma de su zapato. Los rasgueos de las guitarras de las producciones folklóricas de  charanga, pandereta, cortijos, toreros y bandoleros, se quedaban en nada comparados con las canciones rancheras, las tonadas de la gente del campo y los sones del arpa y la marimba de la costa veracruzana. Recreadas una y mil veces en cientos de producciones. 

Pero había que comer, había que integrarse y había que abrirse camino a como diera lugar, en una forma de asimilar las expresiones de un país cada vez más volcado en lo propio y que exigía mejicanizar hasta el aire que se respiraba. 

Ese era su nuevo reto y ante él tendrían que rendir sus horas y sus vidas. 

Durante todas sus horas. Durante todas sus vidas. Hasta que las raíces fueran tan fuertes que hicieran desaparecer la sensación de frío que les acompañó desde que salieron de sus mundos propios, y que nunca, nunca dejaron de sentir. A pesar de esas mismas raíces, a pesar de la lengua, a pesar de la acogida. A pesar de...

Nuestros artistas tuvieron, ¡por fin! la suerte y el éxito que tanto habían buscado y por el que tanto sufrieron y dieron tumbos de equipaje roto por la vida y los años turbulentos y sangrientos que les tocó vivir. Ahora era su hora. La hora de todos en los esplendorosos años del Cine de Oro. 

Aunque no todo fue de color de rosa. Los brazos abiertos del delirio de la llegada se cruzaron en muchas ocasiones. El ejemplo de Morelia podía ser una advertencia. 

Por el momento eran los hermanos españoles, más tarde serían Los Gachupines. La fauna diversa se mimetizó con el paisaje y el paisanaje, en un último intento de sobrevivir. Sus nombres rotulaban las pantallas y los carteles. 

Lo consiguieron: trabajaron, vivieron y amaron en los años de triunfo y en las generaciones que les recordaron. Allí, se asentarían para siempre con fructíferas raíces. Aunque siempre siguieron sintiendo frío. 

Nunca los olvidaremos, en sus días y en sus obras. Continuará...

- CONSTANCIA DE LOS DÍAS 

Acaba septiembre, y una niña rubia y un hombre bueno, cumplen años. El mismo día, qué casualidad!! A por muchos más. 

- Aunque no se quiera, nunca falta la nota luctuosa: Claudia Cardinale, siempre en nuestra memoria, del brazo de Delon y Lancaster, está en un baile memorable. Puro Visconti. Lujo e historia. 

También estuvo por la costa del sol de la mano de Javier Checa, el mago de las locas ideas. 

Comida en el Higuerón y rendida admiración. 

Es preciso que todo cambie para que todo siga igual. Bravo, Lampedusa. 


sábado, 20 de septiembre de 2025

BARBARITA Y LAS VIDAS DE LEYENDA DE LOS BANDIDOS BRASILEÑOS DEL SIGLO XX. HISTORIA MÁGICA DEL BANDIDO LAMPIĀO Y MARÍA BONITA, POR EL PROFESOR ANTONIO NADAL.


 


LAMPIĀO Y MARÍA BONITA.


En esta ocasión, y por primera vez, Barbarita no firma lo que escribe ni protagoniza la historia de cada sábado. La autora se echa a un lado para dejar paso, con orgullo,  a una colaboración de lujo: la del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Málaga, Antonio Nadal Sánchez, de quien tuvo la gran suerte de ser alumna y que ahora le permite publicar un pequeño pero intenso relato sobre la vida y hazañas del bandido Virgulino Ferreira, conocido como Lampiāo, y la de su enamorada, la llamada María Bonita. Unos personajes tan fieros como entrañables en el más subjetivo sentido del término. 

Léanlo despacio y disfruten con una historia donde la magia habita en un grupo de bandoleros ataviados con ropas llamativas, algunos, casi atildados para un terreno salvaje, y con el detalle burgués de una máquina de coser en un escenario de violencia y sangre. 

 Lampiāo brilla con el fulgor de una lámpara de fuego. María, la Bonita, le sigue enamorada. Hasta el fin de su destino. 

La epopeya bandolera del Noroeste del Brasil.

 

Hace algún tiempo la fortuna puso en mis manos una investigación excepcional, un libro mágico por la distancia sin tiempo comparado, donde el mito consigue subvertir la muerte y el dolor embellecer la literatura

Por Hobsbawm conocíamos una cita bibliográfica en Bandidos (1969). Después, traducido al castellano, pude disfrutar de “Os Cangaceiros” de María Isaura Pereira de Queiroz, ilustre historiadora brasileña. 

Pese a publicaciones posteriores (Peter Singelman, Linda Lewin, Billy Jaynes Chandler), como dice Hobsbawm “Os Cangaceiros”... tiene todo lo que hay que saber sobre el bandolerismo en el Brasil”.

            La epopeya bandolera brasileña posee su propio rey de la caatinga (bosques ralos de cactus y matorrales espinosos): Lampião (farol, linterna grande). Virgulino Ferreira, el príncipe del Sertón.

            Lampião ocupa el centro del libro de María Isaura. Su origen no está alejado de las causas más elementales del bandolerismo, de quienes actúan al margen de una ley considerada un apéndice de los poderosos.  El escenario de sociedades sin Estado.

            Virgulino quería venganza: El día que acabe con los Nogueiras -habría dicho- o los expulse de la Serra Vermel -ha -como hicieron ellos con mi papá-, podré morirme; mas si antes de eso una bala perdida me alcanza, entonces partiré, sólo que muy agobiado con el corazón oscuro. Estoy esperando la oportunidad que me permita hacer el trabajo de una sola vez, para que no tengan que regresar luego a completar la obra.

            Los tres hermanos Ferreiras, otra de las alianzas que configuran las resistencias asociales -no tardaron en hallar la banda de Sinho Pereira, y poco después recibieron el verdadero bautismo de fuego. Orgulloso, Virgulino le comentó al jefe que durante la balacera con la volante policial su fusil no había dejado de relumbrar como un Lampião.

            Los cabras encontraron muy gracioso lo que dijo, y Luis Padre anotó que ya no caerían más en las emboscadas de los volantes, por falta de un farol para iluminar el camino. 

Desde ese día, Virgulino Ferreira da Silva empezó a ser conocido como Lampião. Y del cañón de su espingarda -arma que más tarde reemplazó por un fusil del ejército, regalado de las autoridades federales- brotó un fulgor, luz lívida y siniestra que por más de quince años iluminó los sertones de Nordeste.

            El cangaceiro tenía treinta y tres años cuando Ranulpho Prata -investigador que recogió con mayor o menor fortuna sus crímenes- esbozó su figura basándose en descripciones que oyera: Virgulino Ferreira es de color bronce oscuro, tiene 1,90 metros de estatura, torso fuerte, cabellos negros y lisos que caen sobre los hombros, facciones duras aunque armónicas, sin ningún físico de atavismo. Excelente dentadura. El ojo derecho -inservible por culpa de un gajo de jurema- lagrimea constantemente, protegido con anteojos de montura de oro... Lo que más impresiona en su extraño físico son las manos: terroríficas, expresivas, revelan un temperamento, una vida. Manos feroces, convulsivas, astutas, brutales y ávidas. Parecen siempre febriles, temblorosas, animadas de una extraña vida, como si cada músculo y cada nervio recibiera permanentemente la excitación de una aguja eléctrica. Manos que poseen hábitos horribles, pasiones furiosas.

            Lampião procedía de relaciones étnicas autóctonas de esa parte de Brasil. Así lo proclama Optato Gueiros -uno de los perseguidores más implacables del cangaceiro -quien así lo describe en su primer encuentro con Virgulino. Allí Lampião habría expresado un pequeño orgullo, matiz de raza.

            -Sin embargo -dijo Lampião-, yo no nací para esta vida de cangaceiro. Habló con franqueza; si no hubiese nêgo en la policía para lidiar con la gente, yo hasta sería soldado.

            -Compadre Virgulino, ¿acaso no eres negro? -interrumpe Sebastiao.

            -No -tercia Antonio Ferreira-. El no es negro sino moreno, color de canela.

            -Basta ya, Antonio -observó Lampião-. Deja ya el tal color de canela que no soy una mujer.

            -Es cierto -medita Sebastiao-, el asunto ese de color de canela no es para hombre; él es moreno luscofusco. El suyo es el color moreno del anochecer.

            En 1922 Sinho Pereira, cansado de  su vida de aventuras, se marchó y transfirió la comandancia del grupo a Virgulino. Su inteligencia, capacidad táctica y de liderazgo le convirtieron en inaccesible para el ejército o la policía, según los testimonios de hasta sus más encarnizados enemigos.

            Los cangaceiros tenían su manera específica de luchar, su “arte de la guerra”, que más tarde copiarían las volantes.

            En lo más enardecido de la refriega cantaban, injuriaban o se ponían a relinchar o a imitar a muchos otros animales, en los que eran completamente correspondidos y emulados por los soldados que, a su vez, en términos generales, compartían la misma procedencia.

            Lampião fue herido en el combate de Baixa Verde.

            Lo rescató el cangaceiro Meia-Noite, negro hercúleo que se alejó con él cargado a sus espaldas, escondiéndose en el valle hasta la completa recuperación de su jefe. El autor de sus heridas fue Odilon Flor -uno de los hombres del sargento Quelé-, razón por la cual Lampião llegó a odiarlo intensamente.

 

María Bonita, el amor

 

            Hija de Joao Casé -propietario de la hacienda Malhada do Caiçara- y de su mujer María Déia, contaba entonces diecinueve años de edad y vivía con un zapatero llamado Zé de Neném. 

El sobrenombre que le dieron a ella le hacía justicia, porque María Bonita era realmente una bella mujer. Optato Gueiros oyó de la boca del cangaceiro Cambaio la historia del encuentro de Lampião y la muchacha. Cuando Virgulino arrió al predio de Joao Casé, María Bonita no se encontraba allí; vivía con su marido cerca del pueblo de Santa Brígida. Enamorada del famoso cangaceiro aun sin conocerlo, no ocultaba su fascinación por sus hazañas y por todo lo que se contaba de él; sin embargo, conocía a Luis Pedro, que aceptó llevarle un recado suyo a Lampião.

            De acuerdo con una de las versiones de esta historia, cuando Lampião llegó a casa de la mamá de María Bonita, ésta habría mandado llamar a su hija para que conociera al cangaceiro. Según la explicación de Optato Gueiros, Virgulino habría dejado la banda junto con cuatro compañeros para seguir a Luis Pedro hasta la casa del zapatero. Al oír las llamadas, María habría acudido a la puerta reconociendo al hombre a quien había distinguido y dirigiéndose a Lampião, habría dicho alto y claro, para que todos oyeran:

            -Este es el hombre que yo amo.

            Y agregó:

            -¿Quiere raptarme o quiere que lo acompañe?

            -Lo que usted prefiera, María, eso también prefiero. Si está dispuesta definitivamente a acompañarme, vámonos ya -respondió Lampião.

            Sin más preámbulos ella entró en la casa y, cuando salió, fue con una manta terciada al hombre y dos morrales con ropa, al uso de los cangaceiros. Volviéndose hacia el marido, petrificado en un rincón de la sala, le dijo:

            -Adiós, Zé.

            Y desapareció con su soñado nuevo amor.

 

La masacre de Angico

 

            Lampião intentó poco a poco ir desapareciendo del mundo cruel e inestable del serton y creía que podría ser perdonado. El resto del país no era muy distinto a su vida de ataques o crímenes. Sin embargo, la policía no ignoraba que Lampião seguía con vida y era el cerebro de varios asaltos padecidos por haciendas y pueblos; por tanto, decidió localizar su escondrijo y atacarlo.

            En junio de 1938, el cabo Joao Bezerra detuvo al comerciante Pedro Cándido por sospechar que negociaba con Lampião.

            Sometido a una serie de torturas, Pedro Cándido acabó por confesar su vínculo con el cangaceiro. Admitió que últimamente iba todas las semanas a Sergipe, donde Lampião se encontraba con su banda, y que muchas veces pasaba semanas enteras con él.

            La traición siguió a la confesión. A juicio de Nonato Masson, Pedro Cándido fue inicialmente solo a Angico, y de madrugada habría envenenado el café que debían beber los cangaceiros. 

La casi inmediata llegada de Bezerra se anunció con un intenso tiroteo, mas para entonces los cangaceiros ya habrían muerto. La policía saqueó la guarida de Lampião, equipada por él con todo lo necesario para llevar una vida confortable, sin olvidar la máquina de coser de María Bonita.

            Después de la masacre y el saqueo de los cadáveres de los bandidos, el soldado Sebastiao Viera Sandes recibió órdenes de cortar la cabeza de Lampião, en tanto que su compañero, el soldado Antonio Bertoldo da Silva, hubo de hacer lo mismo con María Bonita.

            Los demás cangaceiros también fueron degollados y sus cuerpos arrojados al fondo de un riachuelo. Las cabezas fueron colgadas en latas de queroseno llenas de salmuera. 

Con el fin de simular un combate que no existió (puesto que al llegar la tropa los cangaceiros ya habrían muerto envenenados) e impresionar a los superiores, el soldado Adriao Pedro de Souza habría sido asesinado por sus compañeros y el cabo Joao Bezerra se habría disparado un tiro de raspado en su propia pierna.

            Lampião, el rey del serton, el príncipe de los bandoleros pasó a formar parte de la historia y el mito del Brasil.

 

sábado, 13 de septiembre de 2025

BARBARITA RELATA. ENSAYO CON GENTE. EL FINAL DEL VIAJE. LA LLEGADA.

 

BIENVENIDOS A VERACRUZ


Y llegaron a su destino. Al puerto soñado de la ciudad soñada y mil veces imaginada, por desconocida y deseada. 

VERACRUZ. 

Tras casi un mes de navegación y zozobra emocional, nuestros artistas de la Fauna Diversa, que así quedaron bautizados sin saberlo desde el primer capítulo de este relato, pisan tierra firme en el sitio más parecido a sus lugares de origen, tal es su anhelo de vivir otra vez junto al mar, aunque este estuviera a miles de kilómetros de casa. 

Pero había mar, palmeras, vientos y palabras conocidas y familiares: el idioma español, en el que algunos habían aprendido a hablar y, hasta a rezar, volvía a acariciarles los oídos y llenado el corazón.

 Con otro acento, otro deje, distinta musicalidad, pero español. La lengua que amaban todos. 

Allá por los años 40 del siglo pasado, Veracruz, perteneciente al estado del mismo nombre, situado en el Golfo de México, se destacaba como portadora de una rica historia: primer puerto y ayuntamiento fundado por los españoles en América. En esa década, tan crucial para el mundo, Veracruz se consolidaba como un puerto vital para el país Azteca, y fue, igualmente importante en el desarrollo del México post revolucionario, marcado por unos años convulsos y violentos que culminaron en una etapa de desarrollo y, para los españoles, la puerta de entrada y acogida. Como la entrada al cielo, después de tantas penurias sin fin en aquella vieja Europa que muchos nunca volverían a ver. 

Pero, por el momento, Europa había quedado atrás. La gente quería olvidar y conocer mundos en paz, tierras diferentes donde poder vivir sin miedo. La tierra de promisión estaba allí, bajo sus pies, en un ambiente lleno de luz y color, olores y sabores casi hermanos, con gente que sonreía y tendía la mano sin preguntar. Ese era el México que les recibió con los brazos abiertos. A ellos, y a cientos de españoles anhelantes y también un punto recelosos del futuro. 

Música, banderas, flores, frutas y dulces típicos, todo era poco para recibir a los hermanos españoles que huían de una patria devastada y en ruinas, y a los que se ofrecía la oportunidad de cambiar sus tribulaciones por trabajo, paz y libertad...Al menos, a algunos, porque de todo hubo y eso forma ya parte de la Historia del siglo XX en aquella tierra de acogida.

Pero...¿Cómo encajar a tanta gente en el entramado de un país con mejores intenciones que medios de acogida efectiva?. ¿ Cómo encajó nuestro grupo de artistas exhaustos y con las ilusiones justas para empezar de nuevo? La tarea, nada fácil para nadie sin referencias, apellidos sonoros, o políticamente comprometidos se presentaba muy cuesta arriba para desarrollar un trabajo artístico cuando hacía más falta mano de obra que las dedicadas a los pinceles, partituras y papel de escribir. 

Pero había que intentarlo. El Sinaia había sido su último asidero antes de abandonar tierras hostiles, ya no había vuelta atrás y ellos lo sabían. Y había que comenzar una actividad. Para eso habían atravesado el océano. Para ello habían vuelto sus vidas del revés fiados en la esperanza del nuevo mundo por descubrir. 

Pero eran muchos. Demasiados fiados en la misma esperanza y con el mismo objetivo. 

Vivir y trabajar en paz. Vivir, todavía. 

Veracruz, puerto pujante y lleno de vida comercial, ofrecía pocas oportunidades para los artistas. 

Se imponía ir a la capital, el Méjico situado en una laguna. La capital de millones de personas donde todos buscaban cobijo: indios autóctonos, campiranos, gente desplazada de pequeños pueblos animados por la misma idea. 

La ciudad donde todo era posible en medio de la gran mezcolanza jamás conocida: de las grandes mansiones al inframundo. 

De la opulencia a la miseria. Bendecidos y malditos. Renombrados y olvidados. Terreno abonado para todo lo mejor y todo lo peor. 

Era el signo de los tiempos y allí llegó nuestra troupe. Al olor del triunfo, que sólo era la capa superficial de la realidad. 

Una vez perdidos los ecos de los recibimientos entusiastas, la música se apagó, las flores se marchitaron y los dulces y las frutas había que pagarlos.

 Como cuando dieron el gran salto a la Europa floreciente de los años 30, ahora, aunque menor, había que dar un segundo salto decisivo hacia la capital de la República. La de las promesas del presidente Cárdenas. La de los brazos abiertos...

Así, y en un salto menos peligroso que los anteriores, nuestra fauna diversa, que llegaría a formar parte del importante grupo de los conocidos como Trasterrados, comenzó a ver la luz entre tanta tiniebla pasada. 

Los cientos resultaron miles y de todos, no todos tendrían fortuna. Ni apellidos, ni posición, ni fama académica. Sólo talento entre la marea que intentaba abrirse paso. 

Pero los tiempos estaban cambiando y la repercusión de la guerra europea en la industria del entretenimiento de los Estados Unidos iba a serles favorable. 

El túnel abría sus fauces, y, a través de él llegaron al DF. A la nueva Meca de los desposeídos de la suerte. Esa iba a ser su oportunidad e iban a aprovecharla. 

Manos para pintar, para componer y escribir. El país necesitaba un baño del brillo intelectual que los españoles aportaron con su talento. 

Y allí estaban ellos. Los Trasterrados iban a hacer historia. 


CONSTANCIA DE LOS DÍAS.

- Comienza el curso escolar y los gorriones vuelven a los nidos del aprendizaje. Algunos con un oferta variada de pantallas que nunca sustituirán una pizarra o encerado, y, por supuesto, un buen dictado: puntual y diario, lleno de ricas palabras en la más rica de las lenguas del mundo conocido. La que decían 'de Cervantes', un señor, últimamente de moda por asuntos varios y, hasta ahora tan desconocidos, como dignos de ser investigados. Por saber. 

Aunque la fabulación sea bienvenida, extrañan ciertas novedades en la vida de nuestro escritor más universal. 

- Una vez más, la muerte está en el camino de la vida, y, esta vez, se ha llevado como del rayo a una persona que llegó a ser personaje, tal era su capacidad creativa y de ingenio. 

El pasado jueves falleció Javier Checa González. Empresario, político, comunicador y creador de unos contenidos inconcebibles en su momento. Creó y construyó un edificio de mundos nuevos y diferentes para mucha gente en un tiempo adelantado al tiempo. 

La palabra glamour fue el leit motiv de su vida y consiguió mover, cambiar y hasta indignar a miles de personas normales. Él estaba a otro nivel, a otras cosas y, a ritmo de Tango,     Vals y Pasodoble alborotó el gallinero dormido. 

Su paso por la vida no dejó indiferente a nadie. Hay que provocar para que el espectáculo atraiga más. Siempre una vuelta de tuerca más para hacer posible lo imposible, creíble lo descabellado, aceptable lo absurdo. Y lo consiguió. A fe que lo consiguió. 

Su luz terrenal se apagó. Ahora el foco le ilumina en otro sitio. Champion du monde. Descansa en paz. 

sábado, 6 de septiembre de 2025

BARBARITA REFLEXIONA: LA IMPORTANCIA DE LA SALUD MENTAL. SALIR DEL POZO.

   



Y LOS MUCHACHOS DEL BARRIO LE LLAMABAN...


Desde que comencé a escribir en este humilde y querido blog, me rondaba por la cabeza hablar, precisamente de eso, de ' la cabeza ', o mejor dicho, de los males que podemos sufrir los seres humanos  cuando nuestro cerebro, nuestros "nervios" o los desencuentros con nuestros interiores se llegan a convertir en una pelea de demonios de todas clases. 

Lo que, resumiendo, se llama ahora " salud mental", o, mejor dicho, la falta de ella, lo que nos convierte en enemigos de nosotros mismos, y nos acerca al más peligroso de los abismos.

Al pozo de la disonancia, la sima donde se alojan los fantasmas de la mente enferma, con todo lo malo y lo peor de lo malo. Una niebla que cubre toda nuestra capacidad de ser para sumirnos precisamente, en el " no ser". En el fondo del pozo.

Y llegado a este punto de mi reflexión sobre el asunto, me viene a la memoria un cuento muy breve que escribí en una hoja sin papel ni pantalla. 

En mis adentros más profundos lo redacté. Y, ahora, no sin cautela y el máximo respeto, quiero compartirlo con los lectores. 

LA NIÑA Y EL POZO 

La niña Manolita.

Ni está linda la mar ni el viento, que ya sabemos que el verso no se refiere a ninguna  Manolita. Ni todo es de color de rosa. ni de ningún color claro y brillante. Porque es más bien oscuro. Gris. Negro. Opaco. Triste y sin salida. Un pozo. 

La niña Manolita, de infancia feliz, rodeada de amor y de gente querida, también se vio muy pronto, rodeada de responsabilidades y de la necesidad de ' cumplir con su deber y su obligación'. Era su sino. 

Pero no parecía nada importante. Y, la niña Manolita, amable y gentil, hacía lo que se esperaba de ella. Sin rebelarse ni protestar. Porque así, y como decía su madre estaba escrito. Y no había lugar a réplicas ni a protestas. Era su misión: la sumisión sin levantar la voz. 

Y el pozo comenzaba a formarse. Pero nadie se daba cuenta y a ella aún no le llegaban sus señales. Porque, sí, señores, los pozos hablan desde muy adentro y mandan señales a quienes quieren atrapar, engullir y atraer al fondo. Sin salida. Sin una cuerda a la que agarrarse para salir. Porque el pozo es más listo que todas las Manolitas de este mundo. Y los cantos de sirena son tan fuertes y atrayentes que es casi imposible sustraerse a su  encanto. 

Y pasaron los años. Pasó un tiempo invaluable en el  que la niña M seguía ' cumpliendo con su deber ', con lo que se esperaba de ella . Y era feliz y  despreocupada porque, de momento, el pozo estaba sellado.

Y mudo. 

Y cambió su vida. Hasta cambió de continente geográfico. Y seguía siendo feliz. Cada vez más llena de responsabilidades y trabajos de vida. Pero era feliz porque era fuerte. Más fuerte que su entorno. Más fuerte que el pozo. Al que ignoró durante años... hasta que sucumbió y comenzó a rendirse. 

Y las llamadas desde dentro del pozo , traducidas en el "siempre servir y proteger" a todo y a todos, se convirtieron en gritos que la acuciaban a bajar, a entrar, a tirarse y a dejarse el alma dentro. 

Ven, Manolita, ven. No temas, baja. Aquí serás feliz.

Y Manolita, la dulce y gentil Manolita, cedió a las llamadas y terminó por arrojarse.

 Al principio, sin apenas signos visibles- sólo por una persona que se convirtió en su guardiana para intentar salvarla antes de llegar al fondo del abismo-. 

Pero de nada sirvió. Los fantasmas de su cerebro pudieron con todo y Manolita se vio envuelta en la nebulosa de su propia mente. Con el alma hecha pedazos, y el corazón a cuadritos. 

Pero, como no siempre todos los cuentos han de terminar mal, en esta ocasión vamos a dibujar un happy end para su historia. 

Al final, las cuerdas fueron más fuertes que sus deseos de desasirse del mundo y, con ayuda y voluntad, logró agarrarse a las lazos que le tendían y consiguió ver la luz, no sin antes sufrir mil heridas en el proceso, pues el brocal del pozo, duro y áspero le impedía el paso; tal es la fuerza de una mente torturada y atrapada en las tinieblas de la vida. 

Para ti, querida Manolita. Siempre dulce. Siempre gentil. 

A modo de coda: Un 34 por ciento de la población española sufre algún problema relacionado con la salud mental, siendo la ansiedad y la depresión los más comunes. 

Aunque este tipo de enfermedades se contemplan entre los servicios de la Sanidad pública, el acceso a ellos es aún muy limitado y existe una dependencia de cuidadores no profesionales, como las familias de los enfermos que apoyan los procesos en la medida de sus posibilidades.

En cuanto a los tratamientos, una parte significativa se basa en la prescripción de fármacos. No olvidemos que España se encuentra en la lista de los mayores consumidores de ansiolíticos de la Unión Europea, que toma, en su mayor parte, la población femenina. 

Muchos hospitales fueron cerrados a partir del año 1986, y algunos no volvieron a abrir sus puertas.

De esta forma, las miles de Manolitas que aún se encuentran en el fondo del pozo, necesitan una urgente puesta en marcha de lo que se ha dado en llamar " políticas activas" y, que no es, ni más ni menos que los planes de atención a esa población desasistida, se conviertan en una realidad positiva y palpable. 

Con medios, agilización de los trámites para el comienzo de los tratamientos y hospitales públicos dedicados a ello. Con visibilización y posterior integración del enfermo. 

Asumir con normalidad que los dolores del alma son tan importantes como los del cuerpo. Cuidar. Comprender. No segregar. 

De lo contrario, los pozos seguirán llenándose sin remedio. 

Y, en este doloroso contexto y, una vez más, se impone la necesidad de hacer frente al problema, no olvidar al que lo sufre y a quienes lo sufren junto a ellos con dolor e impotencia. 

La mayoría de las veces se consigue salir del pozo. No bastan pastillas de colores ni el apoyo de los familiares. Sólo se necesitan los lazos adecuados para subir a la superficie. 

Para ver la luz. 

CONSTANCIA DE LOS DÍAS: el corazón a cuadritos. Me ha gustado la frase. No se me ocurre nada más. Ni nada menos.